ALBUM DE FOTOS

Llegamos a Chantepie el viernes 5 de junio a las 18:50 horas. Claudia y Lucas nos agasajaron con un recibimiento exquisito de ostras, almejas con mantequilla y vieiras a la plancha… qué más se puede pedir!: llegabamos a Bretaña y este era un buen comienzo. Por delante tres meses de proyectos de fest-noz, canales, playas, escalada y bicicleta… Un verano más en esta tierra que tan bien nos acoge. La primera cita, ya al día siguiente, en la celebración del 40 aniversario de la Bagad de Cessón: al mediodía actuaciones en la plaza de la iglesia y por la tarde-noche fest-noz en el parque en el que participaba Fleuves [Instagram], Ampouailh, Colas/Guenneau, Jahiner, Sonerien Du, Trio En Rad y Trio Forj.

Pasamos la primera semana en Chantepie, disfrutando de los hijos y de Púa, y aprovechamos para recorrer el tramo del canal que nos quedaba entre Redon y Rennes. Lo hicimos en dos etapas. La primera el miércoles hasta la esclusa de Mons en Bruz [Track]. Gran parte del recorrido atraviesa la zona de humedal que hay al suroeste de Rennes. A un lado y a otro del canal nos van sorprendiendo pequeñas lagunas y frescas zonas de recreo a la sombra [Instagram]. A la vuelta, nos paramos en Ti Anne a tomarnos unas Morganas, después Claudia y Lucas nos invitaron a cenar en la creperíe La Marelle.

Al día siguiente continuamos hasta el Pont de la Carrièrre [Track]. Este tramo de canal tiene tramos muy distintos, encañonado a veces. En el recorrido vimos tres esculturas (dos de hierro y una de piedra) y pasamos al lado de una pequeña escuela de escalada, cerca del Moulin de Boël. Rematamos el día en el Parquet de bal de la Ferme de L’harpe [Instagram]. Atracamos la nave justo al lado, en el gran aparcamiento y mientras llegaba la gente (muchos viejos conocidos) preparamos garbanzos con langostinos y nos los tomamos para cenar regados con un blanco de Angu. Fue gratificante a la vez que divertido, volver a reencontrarnos con muchos de los bailarines con los que compartimos los mejores «momentos fest-noz» del verano pasado. En escena: André/Chiapello (la nueva sorpresa de Wally), Berardy/Suignard-Boulion, Handia, SEIM y Vil Gwilen.

El sábado nos acercamos por el canal con Lucas (Claudia estaba pasando el finde en Galicia) hasta Saint Gregoire, al Festival Robinson. Allí nos encontramos con Elena y Alberto. Estuvimos viendo algunos de los espectáculos de teatro/circo que allí se presentan al borde del canal durante los dos días que dura el evento: Les Josianes y Les Oubliées [Instagram]. Pasamos un poco de calor pero mereció la pena, sobretodo ver el número de Les Josianes. Elena y Alberto vinieron después a cenar a casa: preparamos un arroz con cigalas y un centollo que habíamos comprado por la mañana en el marché de Cessón.

Finistère
[0615|lunes] Abandonamos el atraque en la casa de Lucas y Claudia, y ponemos rumbo a occidente, al Finistère francés. Son días de solsticio y, por tanto, un buen momento para visitar esta costa oeste que recuerda a Galiza por la luz, pero a la vez tan distinta…: es una región tranquila, muy costera y rocosa, de enormes arenales con la bajamar y pequeñas playas con la subida, pueblos sencillos y silenciosos, senderos muy limpios y bien señalizados, tanto para bici como para caminar. La primera noche la pasamos en el área de autocaravanas de Le Folgoët, en la que ya habíamos estado muy a gusto años atrás pasando unos días (yo trabajando en el Cátedra). Esa misma tarde, en nuestro paseo después de cenar, volvimos a escuchar el órgano de la iglesia, al parecer una alumna estaba recibiendo lecciones de su maestro.

[0616|martes] A las 13:30 abandonamos el área de Le Folgoët y fuimos a buscar el mar poniendo proa al norte. En poco más de 20 minutos atracamos en uno de parkings de Ménez Ham, en Kerlouan, casi al final de la C9 llegando a la altura del pequeño poblado marinero. Tomamos un pequeño refrigerio y nos acercamos hasta la playa, la marea estaba baja pero subiendo, la costa típica del Finistère norte se mostró inmediatamente ante nuestros ojos [Instagram]. Después caminamos hacia la casa del puesto de guarda, preciosa estampa típica de construcción costera, utilizando el abrigo de las rocas, un detalle que ya habíamos visto en más de una ocasión por Bretaña. Detrás estaban, protegidas al abrigo de temporales, el resto de las casitas de esta pequeña aldea. Piedra y techos de paja, ahora restaurados y dedicados al turismo (una tienda, una gingette, un atelier y un pequeño museo que cuenta de forma escueta y muy clara la historia del contrabando y el control aduanero por estas costas). El conjunto, muy original y bonito pero, a mi gusto, tan turístico que mi cuerpo pide abandonarlo inmediatamente.

De regreso a la nave salimos inmediatamente en busca de un buen lugar para atracar y pasar la tarde noche. Y lo encontramos, el parking de la playa de Vougot, en Guissény, un blanco arenal que nos encandiló, a mí la primera ya cuando en park4nigth buscaba un resguardo y vi la foto de este lugar. Encontramos una buena esquina para ponernos y alli pasaríamos dos noches con sus días. Antes de cenar nos dimos un buen paseo a lo largo de la playa durante más de hora y media. La marea seguía subiendo… en esos dos días, ayudados por la nueva aplicación de mareas que nos habíamos agenciado, tendríamos oportunidad de ver evolucionar el paisaje de la baja a la pleamar, sorprendiéndonos una vez más incluso a nosotros que ya deberíamos estar acostumbrados a ello. Aunque no veíamos directamente el mar desde donde estábamos fondeados, entre la playa y nuestra posición había un pequeño camino en la duna que nos permitía acercarnos en un momento al arenal.

[0617|miércoles] A las 12:50 comenzamos la ruta siguiendo el sendero de aduaneros desde la playa en la que estamos hacia el oeste [Track]. Llegamos hasta la Greve Blanche en el lugar de Saint Michel, en Plougerneau [Instagram]. Como referencia, el faro de I’lle Vierge (el faro antiguo de piedra más alto de Europa) al que apuntaban nuestras proas casi todo el tiempo. No llegamos hasta él, aunque estuvimos muy cerca, lo haríamos al día siguiente.
Esa tarde, después de cenar, a eso de las nueve nos acercamos por la duna a ver la pleamar. Pocos metros de playa quedaban. El cielo encapotado, amenazaba incluso lluvia, imposible pensar en quedarse allí una hora esperando una puesta de sol que ni siguiera habría.

[0618|jueves] Abandonamos Guissény, pasamos por el Intermarché de Plougerneau y llevamos después la nave al que sería un excelente punto de pernocta para la noche siguiente: el parking del Port de Perroz. Desde allí comenzamos nuestra senda de hoy hacia el faro de la I’lle Vierge [Track]. Un camino que fue de lo más original, no contábamos con ello, fue toda una grata sorpresa. Si quisiéramos prepararlo así de bien, quizá nos resultase difícil. El caso es que la marea estaba perfecta para darnos un paseo por el «fondo del mar» [Instagram]. Gran parte de nuestro recorrido se hizo por esta enorme marea baja que nos llevó hasta una plantación de ostras [Instagram] donde trabajaban los tractores y a islotes de faros que recorrimos como si de pequeñas montañas se tratase, caminando después entre barcos clavados en la arena. La visión era espectacular, el frescor del mar nos refrescaba a pesar del intenso sol, rezumando desde nuestros pies a cada paso que dábamos. Volvimos comenzando el recorrido por el puerto y playa de Lilia, donde nos sorprendió un grupo de cantores, sobre todo mujeres, apoyadas en el malecón y entonando una de esas bellas canciones francesas que te hacen detener la marcha.

Ya en la nave, calentamos el guisote de bacalao con garbanzos que teníamos cocinado y llevamos todo lo necesario hasta las mesas de piquenike que hay entre el aparcamiento y la bahía. La marea estaba subiendo, casi llena. En la terraza florida de sombrillas de colores del Bzzzt Café, a nuestro lado, se iba juntando cada vez más gente, incluso recalaron allí los nautas de una travesía que estábamos siguiendo desde hacía un rato, pues nos llamó la atención la belleza de la embarcación que les trajo finalmente a esta orilla. El lugar no podía ser más perfecto para tan extraordinaria cena. De pronto, nos sorprendió la proa de una enorme embarcación que salía por la bocana del Aber, por un lugar que ni esperábamos. Un nativo nos explicó que se trata de un transporte especial que cada tres meses viene desde Noruega cargado de madera. Al día siguiente en nuestro recorrido en bicicleta rodeando «la ría» descubrimos el pequeño puerto donde se descarga el material.

