De Luis Polo
[20251024 viernes]
EL HOMBRE QUE CUENTA. Soy el hombre que cuenta; el hombre que pesa, mide, cuenta y registra. Y estos días más que nuca. De niño, cuando leía «Robinsón Crusoe», uno de los puntos que mas me gustaban era las listas de artículos que Robinson escribía cuando hacía inventario de las pocas pertenencias que recuperaba de un naufragio. En los últimas semanas he elaborado listas con todo lo que voy a necesitar para el viaje al Himalaya, y en este apretón final las repaso de arriba a abajo punteando lo que tengo y lo que me falta (ya, nada!). Y distribuyo todo en bolsitas impermeables de llamativos colores; y las peso; y sumo los pesos para comprobar una y otra vez si estoy en el rango de lo que puedo llevar en el vuelo a Luckla; de lo que puede cargar el porteador. Es mi forma de reducir un viaje a números; de reducir la incertidumbre que tan mal llevo.
Ahora, además del hombre que cuenta, quiero ser el hombre que escribe; el hombre que cuenta cosas, en lugar de números, peso y medidas. Y las escribo sobre este cuaderno, un autentico «Moleskine», que fue de mi consuegra Isabel; en este cuaderno donde ella escribió de sus peritajes caligráficos (esas pocas hojas las he arrancado) quiero yo escribir este diario, que tendrá así un doble recuerdo.
Pensaba llamarle «Diario del Everest», porque suena bien: imponente. Pero no se si llegaremos, si llegaré, al Everest, así que mejor dejarlo en «Diario del Himalaya»; así, además, me ayudará a centrarme en el viaje, y no solo en el punto más singular; espero que al menos llegue hasta Lukla (que el avión pueda aterrizar) para que no lo tenga que rebautizar a «Diario de Nepal».
Es viernes y ya está prácticamente todo hecho; me falta meter en la maleta la ropa «de paisano» que usaré en Katmandú, lo haré mañana sábado por la mañana. Por la tarde cojo el tren a Barcelona, donde me esperan Carme y Ramón. Marga me llevará a la estación de Atocha y después un mes (casi) sin vernos; va a ser muy raro, no solo ese mes, sino también la despedida en la estación. ¿Vale la pena separarse un mes por ir a conocer el Himalaya? Mejor no pensarlo mucho (¡Yo, que todo lo pienso!) porque de lo contrario a lo mejor / a lo peor me quedo.
[20251025 sábado]
DESDE EL TREN. Ya estoy en marcha; en marcha y temblando, no por los nervios sino por el traqueteo del tren; así resulta difícil escribir. Voy en la parte alta de un tren de dos pisos y quizás aquí arriba el movimiento sea mayor. Ha sido una mañana rara. Quedaba poco por hacer pero aun así casi me falta el tiempo; recoger el saco de dormir (de Lucas!), que estaba extendido sobre la cama para evitar que las plumas se apelmazaran, y meter las últimas cosas en la maleta y la mochila. Mientras tanto, Marga y Marta me fueron a comprar un laxante, por si con el cambio de dieta sufro, en vez de la «diarrea del viajero», un estreñimiento. Me ha dado tiempo a cocinar una «Pasta Poch» de despedida, y a cortarme el pelo; y a recortar esta barba que no acaba de tener forma. Muchas cosas y variadas, pero siempre con una sensación rara; parecía que el tiempo no pasaba, que no llegaba la hora de salir hacia la estación, pero también que todo iba demasiado rápido; que no podía ser real que me fuera de verdad a marchar tan lejos durante tanto tiempo. No quería irme (aunque espero, como todos me desean, disfrutar mucho este viaje), pero también quería estar ya en marcha; que hubiera pasado el momento de las despedidas (mas bien «de la separación»), que se hacen tan duras. Y en verdad fue difícil, aunque todos tratamos de sonreir. Pero ya pasó ese mal trago. En poco mas de una hora llegaré a Barcelona, a ver que recibimiento me han preparado Carme y Ramón; seguro que bueno. Yo les llevo como presentes un queso del Cebreiro y una bica, que tanto les gustaron cuanto estuvieron en casa, y un puzle de «Frozen» que Marga le envía a su sobrina-nieta, Alana.
Ya en Barcelona, Carme me esperaba en el vestíbulo de la estación; le costo reconocerme, por mis barbas; en el coche nos esperaba Ramón; besos y abrazos. Vinimos a su casa de Sant Just y aquí conocí a Lola, la madre de Carme. Me tenían preparado el equipo que me faltaba para el Himalaya: una estupenda chaqueta de plumas, unos pantalones impermeables, y un cinturón con bolsillos para llevar el dinero (al menos hasta que lleguemos a Katmandú y suelte la cantidad más importante de lo que llevo en metálico. Luego tomamos una cerveza (una Fanta de limón Ramón) mientras repasábamos la lista del equipaje, a ver de que puedo prescindir. Mañana probaré a acomodarlo todo en el estupendo petate de 90 litros que me han dejado. Después Carme horneó unas pizzas que nos comimos entre los cuatro, con un cachito de queso del Cebreiro de postre.
Ahora escribo esto en la habitación que me han dejado, después de hablar unos minutos con Marga. La primera noche separados.
[20251026 domingo]
EN SANT JUST DESVERN. La pasada noche fue agitada. Se juntaron varias cosas: el vino de la cena (después de un mes prácticamente sin beber alcohol), el cambio de hora, el cambio de cama, lo grande que se me hacía esta… A las 5 AM ya estaba dándole vueltas a la cabeza, y a las 7:30 AM todos desayunábamos en la cocina; aquí se madruga. Después de una larga sobremesa subí a preparar el petate; al final he tenido que cambiar al modelo de 120 litros, pues en el de 90 no era capaz de meterlo todo. Luego, Carme y Ramón me llevaron a dar un largo paseo por Sant Just; estos días son las «Festas de Tardor» y el pueblo, por lo que me dicen, está animado como nunca (que tampoco es mucho!). Nos cruzamos con la «colla» que sacaba los «gigantes» de un edificio municipal, aunque no llegamos a verlos bailar; en otra calle había un mercado de segunda mano (tipo «vide-granier») para recaudar fondos para fines sociales; y también una batucada que no llegaba a ponerse a tocar. Un pueblo grande ( > 20.000 habitantes), muy tranquilo, residencial y con poco comercio. Acabamos tomando unas cervezas (Fanta para Ramón) en una terraza frente al edificio «WALDEN, 7», una llamativa obra de Ricardo Bofill construida en 1975. Allí, mientras Ramón me trataba de dar confianza quitándole peso al reto físico que me pueda suponer el «trekking», Carme hacía incapié en la importancia de la actitud con la que afronte el viaje, especialmente los imprevistos, para poder disfrutarlo plenamente. No se si me lo decía por casualidad o porque me tiene «calado» y ya imagina la necesidad que sufro de tenerlo todo controlado, y lo que me descoloca que algo no salga según lo previsto.
Volvimos a casa y mientras Carme calentaba los canelones, Ramón estuvo buscando entre los albumes de fotos de viajes los correspondientes a los Boroboro, delos que me hablaron durante el desayuno. Es esta una etnia de Niger en la que los hombres se maquillan y arreglan con toda clase de adornos como signo de masculinidad. En general son gente de buen tipo y rasgos agradables pero ocasionalmente (¿cada 2 años?) se organiza un festival en el que los mas guapos de entre los hombres se embellecen especialmente y compiten para ser escogidos por las mujeres, que eligen al que quieren para convivir con él el tiempo que ella considere oportuno. Para un occidental, el mundo al revés.
Por la tarde me llamaron Nuria y Manel, que querían desearme lo mejor para el viaje. Y, que casualidad (o no!) Nuria vino a decirme con otras palabras lo mismo que Carme me había dicho horas antes: yo no puedo controlar el mundo en el que habito, pero si la actitud con la que enfrente lo que vivo, y eso es lo que determina la felicidad. ¿Por qué hoy dos amigas me han querido transmitir mensajes tan parecidos? Voy a tratar (y sé que me va a resultar difícil!) de aprovechar este viaje para tratar de mejorar esa actitud, ocasiones no creo que me falten pues, pese a todo mis estudios y planificaciones, seguro que las cosas van a ser bastante distintas a como las he imaginado.
Antes de que anocheciera, nos acercamos a Cornellá de Llobregat, pues yo quería conocer la carpintería que fue el negocio de Ramón durante muchos años (ahora lo lleva su sobrino) y de la que nos habían hablado muchas veces. Luego volvimos a Sant Just y disfrutamos de una cena familiar a la que se unieron los sobrinos y la sobrina-nieta de Carme (viven en la puerta de al lado). a última hora he hablado con Lluis, que será mi compañero en el «trekking» y hecho el «checking» del avión. Mañana salimos. A ver si hoy duermo bien.
[20251027 lunes]
VOLANDO A KATMANDÚ. Sentado en el avión, ya de camino a Katmandú pero con una escala de varias horas en Qatar, ya me encuentro más relajado. La noche pasada, como la anterior, dormí bastante bien hasta las 5 AM pero a partir de esa hora ya empecé a darle vueltas a la cabeza y a pensar que aún me faltaba alguna cosa [*AHORA HAY TURBULENCIAS; SI EMPEORA LA CALIGRAFÍA ESA ES LA CAUSA*], así que me puse a anotar cosas en el teléfono, a ver si así me relajaba: un cortauñas, caramelos para suavizar la garganta, un lápiz por si se le congela la tinta a los bolígrafos (obsesiones de las mías),… Dormito hasta las 7:30 AM y me bajo a desayunar con Carme y Ramón; Lola, la madre de Carme, se nos une un rato después. Terminado el desayuno subo a cerrar el petate pero pruebo primero a tratar de sacar todo (o casi todo) el aire de las bolsas impermeables de colorines donde llevo distribuida la ropa, y lograr así (con el espacio ganado) acomodarlos mejor. El petate ya completo pesa 19 kg; no hay problema con el vuelo a Katmandú pero tengo que reducir peso (dejar cosas en el hotel de Katmandú) antes de seguir hasta Lukla.
Después salimos, como ha habíamos organizado anoche, a dar una vuelta por los alrededores de Sant Just, por la parte alta de los cerros (parte del Parc de la Collserola) que rodea el pueblo. Subimos por pistas y sendas hasta las ruinas de la ermita de Sant Pere Martí, desde donde hay unas estupendas vistas de Barcelona y los pueblos al sur unidos ya a la metrópoli; con la luz tan bonita de la mañana soleada el mar estaba precioso. Mientras estábamos parados disfrutando en silencio de las vistas (después de que Carme y Ramón me explicaran todo lo que estábamos viendo) Ramón me señaló un árbol unos metros por debajo del mirador y me dijo: «ahí están las cenizas de mi hija Gema» (yo ya sabía que su hija mayor [*MAS TURBULENCIAS*] había muerto de niña víctima de un cáncer); le vi muy emocionado y le dí un beso y un achuchón. Qué le iba a decir! Seguimos el paseo primero por un bosque, y luego bajamos al valle, donde pasamos por varias masías bien restauradas. Mientras recorrimos una zona de olivares abandonados, Ramón me iba contando cosas de su madre, de la que me decía que fue una gran cocinera (la conversación salió a cuenta de las aceitunas); por esta y otras conversaciones anteriores, veo que Ramón admira a su madre (que murió joven, a los 56 años), no solo cocinera sino también jardinera, albañil, electricista, ama de casa, líder de la familia, … me parece que Ramón se arrepiente un poco de los «disgustos» que le dio de joven; quizá de no haberle manifestado en ese momento el reconocimiento que ahora le profesa.
