[20210822 | domingo] Después de cuatro semanas de convalecencia y rehabilitación. Llegó el momento. Salimos a las 12 horas de Puerto Juande con destino Ailefroide. Por delante más de 1.300 kilómetros y horas largas de recorrido. Prácticamente al mismo tiempo, Lola y Fernando salían de Leganés, y en perfecta sincronización (ni que lo hubiésemos preparado) nos encontramos en la A2 a la altura aproximada de Torrejón. Nosotros acabábamos de incorporarnos a esta autopista y por el espejo retrovisor me parece ver una Benimar como la de ellos y, me dije, «coño, si parecen Lola y Fernando!». Y enseguida, cuando me adelantan, me encuentro sus dos caritas sonriendo por la ventanilla de estribor.
Continuamos ruta sin detenernos hasta Arcos de Jalón donde teníamos previsto recargar depósito de combustible (Gasolinera GHC, 1,09€) y en ese pueblo mismo encontramos un furgoperfecto al lado del río para hacer un descanso y refrigerio, con muy buena sombra tanto para las mesas del merendero como para las naves. Allí nos comimos el pollo asado que había preparado por la mañana Luis en casa con crema de calabaza que traían Lola y Fernando.
Viajamos el resto de la tarde de un tirón, con los cambios de pilotaje reglamentarios, repostamos de nuevo en Figueres (Avanza Oil, en el Poligono de Vilamalla) y paramos ya en Francia en la primera área de la autopista (Aire du Village Catalan) a tomar una tortilla que traían nuestros compañeros de ruta. Eran aproximadamente las diez de la noche. Decidimos en ese momento continuar hasta que el cansancio nos rindiese y fue llegando a Nimes. Allí encontramos un lugar estupendo para pernoctar, en el parking del centro comercial que hay a las afueras de esta ciudad. Muy cómodo y tranquilo con un árbol casi en cada plaza. Parecía un parque.
[20210823 | lunes] Desayunamos allí mismo y continuamos ruta. Llegamos a Ailefroide a las 13,30 y enseguida, tras registrarnos en el camping encontramos el campamento base donde se había instalado el resto de la tropa de Granito. Atracamos las naves como pudimos y nos sentamos bajo el toldo de la Beni a tomarnos las merecidas y reconfortantes cervezas disfrutando del mediodía alpino, tan deseado. Enseguida llegó Viki con Juanan, Gema y Vladi, que bajaban de la vía que habían hecho esa mañana.
Por la tarde, se fueron todos a hacer la ferrata del río y nosotros nos acercamos a las vías de deportiva E2 (Secteur sous la fissure). Era la primera prueba para ver cómo respondía mi brazo. Y lo hizo bastante bien. Incluso probé con el estribo para superar el primer paso de una de las vías.
[20210824 | martes] Hoy nos levantamos un poquillo tarde. El día iba a ser lluvioso y frío, y no teníamos mucha prisa. Aún así, como la lluvia y posible tormenta llegaría a primera hora de la tarde, aprovechamos la mañana para subir con las lanzaderas hasta el Pré de Madame Carle. Desde allí, e incluso antes de llegar, pudimos ver el Glaciar Blanco. Donde finaliza la carretera hay un parking (2€), un albergue y un punto de información. Desde este punto parten rutas de senderismo que suben hasta la zona de los glaciares. Caminamos un poco, arrastrando las lanzaderas por una de ellas. El paisaje es precioso.
Planificamos volver otro día con mejor tiempo meteorológico y mejor preparados. De vuelta en el punto del albergue encontramos a Lola y a Gema, que habían subido andando por la carretera, tomando una cerveza en la terraza del establecimiento. Nos sentamos con ellas y tomamos también una nosotros. Después bajamos con la amenaza de las primeras gotas y cuando llegamos al campamento base la lluvia comenzó a arreciar un poco; se oían incluso algunos truenos a lo lejos, las nubes negras venían por el este. Pensando en Lola y Gema, en que se iban a poner a «caldo», recogimos las lanzaderas rápidamente como pudimos y salimos zumbando con la nave en su busca. Lo cierto es que a medida que subíamos la lluvia iba cediendo y así fue que cuando llegamos a su altura, ya no caía ni gota. Ellas ni se habían mojado un poco. En fin, una tarea inútil y poco provechosa, teniendo en cuenta además que a nuestro regreso al campo base nos encontramos con que habían llegado Ferdi y Alarcón y nos habían usurpado el punto de atraque con lo que tuvimos que buscarnos otro emplazamiento, que resultó no ser tan bueno.
Por la tarde, bajo la lluvia, nos dedicamos al Rummi, Gema se interesó mucho por el juego, y pasamos unas horas de entretenimiento y risas mientras el frío y la humedad se iban apoderando de nuestros cuerpos.
