[0306]
Algo de marinero hay en este nombre. Cuando lo escucho, lo pronuncio o lo leo, siento la brisa Del Mar. Como si al otro lado del collado o de la cresta alcanzase a ver olas rompiendo sobre la arena de una playa, un pequeño acantilado, unas rocas… el olor a salitre. Hay nombres que evocan situaciones, escenas, momentos… y éste, es uno de ellos.
El caso es que hacia allá nos dirigimos, a retomar el hilo que dejamos hace quince días. Volvemos con idea de pernoctar el finde en el Collado de Marín, si es posible en la IparCelita que dejamos marcada, y dedicar el día a escalar en las Peñas. El pronóstico es de buen tiempo en destino. De momento estamos peleando con la carretera. Nuestra nave en derrota por la A3 y la Beni nos sigue a la zaga, en paralelo por la AP-36. En minutos nos interceptaremos a la altura de La Roda.
Finalmente fue a la entrada de Sax donde esperamos a la tripulación de la Beni. Venían detrás, con cierto retraso. Después nos fuimos juntos hasta el Collado de Marín donde celebramos nuestro reencuentro con vino, comida y buena charla en el loft de la Beni. Un lujo que no deja de sorpréndenos, tan acostumbrados que estamos al campismo raso, bajo las estrellas, y al relente de la noche. Fuera, el viento abaneaba las naves. Y así estuvo toda la noche, meciendo nuestro sueño.
0307
Amanecimos, unos mejor que otros. Yo particularmente no pasé buena noche. El viento y un poco de frío desacougaron mi cuerpo, desvelando mi mente. El caso es que finalmente me arrancaron del enredón y tuve que salir al socaire del pesado viento incesante que nos acompañó buena partes del día y, en menor medida, del resto del finde.
Tras el desayuno subimos a escalar al Sector de la Senda. Lola, Viki y Fernando hicieron Inmortal, una vía de 4 largos que para ellos se convirtieron finalmente en 6 porque tuvieron que repetir los dos últimos. Los acompañamos a pie de vía y esperamos a que hicieran el primero. Después retornamos por la senda y subimos a hacer Cipol el grande, un vía de un largo [4º+]. Esta fue la primera de cinco que hicimos, el resto a su izquierda, y la que más nos gustó. Yo hice una de prime, de tercer grado pero que tenía algunos pasitos de mini-travesía un poco picantillos para una mindundi de la escalada como yo. De vez en cuando está bien que practique la evolución en la pared con la cuerda por debajo, para valorar y sentir lo que hacen mis compañeros, pero, sobre todo, para interiorizar procedimientos que algún día podrían resultarme de utilidad. Nunca se sabe lo que puede pasar. Debo tener presente que el confort de ir de segunda puede verse quebrantado por un imprevisto.
Entorno a las tres de la tarde, un preocupados porque nuestros amigos no daban señales de vida, les llamamos. Estaban todavía llegando a la cumbre, lo que nos sorprendió realmente. Después, al refresco de unas cervezas, nos contaron lo que pasó. Trataron de bajar apelando pues la salida por la cresta de la cumbre no parecía muy evidente. La cuerda se les lió y tuvieron que descender a la segunda reunión y repetir los dos últimos largos pues no les gustó mucho la idea de continuar el descenso de esa manera. Finalmente, de nuevo en la cumbre, encontraron una salida por un lateral de la cresta que les condujo a la canal de bajada.
La recompensa para ellos, a la que nos unimos de buen grado, estuvo en el guisote que había preparado Fernando el día anterior: Carne con alcachofas, judías verdes y patatas. Regado con el Vino de Alicante que compró Viki por la mañana en Sax. Menudo atracón para algunos. Para bajarlo dimos un paseo vespertino por el PR-CV221, camino del Mirador de las Salinas, una ruta que pasa por el Collado en el que estamos acampados. Desde donde estamos un cartel indica que el mirador se encuentra a 36 minutos andando. Recorrimos la senda un buen rato y volvimos cuando la noche amenazaba cubrirnos con su manto. Entre ida y vuelta estuvimos caminando en total unos 50 minutos.
De nuevo en la Beni, pasamos el resto de la velada viendo imágenes de la semana de nieve en Alpes, que disfrutaron Viki, Lola y Fernando con un grupo de amigos y familia. Un vinillo, una pequeña charla y a la piltra… unos mas cansados que otros.
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La mañana más soleada y tranquila nos permitió desayunar a Luis y a mí con cierto confort fuera de la nave. El resto del grupo había madrugado más y se tomaron su desayuno dentro de la Beni.
A las 10.30 h. fuimos a la zona de escalada. Luis y yo hicimos la vía Petreles [5º] que resultó muy interesante aunque algo durilla en la entrada. Yo tuve que utilizar el estribo y la fifi para dar ese paso. Ellos mientras subieron el espolón Jhonny, dos largos muy sencillos que después disfrutamos nosotros mientras ellos nos cogían el relevo en la Petreles, donde les habíamos dejado la cuerda.
Al bajar preparé para comer unas lentejas con chorizo, jamón y tomate, otra de nuestras recetas de cocina itinerante. Mientras se cocinaban, en no más de 15 minutos, rularon las cerves, con patatas y aceitunas.
A las 4 de la tarde ya estábamos preparando el regreso. De camino paramos en Almansa a vaciar las aguas grises de la Beni y aprovechamos para tomarnos un café, muy rico por cierto, en el Restaurante Manolín que está en la plaza del 1 de mayo, al lado del área de autocaravanas y de la estación de autobuses de esta localidad.
Ya a pocos kilómetros de Madrid, las noticias de la radio no auguraban nada bueno. En Italia el invasor vírico se extendía y la ciudad de Bolonia había sido confinada. Las palabras nos estremecieron… ¿Qué está pasando?… Algo muy grande se acercaba hacia nosotros, un manto de terror e incertidumbre que todavía no alcanzábamos a ver se cernía sobre nuestras cabezas y nos dejaría totalmente paralizados en siguientes días. Llegamos a Manza a las 21.40 h.