Cerca de la 1 PM estábamos en casa otra vez, donde nos tomamos un vermú y aproveche para darme una buena ducha (sabe dios cuándo podré disfrutar otra igual). Cuando bajé a la cocina Carme ya tenía lista a comida: salmón al horno; y lo mismo que la ducha: sabe dios cuándo volveré a comer pescado. Poco después de las 6 PM, Carme y Ramón me llevaron al aeropuerto ( que buenos amigos! Qué bien me han tratado! Han dejado todo aparcado y se han centrado en estar pendientes de mí estos días!) donde ya me esperaban Lluis y los otros expedicionarios: Marisol, Dolors y Oscar. Después de las presentaciones, cola para el checking, cola para control del equipaje de mano, cola para el control de pasaportes y, por fin, el embarque (otra cola, la última) A punto de entrar en el avión pude hablar por teléfono con Marga; los últimos besos telefónicos; la conversación se corta antes de que encuentre mi asiento; le pongo un Whatsapp con unos besos; estos sí los últimos, pero parece que no sale; ya no hay cobertura (vaya!). Saco de la mochila lo que creo que necesitaré durante el vuelo y me acomodo en el asiento. Vuelvo a mirar el teléfono, no hay cobertura pero, no se cómo, mi último mensaje salió y he recibido respuesta de Marga (corazones y besos); me quedo más tranquilo. Ya queda menos, casi nada, para el Himalaya.
[20251028 martes]
…Y SEGUIMOS VOLANDO. Y, de tanto que volamos, llegamos primero a Doha (Qatar) y luego a Katmandú (Nepal). Aunque fueron muchas horas de vuelo, no me voy a extender porque no da mucho de sí. Volando hacia Doha nos dieron una comida que, para ser de avión, me pareció aceptable. Después me puse a ver una película («47 Ronin», que ya había visto) lo que fue un gran error, porque le dediqué un tiempo que habría aprovechado mejor durmiendo. A las 6 AM y poco llegamos a Doha; yo, bastante cansado. El aeropuerto es muy grande, cómodo y moderno; pese a todo, las cuatro horas de espera por el vuelo de enlace a Katmandú se nos hicieron largas, pero acabaron pasando. Nos volvimos a subir a un avión igual (creo) que el que nos había llevado a Doha para continuar ahora a Katmandú. Cada asiento dispone de su propia pantalla en la que, además de películas a la carta, puedes ver información sobre el vuelo: posición, clima, velocidad, hora prevista de llegada… y, muy importante, distancia e indicación de hacia dónde está La Meca; supongo que como Qatar Airways es la compañía de bandera de un estado musulmán, consideran importante proporcionar a los fieles las indicaciones oportunas para que puedan realizar adecuadamente sus oraciones. Esta vez me organicé mejor y, después de la comida, me puse a dormitar; no llegué a dormirme, pero fue un buen descanso de ojos y cabeza.
A Katmandú llegamos en menos de 5 horas, antes de las 6 PM, pero ya era de noche. El aeropuerto contrasta en todo con el de Doha: pequeño, poco practico y desgastado. Hay que bajar de avión por una escalerilla y montarse en un bus que te acerca a la terminal, a 100 m de donde se queda el avión. Después hay que pagar (en un mostrador) y obtener (en otro mostrador) el visado. Luego, a recoger el equipaje a la cinta transportadora; pasé un rato de angustia porque mi petate fue de los últimos en salir; no quería ni pensar en el problema que sería que se hubiese perdido, y tener que esperar unos días para recuperarlo. Por último el control de salida (detectores de metales, radiografía del equipaje, cacheo,… pero todo daba la impresión de una seguridad «de cartón piedra», como si lo hicieran solo por aparentar que se ocupan. En el vestíbulo del aeropuerto nos esperaban dos representantes de «Snowy Horizon», la empresa que organiza el trekking, viejos conocidos de Oscar y Marisol; tanto que se saludaron tan afectuosamente como si fueran de la familia. Nos trajeron en una furgonetilla hasta el hotel Katmandú Suite Home, en el barrio turístico. Oscar estuvo charlando un rato con el representante de la compañía, que parece que será nuestro guía; yo no entendía muy bien, por su peculiar inglés, pero tampoco quise interrumpir porque la conversación la llevaba Oscar; el caso es que hablaban de que el Cho La Pass había estado cerrado por nieve, pero no me quedó claro si ahora está o no practicable. Hablando luego con Oscar, ¡resulta que él tampoco se había enterado!
Nos organizamos para salir a cenar algo, aunque Lluis decidió quedarse en la habitación por no encontrarse «muy católico». ¡Pena no haber hecho yo lo mismo! pues me llevaron a comer una pizza a un local «exclusivo para turistas», con espectáculo de música y danza nepalíes; ahí me dejé mis primeras rupias, que había conseguido un rato antes en una casa de cambio en la calle. Bueno, yo voy a tratar de aplicar lo que me han sugerido mis amigas: actitud abierta para disfrutar de las cosas como se presentan.
[20251030 jueves]
EN EL AEROPUERTO DE KATMANDÚ. Estoy estrenando el bolígrafo que compré ayer en la librería «Pilgrims» de Katmandú. Ayer por la noche no escribí nada porque quería descansar, visto que hoy tocaba madrugón (levantarse a las 4:50 AM) para tratar de coger el avión a Lukla; digo tratar porque, ahora que estamos esperando el embarque aun no está claro que vayamos a poder volar. Algunos vuelos (a otros aeropuertos) los están cancelando y otros (a Lukla) retrasando por la meteo. El caso es que me acosté pronto para descansar, pero he dormido malamente, por los nervios; preguntados mis compañeros esta mañana, resulta que todos hemos maldormido. Resumen del día de ayer: dimos vueltas por el barrio de Thamel (la zona turística), hicimos algunas compras de última hora y comimos y reorganizamos petate y mochila, separando las pocas cosas que dejamos en el hotel de Katmandú.
Katmandú, o al menos el barrio de Thamel, es caótico: el aire apesta a gasolina mal quemada por los motores de las incontables motocicletas, numerosos taxis y pocos coches particulares, además de algunas furgonetas y «pick-ups» que mueven turistas y mercancías dentro y fuera del barrio. Todos los vehículos hacen sonar constantemente su claxón, lo que (en mi opinión) le hace inútiles: a mi me resulta imposible saber a quien pretenden advertir del peligro, con ese concierto continuo de pitidos, aunque quizás a los conductores locales les sea útil. La nota exótica la ponen los triciclos de pedales, que cargan tanto mercancía como pasajeros (=turistas), y que no tocan el claxon.
Las calles están llenas de comercios, la mayoría tiendas de ropa de montaña, perfectamente indistinguibles las unas de las otras. Ente estas tiendas se intercalan algunas joyerías/bisuterías, tiendas de recuerdos y farmacias.
Creo que todos, incluso los que ya tienen experiencia, pasamos el día un poco nerviosos, en esta espera «tensa» a ponernos de una vez en camino; a llegar al menos a Lukla. En mi opinión, Katmandú no da para mucho y si nos quedamos aquí anclados se nos va a hacer un poco largo. Las noticias del tiempo no ayudan tampoco; ayer durante el desayuno conocimos a otra huésped del hotel, ¡de A Coruña!, que estaba preocupada por las previsiones de mal tiempo en la zona del Manaslu, donde ella se dirigía. Por la noche la volvimos a ver y nos contó que la previsión del Manaslu había mejorado porque ¡el mal tiempo se había desplazado a nuestra zona, la del Everest! (cosas de «meigas», quizás invocadas por esta gallega). Mientras esperamos el deseado embarque, el guía (que debía haber decidido que conmigo es con quien mejor se entiende en nuestro, el suyo y el mío, inglés chapucero) me enseñaba fotos de un trekking de la semana pasada, con zonas que yo había visto como pedregales secos en los montones de fotos y vídeos que he visionado estos días, llenos de nieve como si fueran la cara norte de un 8.000 m.
Ahora, mientras escribo esto, mis compañeros duermen. Son las 8:23 AM. A ver en que queda ésto.
[20251031 viernes]
DESDE EL «LOBBY» DEL HOTEL. Empezaré por contar que ayer, después de más de cuatro horas de aburrimiento, el vuelo se canceló y nos trajeron de vuelta al hotel de Katmandú. Algunos no pudimos recuperar nuestras habitaciones, por estar el hotel completo, y nos mandaron al hotel de la lado (el barrio de Thamel es todo hoteles, tiendas y restaurantes; no se si hay algún nepalí que viva aquí y no se dedique al turismo) bastante más cutre.
Una vez realojados estuvimos hablando de los «siguientes pasos», pero fue difícil aclarar nada, por la falta de información y por la actitud un poco pasiva de algunos de mis compañeros, en especial el organizador de este viaje, que es quien tiene el contacto con la agencia. Por lo que voy conociendo, me parece que es gente que o bien confía ciegamente en la agencia, o bien cree que es responsabilidad de la agencia resolverlo o algo intermedio; aun no lo tengo del todo claro. El caso es que parecía que al día siguiente (hoy viernes) volveríamos a intentar volar a Lukla desde Katmandú y si no fuese posible, viajaríamos a Mulkot (lo que era el plan inicial) para volar el sábado desde el aeropuerto de Manthali. Yo quise «discutir» (en el sentido francés de analizar un tema conversando) otras opciones, como coger un helicóptero (que pueden volar con mal tiempo) o esperar en Katmnandú para volar desde aquí otro día. Como, siguiendo buenos consejos, estoy tratando de afrontar las cosas como vienen y dejarme «fluir», no he querido calentar más las cosas, así que nos fuimos a comer al restaurante «Mito», donde probé el Pollo Tandori (no me gustó mucho).
UN PARÉNTESIS: Olvidaba reflejar aquí el incidente del mono: a la vuelta del aeropuerto, mientras esperábamos a la furgoneta que debía venir a recogernos resguardados de la lluvia, bajo unos pasillos techados de uralita, apareció de súbito un mono que, con el mayor desparpajo, cogió un plátano de la bolsa donde guardábamos los restos del desayuno, se sentó a unos metros de distancia, peló el plátano y se puso a comérselo. Después de la sorpresa, saqué el teléfono para hacerle una foto e inmortalizar el suceso (sabía que a Marta le iba a encantar) pero nuestro guía echó a correr hacia el mono y este escapó corriendo.
Después de comer, paseo de vuelta por Thamel donde aprovecho para comprar una capa de agua (pues por la mañana comprobé que la que me había dejado Ángel tenía los cierres rotos) y, ya en el hotel, videoconferencia con Marga y Marta; me ha gustado verles la cara después de estos pocos días separados; cómo será la cosa en dos semanas? Me es difícil imaginar que sentirían los emigrantes de principios del s. XX, que viajaban a América y solo contactaban con sus familias por cartas muy esporádicas.
A las 7 PM nos reunimos en el hotel para ver que haríamos al día siguiente (hoy). La agencia había informado a Oscar que el viernes (hoy) repetiríamos el intento de volar desde Katmandú. Tambíén entablamos conversación (en español!) con un nepalí que conocíamos de vista y que resulto ser, además del director de otra agencia de trekking, el director del hotel; este hombre, Gokul, nos explico que si no era posible volar hoy desde Katmandú (lo más probable) sería una buena opción desplazarse hasta Ramechap para intentar volar mañana (sábado) desde allí, ya que por no tener tráfico aéreo y por estar solo a 15 minutos de vuelo de Lukla, es más fácil que los vuelos desde allí puedan despegar.