[20210825 | miércoles] La mañana aunque fría estaba seca. Hacía sol y nos dimos una vuelta por la campa después desayunar. Nuestros compañeros se habían ido a hacer Remonte Pente Directe. Mientras pensábamos lo que haríamos nosotros, buscamos un sitio mejor para atracar la nave pues donde estábamos no cargaban apenas las placas solares. Encontramos un lugar un poco más apartado, no muy llano, pero con un resultado de carga superior. Yo no acababa de entender por qué el campamento base se había establecido en ese emplazamiento en el que estábamos. Apenas había sol, teníamos mucha humedad pues estábamos muy cerca del río y, además, lo más increíble para mí, nos estábamos perdiendo el espectáculo de aquellas montañas que, desde el centro de la campa es brutal. En fin, una vez mas, calladita, mejor resignarse que crear conflictos.
Esa mañana, subimos a otro sector de deportiva a seguir probando sensaciones: E12 (Les Petites Dalles). Pudimos hacer sólo dos vías: Kakabouddha y Physofolie, con sus respectivos rápeles. La verdad es que, aunque con un poco de dolor en el brazo, en general yo me sentía bastante bien. Mientras estábamos en la segunda vía, Viki y Lola aparecieron por el camino de la Téte de la Dalle, de retorno de la vía que habían hecho. Después le seguiría el resto del grupo. Nosotros nos quedamos intentando una tercera vía: Circulez y ‘a rien à boire. Pero el paso de entrada, muy atlético, se le estaba haciendo duro a Luis. Las primeras gotas de lluvia le sirvieron de escusa para dejarlo para otro momento. Recogimos material y volvimos al campo base.
Allí nos encontramos con una pequeña incidencia. Al parecer, a Viki se le había movido una lentilla en el ojo y no era capaz de recuperarla. Estaba muy preocupada e incómoda por lo que se decidió ir hasta el centro de salud de Briançon. Le acompañaron los Fernandos. La tarde era de nuevo húmeda y lluviosa.
Se organizó una buena timba de Rummi, para entretener la espera, se apuntó todo el mundo haciendo turnos para jugar. En un par de horas o tres ya estaban de vuelta. Al parecer no se encontró la lentilla perdida. No había que hacerle. Luis le preparó a la malograda Viki una tortilla con jamón, pues ella estaba muy cansada y debilitada, sólo quería irse a dormir y descansar. Estuvimos los tres en el coche tomando un vino mientras ella se tomaba su reconfortante cena. Esa noche, todos nos acostamos pronto. Hacía frío y y el ambiente estaba muy húmedo.
[20210826 | jueves] Ellos lo tenían claro, desde el primer día querían ir a Palavar les Flots y esa mañana se presentaba muy soleada, como el resto del día. Era el momento ideal. Y allá se fueron tres cordadas. Nosotros no nos apuntamos, además de que a Luis no le apetecía nada meterse en aquella larga y poco sugerente vía, estaba mi brazo, había que probar todavía que podía emprender grandes y largas empresas verticales. Así que se nos ocurrió la idea de hacer siete vías de deportiva seguidas con sus siete rápeles, tratando de emular una de las grandes, a ver si respondía con ánimo mi extremidad superior derecha y si la sensación era buena. Mejor poder abortar entre vía y vía, en el pie, que encontrarme mal en medio de la pared. Ésta fue la secuencia que hicimos, que bautizamos como «Rehabilitacion» (7L, 175m, 5c), de nuevo en E12 (Les Petites Dalles):
La prueba fue doblemente satisfactoria. No sólo porque el resultado físico ha sido positivo, mi brazo y mi ánimo resistieron como campeones. Pude con todo. Sino que además, pasamos una jornada preciosa y tranquila. Lo celebraríamos con el resto de la tropa a nuestro regreso al campamento base. Pero nuestra sorpresa fue grande al ver que todavía no habían regresado. Y tardarían en hacerlo. Descansamos con una cervecita, reponiendo fuerzas y utilizamos el resto de la tarde para bajar con las lanzaderas hasta el valle, donde aún se retenía el sol. La vista era preciosa al tiempo que las paredes montañosas se iban abriendo. Llegamos a Vallouise. Allí, en un restaurante al lado de la iglesia sonaba una pequeña música que amenizaba seguro la velada de quienes cenaban en el establecimiento. De vuelta, comprobamos que los 400 metros de ascenso hasta el camping se hacían cómodamente sin problema.
Fue ya entre fusco e lusco cuando comenzaron a llegar nuestros compañeros, derrotados por la jornada dura que habían padecido. Aproximación larga, vía larguísima (12 largos, muchos de ellos aburridos, según dijeron) y 7 rápeles tortuosos para llegar a la pedrera que les retornaría a la campa. En fin, no había más que verles las cariñas que traían.
[20210827 | viernes] Tras la paliza del día anterior, hoy pocos querían hacer actividad. Salvo los hiperactivos (Patricia, José Luis y Trotoncillo) los demás decidieron irse a hacer una ferrata («la de la escalera», en Vigneaux, que habiamos hecho cuatro años atrás) y Lola, Viki y Fernando se quedaron a descansar en la campa. Pero antes de que ésto sucediese, yo tuve la alegría de ver como el campamento por fin se iba a la razón. Patricia había dicho el día anterior que no comprendía como estábamos donde estábamos pudiendo estar en el centro de la campa, con todas sus ventajas. Yo la animé a que lo propusiera al resto pues ella tiene carisma y, como además es la presi, seguro que todos la seguirían. Pues así fue, y allá que trasladamos el campo base. Al sol, a las vistas, a la llanura… Genial!