[0619|viernes] Hoy abandonaríamos temporalmente esta zona del Finistère pero antes queríamos conocer uno de los dos importantes Abers (lo que en galicia llamamos rías) que hay aquí: el Aber Wrac’h. La ruta la hicimos en bici, desde donde pasamos la noche hasta la playa y dunas de Santa Margarita [Track]. El día estaba fresco y nublado. Transcurrió tranquila subiendo y bajando cuestas pegados a la costa la mayor parte de las veces y con vistas panorámicas sobre el Aber y el resto de la bahía [Instagram]. Ya regresando, Google nos hizo la 3/14 y nos metió de lleno en una carretera nacional, de las de 90 por hora, menos mal que enseguida encontramos un escape y pudimos retomar nuestra senda. Llegamos a la nave poco después de las 2 de la tarde y enseguida partimos rumbo de nuevo al área de Le Folgoët donde pararíamos a asearnos, nosotros y la nave. Aparte de necesitarlo con creces, esa tarde teníamos fest-noz y había que mejorar el aspecto. Mientras se calentaba el agua nos tomamos un refrigerio.

A las 17:50 fondeamos en el aparcamiento del lugar donde se iba a celebrar el fest-noz: la Salle Steredenn, en Plouédern. En escena, dos grupos locales: Diatonik Penn-ar-bed y Sonerien Plouédern. Tanto el público como los músicos «jugaban» en casa y esto se demostró cuando pudimos comprobar que al menos la mitad de las danzas las conocían ellos, nosotros… ni idea. Fue curioso, un auténtica demostración de como se vive la fiesta en los pequeños locales.
Allí mismo pasamos la noche y salimos muy temprano, sin desayunar.

[0620|sábado] El día amaneció muy húmedo y nublado, pero fue despejando a medida que pasaban las horas. Aparcamos un poco en cuesta pero bien a la sombra y al lado de la entrada al Fort du Dellec, en Plouzané, donde se celebraba ese día un evento de lucha que remataría por la noche con un fest-noz al que pensábamos asistir. Nada mas llegar desayunamos y nos pusimos a andar, siguiendo la senda costera hacia el este. El camino bordea la bahía de Brest por la margen derecha, flanqueada, además de por éste del que partimos, por otras fortalezas, instalaciones militares y faros. Enfrente entre la niebla intuíamos la Pointe des Espagnols, el Pont des Capucins y la pequeña rada de Camaret-sur-Mer. Cuando llegamos al Phare du Petit Minou (que por cierto estaba en obras), descansamos un rato viendo a los surfistas abajo en la playa haciendo sourf foil. Espectacular el manejo de uno de ellos [Instagram], lo grabamos y le enviamos el vídeo a Pedrito. De vuelta en la nave, cenamos y fuimos a darlo todo al fest-noz. El espacio en el que se celebraba era curioso, aprovechando uno los muros del viejo fuerte cubrieron el espacio con una estructura permanente de hierro y lona [Instagram]. En escena: Beat Brouet Trio (curiosa mezcla de música tradicional bretona y hiphop), Hent Dall y Puillandre/Toscer (dúo de dos chicas bastante jóvenes que cantaban muy bien, nos gustaron enormemente).

[0621|domingo] Al grito de «que viene la canicule» planificamos nuestro siguiente destino. Por delante, cuatro días de temperaturas extremas, lo nunca visto aquí en Francia. Una ola de calor anómala que ponía el epicentro europeo de más altas temperaturas en el país galo. Estábamos un poco asustados, en la furgo el calor suele ser insoportable si no cuentas con una buena sombra y por aquí, por el Finistère no acabábamos de encontrar un buen resguardo. Finalmente, tras mucho rebuscar, nos parecía una buena opción un área que habíamos visitado (sólo para servicios) hacía tres años cuando vinimos por estas tierras a celebrar el San Xoán. Llegamos al área de autocaravanas de Ploumoguer, cargados de «mucha suerte!» poco antes de las 13 horas. Allí nos esperaba solitario el tilo de enorme copa que dio cobijo los cuatro días siguientes, durante la canicule más intensa que jamás se ha producido en Francia. La información regional que nos llegaba a través de la radio cada vez nos inquietaba más. Descansamos por fin tranquilos cuando nos instalamos en esta maravilla verde. Estábamos tan solo a 7 kilómetros de la costa. Esa misma tarde cogimos las lanzaderas y nos acercamos a la Pointe de Corsen, el extremo más occidental de Francia (y hay quien dice del continente europeo) que ya habíamos visitado años atrás, nos gustó volver a este punto tan emotivo y lo celebramos [Instagram], en los días del solsticio.

A la mañana siguiente, lunes (primer día de la canicule) nos acercamos con las lanzaderas al Super U de Plouarzel ya antes del desayuno para evitar el calor. Cuando volvíamos (llegamos a la nave a las 10:30) ya apretaba. A medida que avanzaban las horas la temperatura iba subiendo y aunque bajo el tilo y gracias al poco aire que se movía no se estaba mal, hubo un momento en las primeras horas de la tarde que comenzamos a transpirar y a notar ya cierta incomodidad. Yo dediqué ese día a acabar el libro de Begoña Camaño (Circe ou o pracer do azul) que tanto me gustó. Una delicia de novela escrita en un lenguaje impecable, cargado de musicalidad, que muestra la leyenda y el mito desde una perspectiva muy diferente, los ojos de dos mujeres que nos cuentan su visión de los hechos durante la vuelta de Ulises a Ítaca. Una interpretación de la historia muy lejana a la que nos tienen acostumbrados los narradores masculinos. Pecisamente, esa misma tarde, tuvimos reunión con el club de lectura de «A Leite» (Yo canto y la montaña baila), esta vez sólo con mediante una llamada de voz ya que teníamos sólo 4G y la transmisión de vídeo no era buena. Después de cenar, cuando el sol ya casi estaba en el mar, nos dimos un paseo caminando por el pueblo hasta el cementerio a recoger agua de los «muertitos», extendiendo el recorrido por el inicio de la carretera de Le Conquet (pueblo que está en la costa, a tan solo 8 kilómetros) y volviendo al campamento.

El martes (segundo día de la canicule) decidimos ya en la cama salir escopetados en las lanzaderas y dirigirnos a Le Conquet a comprar unos coissants o a desayunar allí, según se terciase. En el pueblo había marché esa mañana, nos dimos un paseo fugaz por las calles típicas de una villa marinera bretona, muy cuidada y bonita, y finalmente antes de marcharnos, paramos en la boulangerie Nektar Le Conquete a comprar un croissant. Durante la vuelta nos desviamos para acercarnos a la punta del Faro de Kermorvan, de camino pudimos ver desde un extremo (e aparcamiento de la Batteríe du Treize el amplio arenal de la preciosa Plage des Bancs Sablons. Cuando llegamos al campamento, poco después de las 10 y media, ya estaba apretando con fuerza Lorenzo. El resto del día lo pasamos, como el anterior, dedicados a leer y a escribir, esperando el atardecer. Era noche de San Xoán y tocaba acercarse a la playa, donde habíamos hecho la hoguera la otra vez, a despedirnos de la esfera, por ese día tan abrasadora y lo hicimos, como no podía ser de otro modo trazando un círculo circasiano sobre la arena [Instagram]. Lo que ocurrió después… queda a continuación registrado:

NOS SALVÓ EL COEFICIENTE DE LA MAREA
Las mareas en Bretaña varían enormemente en pocos días. El coeficiente, que indica la amplitud de los ciclos, puede variar de 20 a 120, lo que demuestra la espectacularidad del movimiento del mar por estas costas. Cuando está por debajo de 45, el desnivel alcanzado por el agua es muy bajo, mientras que cuando el coeficiente supera los 100 puntos, en pocas horas puedes esperar variaciones enormes en el paisaje costero. En lugares como la bahía de Saint-Maló, por ejemplo, este fenómeno es especialmente intenso. Allí, en la pleamar, la marea puede llegar a registrar los 12 metros de altura, sobre la bajamar. Muchas playas desaparecen totalmente al tiempo que las paredes de rocas empequeñecen.

