[20220215 | martes] Al filo del mediodía abandonamos Puerto Juande con un destino claro, Tarifa. No teníamos prisa y decidimos comenzar el viaje tirando hacia el sur con calma. El día, tan soleado, animaba la travesía. Y así, de un tirón, cruzamos el norte de La Mancha y tras pasar el puerto de Miravete celebramos la entrada en Extremadura con una parada «obligatoria», el puente medieval sobre el rio Almonte, al lado de Jaraicejo. Allí disfrutamos de un gustoso refrigerio.
Por la tarde, al pasar por Mérida, atracamos la nave en la avenida del Estudiante al lado del parque que bordea el anfiteatro romano. No pudimos visitar el recinto, lo estaban cerrando, y decidimos darnos un paseo por las calles antiguas de la ciudad: la Alcazaba, el Puente Romano, el Arco de Trajano, el Templo de Diana… (El acueducto de Los Milagros lo habíamos visitado en diciembre de 2019, cuando íbamos camino de Alange, después de ver el embalse de Proserpina). Entorno a las 20 horas, cuando ya había anochecido bien, decidimos abandonar la Vieja Augusta y seguir camino, para pasar la noche en el AC de Zafra.
[20220216 | miércoles] El AC de Zafra está muy bien situada, en el recinto ferial, al lado del centro del pueblo al que fuimos dando un paseo de muy buena mañana. El «nene» quería probar los churritos del Carrasco, en la Ronda del Pilar. «Churri-porras» diría yo por el tamaño que tenían. Se los frieron en el momento. Caminando después un buen rato para ver el casco antiguo entrando por la Puerta del palacio, al lado del Parador. Calles tranquilas y bonitas.
De vuelta en la nave decidimos buscar un lugar a las afueras para desayunar y trabajar un poco, pues yo tenía que rematar la edición de una guía de AETAPI que se presentaba esa misma tarde. Encontramos un paraje estupendo, muy tranquilo, en el cementerio municipal de La Lapa. Allí estuvimos anclados toda la mañana hasta que, a las 2 aproximadamente, finalicé el trabajo.
Ese día nos habíamos propuesto recorrer gran parte de la sierra extremeña del cerdo ibérico, emulando el trazado del Viaje al Interior que Zabaleta realizó por estas tierras: Salvatierra de los Barros > Jerez de los Caballeros > Segura de León > Fuentes de León. Después de La Lapa y tras una breve parada en Salvatierra de los Barros (el pueblo no merecía más), nos instalamos en Jerez de los Caballeros, precioso pueblo que nos ha acogido en una muy buena AC, con electricidad gratuita incluida (preparamos con la inducción unos lomos de salmón a la plancha para comer). Sus calles, cargadas de historia del Temple, nos sorprendieron gratamente. Paseamos por ellas al atardecer-
[20220217 | jueves] Las dehesas mas hermosas que jamás hayamos visto. Frondosas y sombreadas, inundadas de verde, bordeando la estrecha carretera. El paisaje es precioso. Esa mañana visitamos los pueblos ‘de León’ (Segura -el de la madre de Lola- y Fuentes -el de los tíos de Luis-). Muy limpios y blancos. Fue sobre todo Fuentes el que nos dejó con la boca abierta. En Segura compramos dos lomos enteros (uno por encargo de Lola y otro para nosotros) y tres paquetes de jamón cortado. El primero lo disfrutamos al mediodía en el refrigerio que nos dimos en el aparcamiento del cementerio municipal de Fuentes, a la afueras del pueblo. Nos acompañó Marta, vía teléfono, que al mismo tiempo estaba comiendo con los patos en el parque que hay al lado de su trabajo.
