[20230108 | domingo] Madrugamos, salimos de PuertoJuande a las 5,20 de la mañana. Con un poco de frío y entre pequeños bancos de niebla que nos acompañaron de forma intermitente hasta Burgos. La carretera estaba muy tranquila. Todo el viaje hasta Rennes estuvo pasado por agua. Aún así, ya llegando a la capital bretona disfrutamos un buen tramo de cielo raso y luna grande, que estaba ya empezando a decrecer. Atracamos en el hueco al lado de la casa de Claudia y Lucas a las 9,30 de la noche.
[20230109 | lunes] Después de un largo desayuno, se estaba muy a gusto en la furgo, el tenue sol entraba por las ventanas de babor, salimos a caminar por el centro de Rennes. La lluvia cruzada por el viento nos acompañó en el primer momento. Hacia las tres de la tarde, el cielo se abrió totalmente. Aún así, el sol calentaba poco, en estas latitudes no se eleva mucho y cuesta interceptar su radiación entre los edificios.
Esa noche preparé una tortilla de grelos, acompañada de cecina, para cenar con Claudia y Lucas en su casa. Probamos de postre los curiosos bombones numerados de sabores que les regaló su amigo
[20230110 | martes] Hoy el día amaneció lluvioso, igual que gran parte de la noche, desde la cama se oía crepitar la lluvia en la chapa de la nave. Eso da siempre mucho gustito cuando estás enredada en el “enredon”. Durante el desayuno decidimos lo que íbamos a hacer en los días siguientes. Partiríamos hacia el sur a recorrer parte del departamento de Morbihan que no conocíamos. Antes pasamos por el Carrefour del centro comercial Alma ha hacer acopio de quesos y vino. También compramos pescado rebozado y algunas galletas.
Los días son muy cortitos en esta época del año. Poco tiempo de luz nos quedaba. Aún así, camino de Malestroit que era el pueblo donde pensábamos pasar la noche, paramos a ver los Menhires de Monteneuf, donde nos pilló la noche a mitad del recorrido. En la oscuridad de la tarde lluviosa, entre fusco e lusco, paseamos con cierto sobrecogimiento entre aquellos gigantes de piedra mojados por el agua. Totalmente solos, descubriendo y sintiendo vibraciones muy antiguas en aquel bosque. Finalmente tuvimos que retroceder por donde habíamos caminado por miedo a despistarnos, pues las marcas ya no se veían bien y temíamos perdernos. Con idea de volver con mas tiempo para completar el recorrido abandonamos ya en la noche aquel lugar. Pocos minutos después, atracamos la nave en la parking de la plaza del mercado de Malestroit, para cenar y dormir después de descartar el AAC que estaba cerrada por anegamiento.
[2023011 | miércoles] Luis pasó mala noche, no descansó bien, suponemos que tenía un poco de culpa el atracón de queso a los postres de la cena (y es que el Brillant Sabarin es una delicia). El episodio nos retrasó un poco. Tras el desayuno teníamos pensado salir inmediatamente con las lanzaderas para aprovechar la mañana de sol antes de que las lluvias vespertinas anunciadas nos volvieran a retener en lugar seguro. La intención era recorrer el trecho del canal Nantes-Brest desde este pueblo hasta Josselin. Y finalmente lo hicimos. Salimos mas tarde de lo que pensábamos, bien pasadas las once y disfrutamos de un pedaleo precioso por el camino de sirga. Con un ambiente ya para nosotros familiar, pero esta vez un poco mas frío, con los árboles pelados bordeando ambas riberas. Aún así, no nos defraudó. El entorno de este canal me sigue enamorando. El recorrido de ida lo hicimos con bastante sol, pero cuando llegamos a Josselin se nubló de repente e incluso comenzó a llover un poco, aunque finamente, lo suficiente como para comenzar a preocuparnos. Teníamos por delante mas de 25 kilómetros de vuelta y temíamos lo peor, a pesar de que las predicciones que habíamos consultado indicaban lluvia continuada a partir de las cinco de la tarde y todavía eran poco más de la una. El caso es que esa amenaza nos empujó al camino de vuelta ante el temor de que nos íbamos a empapar. Una pena porque eso nos impidió disfrutar de mi adorable Josselin, y descansar un rato tomando algo con calma en una terracilla. Sólo nos tomamos, rápidamente y al abrigo de las ramas de un árbol, un sándwich que compramos en una boulangerie.