Asi que hoy, después de haber dormido algo mejor, nos hemos levantado a las 5 AM, organizado petate y mochila (he aligerado 3 kg de peso metiéndome cosas en los bolsillos de chaqueta y chubasquero, para evitar pagar por el exceso de equipaje) y nos hemos venido a la recepción del hotel. En seguida han aparecido Bishnu (el representante de la agencia) y Latsiman (el guía) pero hoy, afortunadamente, van las cosas con calma: empezamos con un cafecito pero, según pasaba el tiempo, han ido montando el «buffet» del hotel (que empieza a funcionar a las 6:30 AM) y he podido tomar un desayuno decente (y me he tomado todas mis pastillas!, aunque a Marga le preocupa que me las olvide, con todo este jaleo). Ahora son las 8:25 AM y seguimos en el hotel (mejor que en el aeropuerto). Bishnu, de la agencia, me ha dicho que esta tarde decidimos si viajamos esta misma tarde a Ramechap, o no. Tranquilidad nepalí. como me ha aconsejado Manel: OM MANI PADME HUM, repetido muchas veces.
[20251101 sábado]
ATRAPADOS EN KATMANDÚ: Son las 6:26 AM y estamos ya en el aeropuerto con el equipaje pasado y el control de seguridad pasado. Esta vez habíamos espabilado y organizado el equipaje para llevar cosas de mucho peso en los bolsillos y, una vez que nos hubiesen pesado petate y mochila, devolverlos a la mochila de mano antes de embarcar. Pero nos dimos cuenta de que la báscula del aeropuerto está trucada y pesa de mas (aprox. 8%), pues los petates pesaban todos mas que en la báscula del hotel o nuestras básculas de mano (estas dos ultimas coincidían bastante). Aun así, nos ahorramos 400 rupias por cabeza (aprox. 3€) respeto al intento que hicimos el jueves. Yo, por mi parte, me había metido 3,5 kg de cosas en los bolsillos.
El día de ayer fue parecido a los anteriores. Paseo por el barrio de Thamel, donde mis compañeros aprovecharon para comprar bastante ropa de montaña, para regalar o para uso personal. La ropa es toda falsificada, que aparenta ser de las marcas más conocidas (NorthFace, Marmot, Arteryx,…) pero es muy barata; quizás un tercio del precio de una prenda similar del Decathlon comprada en España. Pero no creo que tengan ni por asomo la calidad de la prenda original que imitan (aunque están llenas de etiquetas «Goretex XCR» y similar); en las cremalleras, sellado de costuras, etc se nota que son otra cosa. Yo solo me compré unos crampones, pues los que nos había prestado la agencia me parecían malísimos, incluso con riesgo de romperse, y con pinchos muy pequeños como para sujetar en nieve helada. Esta compra fue mi primer ejercicio de regateo, conseguí un descuento del 30%; quizás habría podido sacar más, pero probablemente a esta gente le hace mas falta el dinero que a nosotros.
Reflexiono sobre qué distintos somos: que pasión tienen algunos por la ropa (¿por el aspecto?¿por tener varias prendas para variar?¿para acumular ropa para varios años? y que obsesión tengo yo por las seguridad (mis compañeros van tan felices con sus crampones prestados), quizás obsesiva. Paseando por Thamel me doy cuenta de que me voy acostumbrando al ruido de los claxons y a la contaminación; ya no me molestan tanto como antes. Empiezo a reconocer las calles principales, y a moverme sin el GPS.
Mientas esperaba en la puerta de una tienda me abordó un nepalí vestido con traje tradicional que llevaba una bolsa cargada de flautas de distinto tipo; se puso a tocarme una pieza para intentar venderme una flauta; como yo lo rechazaba constantemente, me iba ofreciendo descuentos, u otras flautas más sencillas de menos precio (empezó por una de 16.000 rupias y llegó a una de 1.000 rupias); estuvimos juntos bastante tiempo, porque yo no me quería mover de la puerta de la tienda hasta que mis compañeros terminaran, pero no le compré la flauta, aunque pensaba si no se la debería comprar, no ya para que me dejara tranquilo sino por lo mismo que los crampones: ¿quién necesita más el dinero? Mientras te mueves por aquí siento una continua situación de privilegio, tanto por vivir donde vivo como por el trato que recibo cuanto estoy en un país como este. Es un sentimiento difícil de distinguir de la culpabilidad. Quizás no sea el sentimiento correcto; no lo sé. Ayer, hablando con Bishnu, de la agencia, me decía que los nepalíes se sienten afortunados de vivir en un país seguro, y que eso es básico para su felicidad. El caso es que, al menos en el trato con nosotros (turistas), están siempre sonrientes. ¿Hasta que punto será verdad?
Son las 9:04 AM; tiene pinta de que hoy no volamos; la webcam de Lukla muestra que está nublado; aunque la previsión de Meteoblue no pone lluvia allí, es cierto que sí indica nubes. La previsión para mañana es mejor entre 7 AM y 10 AM, y gasta las 12 AM no está mal del todo. Si voláramos mañana saldríamos con dos días de retraso por lo que de mantener la ruta prevista, y si no hay problema en el vuelo de vuelta, estaríamos en Katmandú el 19/11, con dos días de margen para el vuelo del 21/11.
[20251102 domingo]
DE KATMANDÚ A PHAKDHING. Veo que me estoy enrollando mucho en este diario con los hechos y le dedico poco espacio a las impresiones, sensaciones y sentimientos, que era mi idea inicial, así que voy a intentar abreviar en los hechos y extenderme mas en lo otro. Ya hay por ahí mucha información sobre el Himalaya y yo no voy a aportar nada nuevo.
Ayer al final no volamos a Lukla, así que después de comer nos llevaron en furgoneta a Manthali para tratar de volar el día siguiente desde allí. Un viaje de 7 horas para unos 180 km porque la ruta «directa» (146 km / 4 horas) estaba cortada. Las dos primeras horas fueron entretenidas pero después oscureció y solo se intuía el paisaje (valles por los que se bajaba hasta el río para cruzarlo y subir por la otra ladera para enlazar con el valle siguiente). La calidad de la carretera muy heterogenea, pero mala en general, como para no pasar de los 30 km / hora de media; baches y barro a discreción. Era muy curioso cruzarse con camiones y furgonetas adornados con muchas luces (faros y tiras LED) de todos los colores; algunos los confundimos con coches de la policía y otros recordaban un árbol de navidad (o un puticlub). La llegada al lodge de Manthali fue dificultosa, incluso con la ayuda telefónica de la dueña; el camino se hacía cada vez más difícil y embarrado y dudábamos de poder pasar.
El lodge es una vivienda a medio terminar (o a medio reformar) en la que éramos los únicos huéspedes. La dueña nos esperaba con la cena preparada (Dalh Bhat, y yogurt de postre + fruta). Estábamos muy cansados de la jornada (espera en el aeropuerto + viaje), pero nos tuvimos que levantar a las 5 AM para ir al aeropuerto; afortunadamente, después de superados todos los trámites (agilizados por nuestro guía Laxman; moverse aquí sin guía requiere muchísimo más tiempo para superar todas las barreras) esta vez logramos volar a Lukla. Ya en el avión, no me creía del todo que estuviera aquí; supongo que habría sido más fácil de haber volado al primer intento. El paisaje al principio del vuelo, visto desde la ventana de estribor, no parecía para tanto, hasta que de repente, por las ventanas de babor (donde estaba sentado Lluis) empezaron a aparecer enormes picos nevados con las afiladas formas que asociamos a las cumbres del Himalaya. En ese momento empecé a creerme que, sí, estaba aquí. El aterrizaje en Lukla no fue para tanto, después de todo lo que había leído sobre «el aeropuerto más peligroso del mundo», no creo que sea cierto ni a nivel de estadística de accidentes. Además, tranquiliza saber que aquí solo operan pilotos especialmente entrenados para despegar/aterrizar en estas condiciones (no hacen otra cosa en todo el día). La gente es muy peliculera. Después de un buen desayuno en Lukla empezamos a andar hacia Phakding. Aunque iba concienciado de que había que tomárselo con calma, no pensaba que el efecto de la altura se fuera a notar tan pronto (empezamos a 2.800 m e íbamos a descender a 2.600 m, aunque con varias subidas y bajadas intermedias. En una tienda de Katmandú ví una camiseta «graciosa» con la inscripción: «NEPALI FLAT: A BIT DOWN A BIT UP»), así que en las subidas tuve que ir más despacio de lo que esperaba para esta primera etapa. Me he quedado un poco inquieto por esto; ¿qué pasará en la etapa de mañana, que es mucho más dura? Pero supongo que si la mayoría de la gente lo supera, yo también podré hacerlo.
En el camino volvía a sentirme como si estuviera viéndolo en un vídeo de Youtube, de los muchos que he visto para preparar el viaje, pero poco a poco voy asimilando la idea de que realmente estoy aquí.
Haciendo la ruta te das cuenta de que aquí el espíritu de aventura ha desaparecido por completo; son raros los tramos donde no te encuentras delante de un lodge (o teahouse), una pastelería, una tienda de productos variados o todo a la vez. El camino está prácticamente todo empedrado, especialmente las subidas y bajadas, construidas en forma de escaleras; y para cruzar el río, robustas pasarelas o vistosos puentes tibetanos. En el lodge te reciben con unas comodidades que, estando a distancia de las europeas, están a infinita mayor distancia de las que ves que tienen los nepalíes; la parte del lodge donde se alojan los porteadores es mucho mas sencilla y la comida que ellos toman (básicamente Dal Bhat) también lo es.
Siempre se dice eso de que los sherpas son los auténticos héroes del montañismo aquí, y yo lo creía, pero verlos aquí porteando las cargas que llevan, mientas a mi me cuesta subir una cuestecilla con una carga mucho más ligera, me hace creerlo de una forma más profunda. Por otra parte, ya me planteo si tiene sentido venir aquí en estas condiciones, con tantas «comodidades», solo para ver estos paisajes (que espero sean preciosos). Quien se crea que esta viviendo una aventura, se está engañando, quien sabe por qué.
Hoy conocimos a nuestros porteadores, todos de la misma familia (los Tamang): son Lakman (padre), Lakpa (el hijo) y Prashant (el sobrino); los dos primeros muy reservados (quizá porque no hablan inglés) y el tercero el más desenvuelto, que actúa como ayudante de nuestro guía, Laxman. Hoy les sorprendí con algunas palabras de mi (aun) limitado vocabulario nepalí y les pregunté por otras, lo que me dio la impresión de que les gustó. Laxman, el guía, que tiene mucha confianza con Oscar porque han hecho juntos muchas rutas, le regañaba bromeando: «Oscar ¡has venido diez veces a Nepal y nunca te has preocupado de aprender nepalí, y este amigo ya empieza a hablar!». Mas tarde, cuando nos reunimos para la cena, Laxman ya no me llamaba amigo sino Luis.