Quienes viven o recorren habitualmente estas costas saben de lo que estoy hablando. Hace una semana, aquí en el Finistère, se registraba un coeficiente de marea del 96. Siete días después, como se ve en el gráfico, se situaba en 48. El movimiento del mar entre la baja y la alta es diferente, y en el transcurso de la marea la orilla va a situarse en un lugar o en otro, según el coeficiente de ese día.

Y todo esto lo cuento aquí para justificar por qué el coeficiente 48 registrado la tarde víspera de San Xoán vino a salvarnos la «vida». Todo terminó bien finalmente, pero en esa noche meiga pasamos un momentazo de infarto que jamás olvidaremos.
Habíamos ido hasta la Plage des Charretes a rememorar la noche en la que hicimos allí una hoguera con Lucas, hace tres años. Aprovechando el refresco de la temperatura en estos días extraños de canicule que estábamos pasando, a las 20:20 de la tarde cogimos las lanzaderas y aproamos a la punta de Corsen. Justo al lado se encuentra el arenal.

Quisimos celebrar de este modo y bailando a la orilla del mar un Círculo Circasiano de hermanamiento gallego con la Muiñeira de Chantada, mientras el «carro de Helios» finalizaba su travesía del día. Encontramos un lugar muy adecuado en un extremo del pequeño arenal que ya se estaba quedando mermado por la subida de la marea. Sobre una roca depositamos los cascos, la mochila y mi cartera, y dispusimos un trípode de emergencia par apoyar la cámara del teléfono móvil. Nos salió a la primera y lo compartimos con los hijos, mas tarde subiría el vídeo a Instagram.
Se estaba muy bien en la playa, después del calor del día, el aire refrescaba bastante y el momento de solpor, con ese azul de mar (Glaz-noz, que es como aquí le llaman) tan característico del momento, nos entretuvo un buen rato. Hubimos de cambiar de roca pues a la que primeramente nos sirvió de asiento, y que habíamos utilizado para apoyar nuestras cosas, estaba a punto de llegar el agua. Trasladamos todos nuestro objetos (o al menos eso creímos entonces) poniéndonos a salvo y sentándonos en otra piedra un poco más atrás. Desde allí contemplábamos cómo las ondas del agua iban borrando las huellas de nuestra danza en la arena.

Como media hora después, satisfechos con todo el ritual, decidimos ir volviendo pues con las actuales luces de las lanzaderas no queríamos que se hiciese más tarde y tuviésemos dificultades para ver bien el camino. Con un poco de pena, mirando de vez en cuando al mar y la playa sobre la que aún quedaba un buen grupo de gente, fuimos subiendo las empinadas escaleras de madera y piedras que salva el enorme terraplén facilitando el acceso. Desde la mesa de madera en la que habíamos dejado ancladas las lanzaderas, mientras las desatábamos y poníamos los casos, mirábamos con cierta nostalgia el lugar y nos prometimos acercarnos al día siguiente temprano a darnos un baño, antes de que el calor hiciese impracticable el camino.

Ya de vuelta en el pueblo, pasamos a llenar las botellas de agua en la fuente de los «muertitos» y llegamos al área de caravanas poco después de las 22:30. Entonces fue cuando sucedió, eché automáticamente mi mano  a la cadera buscando mi cartea y me di cuenta en un impasse no sólo de que no estaba, sino de que me la había dejado en la playa. Lo tuve claro inmediatamente. En la primera roca en la que habíamos apoyado nuestras cosas para bailar. Mi corazón comenzó a latir supongo que a 200 revoluciones por minuto, se me salía del pecho y me ahogaba. No podía ser… La cartera (con toda la documentación, tarjetas  y llaves) se había quedado. Enseguida me vino la imagen de la ola llegando a esa roca y la vi en mi imaginación cubriéndola de lleno sin piedad. No podía ser… El mar seguro se había tragado mi cartera. Qué desastre! Qué complicación! Pero, cómo me había podido despistar de esa manera. Mi respiración iba a cien, mis pulmones hiperventilaban. Solté allí mismo la lanzadera y todo lo que tenía en la mano, y me lancé al interior de la furgoneta… «Vamos con la furgo», me decía Luis. Había que salir inmediatamente. Si quedaba alguna posibilidad teníamos que atraparla. Pero qué difícil se veía todo en ese momento. Recogimos como pudimos todo lo que estaba suelto por las encimeras de la nave, cerramos ventanas y claraboyas, dimos vuelta a los sillones y pusimos rumbo de nuevo a la playa (6,8 kilómetros). Como alma que lleva el diablo abandonamos la tranquilidad a esa hora del área de caravanas, dando todas las vueltas que hay que dar para llegar a la salida, en este precioso laberinto de setos. Ya por la carretera íbamos pensando en las complicaciones que se nos venían encima. Había que denunciar el hecho y procurarme una documentación de emergencia. Al mismo tiempo especulábamos con la remota posibilidad de que alguien la hubiese encontrado, yo incluso pensaba en recorrer la orilla a ver si hubiera quedado atrapada en alguna roca, llevada allí por el mar. También cabía la posibilidad de que la pareja que estaba en el apartado entre rocas, al lado de donde nos habíamos puesto nosotros, la viesen al salir.

No podía parar de repetirme una y otra vez que no podía ser… Con toda una buena dosis de angustia nos acercamos casi al galope por una pista de piedras y arena que lleva al parking de la playa. La poca gente que quedaba estaba subiéndose a los coches. Inmediatamente comenzamos a preguntar a unos y a otros: «S’il vous plaît, vous etes trouvé un portefeuille dans la plage..?» Algunos contestaban, otros nos miraban con cara de extrañeza. Finalmente un chico, que resultó ser el de la pareja del «reservado» asintió y dijo que ellos la encontraron y la dejaron abajo, al inicio de la escalera. Entonces bajamos a toda leche, creo que mi corazón fue lo primero que llegó al arenal, después Luis que me dijo que bajaba el primero pues yo calzaba chanclas, y mi cuerpo iba detrás, de última de esta extraña comitiva que bajaba a la playa sin resuello. Un grupo de chicos y chicas, aposados a la derecha de la escalera reparó en nosotros y enseguida levantaron en alto la cartera, para mostrárnosla. Fue en ese momento en que por fin recobré un poco de la paz perdida media hora antes, y deje caer mi cuerpo de rodillas primero y en plano después sobre el arenal: Uffff!!! Todo se había acabado. Los jóvenes buscaban en el interior a ver si encontraban un teléfono al que llamar. Un mensaje, mi nombre y número de móvil, que a partir de ese día llevaré siempre en mi cartera. Tardé más de una hora en recobrar un ritmo adecuado de palpitaciones en todos mis sistemas. Ya en la furgo, celebrando la suerte que habíamos tenido con sendas Lançelots, sentía todavía el agotamiento que uno nota cuando acaba de realizar un ejercicio físico extraordinario.

Pasadas ya las once, volvimos a atracar la nave en el mismo lugar en el que permanecimos los días de la canicule, a esa hora nadie se mueve y el sitio no lo íbamos a perder, además las lanzaderas, que habían quedado allí abandonadas hicieron supongo las veces de eficientes centinelas.

Mientras volvíamos pensamos que tuvimos suerte con la marea ya que si el coeficiente estuviera como en la semana anterior, la playa habría desaparecido con creces en ese tiempo entre la venida y la ida, y nos encontraríamos que al llegar a la playa allí no habría ya nadie. Es posible que, en el mejor de los casos, alguien hubiese rescatado igualmente la cartea y la entregase al día siguiente en la gendarmería pero… ufff! aún así, qué nochecita habríamos de pasar!

Agotados quedamos y bien que dormimos. Por la mañana nos acercamos de nuevo antes de desayunar con las lanzaderas hasta el Super U a hacer una pequeña compra y refrescarnos con el aire de la madrugada. De camino subimos al Belvédère de Kéramézec a espiar brevemente las vistas. El cielo encapotado y la bruma no permitía atisbar los detalles a lo lejos. El resto de ese miércoles (tercer día de la canicule) transcurrió con poco sol, pero mucho bochorno y bajo la paz del tilo seguimos con nuestra reposada vida. He de decir que la hecho de menos. Nos dio pena incluso al día siguiente abandonar el lugar, que tan bien nos había acogido.