Después de la mudanza, nosotros teníamos ganas de actuar ya definitivamente en una buena vía y subimos a Remote Pente Directe, donde ellos habían ido días atrás. A pesar de llevar un track, por cierto muy retorcido, nos costó encontrar el pie de vía. Aún así, lo peor fue que al llegar nos dimos cuenta que nos faltaban los walkies y hube de bajar el campamento base a buscarlos. Ahora el camino sería más fácil, ya lo controlaba. De echo, a la vuelta (grabé el track) lo hice en tan solo 11 minutos. Del total de la vía hicimos sólo 5 largos, muy bonitos y variados. Los dos últimos, separados por la vira del camino, que eran los mas duros, no me atreví a acometerlos. Mi brazo estaba cansado y le pedí a Luis bajar. Dejar ese par de largos, apetecibles, para otro momento. Al llegar al campamento, Lola estaba preparando unas lentejas con compango. Nos tomamos una tapita con las cerves. Estaban riquísimas!
Ese atardecer, me uní al ritual de las hogueras. Cuando el sol se pone en Ailefroide, que suele ser muy pronto debido a la altura de las montañas, comienzan el ritual del humo y la llama. Pequeñas hogueras se van repartiendo aquí y allá, fuegos de campamento que evocan pequeños sanjuanes en mi corazón, en un año que me he visto privada del ritual de junio. Enseguida me puse a la rebusca de palitos y maderas que me permitieran unirme. Logré hacer un pequeño fuego que resultó tristemente enturbiado por la desafortunada aparición de un par de miembros del grupo de Granito que, sin comprender la magia que se estaba creando, o elaborando ellos una propia, a su manera, me apartaron de mi fuego, ante la vergüenza ajena que me provocaba verles danzar alrededor, cogidos de las manitas danzando como hippies trasnochados. Pero lo que me espantó definitivamente fue escuchar como su teléfono vomitaba «la macarena». Así son los de «spanhistan»… a aquella españolada le siguió «Entre dos Aguas» (bien que lo siento por Paco de Lucía). Como no podía ser de otro modo,.. había que significarse. Menos mal que aquella explosión patria les duró poco y enseguida se volvieron a la mesa a sentarse con su vino. Yo pude volver y, en silencio, respirando la noche de Ailofroide disfrutar de aquel instante alpino, con todos sus aromas y matices. En las crestas todavía se apuntaba el último haz de luz del día.
[20210828 | sábado] Hoy estábamos animados y nos unimos al grueso del grupo. Subiríamos a Little Palavar, una vía que habíamos hecho cuatro años atrás y que nos había gustado mucho. En 2017, la apuramos en los últimos largos pues una tormenta inminente se estaba formando y había que salir de allí lo antes posible. Logramos entonces hacerlo a tiempo pues empezó a llover justo en el momento en el que pusimos pie en la campa. Pero, eso sí, en aquella ocasión nos pusimos literalmente a caldo. Pero la mañana de este sábado de 2021 el tiempo era perfecto, el día nos iba a regalar una temperatura y una luz inigualables. Luis y yo encabezábamos el tren de tres cordadas. Disfrutamos un montón, delante llevábamos una pareja de catalanes muy cordiales (nos hicieron incluso alguna foto) que ya en la cumbre tuvieron la genial idea de bajarnos los extremos de la cuerda para instalar el rappel. Y fue de muy buena ayuda. El descenso se iba a complicar ya que la tercera cordada de nuestro trenecito (la de Gema, Vladi y Juanan) traían una cuerda más corta que la otra, tanto que al final resultaba que no llegaba para hacer los tramos mas largos. Se habían metido a hacer la vía con una segunda cuerda que les prestó José Luis porque la suya al parecer estaba un poco rota y no querían usarla. El caso es que no comprobaron el tamaño o se fiaron de los que el otro les había dicho. Madre mía! Así escala la gente, como quien sale a tomarse unas cañitas con un bolso prestado. El caso es que el último de los largos era el mayor de todos y ya en el anterior la cuerda había llegado por los pelos. Entonces les sugerimos que no siguieran subiendo, que trataran de rapelar desde la reunión en la que estaban (muy cerca de la de la línea de rápeles) dejando un maillón. Todo bien, hasta que unos franceses que iban detrás de ellos, se mosquearon y decidieron utilizar la reunión de los rápeles para bajar justo en el momento en que yo iba a descender. En fin, no había mucho sitio, la pared es muy vertical, pero aún así decidí bajar hasta ellos para meterles un poco de presión. Además, no fuera a ser que su ejemplo fuese imitado por otros y nos tuviésemos que quedar allí sin poder bajar un buen rato. Al final pudimos ir organizando los rápeles con los juegos de cuerdas que teníamos. Bajamos los 8 de aquella pared con las de Lola, Fernando y Viki, y las nuestras, haciendo tres rápeles. Una vez más, llegamos al campamento base con los últimas luces del día y las columnas de humo de las hogueras ya flamantes.