[20251103 lunes]
DE PHAKDHING A NAMCHE BAZAAR. Después de la primera noche en el saco de dormir de Lucas, a las 7 AM estábamos desayunando; yo aproveche para pedir pan tibetano, con un par de huevos fritos. El pan está muy rico y la torta que me sobró la acompañé con mermelada y miel (glucosa para lo que se me venía encima). A las 7:50 AM estábamos andando por un camino muy bueno, empedrado y con escaleras de piedra u hormigón en los tramos más inclinados. Lo característico de este camino es el olor a estiércol de mula y de yak que impregna toda la ruta. La etapa de hoy se me ha hecho muy dura, no por falta de fuerzas sino por falta de aire (y eso que hoy solo subimos de 2.600 m a 3.440 m!). Aunque la diferencia de altura entre los puntos de salida y llegada es solo de aproximadamente 800 m, el desnivel acumulado realmente anda por los 1.200 m. Tampoco es tanto, el día que subimos a «Las Torres de la Pedriza» con Marta, Álvaro y Ángel, subimos más de 1.100 m; pero la altura se nota (al menos por mi parte) mucho. Aunque hay subidas de escaleras desde el comienzo de la ruta, después del puente de Hillary el camino se pone realmente empinado y hay un tramo continuo de subida (casi todo escaleras) en el que se suben los últimos 400 m. de desnivel. Para evitar desgastarme, probé a dar 5 o 6 pasos antes de detenerme para hacer una o dos respiraciones; también probé a llevar un ritmo más lento pero sin paradas, pero no acabé de encontrar un ritmo cómodo; ya en Namche Bazaar Lluis, que iba de primero, me dijo que el había encontrado un buen ritmo, con el que subía cómodamente; Dolors, que subía de segunda, lo mismo; pero por la noche, cuando les medí la saturación de oxígeno, vimos que la suya anda por el 90% y la mía por el 88%, quizá eso también influya.
Yo aun no tengo opinión decidida sobre este tema: si sería mejor que estos trekkings los hiciera solo quien pudiera cargar su propio equipo, o si es mejor seguir usando porteadores, porque lo contrario les quitaría su medio de vida. También se podría argumentar que se puede seguir contratando porteadores, pero pagandoles un sueldo bastante mejor (en las montañas de Nepal los sherpas escaladores, que equipan las vías para que las escalen los occidentales, y los sherpas guías de alta montaña, han conseguido ganar salarios muy aceptables, haciéndose ellos mismos cargo de la gestión de su actividad); claro que esto seguramente haría que vinieran menos turistas (actualmente unos 50.000 al año) y habría trabajo para menos personas. No sé cuál es la solución buena; muchos, la mayoría, parecen explotados; y seguro que algunos mejoran mucho de vida, llegando como poco a guías, y quizá a empresarios dueños de su propia agencia de trekking, como Gokul, el director del hotel de Katmandú.
Entre los porteadores más jóvenes se ve un aire distinto que quizá haga cambiar las cosas. Visten de una forma más parecida a la occidental, cuando paran a descansar los ves con un móvil moviéndose por las redes sociales, algunos llevaban entre unos petates un altavoz Bluetooth con el que iban escuchando música nepalí o, alguno, reguetón! Para consolarme y tener menos remordimientos quiero pensar que, quizás, estas generaciones más jóvenes se muevan y cambien las cosas; como los jóvenes de Katmandú que hace unas semanas se levantaron contra el gobierno y lograron derribarlo (lo pagaron con 77 muertos). En Katmandú la gente de la agencia nos decía que ahora la situación esta tranquila; que los jóvenes que se rebelaron están a la espera de cambios; pero nadie sabe lo que puede pasar si esos cambios no llegan.
[20251104 martes]
EN NAMCHE BAZAAR. Pasé una noche muy mala, casi sin dormir, y con molestias en el pecho, quizá por el esfuerzo de respirar durante la subida de ayer. Estaba preocupado por si empeoraría según ganábamos altura. Me levanté casí «grogui» pero, en cuanto empezamos a andar (hoy tocaba jornada de aclimatación) me empecé a encontrar mejor. En cuanto ganamos cierta altura empezamos a ver montañas importantes y pronto apareció el Ama Dablam, tan característico y hermoso. Cuando habíamos ascendido unos 400 metros llegamos a un «mirador» natural desde el que disfrutamos del conjunto del Everest. Parece que sí, que estamos aquí. Seguimos subiendo hasta el Hotel Everest View, cuya entrada ya conocía por la webcam; como habíamos quedado, me coloqué en el punto correcto y saludé a cámara ostensiblemente; después, junto con Dolors, bailamos el Kost ar c’hoad. ¡Lo que no me imaginaba yo es que Marga estaba viendo todo en directo desde casa! Yo sentía que estaba dejándoles un mensaje «grabado» que ellas verían después pero, ¿qué se siente exactamente cuando ves a tu pareja moviéndose a miles de kilómetros mientras sabes que piensa en ti?
Antes de la cena Laxman, el guía, nos informó de que íbamos a hacer la ruta e sentido contrario; que pasaríamos el Cho La Pass pero evitaríamos pasar por Gokyo (Adios, Gokyo Ri), y que estaríamos en Lukla el día 17, solo un día después de lo previsto en el plan original; recuperaremos uno de los dos días perdidos a cambio de prescindir de la actividad en Gokyo. Me alegro de poder mantener la mayor parte del plan, aunque me da un poco de pena perderme el Gokyo Ri pero, después del mal tiempo reinante el llegar a Katmandú, si podemos mantener este plan será una maravilla. Por otra parte, yo tengo mis dudas en hacer el Cho La Pass en sentido E>O pero Laxman opina que no hay problema, y añade que es mas suave hacerlo así. Después de la cena me fuí a dormir con la esperanza de dormir bien, porque la etapa de mañana iba a ser larga y dura.
[20251105 miércoles]
DE NAMCHE BAZAAR A MILINGO. ¡Y dormí muy bien! Desde antes de las 10 PM hasta las 6 AM, que ya entraba mucha luz en la habitación como para seguir durmiendo. La jornada de aclimatazación me había sentado muy bien: me encontraba con fuerzas y con la saturación de oxigeno el 93% (bien para la altura); listo para marchar.
Después del desayuno, y de intentar hacer mis necesidades en el WC, me tocó recibir una reprimenda del guía pues todo el mundo había partido hacía ya un rato. Me excusé y me puse a andar a buen ritmo. Como me encontraba bien, en no mucho tiempo los fui alcanzando y rebasando. La ruta de hoy es muy distinta a las anteriores, y encaja ya más con la idea que yo tenía de lo que íbamos a ver: enormes montañas nevadas que terminan las laderas del valle por el que nos vamos moviendo, y con la presencia poderosa del Thamserku primero, el Ama Dablam después y…
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Ha venido Prashant, el porteador, a sentarse conmigo, así que he dejado el diario y nos hemos puesto a hablar; de la larga conversación adelanto que he aclarado un poco una de mis dudas: muchos como él, prefieren el trabajo de porteador a otros menos duros (de aquellos a los que podría acceder en Nepal) porque esta mucho mejor pagado y en unos pocos meses (la temporada de trekking) gana lo mismo o más que en otro trabajo al que pudiera acceder.
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… el grupo del Everest, Lhotse y montañas adyacentes. Es una maravilla moverse por este paisaje, aunque sea cuesta arriba y con falta de aire. Y mas con un tiempo tan bueno como el de hoy! (y el de ayer!). Las montañas están preciosas. Paramos a tomar un te en Phungi Tanga antes de afrontar la subida a Tengbuche (dura!). Allí nos recibieron las trompas de los monjes del monasterio, como si nos llamaran a comer; lo hicimos en un local estupendo, que es también pastelería, en una mesa con impresionantes vistas al Everest y el Ama Dablam. La comida (unos noodles) estaba muy buena y los pasteles (Dolors se tomó un brownie) tenían muy buena pinta. Al salir de comer nos acercamos a la puerta del monasterio, le dí unas vueltas a los molinillos de oraciones y continuamos a Milingo pasando por Debuche, donde cruzamos un bosque de rododentros (descubrimos lo que eran por el nombre de un lodge). Ahora estamos instalados en el Lodge Good Luck esperando la cena.
Así que Gokyo vuelve a aparecer en el plan, y Laxman incluso comenta que podríamos subir el Gokyo Ri. Cuando le insisto para concretar (yo, a lo mío) me dice que ya iremos viendo, que «poco a poco», según vaya yendo cada día; así que, haciendo caso a los consejos que ya reflejé en las páginas 7 y 8 de este diario, me esforzaré en disfrutar del viaje sin intentar controlarlo todo.
[20251106 jueves]
DE MILINGO A DINGBOCHE. Anoche dormí bien, me desperté descansado, pero con mi obsesión de aliviarme en el WC, a las 6 AM me fui al mismo, aunque no tuve éxito. (Mi costumbre del ir al WC, una hora después de desayunar). La dieta de aquí, mucho carbohidrato (arroz, pasta, pan de diverso tipo…) tampoco ayuda, acostumbrado como estoy a grandes cantidades de fruta y verdura (aquí escasísima).
La etapa de hoy fue aun mas bonita que la de ayer; el tiempo es estupendo, soleado, luminoso y (mientras te da el sol) cálido; realza la belleza de estas montañas. También los valles con el río que lo recorre por el fondo (el Imja Kola); y las huellas de los glaciares. La cantidad de personas, muchísimas, que se mueven en uno y otro sentido es lo que estropea un poco el disfrute de la ruta, pero si en algún momento logras quedarte solo (aparentemente) sin nadie al alcance de la vista, la felicidad es total (ni siquiera pienso: «¡Qué pena que Marga no esté aquí!», porque ya me dejó claro que no quería hacerlo).
El camino se hace bien; solo hay que tomárselo con calma porque en cuanto te aceleras un poco empieza a faltarte el aire. Yo, casi, tengo cogido el ritmo (un ritmo; cada uno tiene el suyo) y así, «chino-chano», me parece que podré llegar a todas partes. Físicamente me encuentro muy bien. Ningún síntoma de mal de altura. La tensión, contenida; y la saturación de oxígeno, por ahora, de acuerdo a las tablas. Procuro beber mucho y tomo sopa para comer y para cenar; ¡si me vieran Marta y Lucas no se lo creerían! Tampoco tengo dolores corporales ni catarro, cosas que suceden a algunos de mis compañeros más añosos. Se reían de mi bolsa de medicinas pero ya he atendido a un porteador (mi «amigo» Prashant) con pastillas para la faringitis y otra para la tos, y ya lo tengo curado, y hoy le he dado Frenadol a Oscar, el organizador, que anda con un catarro que amenaza con dejarlo tirado antes de llegar al Campo Base del Everest.
Durante la caminata de hoy hubo un buen rato en que fuimos Prashant y yo solos, hablando de muchas cosas; para mi, muy interesante poder hacerme una ligera idea de como vive un joven en un país tan distinto al mío. Tendré que hacer un añadido a este diario: «Mis conversaciones con Prashant», pero no se de dónde sacar tiempo.
[20251107 viernes]
DE DINGBOCHE A PYRAMID. Esta mañana por fin me he podido aliviar en el WC, después de ponerme un MicraLax. ¡Menos mal!
En cuanto a la caminata, la de hoy se nos ha hecho larga y dura, por el desnivel. Lo normal habría sido quedarse un día más en Dingboche, para descansar y aclimatar, pero el guía ha decidido continuar, supongo que para recuperar parte del tiempo que estuvimos atrapados en Katmandú. El paisaje es cada vez más bonito, corresponde mas con la idea que yo tenía de una ruta de este estilo; además, las nevadas que cayeron y nos retuvieron en Katmandú han dejado esto precioso: hay nieve a mucha menos altura que lo habitual en esta época; nos puede dar alguna complicación pero vale la pena.
Sobre las 2PM hemos llegado al lodge de Pyramid, la 8000 INN; como pertenece a un centro de investigación italiano, la cocina italiana es excelente (¡para estar a 5.050 m!); yo tome una pizza de bonito muy rica, y probé la pasta carbornara de Lluis, que también estaba muy buena. El lodge es pequeño pero acogedor; con bastantes comodidades para estar donde estamos. Pero todo cuesta trabajo a esta altura; las habitaciones están en la planta alta y subiendo la decena de escaleras que hay hasta el dormitorio te quedas sin aire.
