[0205 | jueves} Salida imprevista rumbo al Principado. Toda una sorpresa, ya que a menos de 48 horas no teníamos ni idea de que íbamos a emprender este «viaje de estudios». Los hijos nos regalaron por el cumpleaños un curso de cestería en Agüera una aldea en el corazón de Asturias, a veinte minutos en coche de Oviedo. Con mucha ilusión y expectativa zarpamos de PuertoJuande pasadas las 17:30 de la tarde, y llegamos a Medina de Rioseco poco antes de las 21:00 horas. Atracamos, como ya es habitual, en la plaza de El Torno. La noche estaba muy, muy fría y decidimos no movernos. Tomamos algo caliente para cenar.

[0206 | viernes} En Medina, como en muchos otros pueblos de la Tierra de Campos el frío rasca en invierno. Decidimos aun así hacer un desayuno itinerante, tomamos la fruta y los yogures en la nave y nos acercamos a Cubero a por los cafés calentitos, con sus bollos correspondientes. El ambiente en la cafetería como siempre, agitado y ruidoso. Pero estuvimos a gusto, charlando un buen rato de nosotros mimos, de nuestros sentimientos y de cómo nos cambia la vida. Después nos acercamos a la panadería a comprar una hogaza candeal, a la que Luis le adjuntó un pedazo bien grande de queso viejo de oveja de Castromonte que resultó estar buenísimo. Un gran descubrimiento para repetir. Antes de abandonar Medina compramos gas en la ferretería de costumbre y aseamos la nave en la pequeña área de autocaravanas que hay cerca del Canal.

Entramos en Asturias por los túneles de Luna, el tiempo estaba muy inestable y amenazaba nieve en el puerto de Pajares, no quisimos arriesgarnos. Nada más cruzar la cordillera la meteorología cambió enormemente, se iban abriendo grandes claros en el e cielo, por fin el sol. Cuando llegamos a Agüera, a las cuatro y media de la tarde, el ambiente parecía al menos desde la nave primaveral. Nos vino a recibir           el cariñoso mastín de El Mandala. Calentamos el bacalao con garbanzos que traíamos preparado de casa para comer, reposamos un poco y salimos a saludad a nuestros anfitriones Marc y Alicia. Estaba también Carlos, que había llegado hacía un rato desde Valdoviño, el también venía como alumno al curso y era el único que se iba a quedar a dormir en el albergue. Estuvimos un rato de charla, caía la noche y refrescaba. Ellos se fueron a cenar y nosotros volvimos a la nave.

[0207 | sábado} Mientras desayunábamos iban llegado y aparcando a nuestro alrededor el resto de los participantes en el curso. La jornada comenzó a las nueve y allí estuvimos puntuales. Hicimos una ronda en el exterior, para conocer nuestros nombres y jugamos al «director de orquesta» para romper el hielo. Y así, rápidamente, al entrar en la sala donde se iba a realizar el curso ya estábamos todos y todas bien presentados. Además de una primera charla sobre la cestería y un paseo por el huerto, reconociendo, plantando y recortando ramas, nos pusimos manos a la obra. Había que hacer un cesto redondo y comenzar trenzando la base. Algo que a mí se me cruzó enormemente. La técnica la había entendido pero no era capaz de manipular el mimbre, doblegarlo y darle forma. Quizá me faltaba fuerza en las manos, sobre todo en los dedos, para modelar la ramas y colocarlas organizadamente, con sentido. El caso es que me pasé la tarde intentando hacer un «culo» adecuado y medianamente regular, pero tras dos intentos lo único que conseguí lo muestro en esta foto, sin palabras…

Me fui bastante decepcionada para la furgo. Pensaba que se me iba a dar mejor. No entendía bien porque no era capaz de hacerme con la materia prima. Veía al resto de mis compañeras y compañero como, con un poco de dificultad, lograban darle forma a la base, como si para ellos el mimbre fuese más blando. Quizá mi torpeza estaba en mis propias manos. No sé. Lo cierto es que estábamos allí porque para mí, medio en broma medio en serio, el poder hacer cestos era algo que desde había años me atraía. Luis me acompañaba de algún modo en esta experiencia y resulta que a él se le deba genial. Qué decepción la mía. En fin, no quería tirar la toalla y decidí que al día siguiente cogería uno de los «culos» que el profesor trajo ya preparados para continuar la elaboración del cesto.