[20210829 | domingo] Despegamos nuestras lanzaderas rumo a Briançon mientras el resto se iba de ferrata. Nosotros haríamos ciclo-turismo por el valle y nos acercaríamos a conocer las fortalezas Vauban, como la de Camaret-sur-Mer, declaradas monumento de la humanidad por la UNESCO. El recorrido de esta ruta es muy bello y agradable. las vistas panorámicas se suceden y desde los biciclos se aprecian mejor los detalles. Lo negativo, el pequeño tramo de poco mas de 4 kilómetros que tuvimos que hacer por la N94, con el tráfico habitual, pesado y un poco molesto. El resto son carreteras secundarias de montaña, que atraviesan pueblos, bordean ríos y te acercan a parajes sorprendentes. En Briançon nos tomamos un helado en la calle Grande (Grande Rue). Volviendo a media tarde, ya por la D994E nos adelantaron las furgos que venía de su ferrata y que se pararon en Vallouise a comprar. Allí estuvimos un rato charlando con ellos y despegamos antes pues pensamos que tardaríamos más en llegar al campamento. Y no fue así, llegamos al mismo tiempo, incluso delante de ellos.
La noche, a modo de despedida, resultó mas ligera. Montamos una mesa cuadrada, para vernos todos bien. Tras la cena, Gema preparó sus famosos Gin-tonic (refrescantes, les llama ella), con un determinante efecto. En poco tiempo empezó a desaparecer la vasca. Iban cayendo como moscas. Y como pasa en estos casos: unos por otros, la casa sin barrer. En ese caso, no era la casa, era el campamento. Todos ya en cama y allí lo dejaron todo: platos todavía con comida, muchas latas de tónica y botellas vacías, las sillas colocadas de cualquier modo, las cajas con los objetos de cocina desperdigadas. Yo me cabree un poco, como no podía ser de otro modo. Qué clase de montañeros, amantes de la naturaleza, hacen algo de este tipo. Luis y yo recogimos como pudimos. Al menos compilamos toda y la acercamos a los contenedores. Ordenamos un poco mesas, sillas y cajas.
[20210830 | lunes] Desayunamos al sol, con caras de despedidas y buenos propósitos. Algunos tristes pues tenían que volver a sus quehaceres. Otros, con la mirada puesta en el siguiente objetivo, Chamonix, que no nos habría de defraudar. Recogimos el campamento, aseamos las naves, y pusimos rumbo al «Benidorm de los Alpes», así lo habíamos bautizado, aunque realmente no resultó ser tal cosa. Para llegar a esta ciudad bajo el Mont Blanc habríamos de subir y bajar más de un puerto vertiginoso. Uno de regalo, el que al norte de Briançon se dirige a Turin. Google nos la había jugado y solo fue, tras pasar la frontera y entrar en Italia que decidimos dar la vuelta pues el camino que seguíamos nos llevaba a Chamonix, si, pero a través del túnel del Mont Blanc que no queríamos cruzar, por precio y porque nos haría perder además el bello periplo que nos esperaba. Paramos a comer en un pequeño «aire» al pie de la carretera que baja de Valoire, cerca de Saint Michel de Maurienne. Luis preparó una riquísima tortilla de bacalao en un momento que sólo disfrutamos Lola, él y yo, a causa de la cebolla.
- Llegamos a Chamonix a última hora de la tarde y fuimos directamente a Argentière, a el área de AC que hay en aquel pueblo. Allí, bajo una poca lluvia pudimos preparar el salmón que habíamos comprado por la mañana en el Carrefour de Briançon. Cenamos los cinco dentro de nuestra nave. De postre, licor café que habían traído Fernando y Lola, al compás de Emilio Cao.
[20210831 | martes] Por la mañana, ya desde el ventanuco de la litera pudimos contemplar los primeros indicios del extraordinario entorno en el que nos encontrábamos y que se nos iba a mostrar poco a poco, ante nuestros sorprendidos ojos, durante los días siguientes. Montamos las mesas del desayuno entre ambas naves y aprovechamos el momento para planificar la actividad del día. Luis casi se vuelve loco mientras organizaba la compra de los forfait que nos permitirían durante dos días utilizar los remontes y cabinas del valle de Chamonix. Además había que decidir qué día y a qué hora subiríamos a la Aiguille de Midi puesto que el transporte en la cabina de ascenso había que reservarlo el día anterior. La web de reservas funcionaba muy mal y el trámite llevó más tiempo de lo previsible. Finalmente, cuando consiguió hacer la compra y reservar, pudimos ponernos en marcha. El objetivo de este día era escalar la Aiguillette de Argentière por La Biscante. Para ello teníamos que atracar las naves en un parking en la misma carretera, poco antes de llegar al Coll des Montets, desde el que parte el sendero que sube a los Lacs de Cheserys. Subimos más de 400 metros de desnivel con los cachiperres de escalada hasta llegar hasta el pie de la aguja. El camino precioso nos iba descubriendo ambientes alpinos que jamás habíamos visto: glaciares, agujas vertiginosas y altas montañas blancas, como la madre de todas ellas (el techo de Europa) que en un momento se mostró imponente a lo lejos, delante de nuestros atónitos ojos.