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Después de cenar hemos hecho, con el guía, el plan de mañana: tiramos a Gorakshep, dejamos allí lo que no necesitamos y continuamos al Campo Base; al Kalapathar subimos (los que queramos) a la madrugada siguiente, sobre las 4 AM.
Ya casi estamos e una de las metas de este viaje; parecía que nunca iba a llegar, pero ya está aquí. Es una sensación extraña estar en un sitio tan remoto, pero poder hablar y ver a la familia; a Marga. Esa posibilidad de comunicación, junto con la masificación turística, hace que lo que siento no corresponda a lo que me imaginaba cuando leía las historias de las primeras ascensiones, allá por los 1950’s. En cualquier caso, yo no estoy dispuesto a renunciar a la comunicación, y menos porque aun tendría que seguir soportando la masificación turística. Me repito una vez más: esto no es una aventura.
[20251108 sábado]
DE PYRAMID A GORAKSHEP Y AL CAMPO BASE DEL EVEREST. Esta noche maldormí, quizás efecto de la altura; pero no me puedo quejar porque, en general, soy el que mejor duerme del grupo. El que mejor duerme y el que mejor come; los otros están desganados, quizás también efecto de la altura.
Me levanté muy temprano a ver si podía aprovechar para hacer «mis gestiones» en el WC, pero no hubo éxito; y eso que los WC de los «8000 INN» están muy preparados. Después del desayuno nos pusimos en marcha, otra vez con un día espléndido, como desde Lukla. El camino estaba precioso, todo nevado. Solo hay unos 3 km hasta Gorakshep, pero hay que subir el Lobuche Pass, que es un repechón; una vez pasado decidimos ponernos los crampones pues había tramos helados y no era cuestión de tener una caída con los crampones en la mochila.
En Gorakshep tomamos un te y aligeramos la mochila, dejado cosas en las habitaciones (que ya teníamos asignadas) para continuar al EBC. Desde Gorakshep el camino es aun más bonito, si cabe; difícil describir. Vimos un alud en las laderas del Nupset, y una avalancha de piedras en la morrena que cortaba el camino que seguíamos, afortunadamente los porteadores, que iban delante, retrocedieron corriendo y no pasó nada.
El último tramo del camino se hace por la arista de una morrena del glaciar de Khumbu; como el glaciar ha perdido mucho hielo el Campo Base, y la famosa piedra rotulada donde todo el mundo se hace la foto, se ve a la derecha, bastante por debajo de la arista. Da pereza bajar hasta allá, porque ya estoy cansado, pero habrá que hacerlo, aunque ya desde la arista tienes todas las vistas: el pedacito de Everest que se puede ver desde aquí, la cascada de hielo de Khumbu, el Nupset… y un montón de cumbres preciosas que no sé nombrar, da lo mismo. Bajamos a «la piedra» y nos hacemos la foto de rigor; también bailo con Dolors el fragmento de Kost-ar-c’road correspondiente. Todo hecho, emprendemos el camino de vuelta. La masificación del EBC es la correspondiente a la que hemos visto en toda la ruta. En este punto la gente hace cola para hacerse la foto en el punto correspondiente, y se repiten posados y posturas: delante de la piedra, encima de la piedra… Igual que en cualquier otro punto puesto de moda en las redes sociales. Otra cosa que me llamó mucho la atención es la cantidad de gente que subía al EBC montada en mulas (o similar); recuas de 6 a 10 animales dirigidos por un nativo a pie, cada una portando un turista perfectamente equipado (sin mochila pero con cámara de fotos, auriculares inalámbricos, teléfono móvil, etc). Cuando las recuas son muy grandes otro nativo va arreando las bestias desde atrás. Los animales llevan un montón de cascabeles en sus arreos; cuando oyes el ruidito a tu espalda ya sabes que te tienes que apartar para dejarles paso. Al principio me pareció ridículo subir al EBC en caballería, pero realmente es solo un paso más respecto a lo que hacemos nosotros, subir con porteadores. ¿Dónde está la justa medida? También hay gente que sube directamente en helicóptero.
Después de comer (una pasta con tomate, atún y queso gratinado, muy buena) hablamos con Laxman sobre el plan de mañana. Al final renunciamos al Kalapathar, pues habría que pegarse un madrugón (4 AM) y añadir una buen apaliza a una etapa que ya de por sí va a sr bastante dura. a Laxman no se le veían muchas ganas de hacer el Kalapathar (quizás porque piensa que nos íbamos a agotar) y me ha dicho que tendremos vistas preciosas desde el Cho la Pass o desde el Gokyo Ri, que prevé que ascendamos.
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*¡Al final tuve éxito yendo al WC en el lodge de Gorakshep! ¡Qué alivio!
[20251109 domingo]
DE GORAKSHEP A DZONGLA. Escribo esto al día siguiente, 10 de noviembre, pues el 9 no tuve tiempo. La etapa fue larga, y teníamos que madrugar hoy 10 para otra etapa bambién dura asi que el diario se quedó sin actualizar.
Empezamos caminando deshaciendo camino ya conocido pero cerca de Lobuche, donde paramos a tomar un té, cogimos el desvío hacia Gokyo por el Cho La Pass y la cosa cambió radicalmente: por una parte, se redujo radicalmente el tráfico de personas y bestias (se ve que la ruta directa al EBC es, con mucho, la más concurrida); por otra parte el paisaje cambió y se hizo, para mi gusto, mas bonito. La senda que seguíamos iba sobre la nieve y tuvimos que acabar poniéndonos los crampones pues en los tramos inclinados la cosa se ponía delicada. Aunque el camino era precioso al final se me hizo un poco largo, por el cansancio que se iba acumulando; además, en la parte final, según perdíamos altura, la nieve se derretía y el camino estaba embarrado lo que lo volvía incomodísimo, con crampones y sin camprones.
Al final llegamos a Dzongla para una comida tardía, que casi se juntó con la cena (resultado: para cenar solo tomé una sopa; y eso por obligación, por hidratarme). Después de la cena me enteré que Oscar y Marisol estaban gestionando con la agencia que un helicóptero viniera a buscar a Marisol para llevarla directamente a Gokyo, ahorrándole un par de etapas (¡la durísima del Cho La Pas!) y dándole un par de días de descanso, a añadir a los dos que todos vamos a pasar en Gokyo. Marisol llevaba días con síntomas de mal de altura que no hacían sino empeorar (según subíamos). Al final ayudé a Oscar a entenderse con Bishnu por videoconferencia y todo quedó arreglado para que la vinieran a buscar al días siguiente entre las 7 AM y 7:30 AM (1000 USD). Nosotros saldríamos antes, a las 6AM, rumbo al Cho La Pass.
[20251110 lunes]
DE DZONGLA A THAGNAG POR EL CHO LA PASS. Llevo retraso con el diario y esto no está escrito el día 10, como dice la cabecera, sino el 12, así que en lugar de extenderme en los detalles me centraré en la impresión general.
Salimos a las 6 AM, muy abrigados, porque Laxman nos había advertido del frío, pero pronto, en cuanto empezó a darnos el sol (y con el añadido de la cuesta) empezó a sobrarnos ropa. La etapa de hoy, una de las más duras (si no la que más) del viaje se dividió en la subida al collado y la bajada del mismo hacia Thagnag. La subida, ademas, tiene tres partes: una primera, por roca, bastante inclinada; la segunda por el glaciar (todo nevado, precioso, más suave; y la tercera en la que se deja el glaciar y se sube al collado, muy empinada. El paisaje durante toda la subida es muy bonito; distinto a lo que veíamos en el valle de Khumbu; muy invernal. Como sabía que hoy era un día importante para Oscar, en la subida intenté acompañarle para que no se quedara solo al final, pero en un momento dado me dijo que tirara por mi cuenta y así lo hice; acabé adelantando a Dolors y Lluis y llegué de primero al collado; pese a la falta de aire me encontraba bien. Fue emocionante estar en el collado que tanto había estudiado y con el que tanto había soñado. Cuando estábamos en Katrmandú, retenidos por el mal tiempo, llegué a pensar que, por la nieve, no podríamos hace este paso, y trataba de conformarme, pero resulta que al final estábamos aquí, y con un día precioso: cielo totalmente despejado y luminoso. Para el porteador Prashant también era un día importante pues era la primera vez que ejercía de guía (Laxman se fue en el helicóptero acompañando a Marisol a Gokyo), y además en una etapa lagar y delicada como esta. Después de descansar y comer algo abordamos la bajada hacia Thagnag, que se hace bastante larga. Esta bajada tiene a su vez dos (¡o tres!) partes: primero una bajada empinadísima desde el collado hasta cerca del fondo del valle; después se continúa por el fondeo del valle bajando y subiendo de forma alternada hasta Thagnag. La primera parte es muy delicada, con hielo y nieve como la encontramos. Pese a que hay bastantes cables de acero para agarrarse, la mayoría estaban enterrados en la nieve y no eran de utilidad. En cualquier caso, con los crampones y bastones, y prestando atención, se bajaba bien. Pasada esta primera parte, el resto de la bajada era fácil pero larguísima (creo que casi 4 horas) aunque el paisaje, invernal, era precioso. En la bajada intenté otra vez acompañar a Oscar y esta vez si que fuimos juntos mas o menos, hasta Thagnag, donde ya nos esperaban Dolors y Lluis.
El lodge de Thagnag era muy básico pero animado. El personal era muy simpático y tenían música occidental (John Denver, AC/DC,…) puesta a tope en un altavoz Bluetooth ¡que resultó ser un JBL como La Patum!
[20251111 martes]
DE THAGNAG A GOKYO CRUZANDO EL GLACIAR NGOZUMPA. Esta etapa también nos la habían anunciado como suave: menos de 4 km y unas dos horitas de andar. Quizás estas expectativas relajadas hicieron que me resultara durísima!
Durante el desayuno estábamos solos en el lodge; el resto de los huéspedes, un grupo grande, se habían levantado a las 4 AM para ir hacia el Cho La Pass (¡qué frío!); nos animaron el desayuno con música a tope (otra vez sonó «Country Road» que todos coreamos) y Oscar pidió algo de AC/DC; nos pusieron «Highway to Hell» (que acabamos bailando mientras nos ajustábamos guantes, gorros y mochila), y fue premonitorio porque lo que nos encontramos fue un camino a un infierno de hielo; infernal por la dureza de la bajada y subida de las morrenas laterales, ya que el nivel actual del glaciar está muy por debajo de la altura que llegó a tener, y que labró las morrenas; pero muy bello pese a esa dureza. Para mi, además, resultó una clase de prácticas de geología, capitulo «Paisaje glaciar»; todo lo que había estudiado con tanto interés en los libros lo tenía ahora al alcance de mis ojos y bajo mis pies; creo que pude interpretar bastantes detalles del paisaje, aunque me hubiera gustado tener a alguien que supiera más y me explicara detalles que, seguro, se me pasaron (¡aquí esta otra vez mi obsesión de conocerlo todo para tenerlo bajo control! No estoy avanzando mucho, pese a mis buenos propósitos al principio del viaje). Los 3,8 km parecieron mas del doble, pero al final Gokyo apareció por debajo de la morrena en la que estábamos encaramados. Como resbalé nada más dar el primer paso de la bajada, helada, me volví atrás para ponerme los crampones. Enseguida llegamos a Gokyo, donde nos esperaba Marisol.