[0625|jueves] El cuarto día de la canicule nos levantamos con un poco más de ansia. Teníamos que regresar a Cantepie. Nos asustaba un poco el calor. Aunque ya se anunciaba que por la tarde comenzaría a remitir el episodio que estábamos viviendo, en el área metropolitana de Rennes la temperatura estos días era 10 grados superior a la de Finistère. Quisimos aprovechar para acercarnos una vez mas a la  Plage des Charretesa darnos un baño. La mañana estaba preciosa, prácticamente no había ni una nube en el cielo. Con las lanzaderas nos pusimos en un momento a pie de la escalera que baja a la playa. Estaba vacía, sólo un individuo espido deambulaba de un lado a otro de la orilla. El agua estaba limpia y cristalina, un poco fresca al principio, pero muy gratificante después del calor de estos días. Tras el baño y y mientras ya subíamos las escaleras nos llamó la atención la enorme nube negra que se acercaba por el sureste. Ni por asomo se nos ocurrió pensar que se venía encima una enorme tormenta. De hecho, volvimos contentos a la nave (pues al taparnos la nube el sol era más agradable el pedaleo) y preparamos el desayuno como todas las mañanas fuera. Pero el cielo, que había amanecido tan azul, se estaba oscureciendo cada vez mas y se me ocurrió mirar el radar de lluvia… y, ostrass!!, vamos para dentro inmediatamente!!. Trasladamos todo el desayuno que ya estaba puesto y recogimos las lanzaderas, las sillas y la mesa. Y menos mal, porque al rato de estar con todo dentro, comenzó a llover. El problema no era tanto mojarse como tener que recogerlo todo después a causa del viaje que debíamos realizar esa mañana.

Chantepie
Llegamos a Rennes poco después de las cuatro de la tarde y el termómetro exterior de la nave marcaba 41 grados, la temperatura había ido subiendo a medida que nos acercábamos a la capital bretona. Antes de atracar en Chantepie nos acercamos al Intermarché de Long Champs a hacer una compra. Esa tarde se celebraba en Cesson el Cesstival y el grupo de baile bretón participaba al final, allí nos encontraríamos con algunos conocidos de la clase, además fuimos como ellos vestidos con nuestras camisetas del Círculo Céltico. Lucas estrenó su bajo en la actuación de su grupo. Como siempre, al ser los últimos, les recortaron el programa lo cual nos disgustó un poco. Había que luchar para que el próximo año no los dejen para el final.

[0626|viernes] En el campo base bretón estaríamos los siguientes diez días. Teníamos agendados varios Fest Noz a los que nos acompañaría Lucas y aprovechamos para disfrutar de la compañía de los hijos, participando de tareas domésticas de arreglos que todavía van quedando por hacer en la casa. Claudia estaba en Galicia, precisamente, el jueves se fue a pasar el fin de semana con la sueca en su casa rural de Cerdido. Por la tarde fuimos con las lanzaderas al festnoz organizado por las asociaciones del barrio de San Martín de Rennes, en el Jardín de Vilaine Pousse. Actuaron Hamon/Martin, Diridollou/Lavigne, Modkodmik [Instagram] y ERIS [Instagram].

[0627|sábado] Esa tarde conocimos Saint Cast le Guildo. Quién nos iba a decir que este pueblo se convertiría en un referente para nosotros de este verano. Hasta entonces ni habíamos oído hablar de él, incluso pensamos en algún momento mientras desayunábamos esa mañana que quizá era descabellado hacer un viaje de 100 kilómetros (y otros tantos de vuelta en el día) solo para ir a un festnoz. Pero es que actuaba Digresk y eso era una buena excusa. Nosotros no habíamos tenido oportunidad de volver a verlos desde hacía dos años. Así que, finalmente aproamos la nave con rumbo la Grande Plage de Saint Cast donde viviríamos además esa noche el Feu du Tantad, nuestro fulión de san xoán de ese año [Instagram]. Disfrutamos de una velada inolvidable. No paramos de bailar, el espacio era precioso, al borde de la preciosa y enornme playa con todo el largo atardecer de junio cayendo sobre la bahía. Antes de Digresk actuó Sterne, un grupo que no conocíamos y que nos gustó también mucho. Animaban la fiesta La Clique costarmorigène, charanga en la que participaba aquella tarde y que volveríamos a ver al día siguiente en Monterfil. Me compré, o mejor, me compraron una camiseta de Digrestk y antes de volver a casa nos tomamos unas cerves en los puestos y comimos después un poco de fiambre en la nave. Eran las 2:16 de la madrugada cuando atracamos en Chantepie.

[0628|domingo] Nos levantamos tarde, había que reponer fuerzas y desayunamos largamente. Y a las 13:00 horas ya estábamos de nuevo en marcha. Esta vez con rumbo a Monterfil, la cita ineludible de la Gallésie en Fest que este año cumplía para nosotros el tercero consecutivo. Pero en esta ocasión sólo nos quedaríamos al festdeiz del domingo en el que actuaron además de Talec/Le Sauze, el Duo Lemoine/Couchoux, Brou/Hamon/Quimbert, Lemou/Grand jean, Minvielle & Suarez, Naar, Nòu y The sugar family. Llegamos poco antes del inicio a las 13:30 y nos retiramos pronto, a las 18:27, realmente estábamos ya un poco agotados del trote, a Lucas le molestaba la planta del pie. Poco después de las 7 de la tarde llegamos a Chantepie, Claudia ya había vuelto de Galicia.

Pasamos toda las semana en Chantepie. El martes hicimos una ruta en bici con Claudia, fuimos hasta el pequeño lago de Vern-sur- Seiche [ver Track]. El miércoles visitamos las urgencias dentarias del Hospital Universitario de Rennes, para que le apretaran a Luis el implante que se estaba moviendo de nuevo. Después nos acercamos a Santa Anne a tomarnos un Sandwich con una pinta de Morgana en el Ti-Anne. El jueves cenamos con Dennis y Annie en La Gavotte, pero antes nos tomamos con ellos una Estrella de Galicia en La Clara. Por fin pillábamos el bar abierto y aprovechamos para presentar nuestra cerveza a nuestros amigos bretones. Tras la cena nos dimos un paseo por el canal y vimos el resultado de las obras de apertura del mismo en la avenida de La Republique.

[0704|sábado] Nos trasladamos hasta Fougères porque allí teníamos cita ese día con un Fest-Deiz en la plaza de Le Beffroiz [Instagram], en el que actuaron Olmaro Dúo, Les Terpieds, Les Goulettes y Gallése Band. Atracamos la nave en el área de autocaravanas del Jardín des Fêtes, donde descansamos un poco y comimos antes de acercarnos al castillo donde a las 8 de la tarde comenzaba el Fest-Noz: Les Mariolles, Kaïfa, Talec/Noguet y Fahrenheit. El evento terminó mas tarde de la 1 de la madrugada. Nosotros, a las 12:40 abandonamos el castillo y nos fuimos a buscar la nave, cansados del baile y del polvo que se levantaba del suelo, y la acercamos al aparcamiento próximo al castillo donde esperamos a Lucas. Llegamos a Chantepie a las 2:06 de la madrugada.

Saint Cast le Guildo
[0706|lunes] Volvimos a Saint Cast le Guildo, donde pasamos al menos la primera semana refrescándonos en su enorme playa, leyendo al abrigo de la sombra de su margen derecha. Allí, cada día, permanecíamos las cinco o seis horas en las que apretaba Lorenzo [Instagram]. Atracamos en el parking del Semáphoro, espectacular espacio con vistas a la bahía y al océano. Desde alli, con las lanzaderas nos acercábamos cada día a la playa grande o a buscar el agua de los «muertitos». La primera tarde fuimos caminando hasta la Plage de la Pissote, caminando por las calles del pueblo y volvimos por la senda de los aduaneros [Instagram], en este camino nos detuvimos a ver el monumento a las víctimas de la Fragata Laplace, que se hundió el 16 de septiembre de 1950 en esta bahía tras chocar con una mina magnética de la Segunda Guerra Mundial, delante del Câteau la Latte. Otra tarde, fuimos ya directamente con las lanzaderas (allí había un parking para bicicletas) a dar nos un baño, esta playa es preciosa. A mí me recuerda a la de Centroña, quizá por la orientación solar, la vegetación y las rocas, pero es más grande. Hay que bajar unas escaleras empinadas para llegar al arenal.

[0711|sábado] A las 18:25 de la tarde abandonamos el parking del semáphoro con rumbo Saint Briac sur Mer, destino del Fest-noz en el que actuaba esa noche nuestro tan querido Olmaro dúo. Lo bailamos todo, hasta nos atrevimos con un Avant-deux de Travers con una pareja de «incautos» que tuvo la paciencia de darnos esa oportunidad. Bueno, no lo hicimos tan mal! Al finalizar el Fest-noz decidimos regresar a Saint Cast y aparcar el Area de Autocaravanas que hay al lado del cementerio.