Por la tarde, ya de vuelta en la nave, pensamos en un principio prepararnos la cena allí mismo, donde habíamos atracado pues había un espacio verde con mesas muy agradable, pero el sonido de la carretera cercana, muy transitada, nos hizo desistir. Como a la mañana siguiente teníamos que estar a las 8am en la estación de la telecabina que nos iba a subir a la Aguille du Midi, decidimos buscar un punto cercano donde atracar y pasar esa noche. Finalmente encontramos que el parking que hay al lado de la estación era la mejor solución. Encontramos allí un rincón apartado, pegado a la ladera del monte, y preparamos allí la carne que había comprado Viki en Briançon, cenamos y nos fuimos pronto a descansar.
[20210901 | miércoles] Como cuando niña, la noche anterior a una esperada excursión, me resultó complicado descansar. A mis dolores habituales que intermitentemente interrumpen a diario mi descanso, hoy la noche en vela se extendió más de lo normal. Entorno a las 3 de la madrugada, me despierto y comienzo a pensar con emoción en lo que me esperaba al día siguiente. Quizá porque nunca había ascendido hasta tan alto, quizá porque me sentía en un lugar especial, quizá porque me impresionaban aquellos enormes cables que transportarían la telecabina, o quizá simplemente porque yo soy así de emotiva, porque me ilusionan muchísimo los nuevos hitos. El caso es que, como cuando era niña, dormí bastante poco aquella noche. Por la mañana, el desayuno fue ajetreado pues, aunque yo había adelantado el trabajo que tenía para AETAPI a última hora de la tarde anterior, antes de la cena, por la mañana tenía que activar a las 8 un enlace en la web y lanzar el boletín mensual. Y es que íbamos contra-reloj, porque teníamos reservado el pasaje en el telecabina para las 8,30 y teníamos que estar media hora antes. Finalmente, nos sobró el tiempo.
El ascenso por la ladera sobre el bosque fue rapidísimo, la cabina subía a toda velocidad e impresionaba ver pasar rápido los alerces gigantes bajo nuestros pies. Al fondo, Chamonix se iba haciendo pequeño y distante. Llegamos al primer nivel y descendimos de la cabina que nos había subido y, tras recorrer los pasillos que nos llevarían a la segunda, enseguida nos vimos de nuevo ascendiendo. Ahora por una suave ladera de rocalla contra una pared de piedra y hielo, que veíamos enfrente, totalmente vertical. El ascenso se hizo así en el momento que la alcanzamos y la impresión fue convirtiéndose en emoción justo antes de alcanzar la meta. Habíamos legado a la estación de la Aiguille du Midi, el punto mas alto del recorrido mecánico. El lugar era un entramado de túneles y pasillos, escaleras y terrazas que nos mostraban un paisaje alpino jamás alcanzado hasta entonces por mis ojos. La panorámica era espectacular y no sabía hacia donde dirigir la mirada. Me embriagaba aquel escenario de picos y montañas, cercanas y lejanas: muy cerca el Mont Blanc, hacia el suroeste, y a lo lejos, al este, la cumbre del Cervino, fácilmente reconocible por lo familiar que ya resulta. Estábamos en el techo de los Alpes, viéndolo todo, en su esplendor, bajo un sol radiante, un limpísimo cielo azul y una temperatura aceptable. Qué más se podía pedir. Qué gran regalo de día!
Permanecimos en esa estación, recorriendo todos las terrazas y recovecos, visionando algunas imágenes y vídeos de las exposiciones que se muestran en los pasillos, durante más de dos horas. Una de ellas, la dejo aquí, resultó muy curiosa esta película por lo bien conservada que estaba y el ambiente que muestra. Tan distinto al de los expedicionarios de hoy.
Poco después de las 11 de la mañana bajamos en el telecabina a la estación intermedia. Desde allí parte un sendero que nos llevó a lo largo de hora y media de camino hasta Signal Forbes desde donde donde pudimos ver la Mer de Glace (el glaciar más grande del macizo del Mont Blanc), y al frente, imponente, la Aiguille du Dru. Un precioso precioso paseo recorriendo por un punto medio la ladera a lo largo y hacia el este, aproximadamente. A nuestra izquierda y allá abajo estaba Chamonix, con un enjambre de coloridos parapentes danzando en el aire. Hacia arriba, a nuestra derecha, bosque y nieve en lo alto de las crestas, que dejaban pasar el haz de luz del mediodía. Poco antes de dar la última curva que pondría a nuestros pies toda la canal del glaciar al que nos dirigíamos, apareció ante nuestros ojos el Dru, con su color, relieve, luces y sombras, tan característicos y que tantas veces habíamos visto en fotografía y películas. De nuevo, el espectáculo estaba garantizado.