En el terreno escatológico, yo sigo sin poder hacer nada de provecho en el WC, así que por la tarde me puse un MicraLax y a esperar. Me encontraba mal, con el estómago revuelto, como si estuviera a punto de vomitar. Me obligue a comer y a cenar un poco, pero me dio por pensar (¡más obsesiones!) que podría ser una obstrucción intestinal. La pizza de la cena, compartida con Dolors, estaba muy buena, pero solo comí dos cachitos. Después de la cena hicimos con Laxman los planes para mañana: la ascensión al Gokyo Ri, uno de los hitos del viaje. Marga ya me había insistido en que debía ser sensato y si no me encontraba bien, renunciar a la ascensión; tiene razón; en este momento sigo con el estómago revuelto así que le digo a Laxman que tengo intención de subir, pero que si no me encuentro bien por la mañana me quedaré en el lodge.
Sección escatológica: antes de acostarme vuelvo a hacer un nuevo intento en un WC «de sentadillas», pero no consigo prácticamente nada. Sigo preocupado.
[20251112 miércoles]
ASCENCIÓN AL GOKYO RI. Dormí muy bien y me desperté con el estómago en su sitio. ¡Iba a poder subir al Gokyo Ri! Pude desayunar bien, con apetito, y a las 8 AM ya estábamos en marcha. La ascensión se hace dura, como todo aquí, a esta altura. Según nuestras cuentas, estimábamos unos 400 m de desnivel pero al final de la jornada el «track» del GPS marcaba ¡casi 700! Fuera lo que fuera, llegamos muy cansados pero valió la pena; las vistas son espectaculares, quizás las mejores que hayamos tenido en toda la ruta.
De los «senderistas» solo subimos Dolors, Lluis y yo; Marisol y Oscar se quedaron en Gokyo para ahorrar energías. De los Tamang subieron Laxman, Prashant y Lakpa; para este último también era su primera ascensión al Gokyo Ri. En la cima, después de las felicitaciones mutuas y las fotos de rigor, me tuve que poner los crampones para bailar el Kost ar c’hoad; esta vez Dolors no se unió al baile, por lo precario del sitio, pero había unos franceses (de cerca de Paris) que atendieron con mucha curiosidad; la mujer incluso intentó seguir unos pasos.
De vuelta en Gokyo, pase la tarde actualizando el diario, tanto el «online» como el manuscrito. Por la noche teníamos la celebración del cumpleaños de Marisol (71). Al final de la cena trajeron una tarta muy vistosa (encargada por Oscar) y le pusieron una pashmina ceremonial mientras le cantábamos el «Moltas felicitats»; después, Laxman, Proshant y Lakpa pusieron música en un altavoz «Lapatum» (¡Idéntico al de Thagnag!), la conocida «Piripiri», que debe ser muy popular en Nepal. Allí acabó todo el mundo bailando, excepto Oscar (que no debe ser muy de bailes) y yo mismo, que había tomado por la tarde un sobre de magnesia (a ver si acabo con el estreñimiento) y tenía miedo de que se me escapara algo si me movía mucho. Por cierto, algo hizo la magnesia pues después de cenar, aunque con mucho esfuerzo, logré aliviarme algo. Fue un alivio no solo físico sino también psicológico, pues se me quitó esa obsesión que me había dado con una posible obstrucción intestinal.
El animo en el grupo de «senderistas es el de que este viaje ya está acabando, o casi; se habla de planes para los días que nos restan en Katmandú (compras) o de cuando estaremos de vuelta en Barcelona; pero poco se habla de lo que nos queda de ruta. Es cierto que los hitos principales ya los hemos cubierto, pero aun nos quedan cinco días de ruta hasta Lukla, y tres de ellos bajando por un valle desconocido para nosotros. A mi, que tengo tendencia natural a pensar en el futuro más que en disfrutar el presente, esta sensación que flota en el grupo no me ayuda a tratar de disfrutar a tope los días que nos quedan en Himalaya. Tendré que aplicarme a fondo.
[20251113 jueves]
DE GOKYO A MACHHERMO. La etapa de hoy se prometía corta y fácil, y realmente lo fue. Hoy Laxman nos dejó dormir más (no es que realmente durmiéramos mas, pero pudimos arreglarnos con mas calma), desayunamos más tarde y no salimos hasta las 9 AM, después de hacernos en la puerta del lodge unas fotos todos equipados con las camisetas amarillas de «Smowy Horizon». La ruta de hoy era cómoda, prácticamente cuesta abajo, solo con algún corto repecho, durante unos 7 km para bajar más de 400 m de desnivel. El paisaje va dejando de ser tan salvaje e invernal como el que teníamos desde que cogimos el desvío a Dzongla. Hay cada vez menos nieve en el valle por el que bajamos; el fondo del valle está recorrido por un río que se acelera más o menos según la pendiente de la zona ( en un tramo, casi hace una cascada). Pero siempre al fondo, en todas las direcciones, seguimos viendo las enormes montañas nevadas; algunas ya las puedo reconocer, con lo que me han enseñado estos días; a otras no les puedo poner nombre pero, en verdad, da lo mismo.
El caso es que me ha costado centrarme en disfrutar del día; cada poco la cabeza se me iba a pensar en los próximos días, en «lo siguiente», dando ya el viaje por acabado (ya dije ayer que esta sensación flota en el grupo). En cierto modo es comprensible, pues los días anteriores vimos paisajes que causaban una impresión tan fuerte que te anclaban al momento. El paisaje de hoy, aunque hermoso (¡si cerca de casa tuviéramos algo así lo consideraríamos de los mas bonitos del mundo!) no es tan impresionante como los de los últimos días, por lo que me costaba centrarme en disfrutar del mismo; sin embargo, poco a poco fui reconociendo en el paisaje las huellas del pasado glaciar: las morrenas laterales que conformaban las laderas del valle, aunque ahora colonizadas por vegetación, los fondos de valle planos, ahora excavados de nuevo por el río que lo recorre… de repente me doy cuenta de que el camino que seguimos transcurre también por una morrena… ¡ya estoy por fin centrado en lo que estamos. Cuando por fin llegamos a Machhermo, que no son más que unas cuanta construcciones agrupadas, me sorprende que es también un muestrario perfecto, como sacado de un libro, de paisaje post glaciar: el pueblo está en el fondo un un valle plano, en el medio de lo que debió ser un circo glaciar, ahora sin hielo; por el fondo del valle discurre un río (el Machhermo Kola) que a la salida del pueblo gana pendiente y velocidad y excava profundamente el fondo del valle.
Llegamos al lodge sobre las 12:30 y nos sentamos en una mesa en el exterior, al sol, a tomarnos una bebida caliente. Yo me pido un «black coffe», a ver si me ayuda a combatir el estreñimiento.
[20251114 viernes]
DE MACHHERMO A MONG LA. Anoche nos acostamos pronto, sobre las 8:30 PM; después del primer sueño, me desperté cerca de las 00:00 AM y no era capaz de dormir, así que me puse un podcast de «Un libro una hora» («La campesina», de Alberto Moravia) y, cuando acabó este primero, acabé poniendo otro («La herencia Ferramonti», no recuerdo de quien; pero sí se que vi una película basada en esta novela cuando adolescente). Yo maldormí pero Lluis, por fin, durmió bien una noche, aunque aun le quede mucho sueño por recuperar. A las 8 AM estábamos desayunando (yo, pan tibetano con tortilla) y en media hora lo habíamos liquidado, así que me dio tiempo a ir al WC de la habitación (los comunes no estaban muy decentes, cosa rara) a intentar hacer algo de provecho; ¡y algo conseguí!
Enseguida nos pusimos en marcha bajo un sol precioso, como todos estos días. El principio de la ruta fue llaneando, con vistas muy bonitas al valle, por el fondo del cual transcurre el Dudh Koshi Nadi (¡lo he mirado en el mapa!). De repente apareció un ave rapaz muy grande (Lluis decía que un quebrantahuesos) que estuvo volando, para nuestro contento, un rato muy cerca de nosotros, sobre el valle pero a nuestra altura. Luego empieza la bajada, primero más suave y luego más empinada. En los tramos mas empinados la bajada se hace mediante escalones, de piedra habitualmente pero también de hormigón en algunos sitios; el camino está, en estos tramos a menor altura, muy bien preparado para el turismo, y en las zonas mas expuestas incluso hay barandillas metálicas para evitar una caída. Cruzamos Dole y a la salida encontramos un pequeño repecho donde, sin darme cuenta, me metí en una placa de hielo; resbalón y caída al suelo, aunque sin consecuencias. Continuamos la bajada y pasamos por el punto de control que el ejército tiene establecido a la salida del parque nacional. Los que íbamos adelantados tuvimos que esperar a que llegara Laxman, que es quien tenía el permiso de entrada, para que registraran nuestra salida.
Al poco llegamos a Phortse Thanga, el punto mas bajo de la etapa de hoy, ya cerca del río, donde paramos a comer (Dal Bhat, muy bueno). Después seguimos hacia Mong La; son solo 2 km pero más de 300 m de desnivel cuesta arriba, prácticamente todo el camino por unas escaleras que no dan descanso. Esta parte del camino transcurre por un bosquecillo de rododendros y coníferas. Me encontraba cómodo andando, con la respiración acompasada, y subí del tirón, llegando a la stupa que marca el final de la subida casi a la vez que los porteadores (ellos paraban a descansar de vez en cuando, pero luego me adelantaban siempre). Nos ponemos a descansar en el poyete de piedra que está delante de la fachada del lodge. Aunque las nubes estaban entrando en el valle, desde Namche Bazaar, aún se veían de vez en cuando el Thamserku, el Kantega o el Ama Dablam. Mañana, durante el desayuno (hemos quedado a las 7.30 AM) seguro que las vistas son imponentes.
[20251115 sábado]
DE MONG LA A NAMCHE BAZAAR. Ayer se me quedaron dos cosas sin contar:
1) Laxman, el guía, se ha encaprichado con mi mochila (la que me compré para este viaje). Dice que en Katmandú no puede encontrar nada igual (pequeña y con una zona para ventilar la espalda y reducir el sudor). Me quiere dar 100 $ por ella cuando lleguemos a Katmandú para llevarsela al siguiente trekking que tiene que guiar: una vuelta por el Annapurna en bicicleta con una clienta polaca. Veremos que hago; no me importaría regalársela, como parte de la propina que es típico dar al guía al final del viaje; pero necesito una mochila pequeña para llevar en el avión durante el vuelo de regreso.
2) Oscar, nuestro organizador, lleva unos días, desde que empezamos el regreso, que cuando estamos en los salones delos lodge le pregunta siempre a Laxman por la ruta que han seguido o van a seguir otros grupos que estan allí alojados; especialmente aquellos compuestos por personas de mas edad. Parece como si necesitara saber que si otras personas «de su quinta» son capaces o no de cruzar el Cho La Pass, como él ha hecho; quizá eso le ayude a valorar mejor la «pequeña azaña» que hemos (que ha) realizado; o puede que la razón de su curiosidad sea otra. Yo pensaba que para él este trekking tenía como objetivo tachar dos ítems de su lista de pendientes: el EBC y el Cho La Pass; que era suficiente con alcanzar esos dos hitos; pero parece que hay algo más. Pretendo comprender todo; me esfuerzo en entender las motivaciones de la gente, pero parece que no se me da muy bien.