[0208 | domingo} Comenzamos la jornada igualmente a las nueve. Hoy hicimos la ronda en el interior y jugamos al 21, un juego que resultó ser muy divertido: se van contando los números siguiendo el orden que establece quien dice el que le toca y así hasta 21. La gracia estriba en que se van introduciendo en cada número gestos para indicar quien continúa y se va complicando cada vez un poco más.

Hoy continuamos trabajando en los cestos redondos. Yo utilizando la base elaborada por el profe, así tuve oportunidad de aprender la técnica para construir los laterales y hacer el remate trenzado superior [Instagram]. Después del mediodía Álvaro, el maestro cestero, nos enseño a hacer un cesto cuadrado. La técnica es más sencilla, pienso que deberíamos haber empezado por aquí. No nos dio tiempo a terminar lógicamente, así que nos llevamos el cesto a medio construir y varas de mimbre para terminarlo en casa. Poco después de las seis de la tarde abandonamos Agüera y pusimos rumbo a la AC de Oviedo, bueno a una de las dos que tiene esta ciudad (todo un lujo), la que está mas cerca del centro (50 minutos andando). Allí nos instalamos, pasamos esta noche y dos más. Llamamos a Queña y a Fernando, se pusieron muy contentos, quedamos en acercarnos al día siguiente a comer con ellos. Tratamos de comer algo en una sidrería que estaba cerca del área, pero no abrían la cocina hasta la ocho. Nos tomamos una sida eso sí (muy buena por cierto, toda una referencia que nos valdría para comprar más en la bodega de Nava antes de volver a casa). Finalmente cenamos en la nave.

[0209 | lunes} Llovía, no mucho, pero llovía. Aún así decidimos ir caminando al centro, a la Plaza de San Miguel donde habíamos quedado con los tíos. Tomamos un aperitivo en el Bar Tienda Mari Luz, una sidrería con estrella de bodega que hay frente de su casa. Vino también Nuria a comer. Nos pusimos al día de muchas cosas, entre ellas el baloncesto lo que hizo que esa misma tarde me llevase con ella al entreno de su equipo. Fue genial, me lo pasé en grande, me acogieron como una más y echamos una buen partido a cancha completa. Vino a recogernos a la furgo. Después fuimos a cenar a casa de Queña y Fernando y volvimos caminando. La noche estaba muy tranquila, no hacía frío, aunque lloviznó en algún momento durante nuestro recorrido. Después si que lo hizo a conciencia durante el resto dela noche.

[0210 | martes} Esta mañana más que lluvia hacía viento, un poco incómodo y frío. De nuevo fuimos caminando al centro, utilizando otra ruta que nos llevaría por delante del HUCA. Tratamos de ir a ver la catedral pero una vez más nos detuvo en la puerta la taquilla de entrada (8 €), así que nos conformamos con ver el exterior. Después de comprar unos helados riquísimos para llevar de postre en la Heladería-Turronetía Diego Verdú Monerris (una tarrina de turrón, y otra de pistacho), paramos casi enfrente en la Sidrería Arrocería La Genuina de Cimadevilla, todo un éxito por la cerveza (de bodega), la tapita de arroz riquísimo y la simpatía del camarero que nos atendíó. Se estaba muy a gusto allí, así que repetimos caña. Habíamos quedado de nuevo ca comer con los tíos, hoy se acercaron Fredy y sus hijos. Queña nos preparó un rico cocido madrileño. Estuvimos viendo el vídeo del Diario del Himalaya.

Volvimos dando un buen paseo por el centro de Oviedo. Nos acercamos al Hotel La Reconquista, a recordar viejos tiempos, y atravesamos las calles comerciales que esa tarde estaban bastante llenas de gente para el tiempo que hacía. Oviedo es una ciudad confortable, pequeña y con mucha vida.

[0211 | miércoles} Después de desayunar me acerqué a una peluquería cercana a lavarme el pelo, tema resuelto en menos de 15 minutos, en el local no había clientas en ese momento. Después aseamos la nave en uno de los dos puntos de limpieza que tiene el área (aplausos al ayuntamiento de Oviedo). Echamos Adblue en una gasolinera de Repsol próxima antes de abandonar Oviedo rumbo a Xixón. Llegamos enseguida, en media hora escasa estábamos atracando en el parking enorme que hay al lado de la playa de San Lorenzo. Nos dimos un buen paseo por el marítimo hasta el Cerro de Santa Catalina donde se levanta espantosa la escultura de Chillida: Elogio al Horizonte. El lugar es muy bonito por las vistas, recuerda en parte el Cerro de San  Pedro en A Coruña, salvando las distancias, pero en pequeño. Después recorrimos parte del centro de la ciudad buscando un buen lugar para tomarnos una caña, bajando por el Barrio de Cimadevilla, totalmente abandonado al graffiti mas vulgar. Nos decepcionó bastante recorrer estas calles con casas muy descuidadas, locales tapiados, pintadas, suciedad… una pena. Lo único que destaca es la casa-palacio de Jovellanos y la capilla de su enterramiento. Estuvimos por la plaza mayor, allí pedimos en La Galana una ración de calamares, que resultó ser un timo, por lo que no enlazo esta reseña con el local. He puesto, eso sí, un comentario en Google