Nos acercamos después hasta Montenvers donde visitamos el Glaciorium y bajamos al valle en el Tren de Montenvers, un precioso tren de cremallera con un bonito recorrido.
Cuando llegamos al valle fuimos caminando desde la pequeña estación de tren hasta el aparcamiento donde habíamos dejado atracadas las naves. Fue un paseo corto, de apenas diez minutos. Al llegar nos refrescamos a la sombra de la Beni con unas cervezas mientras decidíamos dónde pernoctaríamos esa noche y qué haríamos de actividad al día siguiente. Buscando en park4nigth encontramos un lugar estupendo, una pradera apartada de la zona urbana, utilizada habitualmente por los parapentistas para tomar tierra. Hasta allí nos dirigimos, después de sanear las naves en el punto de limpieza del Carrefour, y la verdad es que resultó ser un lugar estupendo. Muy tranquilo y con unas vistas inmejorables, enfrente teníamos precisamente toda la ladera que habíamos recorrido durante la mañana, se intuía muy bien el camino, con sus crestas [ver, unavidademontaña]. A un lado El Dru y al otro, a la derecha mas alejada, la Aiguille de Midi. Pasamos una tarde-noche tranquila aunque yo estaba un poco incómoda, con mal cuerpo que se dice: un poco de diarrea y cierta sensación de debilidad o mareo. El caso es que decidí prepararme un arroz blanco con un huevo a la plancha, en vez de tomar los grelos con chorizo que habíamos preparado para la cena. A última hora de la tarde aterrizó ante nuestros ojos un parapentista rezagado. El único que vimos tomar tierra ese día. A la mañana siguiente comprobamos que había otra pradera, muy cerca de ésta, donde había más ambiente.
[20210902 | jueves] Estábamos preparando el desayuno cuando nos sorprendió el fuerte y constante ruido de un gigantesco ventilador. Me recordó inmediatamente el que me despertó unas semanas atrás en la campa de Dinan (cuando estaban inflando el globo aerostático al lado de nuestra nave). Nos asomamos y vimos como estaban preparando un despegue con parapente y motor allí mismo. En unos minutos, el hombre se elevó delante de nosotros. Aquí en el valle de Chamonix el vuelo con parapente es muy practicado, Las velas adornan durante el día el cielo, salpicándolo de colorines en movimiento. Es una estampa similar a la de las playas de Tarifa con los skysurf. Durante el día anterior y sobre todo durante la mañana de este jueves, mientras escalábamos, pudimos disfrutar del espectáculo de vuelo. Algunos incluso superaban con creces las cumbres más altas, o al menos eso parecía, elevados por una corriente de aire caliente. Se perdían casi en el infinito cielo hacia arriba.
Hoy íbamos a escalar. El proyecto, preparado por Luis la tarde anterior, era subir en los telecabina hasta el Brevent y desde allí descender para hacer una curiosa vía: La Somone. Curiosa porque consistía en subir y bajar (destrepando o rapelando) 4 resaltes que nos llevarían finalmente de nuevo al camino de la estación del telecabina (a 10 minutos andando). Lo bonito de esta escalada, al margen de cuestiones técnicas y deportivas, era la sensación de escalada alpina, como si estuviéramos trepando por un enorme paredón. La vista era inmensamente vertical. Enfrente, al otro lado del valle: Mont Blanc, sus agujas y glaciares, Los Drus y las Agujas Rojas…
De nuevo en el valle, hoy la tarde se presentaba complicada. Viki quería encontrar un lugar confortable para dormir esa noche. Estaba cansada de apañarse en el suelo de la Beni o en la tienda. No podía descansar y llevaba así muchos días. Nos planteó buscar un lugar para atracar las naves cerca de un albergue o un hotel, de forma que le permitiese a ella alquilar una habituación y poder dormir en una cama de verdad. Pero la tarea no era fácil. Muchos establecimientos estaban cerrados, fuera de temporada, y el único en el que preguntamos no tenía sitio. Finalmente optamos por buscar un camping (el de Argentière) con las esperanza de que al colocar la tienda en un suelo preparado podría pasar mejor noche. Por la mañana siguiente, por su cara y su expresión, descubrimos que no fue así y que pasó otra noche igualmente incómoda por la humedad del suelo y el ambiente.
