Es uno de esos lugares que te persigue toda la vida… Desde jóvenes, atraídos por la internacionalización de nuestra cultura y de la música «celta», en los albores del de Ortigueira que hoy es tan popular, el nombre de Lorient significaba para nosotros la «tierra prometida», la «meca» a la que peregrinar al ritmo de bombardas, zanfoñas y gaitas. Así que este verano nos propusimos llegar… Después de unos cuantos años recorriendo Bretaña y de haber pasado al menos un par de veces cerca de esta ciudad sin detenernos, hemos decidido plantarnos por fin en la capital del mundo celta, en sus días de gloria, invocados por el Festival Interceltic de Lorient. Y de este modo, con toda la emoción que ello supone, escuchando en Spoty la lista Armórica, enfilamos la rocade de Rennes rumbo al suroeste, zarpando de Chantepie, curiosamente o Día da Patria Galega, a las 14.10 horas.
Una hora y media después estábamos rondando Lorient, dirigiéndonos a la zona de campings que hay el oeste de la ciudad. Pensando que allí podríamos encontrar una parcela en la que alojarnos durante los días del festival, buscábamos la mejor opción con idea de reservarla previamente. No tendríamos que volver hasta el día uno de agosto, pero así lo dejábamos resuelto, temiendo que después fuese imposible encontrar un lugar en el que atracar la nave durante los días del FIL. Recorrimos varias instalaciones y en todas encontramos saturación y ocupación total, sólo en una nos ofrecieron una pequeña y parcela contra un muro de hormigón, sin sombra, por más de 600 euros por los 10 días. Parecía una broma, y de mal gusto. Finalmente, abandonamos el lugar pensando que iba a ser imposible vivir el festival de Lorient, había muchos campigns pero todo estaba lleno por el veraneo. Entristecidos decidimos aproar la nave a Gourin, pequeña ciudad en la que ese fin de semana se celebraba la Fête de la Crèpe, en la que cada año se compite por la crèpe más grande del mundo [Instagram], y en la que teníamos programado comenzar a entretener el tiempo por la zona, la semana previa al festival de Lorient. Allí pasamos un fin de semana estupendo, con Fest Noz [Instagram] y galettes, en un entorno precioso y tranquilo. El certamen que dura dos días se celebra todos los años al lado del Castillo de Tronjoly y allí mismo, entre árboles gigantescos atracamos la nave, en un espacio muy amplio de bosque reservado para las autocaravanas. Estábamos a pocos metros del recinto de la fiesta [Instagram]. El lugar era perfecto, bonito y fresco, tranquilo a pesar de la cantidad de gente que se llegó a concentrar allí esos días. Todo, como siempre, muy bien organizado. Íbamos y veníamos de la furgo a fiesta, con total comodidad, bajando por el pequeño bosque, bordeando el palacio a través de un paraje -como diría…?- de cuento.
El lunes por la mañana fuimos los últimos en abandonar la zona y nos acercamos al área de autocaravanas de Gourin a asear la nave. Allí la dejamos atracada y con la lanzaderas salimoa a hacer un recorrido que nos llevó primero por una vía verde hasta Port Carhaix, donde nos encontramos con nuestro querido canal Nantes-Brest, y allí enganchamos por el camino de sirga hacia el este con idea de hacer un tramo nuevo [Instagram]. Llegamos hasta la ecluse de Tremalvezen y dimos vuelta, para deshacer el camino recorrido [Tack]. Cuando estábamos casi llegando a Gourin, Luis se cayo de la bici y se hizo unas buenas raspadura en la rodilla y en el brazo izquierdo. Yo me detuve bruscamente para recibir una llamada de La Monja y él, despistado, por no chocar conmigo frenó en seco y…, pataplaf, cayó al suelo. Ya en la nave limpiamos las heridas y pusimos rumbo a Gouarec pensando que en el área de autocaravanas de aquel pueblo podríamos pasar la noche. No fue así, estaba llena hasta la bandera y… qué bien, de hecho, uno kilómetro aproximadamente antes de llegar vimos al lado de la carretera un aparcamiento que sin duda era mucho mejor que el área. Además, no necesitábamos servicios, veníamos listos de Gourin. Así que retrocedimos inmediatamente ese trecho y atracamos al lado del camino de sirga del canal Nantes Brest en un tranquilo aparcamiento con árboles y mesas de madera. Muchísimo mejor. Allí pasaríamos prácticamente solos las dos noches siguientes, sólo la primera estuvimos acompañados por otra camper que estaba aparcada a bastante distancia de nosotros.
Al día siguiente, martes, retomamos el camino de sirga en dirección opuesta al día anterior, con objeto de alcanzar de nuevo la ecluse de Tremalvezen pero desde el otro lado [Track]. Un par de años antes habíamos pasado por parte de este trecho, desde Gouarec habíamos subido por el camino de sirga hasta la esclusa doble que hay unos kilómetros mas arriba. Allí nos dimos la vuelta entonces y hasta la abadía de Mon Repos. En aquella ocasión solo habíamos hecho este tramo del canal. Hoy, retomando el mismo camino nos propusimos alargar el recorrido en nuestro proyecto de sumar tramos realizados completos del camino de sirga en los canales de Bretaña. Este objetivo se había convertido en los últimos años en una gran afición y este verano al tran-tran y casi sin darnos cuenta vimos cumplimentados muchos kilómetros. Esa noche cenamos en una creperie del pueblo: Ty Bihan, un espacio pequeño y tranquilo, para volver. La camarera, muy simpática, practicó su español de colegio con nosotros y no lo hacía del todo mal. Volvimos caminando por el camino de sirga a donde teníamos anclada la nave, mientras la luz del día se iba apagando. Todo estaba muy en calma, el paseo era precioso. Al llegar a la nave decidimos coger le ipad y retroceder casi un kilómetro por el camino hasta un punto en el que habíamos detectado que había cobertura de datos, para descargar algún episodio de la serie de los «muertitos» que estábamos viendo esos días.