Finalizada la travesía serrana, esa tarde continuamos nuestra ruta hacia Tarifa con idea de parar en Jerez de la Frontera y dedicar unas horas a visitar esta ciudad. Pero algo interno nos impidió acercarnos al centro… quizá influyó la visión del Michelin gigantesco que preside una de sus múltiples y transitadas rotondas de acceso desde la autopista, o el agobio que nos entró al ver tanto follón urbano después de pasar las últimas horas sumidos en la tranquilidad del mundo de las dehesas extremeñas, sus pueblos y sus gentes. Fue una decisión clara y rotunda, al unísono. Viramos en una de las rotondas y, sin apearnos siquiera, retornamos a la autovía que por fin y ya sin parada nos guiaría hasta la zona del Estrecho.
Llegamos al AC de Facinas a las 21 horas aproximadamente. Allí nos reunimos, 90 minutos mas tarde con Lola y Fernando que venían de Leganés, por la carretera de Málaga.
[20220218 | viernes] Estábamos allí, por fin, viendo a lo lejos las piedras de San Bartolo. Deseando volver a tocarlas y enseñarle las vías tan queridas y familiares a nuestros compañeros. Subimos a Betis nada mas despertarnos, tras asear la nave, con idea de desayunar allí mismo. La mañana estaba un poco desapacible, aun así instalamos las mesas y con la ilusión del primer día disfrutamos del momento haciendo planes. Descubrimos esa misma mañana que han puesto carteles de prohibición de pernocta en los aparcamientos de Betis donde nosotros teníamos pensado instalarnos los días siguientes. Los han arreglado, eso sí. Ahora el suelo está totalmente liso, aunque siga siendo de tierra.
Subimos Los Bordillos y disfrutamos del resto de la mañana y el mediodía escalando vías sencillas, de cuartos, que estaban a lado derecho de La Mariguana (la eterna pendiente). La meteo se portó y muy bien.
Al bajar decidimos movernos de allí e ir al camping cuanto antes pues temíamos que con tanta prohibición de pernocta y dado que comenzaba el fin de semana no encontrásemos un lugar bonito y cómodo para atracar las naves. Tuvimos suerte, aunque no toda la que yo querría, y ocupamos dos parcelas bien situadas en la parte de la montaña. La 14 y la 15, mis favoritas, las tenía ocupadas «Gunter» -como no-, aunque nos dio cierta alegría verle por allí de nuevo. Era tan familiar todo…
Preparamos algo de comer y disfrutamos el resto de la tarde-noche mostrándoles a Lola y a Fernando la parte de abajo del camping, la zona de playa. Estuvimos en el Chozo, en el rincón extremo de la terraza, tomando unos tonigins y unas cerves para celebrar la jubilación de Fernando. El océano arrullaba el evento.
[20220219 | sábado] El día amaneció tal y como aventuraba la AEMET, poco recomendable para la escalada. El cielo gris amenazaba lluvia. Pero tuvimos suerte. Decidimos coger la lanzaderas y acercarnos a Tarifa. Lola y Fernando tenían que hacer compra y así aprovechamos además para enseñarles el pueblo y recorrer de nuevo sus antiguas calles. Fuimos por la zona del mercado y por el malecón después. De vuelta paramos en Mercadona y en el chino de al lado donde compramos las crocs blancas que ahora disfrutamos en el interior de la nave como calzado de descanso, muy útil para las duchas en lugares públicos.
De regreso al campamento preparamos unas robalizas que habíamos comprado en Mercadona. Sabrosa y tranquila sobremesa al refugio del viento, entre las naves y el muro de piedra. Después, paseo y puesta de sol por la playa.
Finalizamos el día estableciendo un ritual que se convirtió en hábito el resto de las noches que pasamos juntos estos días, salvo el último. Partido de Rummie, risas y licor.