Volviendo ya a la furgo a preparar algo para comer, decepcionados por el poco ambiente y las pocas oportunidades sugerentes para tomar algo por aquí, nos tropezamos con un local sencillo con cerveza de bodega: Pates Arriba. Había que parar. Estaba buena y antes de tomar la segunda se nos ocurrió pedir a la camarera cerveza para llevar. Así que fue Luis al Carrefour que había enfrente, compró una botella de litro y medio de agua, nos la bebimos en gran parte y le pedimos que nos la llenara de cerveza. En total, 6 cañas que nos llevamos, además de los dos vasos de rigor, a cuenta de los pinchos que se ha ahorrado. Toda una juerga. La mujer quedó encantada, yo creo que con la idea de promocionar el producto. Cuando llegamos a la nave, metimos la cerveza en la nevera y nos fuimos a dar un paseo por el resto del marítimo que nos quedaba, pensando aprovechar las últimas horas de sol, así completábamos el arco de la bahía [Instagram]. Seguía haciendo viento, quizá más que antes o es que arreciaba al lado del mar. Menos mal que ya iba con mis gafas. Por la mañana me las había dejado el el aire me resecó los ojos. El viento se hizo todavía mas intenso durante la noche, mientras dormíamos o tratábamos de dormir, abaneaba la nave como si estuviéramos sobre el mar.

[0212 | jueves} Amanecimos exactamente en el mismo sitio en el que habíamos atracado la nave el día anterior, a pesar del viento «huracanado» que nos meció toda la noche. La mañana soleada, con un cielo inmensamente azul que nos acompañó buena parte del viaje. Abandonamos Gijón a las 12:30 tras detenernos un rato en el ALDI que hay a las afueras para comprar unas cosillas. Pusimos rumbo al sur desviándonos antes a Nava, al lagar Viuda de Angelón, donde compramos dos cajas (24 botellas) de sidra «Pau Monga». Después pasamos por el Área de Autocaravanas que está a las afueras del pueblo a vaciar grises y negras. Eran las 14:00 horas en punto cuando enfilamos hacia el puerto de Pajares con la certeza de que el tiempo estable de primeras horas de la tarde iba a respetar nuestro paso. En dos horas nos pusimos en León y atracamos el AC de La Granja, una de las tres áreas municipales que tiene esta ciudad. Todo un lujo, son de pago (sólo 2€) pero muy céntricas y confortables.

Comimos algo y salimos a dar un paseo por el barrio viejo: las murallas y la catedral [Instagram], el barrio húmedo y el romántico… La tarde estaba fría pero había mucha gente por las calles. Un poco «perdidos» buscamos algún buen lugar donde tomar unas cerves y picar algo: comenzamos por una de bodega, el Rincón del Gaucho, La Alpargata (justo enfrente)…

[0213 | viernes} La predicción meteorológica, una vez más, nos empuja para el Campo Base. Mucho viento y posibilidad de nieve a última hora de la tarde. Después de parar en Medina de Rioseco a hacer las compras de rigor (pan -5 hogazas-, queso viejo y un jamón), llamamos a Sandra y nos acercamos a saludarles. Ella y Felipe viven en Viana de Cega, muy cerca de la autovía de Pinares. Hacía tiempo que les debíamos la visita y esa tarde nos pareció oportuna ya que en Oviedo nos enteramos de que Kutxca sufrió un ictus a finales de año y sigue todavía en el hospital. Nos detuvimos apenas una hora y tomamos un café. Tuvimos la oportunidad de conocer a su nieta (nació en septiembre) y saludar a sus hijos. Marchamos pronto, con la promesa de volver en otra ocasión que pasemos cerca y con más tiempo. Esa tarde teníamos prisa, el cielo se estaba poniendo muy gris, de hecho, la amenaza de nieve en la sierra nos llevó a cruzarla esta vez por el túnel. Llegamos a PuertoJuande a las 7 de la tarde.