La vuelta la hicimos pedaleando a todo trapo al principio y mas relajados después cuando el cielo comenzó a abrirse de nuevo. No llovió el resto de la tarde… qué cosas! Las prisas nos permitieron, eso sí, disfrutar de un paseo por Malestroit antes de anochecer. Y descubrimos un pequeño pueblo, muy bonito, de casas y calles muy antiguas. Allí descubrimos también y nos sorprendió gratamente una Mediateca pública, un lugar de encuentro muy agradable..
Decidimos acercarnos a Rochefort en Terre a pasar la noche. Atracamos la nave en el amplio aparcamiento de pago que hay extramuros. Nos costó un poco encontrar el lugar adecuado pues había algo de cuesta en toda la explanada. Estábamos solos.
[20230112 | jueves] Esta vez me toco a mi pasar mala noche. Tenía un fuerte dolor de rodillas ya cuando me acosté y la molestia se fue incrementando con el paso de las horas. Aún así pude descansar de forma intermitente y ya de madrugada me fui encontrando algo mejor. Por la mañana, después del desayuno, tenía que hacer un trabajo para AETAPI y eso me entretuvo un par de horas. Después pudimos salir y darnos un paseo por el pueblo. Fue toda una sorpresa: Rochefort en Terre es considerado, desde 2006 año en que recibió el título, uno de los pueblos más bonitos de Francia. A pesar de lo gris y oscuro que estaba el día nos deslumbraron sus calles y plazas medievales, sus casas antiguas, sus palacios y, sobre todo el Castillo del siglo XII reconstruido en el XX por el pintor norteamericano Alfred Klots. Desde su jardín se divisa en primer plano el trazado caprichoso e irregular de los tejados de pizarra, los patios interiores de algunas casas, sus muros de mohosa piedra y a lo lejos las enormes praderas verdes que circundan el pueblo, bañadas por el río Gueuzon.
Redon era nuestra siguiente etapa, de camino paramos en el AAC de Malansac a vaciar poty y grises. Cuando llegamos a la ciudad de los canales -aquí cruzan el Ille-et-Rance y el Nantes-Brest- llovía y hacía viento. Atracamos en el parking de la estación de tren y sin bajar de la nave comimos (huevo con puré de patata y chorizo) y tomamos café. Después dimos un rápido paseo pasado por agua en su mayor parte, íbamos muy bien abrigados. Las calles del barrio antiguo y del puerto lucían poco con esta luz de lluvia de invierno. La vieja abadía benedictina de Saint Sauveur estaba en obras. Tendremos que volver para disfrutar de la belleza de las cristaleras, al lado de la bella torre románica, que estaban restaurando. El monumento guarda otros tesoros curiosos según pudimos ver en un completo panel informativo con la cronología del templo, instalado allí mismo en la calle frente al muro de la obra.
De vuelta en la nave reanudamos nuestra gira invernal por esta parte de Bretaña que nos llevaría al pueblo de los artesanos, a La Gacilly, donde pasaríamos la noche en la plaza del mercado. Se trata de un lugar muy recogido con algunas calles antiguas de piedra, que bajan al río, donde se encuentran los talleres de artesanía que han hecho famoso este lugar. El pueblo también es conocido por el festival de fotografía que cada verano celebra en sus calles, exponiendo gigantescas lonas con las imágenes, atrayendo a cientos de turistas curiosos. Además, allí, entorno al río tiene Yves Rocher su «reino»: su palacio, su museo y su tienda. Después de un pequeño paseo por el pueblo, compramos una baguette en el «forn de Lucas» y nos recogimos en la nave.
[20230113 | viernes] El plan del día era retornar a Rennes, pasaríamos antes de camino por una ferretería pues queríamos comprar un lubricante que nos ayudase a quitar los tornillos oxidados de los quemadores de la cocina. El fuego no quemaba bien pues salía llama por el respiradero del aire. Habíamos visto en un vídeo cómo abrirlo para limpiarlo y pensamos que esa sería la solución, pero el primer inconveniente era extraer el tornillo sin romper más su «cabeza» deteriorada por el óxido. Al mismo tiempo veríamos si era posible encontrar en el mismo establecimiento un adaptador para los grifos de agua sin rosca de manguera. Esto no fue posible.