[0712|domingo] Por la mañana, nos acercamos temprano nada mas levantarnos al Super U de Matignon que estaba abierto. Allí hicimos la colada, mientas desayunábamos y compramos pan. Volvimos de nuevo al área e hicimos el aseo de la nave y, poco después de la once estábamos ya atracando de nuevo en el parking del Semaphoro, esta vez en la mejor de las plazas, la que está al final, a la derecha de todo. Pasamos el resto del día en la playa grande, bajamos como siempre con las lanzaderas pero hoy tuvimos que caminar un poco a la altura del paseo marítimo pues estaba instalado un Marché de Createurs. La marea que estaba ya en coeficiente avanzado y traía a la orilla grandes cantidades de algas de los fondos marinos [Instagram], el aspecto del arenal estaba enormemente cambiado.

[0713|lunes] La meteo nos indicaba que esa mañana iba a ser tormentosa así que decidirnos quedarnos y aprovechar la mañana para leer y actualizar el bitácora. El cielo descargo de lo lindo. El área estaba llena, nadie se movió hasta que escampó y todo el munco comenzó a salir y a moverse. A las 16:45 despegamos rumbo Cavan. Era tarde-noche de fiesta en aquel pueblo y se celebraba un Fest-noz conjunto con una soiré convivial de baile y cena. Lo curioso es que se celebraba en el macro aparcamiento que tiene este pueblo, que incluye un área completa de autocarvanas que no pudimos utilizar esa noche. Atracamos al lado de un pequeño supermercado, muy cerca del lugar de la fiesta.  El Fest-noz comenzó a las nueve y desde la sala en la que se celebraba, donde pasamos mucho calor por cierto, veíamos a través del cristal el resto de la fiesta, el escenario con el animador musical para el baile y las filas de mesas en las que los vecinos daban buena cuenta sobretodo de mules con frites. Además de Zonj, actuaron tres grupos mas de ámbito local: Anne-Marie Nicol & Gwenaelle Pineaou, Georgelin/Barbier y Lintanf-Suignard Junior [Instagram]. Los fuegos no se celebraron. Al parecer, debido a las altas temperaturas, se suspendieron todos los fuegos de la fiesta nacional del 14 de julio programados como es tradición por toda Francia.

[0714|martes] Antes de abandonar Cavan, nos pasamos por el área de autocaravanas a hacer la limpieza de la furgo. El campo de la fiesta ya estaba prácticamente despejado y abierto el acceso. De allí nos dirigimos al parking de la Coriniche, en Plouèzec, donde ya habíamos estado hacía año y medio, solitos, en noviembre cuando vinimos al Yaouank. Cuando llegamos las plazas estaban ocupadas pero aparcamos delante al lado de las mesas y bajamos las lanzaderas pues nuestro propósito era acercarnos a un Fest-deiz que se celebraba en el Moulin de Craca, por la velo-maritime. El lugar, muy chulo al borde de la bahía de Paimpol y al lado del viejo molino medieval, además había parquet. Pero bailamos poco, era uno de esos eventos de baile tan local que músicos y danzarines se lo conocen todo y son en su mayoría piezas poco habituales, supongo que de la zona muchas veces. Además, los músicos tampoco eran muy buenos. Estuvimos sólo la primera ronda de bailes y nos fuimos. Por la tarde teníamos Fest-noz en Lanloup y había todavía que comer y descansar. Y así lo hicimos de vuelta en la nave. Pusimos a cargar las lanzaderas mientras reponíamos fuerzas y salimos de nuevo con ellas entorno a las ocho. En Lanloup nos esperaba un Fest-noz que resultó ser muy sympa, como dicen por aquí los franceses. No había parquet, el suelo era de tierra y yo me puse los pies y las sandalías como croquetas de harina marrón. Aún así nos lo pasamos genial. Cuando llegamos iban a empezar todavía, con retraso, un grupo irlandes liderado por Tony MAC CARTHY, que supusimos debe estar afincado en esta parroquia. Aunque su actuación no estaba pensada para el baile, era sobretodo un concierto, nosotros inauguramos la danza bailando como círculo circasiano una jiga. Después, sonaron algunos temas más que algún que otro bretón animado como nosotros adaptamos a otras danzas: un scotish, un anterdro… Finalmente, cuando comenzó el verdadero Fest Noz, ya estábamos calendados. Y lo cierto es que pocos mas bailarines se fueron incorporando. De hecho, cuando nos dimos cuenta y cuando uno de los organizadores dijo que les estaba sobrando mucha comida (suponían que por haber anulado los fuegos mucha gente no vino), veíamos a nuestro alrededor con un poco de asombro que cada vez había menos personas. Debimos quedar alrededor de 200 como mucho. El baile se hizo agradable porque no había aglomeración y porque lo podíamos bailar todo, incluyo ayudando a los parroquianos con algunos temas que no conocían. Actuaron: Goellaen Larivain (el que tocaba la cornamusa había hecho la percusión en la actuación del grupo irlandés) y Kerloa. Fue muy agradable. Eso sí, daba un poco de pena ver todas las mesas vacías. De vuelta en la nave nos dimos cuenta de que quizá no fuera la suspensión de los fuegos artificiales sino la celebración, esa noche, del partido de futbol en el que España y Francia se jugaban el llegar a la fina del mundial. Los que participamos esa noche del baile estábamos muy al margen de todo eso, en un ambiente sencillo de felicidad serena.

[0715|miércoles] Amenazaba lluvia esa mañana así que guardamos enseguida las lanzaderas, que estaban ancladas en la popa, en el interior de la nave. Habían quedado tres plazas de autocaravanas libres así que nos dejamos caer hacia atrás y ocupamos una de ellas. Allí pasamos el día entero sin bajarnos, prácticamente no paró de llover, leyendo y escribiendo, disfrutando del mar revuelto, crispado por el agua de la lluvia, disfrutando de la excelente vista de este aparcamiento.

[0716|jueves] A las 8 de la mañana madrugamos, habíamos planificado para este día salir temprano y desayunar después, tras comprar pan y bollos en una boulangeríe de un pueblo cercano que nos quedaba de camino. Pero ese día estaba cerrada. Se nos truncó el plan de entrada, pero aún así continuamos hacia el Temple de Lanleff [Instagram], estos de una iglesia románica circular muy peculiar, a donde llegamos 15 minutos antes de las nueve. Al lado mismo del monumento los vecinos estaban montando los toldos y las mesas para una festiva comida convivial en ese pueblo. El lugar, una pequeña y tranquila aldea que cuenta con aparcamiento muy bueno para autocaravanas, con posibilidad de pernocta. No nos quedamos mucho tiempo a pesar de que el lugar invitaba a ello, pero decidimos (erróneamente) continuar el camino hacia Lamballe, a donde nos dirigíamos este día para asistir por la tarde a un Fest-noz en el que actuaba Loaned Fall. Lo hicimos fatal, finalmente terminamos desayunando en el parking del Intermarché de este pueblo, entre coches, en lugar del bucólico aparcamiento de Lanleff. En fin, a veces las cosas salen así, un poco cruzadas. Este fue uno de esos días «fallidos» en los que casi todo se tuerce. Finalmente no hubo festnoz por la tarde a causa de la tormenta (que finalmente no descargó a esa hora sino mucho antes). Tras la compra nos fuimos a acampar al lado del lago de Lamballe mientras esperábamos nuestra cita con Loaned Fall, en la que esperábamos bailar la tan querida «Marie-Luise». Durante este tiempo calló una tromba de agua enorme. Comenzó a llover mientras dábamos un paseo rodeando el agua, íbamos bien preparado con paraguas así que el paseo resultó incluso agradable. Nos cobijamos después en la nave casi todo el tiempo, la tormenta arreció, y nos dedicamos a comer los moules y la aragné que habíamos comprado en el Intermarché (fue aquí donde por primera vez pedimos que nos la cocieran al vapor) . Así que entre marisco y vino pasamos una refrescante tarde. A las siete nos acercamos en la furgo hasta el aparcamiento del Carreour City, cerca del centro y de la plaza donde se iba la celebrar el Fest-noz. Nos acercamos caminando a ver el ambiente y la imagen era desoladora, las mesas alineadas con los bancos subidos en posición de recogimiento, el escenario montado pero vacío sin un solo cable y al lado dos seguratas a los que preguntamos si se suspendía el evento y así nos los confirmaron. Atravesamos la plaza y la única persona con la que nos cruzamos fue «Cocodrilo Dandy» dirigiéndose suponemos a preguntarle lo mismo a la pareja de guardias.
Nos pusimos entonces en contacto con Ángel y Paloma que llegaban esa tarde de España y con quien habíamos quedado de encontrarnos esa misma noche en el área de autocaravanas de Tramain. Dadas las circunstancias nos fuimos para allí inmediatamente, ellos acababan de llegar. Comenzamos unos días muy turísticos. Nos tocaba hacer de anfitriones, pues fuimos nosotros quienes le invitamos a acercarse ese verano para estrenar de este modo la furgo que durante dos años estuvieron camperizando delante de nuestras narices. Comenzamos unos días muy turísticos. Nos tocaba hacer de anfitriones, pues fuimos nosotros quienes le invitamos a acercarse ese verano para estrenar de este modo la furgo que durante dos años estuvieron camperizando delante de nuestras narices.