[20210903 | viernes] El clima estaba cambiando. Los esplendidos días de sol nos iban a dejar. Para hoy viernes la meteorología se presentaba muy lluviosa y así continuaría los días siguientes, por lo que decidimos abandonar el lugar. Tocaba retirada. Además, los nubarrones no sólo estaban en el cielo, también en alguna que otra cabeza, por lo que resultó bastante difícil no sólo decidir a dónde sino cómo haríamos el viaje de retirada. La noche anterior habíamos propuesto ir volviendo a España con escala en Barcelona y aprovechar así para hacerle una visita a Lluis; le llamamos por la noche y se puso muy contento. Eso nos animó. Pero a la mañana siguiente, o sea hoy, el ánimo no era igual en todos nosotros. Tras unas cuantas discusiones, tira y afloja, nos pusimos en marcha con el acuerdo de parar un momento de camino a darnos una vuelta por Annecy (era un requerimiento de Fernando, pues tenía muchas ganas de conocer esa bella ciudad). Finalmente, la parada no la hicimos. Así nos lo comunicaron desde la Beni cuando ya estábamos en carretera. Haríamos de un tirón el viaje hasta la casa de Lluis y menos mal que fue finalmente así porque el viaje se hizo largo y tedioso. Mucha lluvia, muchos kilómetros y mucho tráfico. Sólo paramos al mediodía en un aire de descanso de la autopista a tomar un refrigerio (Luis y yo aprovechamos para acabar los grelos con chorizo que yo no había querido comer el otro día).
Tras pasar la frontera, en Figueres paramos a echar gasolina (esta vez en el Avanza Oil de Figueres, no en el de Vilamalla) y a comprar algo para preparar la cena en casa de Lluis. Era ya un poco tarde y fuimos aprisa al Carrefour donde adquirimos seis robalizas hermosas de cría. Pocas opciones había. Menos mal que Lluis tenía ya todo preparado, mesa y cena, cuando llegamos porque eran cerca de las 11 de la noche y no era momento para ponernos a cocinar el pescado. Lo dejamos para comer al día siguiente. El día había sido duro. No sólo la carretera se hacía tediosa. El ambiente estaba frío fuera y dentro de las naves. Pero la noche, la sobremesa tan cálida que nos proporcionó una vez mas Lluis en su acogedora cocina, lo templó todo en un momento.
[20210904 | sábado] Dormimos en un pequeño descampado que hay en la misma calle recoleta en la que vive Lluis, donde habíamos atracado las naves la noche anterior. No las dejamos en la misma vía por no avasallar a los vecinos. Por la mañana, tras el desayuno, fuimos a saludar a Angustias, la madre de Lluis que vive en otra de las casas de aquella calle-privada que tan entrañable me resulta. Ella es una mujer afable, granaina, que vive una ancianidad tranquila y feliz a pesar de lo que ha ido dejando atrás. Lo cierto es que Lluis la mima mucho y eso seguro que la reconforta bastante. Pero es que, además, la mujer tiene un carácter dulce y emite mucha paz. Los momentos que compartimos con ella nos hicieron estar cómodos, como si de toda la vida la conociésemos. Luis estuvo contrastando los datos de la receta de las alitas de pollo que Lluis había llevado a Candanchu la última vez que nos habíamos visto y que tanto nos habían gustado.
Completamos la mañana con una calurosa caminata hasta la ermita de Santa Maria de Gallecs, por un camino con poca sombra, que nos sirvió para conocer mejor el entorno en el que se enclava Santa Perpetua de Mogoda, la villa en la que vive Lluis. A la vuelta paramos en el pueblo a tomar una cerve, charlamos un poco de política y volvimos en un interminable y tórrido paseo hasta llegar a la casa. Una vez allí, preparamos aprisa las robalizas. puesto que Lola, Fernando y Viki querían volver esa misma tarde a Madrid (la estampida de siempre!). Nosotros nos quedaríamos para retornar con mas calma. Pasamos la tarde con Lluis, revisando con agrado y admiración sus últimos trabajos en su taller de pintura. Estuvimos también charlando otro rato con su madre, cuando nos fuimos a despedir de ella, que estaba ahora en la calle sentada en el banco que hay delante de su casa. Hasta que llegó el momento de despegar…
Trazamos una ruta de vuelta a casa, sin prisa, en 48 horas, pasando por Tarragona y atravesando el Bajo Aragón. Nuestra primera parada sería esa misma noche. En una hora escasa, tras despedirnos de Lluis y su madre, atracábamos en el area de AC de Villafranca del Penedés, tras haber hecho la limpieza de la nave allí mismo. Antes de cenar fuimos a dar un paseo hasta un Condis que había relativamente cerca, con idea de comprar algo de pan y vino. Ninguna de las dos cosas resultaron ser buenas.
[20210905 | domingo] Con las lanzaderas, después del desayuno, nos dimos un voltio por el casco antiguo de Villafranca. Encontramos en sus calles peatonales recuerdos de la historia, en carteles que evocaban escenas de la guerra civil vividas en lugares y plazas. La actualidad política y social también se reflejaba en la gran cantidad de reclamos contra la violencia de género. El paseo fue corto pues queríamos salir cuanto antes hacia Tarragona y aprovechar bien el resto del día. Adorada por los romanos del antiguo imperio esta ciudad del sur catalán guarda importantes vestigios de aquella época de dominio. Grandes lienzos de las antiguas murallas, el anfiteatro al píe de la playa El Miracle, los restos del teatro y del circo romano, el trazado de sus calles más viejas… Recorrimos todo el centro con las lanzaderas, subimos a la parte alta hasta la catedral. Había mucho ambiente de domingo en las terrazas, al que nos sumamos en la Plaza Pallol, cerca de la Puerta de Roser, donde degustamos el rico vermout tan típico de estos lares.