[20220220 | domingo] La inestabilidad nos seguía castigando un poco, así que decidimos dedicar la mañana al senderismo y subimos desde la parte alta del camping a enganchar la Senda del Buda. Más de ocho kilómetros de recorrido por un sendero amigable. Las panorámicas de la costa y de los verdes valles y laderas que se adentran un poco hacia el interior, nos descubrieron una perspectiva de Tarifa que no conocíamos. En la cresta nos tropezamos con los gigantes eólicos. Impresionaba el enorme rugir de sus brazos. El viento en ese punto tumbaba. Ya bajando nos encontramos con la cueva del Buda, una piedra hueca adornada con banderines tibetanos descoloridos, figuritas variadas, restos de lastas y cajas de colores, papeles… basura en general! Una pena! Antes de llegar al punto en el que enganchamos el camino desde el camping nos tropezamos con el Mirador de la Peña (una pena que el día estuviese tan revuelto, climatológicamente hablando, impidiendo disfrutar de la vista del estrecho).
Ya en el campamento nos comimos la fabadiña que Luis había preparado antes de salir por la mañana, para que las habas pochasen bien. Un regalo para el paladar hambriento tras la caminata.
[20220221 | lunes] Escalamos en Los Bordillos de nuevo (hice alguna de prime) y después nos fuimos hasta Los Cernícalos, en la zona de El Cancho. Entre medias nos acercamos hasta El Mosaico para enseñarles esta espectacular pared a Lola y a Fernando. Durante el día el viento nos dio una tregua. Pero ya a la noche comenzó de nuevo a soplar. Cenamos dentro de las naves y pernoctamos en el AC de Facinas. Hoy también hubo rummie.
[20220222| martes] Tras el desayuno decidimos tomar camino hacia Alange, ya que el levante no nos da tregua. Pasamos, desviándonos un poco de la ruta principal (mereció la pena ver el paisaje), por Azahara de los Atunes y por Barbate, donde aprovechamos para hacer una pequeña compra en Aldi. También fuimos a un superchino que había a las afueras a comprar pelucas para el carnaval.
Llegamos a la presa de Alange, donde establecimos campamento, poco antes de las tres de la tarde. Inmediatamente instalamos el refrigerio al sol con vistas al embalse. Cerve, patatas y un poco de fiambre, descansando de la travesía desde Tarifa mientras pensábamos en cómo íbamos a pasar la tarde. Decidimos coger las lanzaderas y darnos un paseo por el valle, utilizando la ruta hacia el Cerro Alanjo que encontramos en wikiloc, bordeando el río Matachel y llegando casi hasta La Zarza. Nos dimos la vuelta cuando ya estábamos a la altura del pueblo porque comenzaba ya a atardecer. De nuevo en el campo base, al lado de la presa, preparamos la cena. Tampoco faltó esa noche la timba de rummie y licor.
[20220223 | miércoles] Alange es un buen lugar para la escalada, sobre todo en invierno pues las paredes se orientan al suroeste. Las vistas desde las propias vías resultan muy bonitas. A pesar de que amaneció el día nublado y con mucho frío húmedo, finalmente pasamos una mañana muy agradable y entretenida, de sol. Cerca de las tres de la tarde, tomándonos ya la cervecilla al lado de las naves decidimos darle un giro a a nuestro viaje. Al día siguiente no podríamos escalar, la meteo amenazaba lluvia, y decidimos aprovechar el tiempo para acercarnos a Portugal a comprar vino y también, por qué no, darnos una vuelta por Olivenza, pueblo del que habíamos oído hablar por su belleza. Trazamos pues un triángulo entre Badajóz, Elvas y Olivenza, buscando la mejor opción para pernoctar aquella noche.