Ángel y Paloma
[0717|viernes]
Aseamos y salimos aproando ambas naves a la campa de Dinan, un buen lugar para comenzar este periplo. Les llevamos a ver el puerto y el centro de la villa, allí encontramos en un a calle a una «vieja amiga», me gustó mucho volver a verla [Instagram]. Por la tarde nos acercamos caminando hasta la abadía de Lèhon, por el camio arbolado primero y volviendo por la pista de Halage. Aquí descubrimos al bode entre los árboles unas vías de escalada.

[0718|sábado] Después del desayuno fuimos hasta el Menhir del Champ Dolent [Instagram], y después tratamos de entrar en Dol de Bretagne pero la cosa estaba un poco complicada porque había marché, así que decidimos ir primero a Mont Dol a enseñarles las vías de escalada. Desde allí, mientas Ángel y Luis se entretenían con las paredes, Paloma y yo nos acercamos en las lanzaderas hasta Dol, a ver el marché y a comprar pan de Fagots de Froment en el Intermaché. Otras veces lo tenían, no en esta ocasión, aprovechamos para coger una lechuga. Ya de vuelta, a la sombra del pie de vías en el que habíamos atracado las furgos nos tomamos un aperitivo. Por la tarde visitamos con mas tranquilidad Dol de Bretagne, la villa de la catedral inacabada. Esa noche la pasamos en el aparcamiento de autocaravanas La Madelaine de Hédé-Bazouges, al lado del canal, donde habíamos quedado con Claudia y Lucas para cenar. Trajeron una carne para compartir, que acababan de comprar tras su día de travesía en la piragua que estaban estrenando.

[0719|domingo] Lucas y Claudia siguieron su ruta por el canal hasta Lèhon para desde allí hacer recorridos por el canal. Nosotros convencimos a Ángel y Paloma para que cogieran sus bicicletas y recorrer con ellos un tramo del camino de sirga, desde las once esclusas que teníamos al lado hacia el sur. Recorrimos apenas 10 kilómetros (casi 20 ida y vuelta) pues Paloma no estaba muy entrenada. Aún así les sirvió para vivir un poco el ambiente del canal. Por la tarde marchamos hasta Vitré, otra de nuestras ciudades de carácter preferidas. Atracamos de nuevo en la plaza de la Gendarmería y dimos un paseo para reconocer las calles medievales, la iglesia de Notre Dame y su bonitas vidrieras [Instagram] y el castillo. Después de cenar nos acercamos de nuevo al centro para ver la iluminación nocturna [Instagram], en un bar de la plaza de la iglesia había ambiente futbolero. Esa noche se celebraba la final de mundial entre España y Argentina y habían puesto pantallas por la calle para seguir el partido.

[0720|lunes] Hicimos la compra en el Super U de Vitré y pusimos rumbo a Rennes. Atracamos en el campus de la Uni de Lucas, pues el aparcamiento pequeño de al lado que solíamos utilizar cuando vivían en la casa cubo estaba en obras. Desde allí nos dirigimos en autobus al centro, nuestros invitados no estaban por la labor de sacar las bicis. Bajamos en la Place de la Republique y entramos en la parte vieja rodeando antes por la nueva abertura del canal y accediendo por las puertas Mordelaises, las únicas que quedan de la vieja muralla que acaban de ser restauradas. Habíamos estado allí unas semanas antes con Annie y Denis, viendo cómo habían quedado. Esta mañana con Ángel y Paloma recorrimos las calles mas antiguas de la ciudad y tomamos, como no unas Morganas en el Ti Anne, a la salud de Santa Margarita.
Esa tarde nos acercamos a Malestroit para hacer noche en la super campa al lado del canal. Antes, paramos en Monteneuf para mostrarles el parque de menhires.

[0721|martes] Después del desayuno pasamos por el punto de limpieza para las autocaravanas y pusimos rumbo a las paredes de Île aux Pies, dispuestos a escalar. Pero al llegar nos encontramos con un grupo de un campamento infantil que tenían copadas casi todas las vías con cuerdas. Aún así Ángel y Luis pudieron hacer alguna vía, yo me retiré a la furgo a aprovechar para poner un poco al día la bitácora. Mientras me lavé también la cabeza y cocí una pota de patatas. Cuando volvieron marchamos hacia el parking de autocaravanas al oeste de Josseline, en Pleugriffet donde pasaríamos el resto de la tarde y la noche. A última hora de la tarde nos acercamos con las bicis hasta vieja la capilla de Pomeleuc. Después, antes de dormir, partida de Rumie.

[0722|miércoles] Bajamos con las bicicletas hasta Josseline y allí pasamos buena parte de la mañana y el mediodía [Instagram]. Paloma entró a ver el castillo. Después tomamos un helado al lado de la iglesia. De vuelta en la campa, comimos y descansamos el resto de la tarde. Ángel y Paloma se dieron un paseo por el otro lado del canal. De noche, nueva partida de Rumie.

[0723|jueves] Hoy nos fuimos hasta Pontivy y aparcamos en el área de autocaravanas. Nos dimos un buen paseo visitando la ciudad. Por la tarde, les convencí para coger las bicis e ir canal arriba hacia la zona de las esclusas encadenadas. Ánel y yo llegamos hasta el punto mas alto. A Paloma le molesta bastante el asiendo y se cansa de estar montada. Luis se quedó con ella esperando.
Lucas y Claudia vinieron a cenar y a pasar la noche con nosotros. Cuando llegaron yo había había tenido tiempo de hacer una tortilla para acompañar el pescado panado que teníamos Luis y yo para cenar aquel día.

[0724|viernes] Esta mañana después de desayunar nos separamos de Ángel y Paloma. Nosotros vamos a pasar el fin de semana en Gourin, en la Fête de la Crêpe y ellos aprovecharán para visitar Vannes, Auray y los alineamientos de Carnac, siguiendo las indicaciones que les habíamos dado. Ellos marcharon primero, nosotros salimos con Lucas y Claudia que iban a pasar unos días al Lago de Guerledan a navegar. Los acompañamos hasta allí pero antes de abandonar Pontivy fuimos juntos a hacer una compra. Cogimos una aragné que pedimos que nos cocieran y la tomamos con ellos mas tarde al borde del lago.
Fue en ese momento cuando nos llegó la noticia de que estaban evacuando Robledo de Chavela, junto a otros pueblos mas de la zona a causa de un terrible incendio forestal que se estaba extendiendo desde Avila. Entonces le pusimos un mensaje a los tíos que nos llamaron inmediatamente. Estaban abandonando el pueblo, en dos coches, con Nuria y sus hijos. Enseguida dispusimos todo para que se fueran a alojar a nuestra casa. Hablamos con Marta que salía de trabajar en ese momento y ella y Álvario se encargaron de acogerles.  Mientras nosotros salíamos rumbo Gourin, escuchando en la ser las noticias del macro incendio que estaba desalojando a decenas de miles de personas. Teníamos todavía pendiente hacer la colada, ya habíamos preparado toda la ropa por la mañana. Tratamos de hacerlo primero en una lavandería en el centro de Rostrenen, pero nos pareció muy cutre y seguimos a otra que teníamos igualmente fichada en Gourin y que resultó igualmente cutre. Aún así no nos quedó más remedio que utilizarla. Atracamos la nave a la puerta del establecimiento y eso nos facilitó mucho la comodidad. Una de las dos lavadoras que pusimos rugía como una locomotora antigua. Mientras hacíamos el proceso de lavado seguíamos escuchando las noticias y hablando con Campo Base para ver como iba todo por allí. Poco antes de las 9 llegamos a la campa de Gourin y atracamos en el mismo punto que el año pasado, a pesar de que quedaba mucho espacio libre no quisimos complicarnos la vida y creo que adoptamos una buena decisión. Comenzaba así un finde esperado en el que la tranquilidad y la felicidad de las fiesta se vieron un poco empañadas por las noticias que llegaban de España. Casi al mismo tiempo que nosotros nos instalábamos en esta maravilla de lugar, lo hacían los tíos y los primos en nuestra casa, bajo la tutela impagable de Marta. Un cielo!