De vuelta ya en el aparcamiento municipal donde habíamos dejado la nave, según recomendaciones de park4nigth, tomamos la decisión de acercarnos al mirador del acueducto que hay a las afueras de la ciudad, con la idea de aprovechar la hora y prepararnos allí algo de comer, en un lugar que pensamos sería agradable y fresco por la arboleda. Pero el aparcamiento era una explanada de asfalto, sin sombra, del que salía un camino que llevaba a las cercanías del monumento. Era un día de mucho calor y necesitábamos encontrar un lugar fresco donde atracar, comer algo y descansar un poco hasta que bajasen las temperaturas para continuar nuestro viaje. Dimos con el lugar adecuado, en un aparcamiento al lado del río en Mora de Ebro, ya de camino hacia el Bajo Aragón. Allí nos quedamos, fresquitos a la sombra, dentro de la nave, hasta casi las siete de la tarde.
Continuamos ruta hasta Alcaniz, esa ciudad sería nuestra siguiente escala. Llegamos con las últimas luces del día. En el area de AC dejamos la nave y nos fuimos a dar un paseo por la zona antigua. El área está muy bien pues en apenas 5 minutos estábamos ya comenzando a subir las empinadas y viejas calles. La villa es muy bonita y nos sorprendió, sobre todo por la altura de las fachadas de los edificios que se apiñan en este casco antiguo, en calles muy estrechas y angostas en ocasiones. Subimos por la calle Mayor hasta la plaza de España, donde se encuentra el ayuntamiento y la iglesia de Santa María la Mayor. Estuvimos callejeando un buen rato y al final, antes de regresar a la nave a cenar, nos tomamos una cerve (Alhambra de bodeda) en la terraza del hotel que hay en la plaza del Mercado. Buscamos un sitio, sin éxito, para tomarnos una pizza de cena. No encontramos un lugar cómodo y cercano así que decidimos bajar a la IPAR y prepararnos allí una pasta con bonito.
[20210906 | lunes] Antes de abandonar Alcañiz tratamos de subir con la nave hasta el Parador para ver las vistas desde ese punto elevado de la ciudad, pero no conseguimos encontrar un trayecto cómodo, por calles anchas, así que desistimos. Después, quisimos consolarnos tomando un helado de Xixona en el establecimiento familiar de este nombre que tan buena reseña tiene en internet. Pero, aunque encontramos la heladería, no vimos la forma de atracar la nave en un punto cercano y eso nos desanimó de nuevo, empujándonos definitivamente a continuar nuestra ruta hacia Molina de Aragón, a donde llegaríamos hacia el mediodía poco antes de las dos. Apurados por la hora Luis descendió de la nave en marcha para tratar de comprar pan, puesto que nuestra primera opción, la panadería-cafetería Gascón, en la plaza de San Francisco estaba cerrada. La otra opción también se la encontró cerrada así que se detuvo en una tienda de ultramarinos donde compró un pan de espelta en rebanadas y unos cogollos para acompañar la carne que teníamos para comer. Yo mientras había atracado en un aparcamiento que nos recomendó park4nigth y allí pensábamos prepararnos la comida. Pero el sitio, además de feo, era demasiado urbano así que buscamos otro emplazamiento. Y lo encontramos, fuera del pueblo. Lo que resultó ser todo un descubrimiento que nos entretendría un buen puñado de horas después.
Por Gu-958 salimos de Molina rumbo a una reseña que encontramos en park4nigth. Una zona de merenderos cerca del río Gallo que nos sugería sombra y tranquilidad. La sorpresa la encontramos poco antes incluso de llegar al punto. El paisaje que se iba mostrando ante nuestros ojos era muy bonito. Formaciones rocosas rojizas se elevaban formando construcciones caprichosas entre los árboles. Sin saberlo entonces estábamos entrando en el barranco de la Virgen de la Hoz, un paraje destacado de la provincia de Guadalajara, del que no habíamos oído hablar nunca. Todo un descubrimiento para nosotros. Así son las cosas del camino… Atracamos la nave al lado del Santuario que lleva el mismo nombre, una hospedería-restaurante que estaba totalmente cerrada. El lugar era muy tranquilo y bello. Preparamos la carne en la cocinilla de gas sobre el murete que nos separaba del río. Comimos en el interior y descansamos un poco, arrullados por el sonido del agua y el frescor de la sombra de los árboles. Después, con las lanzaderas recorrimos el resto de la carretera por la que vinimos hacia el oeste, con idea de descubrir con más detalle los recovecos de aquel espectacular cañón. No podíamos imaginar mejor colofón para poner fin a este viaje.
Poco antes de las 19:00 horas abandonamos el lugar rumbo a casa. Llegamos a Puerto Juande antes de las 21:00 horas.