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Algo me está pasando en los últimas noches, incluso ahora que dormimos a menor altura, es que me despierto sobresaltado, con sensación de estarme ahogando. O, si no estoy dormido sino simplemente tratando de conciliar el sueño, me invade una sensación de que me falta el aire y me pongo nervioso a respirar agitadamente. Tengo que tratar de calmarme y hacer una o dos respiraciones profundas antes de volver a respirar de forma más suave y calmada; pero no es fácil hacerlo, y con esos despertares repentinos y lo que cuesta volver a dormirse acabo descansando peor. Creo que esto no me había pasado antes, tampoco en las noches a mas altura, porque estaba tomando la medicación para el mal de altura, y uno de los efectos es que facilita la respiración durante el sueño. Aunque solo fuera por esto, valió la pena haberla tomado desde el principio, pues yo pude dormir bastante bien durante todos los días que íbamos ganando altura, a diferencia de mies compañeros, que ya se quejaban de estos ahogos nocturnos.
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Ayer cuando hablé con Marga me contó la gran noticia: le habían pedido que, con motivo de su jubilación, fuera ella quien hiciera la presentación este año del libro-revista «CÁTEDRA», que ha dependido de su trabajo tantos años. La sentía nerviosa y emocionada; yo también lo estoy: emocionado y nervioso (por ella, porque imagino lo que le puede suponer afrontar un acto público como éste), porque por fin se le hace un reconocimiento explícito a un trabajo realizado durante tanto tiempo y que no se paga con el dinero que factura. Muchas veces habíamos comentado cosas en la línea «Cuando ya no me encargue de este trabajo, ya se verá que había mucha más labor de la que podría ser evidente»; pero es mucho mas bonito, y satisfactorio, que ese reconocimiento llegue antes de que se pueda echar de menos tu trabajo; incluso aunque en el futuro te sustituya alguien que lo haga igual de bien o mejor, o aunque se deje de editar el «CÁTEDRA». Es un reconocimiento a un trabajo bien hecho. Es curioso que nos sorprenda que estas cosas pasen.
Lo negativo; en cuanto me contó esto, me puse a pensar cómo debería ser ese discurso de presentación; cuál debería ser el índice, cómo encadenar las ideas… ¿Por qué tengo que intentar hacerlo yo todo?¿Por qué creo que lo puedo hacer mejor que los demás?¿Por qué no puedo dejar que los demás hagan las cosas a su manera, sin entrometerme? Es algo en lo que tengo que seguir mejorando.
[*La que transcribe este diario (que llega en imágenes a través del Whatssap) ha evitado hacer comentario alguno en todo momento, mi trabajo es de mera escribana digital y aséptica (procurando no mover ni una sola coma ni cambiar un acento), pero hoy no puedo evitarlo y quiero anotar la emoción que he sentido al leer-transcribir el párrafo anterior, y dejar constancia de ello aquí mismo y ahora]
(ESCRITO EL 16/11/2025, domingo)
La etapa hasta Namche Bazaar ha sido corta (unos 7 km) y cómoda (unos 600 m de desnivel, pero cuesta abajo). La nieve se ve cada vez mas lejos, en las alturas; el paisaje es más marrón y la vegetación es cada vez más abundante. Gran parte de la bajada, la mayoría, la hacemos por escaleras en general de piedra; algunos de hormigón. Cruzamos un bosque de rododendros y coníferas (no se cuales) y en un momento dado llegamos al cruzo Tegnboche/Gokyo/Namche Bazaar, donde nos unimos otra vez al camino ya conocido. Poco después pasamos por los últimos miradores desde donde se pueden contemplar el Everest, el Lhotse y el Ama Dablam, los gigantes que nos han acompañado estos días; a partir de ahora las vistas serán bonitas pero sin ellos. Recuerdo la primera vez que los avistamos, al principio del viaje. Es difícil escapar de la sensación de que «esto se acaba», sensación que te puede chafar los días que aún nos quedan de ruta.
Por la noche, durante la cena, Dolors me decía que ya tenía ganas de estar de vuelta en casa (había visto una foto de la fiesta de cumpleaños de su hijo, y echaba de menos a la familia). «Yo no», le contesté. También hecho de me nos a mi familia, pero me gustaría que el viaje durara aún un poco mas. Seré el raro del grupo.
[20251117 lunes]
ESTO SE ACABA; NO HAY QUIEN LO PARE. Ayer no escribí nada en este diario pero hoy trataré de resumir lo andado y lo sentido en estos dos días mientras esperamos por la cena, que por cierto hoy será una cena especial; como es la última noche que coincidimos con los porteadores, hoy les invitaremos (pagamos nosotros) a cenar juntos (normalmente ellos cenaban más tarde y separados), y después haremos una pequeña ceremonia de despedida (entrega de propinas y regalos, y hasta música y baile, parece ser).
La etapa de ayer fue larga y con mucho desnivel de bajada (aproximadamente 1000 metros): NAMCHE BAZAAR-PHAKDING. La etapa de hoy fue más corta, con mucha menos bajada pero con casi 400 metros de subida al final para llegar a LUKLA. El paisaje ambos día ha sido bonito, pero menos espectacular, quizás porque ya era conocido. Yo he disfrutado más la etapa de hoy, quizás porque era más humana; parece que hay mas vida y actividad que la ligada directamente al turismo (aunque es innegable que el turismo es lo que activa la economía de esta región): niños que van en grupo, jugando y corriendo, a la escuela; gente que trabaja el campo; mujeres lavando ropa en la calle, … aunque lo dominante siguen siendo los lodges y teahouses, así como las pequeñas tiendas que venden todo lo que necesitan los turistas (agua, papel higiénico, chocolatinas, refrescos, fruta…). En la ruta de hoy he «descubierto» un montón de «Chortens» y de muros de piedra «Mani» que me habían pasado desapercibidos cuando hicimos la etapa el primer día en sentido contrario; curioso, porque me deberían haber impresionado más en esa ocasión, que aun no había visto tantos «Chorten» y «Maní» como he visto después.
El ambiente en el grupo es claramente el de que «esto se ha acabado»; aunque yo me resisto, solo logro dejarlo en un «esto se acaba; no hay quien lo pare» (como decía Ramón Oliver, mi profesor de «Campos y Ondas» en 3º de Industriales). Los compañeros senderistas no es que hablen ya de las compras que van a hacer en Katmandú, sino de cómo organizar el transporte desde el aeropuerto de Barcelona a sus casas, o que es lo primero que van a preparar para comer (o a que restaurante van a ir para la primera comida).
Ayer por la tarde, Dolors y yo nos acercamos a una «Bakery» próxima al lodge de Phakding a tomar un café con un pedazo de tarta. La conversación, agradable, versó sobre nuestras familias, sobre lo que nos esperaba en casa, pues el viaje por el Himalaya (incluso el posible turismo en Katmandú) está acabado.
Hoy hemos ido, esta vez todos, a tomar otro café con tarta a una «Bakery» en Lukla (Café 4410), después de mi escapada para hacer acto de presencia ante la webcam del Buddha Lodge. Durante la «merienda», aparte de organizar las propinas de los porteadores, hemos hecho un «debriefing» (palabra de Oscar) durante el que cada uno ha comentado sus impresiones personales del viaje. Todos contentos; la mayoría ha apuntado que ya tenía ganas de que el viaje acabara. Quedan unos minutos para las 7 PM, hora en la que vamos a cenar. A ver como va la ceremonia de despedida. Además de las propinas, yo tengo unos regalitos para los porteadores: a Prashant le daré la chaqueta que me había comprado en Katmandú y que no llegué a usar; a Lakpa le regalaré los crampones que he usado en este viaje; y para Lakman he comprado esta tarde un bastón de trekking de segunda mano (visto que los últimos días utilizó de prestado uno delos bastones de Dolors). Espero que les gusten.
[20251121 viernes]
DE VUELTA. Escribo desde el aeropuerto de Katmandú, desde la parte internacional que, aunque es muchísimo más modesta que el de Barcelona o, no digamos ya, el de Doha, es mucho más lujosa y ordenada que la parte de vuelos locales, que tanto frecuentamos durante los primeros días, cuando intentábamos volar hacia Lukla.
Los últimos días, para haber terminado ya el trekking, o precisamente por eso, han sido bastante desordenados y me ha costado (de hecho, no lo he logrado) sacar tiempo para escribir. Ahora ya no tengo memoria para hacer un relato cronológico de lo vivido estos días que, por otra parte, tampoco ha sido tan interesante; la mayor parte del tiempo la hemos pasado en Katmandú y, exceptuando el par de salidas turísticas, aquí todo los días parecen iguales: compras en el barrio de Thamel (donde ya he comentado que los comercios son prácticamente indistinguibles los unos de los otros), comidas parecidas en restaurantes parecidos, … Creo que se me nota que Katmandú, al menos la zona de Thamel, que es en la que nos hemos movido, me resulta monótona; poco hay que hacer aquí si no eres un entusiasta de las compras turísticas: ropa de montaña (¡falsificada!), artesanía (boles cantarines, objetos de metal, bisutería/joyería, grabados, cuchillos, gurka,….) y algunas tiendas de libros (lo que más me ha interesado como era de suponer), entre ellas la «Pilgrim» que me recomendó Manel, la que más he visitado. Para hacerlo aún peor, Thamel tiene un olor característico, mezcla de la polución debida al tráfico (motos, muchas motos, coches y furgonetas) y del incienso que están quemando en casi todas las tiendas; a estas dos cosas seguro que hay que sumar el olor de algunos desperdicios tirados por el suelo en algunas zonas, aunque es verdad que no hay tanta basura en las calles como me había esperado (mis compañeros dice que han encontrado Katmandú más limpio que otras veces). Pue eso: como no he ha restultado muy agradable lo poco que he visto de Katmandú en general, y el barrio de Thamel en particular, daré solo algunas pinceladas sobre lo vivido estos días.
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La entrada anterior del diario terminaba justo antes de la cena de despedida de los porteadores. Resumiré diciendo que no me gustó; aunque habíamos hablado de mezclarnos unos y otros en las mesas, acabamos sentados en una mesa los porteadores y yo, y en la otra mesa mis compañeros senderistas y el guía Laxman; como el inglés de los porteadores es muy limitado la conversación durante la cena (al menos en mi mesa) no dio para mucho. Acabamos pronto la comida y pasamos a la entrega de las propinas, contenidas en unos sobres que Lluis había rotulado por la tarde con los nombres de los porteadores, que les tuve que indicar a mis compañeros (¡después de más de 15 días aun no se los habían aprendido!). La entrega la hacía Oscar, como organizador y jefe «oficioso» de nuestro grupo; y tuvimos una escena que me dio cierta vergüenza, como parte del grupo de los senderistas; Oscar, ni con los nombres escritos en los sobres, había logrado aprenderse el nombre de los porteadores (Prashant, Lakpa y Lakman): aprender a pronunciarlo y saber que nombre es el de cada uno, así que se puso a ensayar en voz alta a decir sus nombres, y preguntaba de tanto en cuanto «¿Este quién es?», todo esto como si los porteadores no estuvieran allí delante, escuchando los intentos de Oscar por decir sus nombres e identificarlos. Cuando se dio por satisfecho, les dirigió un pequeño discurso en inglés (que por supuesto no entendieron, ni habrían entendido aunque hubiera sido en correcto inglés) en el que se permitió alguna broma, dándoles las gracias a los porteadores por invitarnos a cenar a los senderistas (como si él no supiera que era justo al revés), broma que dudo que alguno cogiera; ni el propio Laxman. Una vez repartidos los sobres, de alguna forma los porteadores, y el guía, desaparecieron del comedor; supongo que fueron a contar el contenido de los sobres (12.000 rupias por cabeza, algo menos de 70 €, para cada uno); yo me quedé con la idea de que les pareció una propina escasa (lo era, por las referencias que yo tenía) porque al cabo de un rato reaparecieron, se despidieron cortesmente y, casi de inmediato, se retiraron a descansar, sin que hubiera música, ni baile, ni nada de la fiesta que yo había entendido que íbamos a hacer (quizá entendí mal). Antes que desaparecieran puede entregarles los regalos que les había preparado; me los agradecieron corteses, como siempre son, pero no pude quitarme de encima la idea de que les podía la decepción por la propina. Quizás solo era cosa en mi cabeza.