Cerca del mediodía atracamos la nave al lado de la casa de Lucas y Claudia. La saludamos un momento pues ella tenía prisa ya que entraba a trabajar a las 2. Nosotros cogimos las lanzaderas y nos fuimos a visitar el Museo de Bretagne en Les Champs Libres. Nos gustó muchísimo, no sólo la exposición permanente (por cierto que parte del siglo XX estaba cerrado por obras) sino también el complejo de Les Champs Libres donde se ubican además la biblioteca y el planetario de la ciudad. De vuelta en casa ayudamos a Lucas a preparar la fallida cena mientras esperábamos por Claudia. El había preparado dos días antes, para dejarla levar lo necesario, masa para prepararnos esa pizza tan sabrosa que hace y darnos una sorpresa. Pero el horno no colaboró. Por algún motivo se debió recalentar al inicio del proceso se fundió. Qué pena! apañamos la cena como pudimos, utilizando una masa malamente horneada y la otra en la sartén, con el relleno y una puesta en común de quesos, los que nosotros traíamos en la nave y los que tenían ellos para mostrarnos. Rematamos con bombones y la velada, como siempre con ellos, resultó encantadora.
[20230114 | sábado] Por la mañana mientras ellos hacían sus tareas domésticas semanales, aprovechando el día tan lluvioso que teníamos, nosotros nos acercamos en el poto-poto de Claudia al Carrefourt a aprovisionarnos de quesos, mantequillas y vinos para llevar a Espala. A primera hora de la tarde nos fuimos los cuatro a visitar el Museo de Transmisiones que está muy cerca, en Cesson. Nos decepcionó bastante porque aunque tenía muchas curiosidades la exposición era un poco caótica. Carecía de hilo conductor para comprender bien cómo se habían creado y utilizado los artefactos allí expuestos. La relevancia en cada momento y el proceso evolutivo de aquella tecnología. Aún así, resultó un buen entretenimiento para matar un par de horas en aquella tarde oscura y lluviosa, mientras esperábamos que llegasen las 7, hora en que teníamos reservada una mesa para cenar en el restaurante en el que Claudia y Lucas habían celebrado su PAR, en la terracita sobre el canal a su paso por el centro de Cesson. Pero nos llevamos una buena sorpresa. Al parecer el restaurante había cambiado de dueño y el ambiente y la expectativa eran muy distintos. Lucas había leído días atrás, cuando hizo la reserva, muy malas reseñas sobre el servicio de este local lo cual le extrañaba bastante pues no coincidían con la apreciación que él tenía. Aún así, reservó y allí nos plantamos. Pero al ver que el lugar no era el mismo, decidimos marcharnos antes de arriesgarnos a sufrir las mismas decepciones que los comentaristas de google
Finalmente no salió del todo mal la noche, al contrario, en entramos una Creperie tradicional que resultó ser no sólo un lugar muy agradable y sencillo sino también muy bueno en cuanto al servicio. Así pudimos probar una cena típica de galettes y sidra, precedida del famoso Kir Bretón, que no habíamos probado todavía.
[20230115 | domingo] Los ingenieros de la casa se arremangaron temprano para ver qué podía haberle pasado al horno. Quizá se tratase simplemente de un cable o enchufe que hubiese que cambiar. Lo desmontaron todo pero no encontraron la avería. Después, padre e hijo cogieron las lanzaderas y se fueron a comprar unos chuletones para la comida mientras Claudia preparaba unas crepes para el desayuno-almuerzo y yo veía cómo utilizaba la máquina para hacerlas (hice vídeo), con idea de probar después con Marta en casa, con la crepera que le regalaron por su cumple. Tras el desayuno salimos con las bicis a dar un paseo por el parque de los lagos en Cesson. La idea era aparcarlas en el centro del pueblo y desde allí caminar por una senda que recorre el parque entorno al canal, al lado del campo de golf y las «casas bonitas». Toda esta parte del pueblo era nueva para nosotros, tras dejar atrás la zona urbanizada, nos adentramos en un paisaje más rural de campo y bosque hasta llegar al borde de la rocade. Muy bonita y tranquila la ruta.
De vuelta en casa nos atizamos la carne con la devoción del caminante hambriento, regada de un buen Bourdeaux.
[20230116 | lunes] Y llegó la mañana dura de la despedida. Teníamos que volver a Madrid así, casi sin pensarlo. A Luis le molestaba una muela desde hacía unas semanas y había conseguido una cita para ir a la dentista ese mismo miércoles acompañando a Marta que tenía cita con ella. Además, se acercaba un temporal de frío y nieve que amenazaba todo el norte de España y la franja atlántica francesa. Queríamos llegar el martes a Manzanares, hacia el mediodía, que es cuando estaba previsto que e activase la alerta de nieve en la sierra de Guadarrama.
