Bitácora del Tiempo
“Que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.”
En una ocasión me preguntó un amigo muy preguntón que tengo: ¿Si pudieras tener un «super poder», cuál querrías que fuese?. Yo le respondí que me gustaría tener la capacidad de «viajar en el tiempo», pero no a cualquier momento de la Historia. Sólo querría volver al pasado de mi propia existencia y verme a mí misma, sentir de nuevo lo qué sentía entonces, pensar lo que pensaba, oírme otra vez… Revivirme con la mente de ahora.
«Cada vez que veo esa fotografía…» Así comienza EL NIÑO QUE MIRABA EL MAR, la canción que Aute me regaló cuando cumplí los cincuenta y que resume en cierto modo esta inquietud que tengo.
Mi Infancia
Los locales de mi recreo
Cuando yo comenzaba a recorrer mi vida, Pontedeume era un pueblo tranquilo y manejable, muy familiar. Las calles que rodeaban mi casa eran también mi «hogar». Las tiendas, los talleres de trabajo, los almacenes, los portales de otras casas y, como no, las casas de mis amigas… Desde muy pequeñita me gustaba entrar y salir, andar por todas partes. Leopoldo, Casilda, Gerardo, Pepe… cuánta paciencia habrán tenido conmigo! Muchas historias, ambientes, momentos, que puedo recordar y revivir. Olores, sonidos, luces, algunas sombras que a veces me asustaban… conformaron mi recreo, mi primera bitácora para descubrir, para sentir, para explorar… para vivir! [leer +]
La señorita Eulalia
Mi hermano Carlos me puso este mote, y no cuando era niña sino el año pasado antes de irse, en uno de esos alardes humorísticos que él tenía. Era un buen caricaturista (de forma oral, que no gráfica) y con todo cariño acepté la broma. De hecho para mi es una distinción que me enorgullece un poquito, no mucho. Más adelante diré por qué. Quien conoció a la señorita Eulalia posiblemente entienda el detalle. Fue uno de esos personajes que imprimió huella en mi infancia. Por eso, y al hilo de esta broma de mi hermano y en su recuerdo, viajaré a los tiempos de Atocha y a mis inicios en el “arte” de la mecanografía. [leer +]
El Maly
Es «el» mar o «la» mar… ¿él o ella? ¿Cómo decirlo?…
Jorge Pena, en su libro Me cago en la mar, lo describe muy bien de esta manera: ‘Sabemos que «mar» es las dos cosas, masculino y femenina. Personalmente suelo usar ambas formas, dependiendo del sentido que quiera darle, pero más habitualmente utilizo el mar. La mar, además de ser más «poética», la empleo sobre todo para referirme al estado de las olas, o en expresiones hechas como hacerse a la mar o mismamente, cagarse e la mar’ .
Siempre lo hemos llamado El Maly porque es un barco, pero el nombre es femenino, de hecho es el apelativo cariñoso con que mi padre llamaba a mi madre (después también a mi hermana). El Maly o La Maly, así se llamaba la barca de mi padre. Mi primera nave, en la que enseguida ascendí de grumete a patrona . [leer +]
Producciones Loplamas
Mi padre siempre tuvo gran afición por el cine, más que por la fotografía que también le gustaba. Dirigió la sala de proyecciones del Coliseo de Pontedeume durante una década, entre los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. De aquel tiempo siempre nos contaba muchas anécdotas, como la vez en que proyectaron una película que ya sabían que tendría poco éxito y para animar al público pegaron sobre la cartelera el mensaje «no apta para analfabetos». La sala se llenó aquel día y todos la abandonaron tras la sesión con cara de convencidos.
Cuando yo era niña estaba suscrito a un club de alquiler de películas. Recuerdo que le enviaban los rollos desde Madrid. Podíamos ver documentales, películas de cine mudo y alguna que otra curiosidad, todo un pequeño lujo en un tiempo sin video doméstico ni mucho menos internet. Pero lo que más le gustaba era hacer sus propias producciones y yo me convertí en su abnegada ayudante. Rodábamos en 8 mm al principio, después llegó el Super 8 y mas tarde la banda sonora.
El Paso
A cuatro patas sobre el suelo, como suelen finalizar estas situaciones, alzo la mirada hacia la derecha y allí arriba estaba la Virgen de los Dolores con su puñal clavado, bajando las escaleras del atrio hacia la rúa da Pescdería. Yo, con mi habitual torperza, había salvado los dos últimos peldaños «a mi manera». Me levanté enseguida sacudiendo mis melochadas rodillas y, recomponiendo mi figura, volví a la fila. Mis hermanas y mi padre me miraban sonriendo. La procesión seguía su recorrido, que yo retomé sin problema. Los compases del Paso, con su marcha fúnebre, adornaban la mañana, extrañamente soleada para ser la de un Viernes Santo. [leer +]
Mis Padres
LÓPEZ. Cuánto te echo de menos toda la vida…
Cuando te fuiste yo tenía tan solo 25 años recién cumplidos y en ocasiones, todavía hoy, te siento a mi lado.
De algún modo estás aquí… En mi trabajo a veces tengo la impresión, curioso sinónimo en nuestro caso, de que me guías. No tanto por lo que he aprendido de ti, sino porque una luz inspiradora me llega de pronto y resuelve mis encrucijadas, iluminando el paso siguiente. Entonces, la claridad lo domina todo…
Finaliza este año centenario. Tu ya tienes los 100 y yo en poco más de un mes alcanzaré ya los 60. Han pasado y pasan muchas cosas importantes de mi vida: Luis, los hijos, el trabajo… Y de todo este tiempo recorrido, me queda un vacío enorme por no haber podido compartir contigo mi vida con ellos… Mi vida, con ellos, y sin ti… [leer +]
Dieciocho en la cocina
Una voz que resuena en la casa de cada unos de los 8 hijos que tuvo, y de los 17 nietos que llegaron después. Una expresión creada por ella que nos une, porque seguimos utilizándola, RECORDÁNDOLA E IDENTIFICÁNDONOS; y que resume, mejor que ninguna, el AMOR que nuestra madre irradiaba. Como un imán precioso que nos atraía.
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Mis Hermanos
Mis hijos
Cesárea 1.0
«Esta tarde voy a conocer a mi hijo»… Al menos eso pensaba yo mirando a través de la aquella ventana grande que daba a uno de las patios de la maternidad de La Paz. Acababan de depositarme allí, en una cama a poco más de un metro de ella, con las «correas» puestas sobre mi vientre para monitorizar el latido del corazón del feto. Minutos antes yo había llegado caminando a esa misma habitación, vestida con unas botas altas negras de goma y un camisón hospitalario, abierto por detrás. El resto de mi ropa se había quedado en la sala de ingresos. Todo pasó muy rápido a partir de ese momento, pero a Lucas no lo conocí hasta cuatro días después. [leer +]
Cesárea 2.0
Me despertó una extraña sensación de humedad que recordaba mas a los días de regla que a un séptimo mes de embarazo. Con desconcierto abro los ojos y miro a mi alrededor intentando ubicarme un poco, las sombras no eran las que envuelven mis sueños cada noche, en casa. Estábamos en Laguardia, en la de Anabel y Alberto, lo cual no era extraño pues con cierta asiduidad tomábamos la carretera de Burgos y luego Pancorbo para pasar el finde con ellos. [leer +]