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A la mañana siguiente desayunamos con calma y esperamos en el lodge de Lukla a que se acercara la hora de nuestro vuelo (aquí la hora real del vuelo no corresponde a la teórica del billete que tienes); a eso de las 10:30 AM apareció Laxman metiéndonos prisa y nos fuimos andando al pequeñísimo aeropuerto que está muy cerca del lodge. A las 11:20 AM estábamos embarcando los 17 pasajeros del avioncito, y al poco rato este corría por la pista de despegue, cuesta abajo, para llevarnos a Katmandú. Al levantar el vuelo se empezaron a ver algunas cumbres nevadas que se iban alejando, pero casi era mejor no mirarlas, para no sentir más la pena de despedirme de este sitio que tanto me ha gustado.
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En Katmandú todo parecía apuntar a tres días enteros de compras de ropa y recuerdos en Thamel así que traté de organizar con Gokul, el director del hotel, una ruta turística por Katmandú, pero Gokul me dijo que mejor lo hablara con Bodha, el dueño de la empresa que organizaba nuestro trekking; estos nepalíes se respetan mucho entre sí y no se quitan los clientes los unos a los otros. La misma noche de nuestra llegada teníamos la cena de despedida con Bodha y Laxman como representantes de «Snowy Horizon» y ahí tendría oportunidad de hablar de la ruta turística.
La cena estuvo bastante bien; la comida (Thali Set, que es como un Dal Bhat mas completo y refinado) me gustó mucho, y estaba amenizada con bailes tradiciones que me parecieron mejores que los que habíamos visto. [Continúo escribiendo ya volando hacia Doha]. La cena acabó con todos nosotros bailando, mas o menos, el «Resham Firiri» y otros éxitos nepalíes. Ya en el hotel, concerté con Bodha unas excursión turística por Katmandú, con transporte en coche particular y guía en español. Iríamos Dolors, Lluis y yo, y nos saldría a 55 € por cabeza (mucho dinero, para ser Nepal).
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Al día siguiente, durante el desayuno, tuve oportunidad de hablar un buen rato con Monika, la turista polaca que va a hacer ahora un trekking en bicicleta por la zona del Annapurna, guiada por Laxman y con nuestro Prashant como uno de los porteadores. Aunque no lo he dicho, Monika asistió anoche a nuestra cena de despedida, y allí fue donde la conocí, teniendo ya oportunidad de charlar con ella. Monika me parece una persona muy interesante; matemática de formación, estuvo trabajando como investigadora en universidades de varios países europeos pero, decepcionada de la vida del investigador, se ha pasado a la empresa privada; ahora vive en Francia y trabaja como «product manager» (mas o menos) en una empresa que desarrolla software de ayuda a la experimentación con medicamentos. En el 2024, primavera, hizo su primer viaje a Nepal y se ha quedado enamorada del país; este es su cuarto trekking: dos al año; en su trabajo le dan facilidades para coger dos meses de vacaciones, si luego ella se organiza para recuperar ese tiempo. En un año y medio ha aprendido bastante nepalí, y es muy considerada con guía y porteadores; de hecho, contrata dos porteadores para que ninguno cargue más de 20 kg, y ella se encarga de comprarles ropa, pagada de su bolsillo, para que vayan bien equipados. Por lo que me contaba, la vida que ha elegido implica renunciar a cosas importantes, como mantener mas contacto con la familia en Polonia, o una relación de pareja más clásica, pero a ella le debe compensar.
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A las 9 AM vino a recogernos Paresh (creo que se escribe así), el guía que nos llevaría de excursión. De una amabilidad un poco artificial (especialmente para un nepalí) y un español un poco limitado, a mi no me gustó mucho como organizó la excursión. Se veía que los discursos los traía memorizados, y desde el principio parecía que quería estirar el recorrido para continuar las visitas turísticas al día siguiente (¡volviendo a pagar la tarifa correspondiente!). Lo primero que visitamos fue el conocido por los occidentales como «Templo de los monos» (por cierto, que yo vi más perros durmiendo al sol que monos) y no me gustó mucho. Después fuimos hasta Patan para visitar los palacios y templos de Durbar Square (¡ojo, que hay varios Durbar Square en Katmandú y alrededores!; creo que la de Patan es una de las más atractivos). Esto me gustó más, especialmente el museo de arte nepalí que hay en uno de los palacios, pero (como siempre) mi ritmo de recorrer el museo no coincidía con lo que esperaban el guía ni mis compañeros, y tuve que quedarme sin ver la mayor parte del museo.
Por último, fuimos a la Stupa de Bodha, coincidiendo con la hora de comer; inmediatamente nos subió a la terraza de uno de los restaurantes, con unas vistas estupendas a la Stupa, para que comieramos allí. Reconozcao que el sitio era muy agradable, la comida buena y las vistas muy bonitas, pero te sientes explotado como turista cuando te llevan directamente a hacer este tipo de cosas (seguro que el guía se lleva una comisión del restaurante) sin preguntarte siguiera si es lo que te apetece hacer. Al acabar la comida, dimos una rápida vuelta a la Stupa, casi contrarreloj (aunque, eso sí, en el sentido correcto: el de las agujas del reloj) y nos llevaron de vuelta al hotel (serían las 3 PM) ofreciéndose a continuar la visita al día siguiente, con otros destinos interesantes que todo turista debe visitar. Le dimos largas a Paresh diciendo que lo pensaríamos y que, ya si eso, le contactaríamos a través de Bodha. En el hotel nos encontramos con Oscar y Marisol, que habían dedicado a la mañana a las compras; por la tarde, todos fuimos de compras por Thamel.
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El jueves 20 nos organizamos (o eso creía yo) para hacer turismo por nuestra cuenta. Hablé con la recepcionista del hotel para que nos consiguiera un taxi para visitar los templos de Pashupatinath., el lugar junto al río Bagmati donde los nepalíes de religión hinduista incineran los cadáveres de sus familiares. Una vez en el taxi, ya camino de Pashupatinath, me enteré de que Dolors y Lluis no tenían muy claro donde íbamos; que pensaban que nos dirigíamos a otra zona que había comentado Oscar con cierta imprecisión ( no me supieron explicar exactamente a donde pensaban que íbamos), pero les pareció muy bien visitar «el sitio donde queman a los muertos» (como lo suelen denominar los occidentales) y allí que nos fuimos.
Además del conjunto del templo (el principal sólo lo pueden visitar los hindúes nepalíes, y los otros sólo lo vimos por fuera y rápidamente) la parte mas visitada, la de «quemar a los muertos», se compone de una serie de plataformas (llamadas «ghat») de piedra en las que se montan las piras funerarias; todas están en la orilla del río, de forma que cuando el fuego ha consumido cadáver y leña simplemente se barren las cenizas hacia el río. Quizás debería decir que quedé impresionado, conmovido, pero la verdad es que no fue así; me pareció interesante, curioso, pero creo que estaba tan poco afectado como muchos de los nepalíes que participaban en las ceremonias de cremación. Por como fuimos moviéndonos por la zona, vimos el proceso del ritual al revés: de final a principio. Lo primero que vimos fue como colocaban los cadáveres en las piras de leña, los recubrían de paja húmeda y encendía el fuego, quedando siempre una persona «de los servicios funerarios» pendiente de avivar el fuego y añadir leña menuda o paja según fuese necesario. Las piras desprendían bastante humo (por la paja húmeda) pero ningún olor especial (al menos para mi olfato), lo que me sorprendió; a mi me olía a la misma mezcla de contaminación, incienso y basura que el barrio de Thamel. Despues vimos la parte en que los familiares y las plañideras (seguramente pagadas por la familia) acompañaban el cadáver, que portaban sobre unas angarillas de bambú, desde la orilla del río hasta la pira funeraria correspondiente, todo entre grandes llantos. Por último vimos el principio del ritual: como acercaban un cadáver sobre una tabla, cubierto con un lienzo, a la orilla del río, lo lavaban (principalmente los pies), le despojaban de la ropa que llevaba y lo envolvían en telas de colores (naranja y rojo); después lo depositaban sobre las parihuelas y quedaba listo para que los familiares lo conduzcan a la pira funeraria. En la otra orilla del río, que se cruza fácilmente desde el puente, había varios grupos de dos o tres personas formados por una especie de sacerdote y quienes debían ser los familiares más cercanos de cada muerto. Bajo la dirección del sacerdote parecían preparar ofrendas rituales que depositaban en un plato elaborado con hojas y colocaban en el río Bagmati para que el agua los fuera arrastrando: arroz, frutas, una lamparilla de cera (o aceite) encendida, algún billete… Aguas abajo, unos niños metidos hasta las rodillas en el río rebuscan entre las basuras de que el rio está lleno los billetes perdidos que se puedan haber hundido en el agua con los platillos de ofrendas.
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Olvidaba decir que el mismo jueves 20, antes de la excursión turística, desayuné otra vez con Monika. La acompañaban Laxman, Prashant y Santos (el otro porteador, a quien yo no conocía). Me hizo mucha ilusión saludarles, y ver que Prashant llevaba puesta la chaqueta que le regalé.
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Por la tarde, mas recorrido de compras por Thamel.
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Viernes 21; es nuestro último día en Katmandú. Como siempre, bajo a desayunar temprano; Monika no está; andará ya pedaleando por la región del Annapurna, así que desayuno solo. Estoy tranquilo un buen rato. Al poco de que bajen mis compañeros subo a la habitación a ducharme y a organizar el petate antes de cerrarlo. Cuando vuelvo a bajar a recepción todos se han ido (¡de compras!). Yo también salgo, a la librería «Pilgrim´s», a buscar un mapa de la zona del Manaslu, donde podría ser mi próximo trekking, si es que alguna vez vuelvo por estas tierras. Me lo han recomendado Monika y Laxman como un viaje por paisajes preciosos, y mucho mas tranquilos que la zona del Everest que nosotros hemos recorrido. Precisamente anoche llegó al hotel un grupo de españoles que iban a hacer una ruta por la zona del Manaslu; pero solo durante nueve días. ¿Qué son nueve días? ¡Nada! Yo he estado diecisiete caminando por las montañas y se me han pasado de un suspiro. Es cierto que el buen tiempo ha ayudado; seguramente mucho; no me puedo imaginar lo que puede ser moverse por aquí con lluvias persistentes, nevadas o mucho frío. Pero ahora me parece que podría quedarme para siempre caminando por allí. Echo de menos a mi familia; me gustaría estar con Marga; pero también querría salir de Kahmandú y volver a las montañas. Escapar de la polución y volver al aire frío y seco; el aire enrarecido («thin air») que dificulta la respiración según ganas altura. Si vuelvo al Manaslu la respiración no será tan dificultosa como la que he vivido/sufrido/disfrutado en el Everest porque las altura son menores.
¿Volveré algún día al Himalaya?
EN EL VUELO QR645, A 1.178 KM DE DOHA.