Nos despedimos de Lucas, Claudia ya estaba en el trabajo, con la alegría de verle feliz en su vida bretona. Ambos están muy contentos aquí… y no me extraña, yo misma que quedaría mas tiempo. Me siento muy a gusto en Bretaña. Mi otra casa.
A poco de salir de Rennes paramos en el AAC de Gran Fougeray, tan familiar para nosotros. La mañana de sol no auguraba para nada cómo acabaríamos el día. Después de asear la nave desayunamos allí mismo. Luis se acercó a la patiserie del pueblo a compra un coissant y un pain au raisin.
En Nantes decidimos no tomar la autopista hacia Bourdeaux. Haríamos el viaje por Poitier y Anguleme, una carretera tranquila que ya habíamos utilizado en verano cuando bajamos desde Normandía. Además de ahorrarnos el peaje, disfrutamos de un paisaje más bonito, en ocasiones urbano que hacen el viaje más agradable. Por aquí, hasta Bourdeaux, sólo se le añade poco mas de 1 hora de una hora según google, quizá menos para nosotros ya que en kilómetros es mas o menos lo mismo y casi todo autovía de 110, y como nosotros no solemos correr mas en al autopista (de 130), el ahorro de tiempo posiblemente no se produzca. En cualquier caso, esta ruta nos gusta más, es más tranquila.
Llegamos poco después de las 7 de la tarde al AAC de Dax donde pensábamos hacer noche. Pero no había sitio. Sólo caben 8 caravanas y estaba completo. El caso es que llovía mucho, ya los últimos kilómetros en la autopista se hicieron un poco duros y estábamos cansados. Buscamos otro lugar y lo encontramos en el aparcamiento municipal de Saint Paul lés Dax. Un lugar muy-muy tranquilo que resultó ser excelente. Allí estábamos prácticamente solos, en un espacio amplio y tranquilo, asfaltado entre árboles.
[20230117 | martes] De madrugada comenzamos a sentir los primeros bandazos de la fuerte tormenta que se avecinaba. El viento zarandeaba la nave y en la litera nos sentíamos como en un un barco. Llovía fuerte. Aún así, daba gustito enredarse en el «enredón», si no fuera preocupante el pensar en las horas siguientes a la amanecida, que nos esperaba la carretera y la amenazante nieve que nos empujaba a llegar a casa cuanto antes. Nos levantamos pronto y, casi sin desayunar apenas, salimos. Era noche todavía, pero cerca de las ocho de la mañana. Los alumnos del centro escolar que estaba al lado de aparcamiento se dirigían ya a las aulas. Paramos a echar un poco de gasolina en el Intermarché, a la salida del pueblo, la suficiente para llegar a España. Esta vez, a diferencia del verano, apuramos el depósito al máximo. Los precios franceses superaban a los españoles.
Al filo de las nueve de la mañana cruzábamos la frontera y paramos en Irun a llenar el depósito. Después continuamos la ruta por la autopista de pago que va hasta Victoria, elegimos este recorrido por ser más cómodo y tranquilo, debido a lo duro de la meteorología. Cerca de las 10 de la mañana, paramos en un área de servicio a desayunar (resultó ser aquella misma en la que años atrás, en aquel viaje con los hijos por el norte, bajando desde Zarauza, paramos a comer con la Cali). Al reanudar la ruta, Luis tomó el timón, a medida que nos alejábamos de las montañas vascas el tiempo se iba estabilizando un poco. Ya a la altura de la capital alavesa comenzó a abrirse el sol entre las nueves. Mucho viento y frío eso sí, pero la lluvia fue cediendo. Así continuamos el resto del viaje, relevando el pilotaje pasado ya Burgos, hasta llegar a PuertoJuande, sin para pues parecía que la nieve venía pisándonos los talones. De hecho, en la carretera todo se estaba preparando ya cerca de Somosierra para que los camiones pudieran detenerse ante los avisos de alerta.
Antes de subir a Los Llanos de Manzanares decidimos acercarnos a la AAC del Boalo a vaciar líquidos, para dejar los depósitos secos ante la posibilidad de heladas. Al acercarnos ya a casa las noticias de la radio hablaban de los primeros problemas en la A1 causados por las primeras nieves. Nos salvamos por los pelos!