A la mañana siguiente, después de desayunar, gravamos un vídeo para enviarle a Marta mi hermana por su 60 cumpleaños. Después, y todavía sentados en la misma mesa de madera, estuvimos hablando un buen rato con Patricia que tenía problemas con su caravana, no era capaz de que le entregara los papeles del vehículo la empresa que se lo había vendido. Después pusimos rumbo San Nicolaux des Eaux, en el canal del Blavet y atracamos en el área de autocaravanas. En este pueblo, el año anterior nos habíamos dado la vuelta el día en que hicimos un pequeño recorrido por este canal desde Pontivy, para probar cómo me sentía después de haber pasado un día entero en la cama acompañada de algún virus que había cogido. Así pues, hoy, decidimos retomar el camino de sirga del canal que desemboca en Lorient y nos acercamos hasta el puente de Saint Adrién [Track]. Cerca de ese punto visitamos la chapelle del mismo nombre en la que había una curiosa exposición de arte moderno hecha con unas pantallas gigantes. Ni la capilla ni la muestra valían mucho. De vuelta en el área de caravanas, cenamos en una mesa de madera cerca del camino de sirga. al lado de un parque infantil y una instalación deportiva. En otra mesa un grupo de corredores celebraban una merienda y uno de ellos que llegó con una caja de ciruelas de la cosecha de su casa nos invitó con un puñado a nosotros también. Estaba muy buenas, y aún nos llegaron para el desayuno del día siguiente.
De un modo u otro, a orillas del Blavet ya estábamos enfilados a Lorient, más cerca, pero aun así retrocedimos a la mañana siguiente hasta Pontivy. Antes de llegar al área de autocaravanas en las que habíamos estado el año anterior, paramos en el Decathlon a la entrada para comprar unos coulots y unos zapatos nuevos. Después, en el Intermarché nos aprovisionamos bien con todo lo necesario para pasar los 10 días del festival en Lorient. Esa tarde subimos por el Blavet, por el trecho en el que se une al canal Nantes Brest para hacer el tramo que nos faltaba desde este pueblo hasta la presa de Gerledán, en Mur de Bretagne. Aquí el canal se rompe. De hecho, desde Pontivy hasta este punto, ya no es navegable. Con el paseo de esta tarde logramos sumar unos cuantos kilómetros más al tramo ya recorrido desde Malestroit [Instagram] . De vuelta en la nave, cociné un arroz con cigalas y mules, todo un reto en un espacio tan pequeño.
Y llegó el gran día. Es viernes y hoy comienza el FIL, así que tras asear la nave, pusimos rumbo definitivo a Lorient. Bueno, en concreto al area de autocaravanas de Riantec que habíamos elegido como campamento base para para pasar estos días. Resultó ser muy cómodo, nos instalamos en una buena parcela, grande, con buena sombra. Habíamos hecho la reserva y teníamos fijada la entrada alas 11 de la mañana, y no nos retrasamos mucho. Teníamos prisa por aprovechar bien el tiempo ese día. El festival ya estaba en marcha cuando llegamos y, tras instalarnos, fuimos a hacer por primera vez el recorrido de bus y barco que tantas veces realizaríamos los siguientes días. Recuerdo la primera llegada a Pen Mané, nada mas bajarnos del autobús nos sentamos en el malecón del pequeño puerto a tomar unos pequeños bocadillos y a beber las Morganas, porque nos acabábamos de enterar de que en el barco no se pueden introducir botellas. Así que allí mismo, con el contendedor de vidrio al lado, le dimos matarife a las cerves y rápidamente embarcamos. Nada más atracar en el Quai de Bretagne ya comenzamos a escuchar la música que venía del primer escenario de la feria, en el que más horas íbamos a pasar durante esos días bailando, sobretodo en las primeras horas de la tarde.
El universo FIL nos envolvió desde el primer momento en una experiencia increíble que unió música, baile, cerveza y mar… Cada día la travesía en el barco (una o dos veces) para acceder directamente al recinto del festival [Instagram]. Antes de atracar la nave en puerto, ya se escucha la música: los primeros acordes desde el Quai de Bretagne llegan al mismo pantalán; y después por todo el recinto: las terrazas, la plaza de los paises celtas, el kleub, la sala Carnot, el estadio, el auditorio…; pero también por las calles de Lorient y en las tabernas. Desde el mediodía y hasta bien pasada la medianoche, durante los diez días que duró el evento, vivimos horas continuadas de baile, mucho sudor y trasnoche. Íbamos de un escenario a otro, pero donde disfrutábamos más era en el del Quai de Bretagne. Allí pudimos bailar al ritmo de Talec/Noguet, el viernes en dúo, y el lunes con el resto del cuarteto. También repetimos con Lita [Instagram], descubrimos a Guitchen y su grupo, y a las Blue-Graz [Instagram]… La lista es enorme. Algunas noches buscamos la tradición y la tranquilidad en la sala Carnot, disfrutando del Fest-Noz más clásico. Y fue, durante estos días de baile intenso, cuando consolidamos muchas de las danzas tradicionales y sobre todo la tan difícil «kost-ar-c’hoad» [Instagram].