Fête de la Crêpe
El recuerdo que tenía del año anterior nos trajo hasta aquí con mucha ilusión, decididos a disfrutar de un entorno maravilloso donde la fiesta, a pesar de ser multitudinaria, resulta tranquila y muy agradable. El punto de acampada para autocaravanas, que es enorme e inagotable, se encuentra en el bosque que rodea la amplia explanada en la que se celebra el evento. Al lado, un hayedo precioso [Instagram] y el Domain de Tronjoy. Ya solo el espacio es todo un lujo, pero es que además, el plantel de músicos que participan en esta ocasión en los Festnoz es bastante bueno. El sábado no paramos de bailar con Kelt Duo, el grupo de Jean Charles Guichen y Shô!. Abandonamos el parquet a la una y media de la madrugada cuando ya apenas quedaban bailarines y los pocos chavales eufóricos de alcohol que quedaban eran mayoría. El domingo: Carré Manchot, DigaBestr, Stervinou/Broustal y el «chunda-chunda» David Pasquet (mejor este último descartarlo la próxima vez como ya hicimos el año pasado en Lorient). El Festnoz acabó este último día a las 10 y media de la noche.

Además de bailar un montón de Circiulos Circasianos, Gavottes (lentas, de las de por aquí), Scottis, Kost-ar-croads, Mazurcas…etc. Lo cierto es que lo dimos todo…, disfrutamos también un poco viendo un rato el concurso mundial de crepes (aquí se produjo un pequeño accidente: Luis se cayó sobre un niño al descender por la grada, todo quedó un un susto) y después con las danzas de los grupos coreográficos. En esta ocasión nos gustó mucho el del sábado, era de Sant Maló y tanto ellos como los músicos que los acompañaron hicieron un espectáculo muy vistoso [Instagram]. El grupo que actuó el domingo, además de llevar la música enlatada, resultó ser muy soso.

El domingo por la noche llegaron Ángel y Paloma, les habíamos mandado la ubicación y anclaron su nave a la nuestra. Al día siguiente retomaríamos el periplo bretón poniendo rumbo al Finistère.

[0727|lunes] Abandonamos la campa y antes de dejar atrás Gourin pasamos a hacer la limpieza de las naves en el área de autocaravanas. Después tiramos hacia el Finistère y de camino paramos en Pleyben, Quilimiliau y Lampau para que vieran algunos ejemplos de los Enclós parroquiales. También subimos a los Montes Arretés, pero nos quedamos sin subir a la cumbre porque estaba prohibido durante las horas del mediodía a causa del riesgo de incendio por altas temperaturas. Nuestros planes se vieron cambiados con una llamada de Lucas mientras nos movíamos en la furgo de un enclós a otro. Tenía un problema con la batería del interior, se le habían quemado los conectores y no podía cargarla, sólo con las placas solares podía mantener un poco de carga. Así que tocaba volver a casa y ponerla a punto y requería la ayuda de Luis pues el no se atrevía a hacer sólo el arreglo. De todos modos había que esperar a que llegar la pieza que había pedido y que tardaría 48 hotas, por lo que disponíamos al menos de 24 antes de retornar a Chantepie.
Continuamos el viaje con Ángel y Paloma hasta el área de autocaravanas de Ploumoguer, donde habíamos estado durante la canicule y allí pasamos ese tiempo. Nada más instalarnos preparamos la comida y tras el descanso oportuno nos acercamos al atardecer a la Punta de Corsen, ellos en su furgo y nosotros con las lanzaderas. El horizonte estaba encapotado y no hubo puesta de sol bonita.

[0728|martes] Por la mañana hicimos mas o menos lo mismo, fuimos hasta Le Conquet, ellos en su furgo y nosotros con las lanzaderas. Visitamos el pueblo, había marché, y después nos acercamos hasta el aparcamiento del faro. Allí, ellos se subieron a las lanzaderas para acercarse hasta la punta del faro mientras nosotros permanecimos en su nave tomando una Morgana que les cogimos en la nevera. Cuando volvieron repetimos cerve y allí nos despedimos. Nosotros teníamos que volver a Cnantepie y ellos continuaban desde allí su viaje.
Volvimos hasta el área de autocaravanas a recoger nuestra nave y, antes de salir, tomamos un pequeño bocadillo. Partimos a las 16:55 después de vaciar grises y negras, y llegamos a Chantepie a las 19:10, casi al mismo tiempo que Lucas y Claudia que estaban ya haciendo la gestión de los coches para hacerles sitio a las furgonetas delante de casa.

Festival Inteterceltic de Lorient

[0730|jueves] Después de dos días resolviendo temas domésticos, por la tarde ponemos rumbo a Lorient. La cuenta atrás para el FIL estaba llegando a su fin. Paramos en Long Champs a hacer la compra y dormimos en el aparcamiento del Super U a las afueras de Josselin. Un lugar muy tranquilo, rodeado de verde, donde hay unas plazas dedicadas a autocaravanas. Estuvimos prácticamente solos. A la mañana siguiente aprovecharíamos para comprar soja.

[0731|viernes] A las 12:08 horas entramos en el área de autocaravanas del Castle Kerdurand. Nos costó un poco encontrar la plaza ideal para instalarnos. La que habíamos utilizado el año anterior estaba ocupada y hubimos de dar dos vueltas al ruedo. No era fácil conjugar sombra con suelo llano. Finalmente encontramos una adecuada, cómoda y relativamente cerca de la entrada, pensando en los trasiegos diarios que íbamos a realizar con las lanzaderas. Enseguida lo dispusimos todo y salimos con ellas hacia Locmiquelic. Poco antes de las 2 de la tarde llegamos a puerto de Pen Mané donde nos esperaba ya casi listo para zarpar el primer barco. La emoción de nuestra primera travesía [Instagram], la llegada y primer atraque en el Quai de la Bretagne, la música ya sonaba por todas partes.

…Y qué contar del festival de Lorient…  Diez días por delante, de inmersión, música y baile sin parar. Durante este tiempo «el Mundo se queda fuera». La rutina diaria de levantarse, desayunar ya cerca de las doce y marchar a coger el barco. Mediodía en Le Quai, tardes en La Truie y noches en Le Kleub, en la Sala Carnot o de nuevo en Le Quai. Paseos por las terrazas, la plaza de los países celtas, las tabernas y los stands, donde la música siempre lo preside todo y a veces te sueltas a bailar entre la gente que pasa o simplemente está mirando a uno de los escenarios posibles.
Hicimos un documento con valoraciones sobre los grupos. Hemos visto a más de 60 formaciones, algunas resultaron ser grandes descubrimientos, muy sorprendentes como el Duo Marin Bodeau [Instagram]. Esta vez no solo pudimos disfrutar de Le Kleub sino que nos hicimos expertos y llegó a convertirse en el lugar ideal de descanso a última hora de la tarde, cuando abren este espacio y todavía no se ha llenado de gente, al margen del barullo del resto del recinto del festival. También descubrimos el ambiente vespertino de La Truie e Sa Portée donde más de una tarde danzamos apretados y en cuesta, pero felices. Lo mejor: Digriesk (en Le Kleub y en La Truie… [Instagram]),TitoM (igualmente en ambos sitios), Kelt Duo (en La Truie, dos tardes distintas), Blue Glaz, Maison Girault y Safar (en Le Quai).
Durante el FIL no solo disfrutamos del espectáculo de la música. Este tiempo nos permite compartirla con compañeros con los que vamos coincidiendo de Festnoz en Festnoz. Conocerlos mejor y disfrutar del entrañable carácter de los bretones, en particular de los vecinos de Locmiquelic que en euforia festiva amenizan por la noche alguna que otra travesía. La anécdota de este año la protagonizó un paisano que organizo a todo el embarque a cantar con el a coro la canción de John Kanaka. También tuvimos oportunidad de conocer mejor a la habíamos bautizado como la «abuela de Lorient». En realidad se llama Marie Yvone, vive en un pueblo entre Vannes y Auray, y viene al FIL en autocarvana, con su hijo. Así es como se suele mover de un Festnoz a otro, porque tanto este año como el anterior hemos coincidido con ella repetidas veces. Ahora ya nos hemos presentado y nos nos conocemos mejor mutuamente. Una a amiga nueva.