Tiramos cara Elvas como primera opción. Llegamos poco antes de las 19.00 horas y atracamos las naves en un pequeño aparcamiento de tierra que hay al lado del hospital Santa Lucía (park4night) para poder visitar la vieja ciudad fronteriza. El enclave resultó muy cómodo pues nos dejó al pie de la muralla, al lado de una de las puertas. Recorrimos todo el casco antiguo, llegando hasta el castillo que está situado justo al lado opuesto de la fortaleza. Estaba atardeciendo y el tono ocre del sol se reflejaba en las piedras. El recinto amurallado envuelve las casas más antiguas de la ciudad, cuyo valor histórico (declarada Patrimonio de la Humanidad en 2012), no concuerda mucho con el estado de semi-abandono que muestran. Tras el paseo, nos acercamos al Pingo Doce que está en la parte nueva, lo cual nos permitió contemplar desde la furgo el Acueducto de Amoreira, con la iluminación nocturna que lo dotaba de cierto misticismo. Al finalizar las compras, principalmente de vino, buscamos un lugar para pasar la noche. Lo intentamos en el AC del Intermarché que estaba cerca, pero nos pareció un lugar un poco ruidoso y muy urbano, por tratarse del aparcamiento del centro comercial. Decidimos pues jugárnosla e ir hasta el AC de Badajoz, cuya referencia en park4nigth era «excelente». Pero lejos de ser así, el área era pequeña, inclinada y, lo peor, estaba totalmente llena. Buscamos pues un plan B que resultó muchísimo mejor. Un aparcamiento cerca, grande, liso, vacío, y sobre todo vacío. Todo para nosotros…
[20220224 | jueves] Amanecimos con la tremenda noticia de la invasión rusa sobre Ucrania. Empezaba esa madrugada un evento histórico que habría de cambiar muchas cosas. De nuevo se abría un escenario de enorme preocupación y desconcierto. De momento, esa mañana en la que Lucas estaba ya de camino a casa, con escala en Amsterdam, me preocupaba que nada de lo que estaba pasando pudiese complicar su viaje.
Con cierta extrañeza en el alma (de nuevo tocada por otro gran acontecimiento mundial) continuamos nuestro viaje. La idea era volver a Manzanares, Lola y Fernando a Leganés, esa misma tarde. Pero antes queríamos visitar Olivenza, la bella ciudad fronteriza que los Españoles antiguos «robaron» a Portugal. Dejamos Badajóz después de desayunar, con idea de volver Luis y yo con más tiempo para visitar los lugares donde pasó su infancia. El lugar en el que pernoctamos e incluso la propia AC, se encuentra muy cerca del puente viejo que da acceso a la parte antigua de la ciudad, donde están estos recuerdos.
Olivenza es una ciudad preciosa, muy bien conservada, con celo diría yo por sus propios habitantes. Al menos esa es la imagen que dan viéndolos trabajar encalando las paredes y limpiando los interiores de iglesias y monumentos. Una jornada de trabajo de diario preparando con esmero la villa para la llegada de los visitantes en la próxima primavera ya cercana. La impronta portuguesa está en todas partes, los antiguos nombres de las «rúas» (en cada calle se muestran ambos nombres, el actual puesto por los españoles, que en nada tiene que ver con el tradicional), los adoquinados del suelo, los azulejos azules decorando muiros, las fachadas de palacetes, la arquitectura en general…
Dejamos atrás Olivenza programando el retorno a Puerto Juande y buscando un buen lugar de camino para descansar un poco y comer. Decidimos cerrar el círculo parando de nuevo en el puente sobre el río Almonte, donde comenzamos con otra comida este viaje de retorno a Tarifa, lleno de descubrimientos extremeños -qué cosas!-. En el puente de Jaraicejo preparamos un «cocidillo de emergencia», prolegómeno del carnaval, con dos botes de garbanzos, grelos y chorizo. Fue una bonita y tranquila comida campestre. Allí se estaba muy bien y daba pereza incluso retomar el viaje. Pero en casa nos esperaban los hijos y ese es siempre un aliciente en la vuelta, sobre todo volver a ver a Lucas que ya había aterrizado (Marta fue a buscarle al aeropuerto después de trabajar). Nos despedimos de Lola y Fernando allí mismo, antes de volver a la carretera. Pronto anocheció y viajamos con las luces y las noticias de la radio. El monotema bélico había comenzado su andadura…