INSTANTES DEL FIL

[0810|lunes] Abandonamos el área poco antes de las 12 horas. Lucas, que había llegado el lunes anterior y había atracado en la parcela al lado de la nuestra, salió igualmente con nosotros. El puso rumbo a Chantepie y nosotros continuamos por la zona, bagando un poco sin rumbo fijo, buscando sobretodo el descanso. Los diez días del FIL siempre pasan factura. Aún así, como si no fuera suficiente, esa misma noche recalamos en un nuevo Festnoz. ¿Y cómo fue…? Pues el caso es que abandonamos Lorioent, no sin antes hacer una compra en el Intermarché. Por cierto que para llegar al supermercado hubimos de atravesar el centro de la ciudad y fue un poco triste pasar con la fugo por las vías peatonales del FIL, ahora abiertas de nuevo al tráfico, por delante de instalaciones con Le Keub que estaban a medio desmontar. Tras la compra salimos hacia un punto de atraque que habíamos buscado cerca del Blavet hacia el norte y al pasar por una rotonda en Languidic, vimos un cartel que anunciaba la Fête des Menhirs, y fue una parada casi en seco. A pocos metros detuvimos la nave e investigamos. Resulta que esa misma noche había un Festnoz y que actuaba Plantec. Había que ir! El lugar resultó curioso y entrañable. Pudimos atracar en una amplia pradera de aparcamiento habilitada para las autocaravanas justo al lado del bosque en el que llevaban ya tres días celebrando la fiesta. Allí, en medio de aquella espesura arbórea tenían instalado un auténtico poblado bretón, casetas construidas con maderas, mesas corridas y mostradores, reproduciendo el ambiente de la aldea gala de Asterix. Algunos paisanos vestidos con pieles y cascos con cuernos. El lugar no podía ser más entrañable. Habíamos ido a ver que se cocía por allí y de entrada nos gustó y decidimos quedarnos. Pasamos la tarde descansando y comiendo al lado de la fugo. Al lado se instaló con una camper que tenía en venta, una mujer que llevaba un perro precioso y que se acercó al ver que éramos españoles. Nos dijo que se apellidaba López. Yo inmediatamente asentí y le dije que debíamos ser primas pues mi apellido era el mismo. Por la noche nos acercamos al Fest Noz y, al principio muy bien, aunque el suelo era de hierba (extraordinariamente seca este verano) y tierra, como todavía había poca gente no se estaba mal. Allí coincidimos con viejos conocidos que, al igual que nosotros, venía de Lorient, como Marie Yvone. Actuaron además de otro grupo, dos de las chicas de Blue Glaz haciendo cant-discant. Pero cuando empezó Plantec, aquello se lleno de gente y tuvimos que huir de allí. Se levantó una polvareda enorme duerante un PassPie que yo casi me ahogo respirando tierra. Finalmente terminamos bailando en la pista de asfalto que rodeaba el bosque (cortada por la fiesta) que estaba justo detrás del escenario: un Círcule Circasienne y un Kost-ar-croad. La música llegaba muy bien allí y el sonido filtrado entre los árboles, al igual que la luz difusa entre las ramas, recreaba el ambiente mágico de las fiestas de Asterix con las que remataban sus aventuras.

[0811|martes] Ahora si que estábamos necesitados de descanso y se anunciaba además una nueva caninule, por lo que pusimo rumo esa mañana al área de caravanas de Poul Fetan, a donde llegamos a las 10:25 horas buscando una buena sombra. Y la encontramos porque el espacio no solo era muy amplio y verde sino porque estaba rodeado de buenos y altos castaños. Es el aparcamiento de una instalación turística en la que se muestra el mundo rural y antiguo de la Bretaña. Donde nos instalamos es el apartado que tienen para los coches vivienda, al lado hay otro más amplio para los vehículos convencionales que transportan a los turistas que se acercan a conocer el lugar. Nosotros permanecimos allí dos días, al margen de toda esta feria, de hecho apenas nos enteramos del movimiento de gente. Nada más llegar nos instalamos y pasamos el día entregándole a nuestro cuerpo el merecido descanso.

[0812|miércoles] Es la fecha del eclipse, de la que tanto habíamos oído hablar en los últimos meses. Pero aquí en Francia no hay tanta expectación. Por curiosidad yo estuve investigando en los medios a ver cómo se disponían los franceses a pasar esta data astronómica, no en vano estábamos tan cerca de la franja del eclipse como un gaditano. El caso es que por aquí decían que el eclipse se vería en un 96%, cifra que desde mi ingenuidad me pareció elevada. Pero no era tal, al parecer, o es al 100 por 100 o el efecto no se aprecia apenas. Aún así, tratamos de vivirlo.

Durante el día hicimos una ruta en bici por el canal del Blavet al que nos acercamos bajando, sino despeñándonos, por una trocha a través del bosque que separa nuestro punto de atraque del nivel en que discurre el agua. Nos incorporamos al camino de sirga en Pontaugan y subimos hasta el puente donde habíamos dejado el recorrido el año anterior bajando desde Saint Nicolás des Aux [Track]. Igual que hicimos la otra vez subimos hasta la capilla de Saint Adrien de a ver la exposición de arte que, al igual que la otra vez, resultó curiosa [Instagram]. Al mismo tiempo buscábamos una fuente para conseguir agua, nuestras reservas estaban al límite. No tuvimos éxito, ni siquiera el hombre que cuidaba la capilla pudo decirnos nada. Continuando nuestra ruta pasamos por delante de la iglesia de Notre Dame de la Trinité en Quistinic y allí en el atrio encontramos un grifo espléndido en el que pudimos saciar nuestra sed y llenar todas las botellas que llevaba en el cesto, que no eran pocas.

En una farmacia de Quistinic intentamos comprar unas gafas para el eclipse, pero estaba cerrada. En la puerta, la farmacéutica había dejado un esquema con las instrucciones para construir con una caja de zapatos una cámara de refracción con la que se pudiera observar el fenómeno. Al llegar al campamento, Luis se dedicó a la construcción de ese artilugio (cámara estenopeica) con una caja de pasta Barilla. Funcionaba… pero no fue suficiente para apreciar bien el fenómeno. Aquí la luz nos de fue del todo, simplemente en el momento más elevado del eclipse (según la hora fijada por una aplicación para este punto geográfico en el que nos encontrábamos: las 20:20:02) nos pareció que la tonalidad lumínica del espacio en el que nos encontrábamos había disminuido un poco. Nos acercamos con las lanzaderas al borde de una pradera orientada al oeste, donde encontramos algúnas personas más que curioseaban lo mismo que nosotros. Seguimos el evento a través del Instagram de La Voz de Galicia que emitía en directo desde le monte San Pedro. Fue un poco frustrante, enseguida comenzamos a recibir imágenes y comentarios de quienes lo estaban viendo, en Galiza y en Manzanares, donde se encontraban Marta y Álvaro subidos a la cuerda del Castillete, al lado de Caraperro. La verdad es que me he quedado un poco triste por no haber estado allí, por no haber vivido ese momento en el lugar adecuado, en casa. Debió ser impresionante y me hubiera gustado verlo in situ. Estuve tocada un par de días dándole vueltas a la cabeza, imaginando la sensación sentida por quienes vivieron ese momento: en medio de la ría, en la playa, en la montaña…

[0813|jueves] Teníamos que asear la nave así que aprovechamos para cambiar el atraque. Primero nos acercamos al área de autocaravanas de Lanvaudan y de allí al parking a orillas del Bravet en el Pont Neuf de Languidic. Buscábamos también la sombra, la caninule seguía todavía con nosotros. Estuvimos allí muy bien, leyendo, sentados fuera de la furgo. La gente se bañaba en el embarcadero. Pero entorno a las 4 de la tarde ya el sol comenzaba a invadir nuestro espacio así que decidimos movernos, río arriba pero por la otra orilla llegamos hasta una zona de baño en Minazen, por la que habíamos pasado el día anterior con las lanzaderas, y allí encontramos un buen lugar de sombra y verde para instalarnos donde pasaríamos las 24 horas siguientes.

[0814|viernes] Temprano, antes de desayunar, salimos con las lanzaderas a recorrer el tramo del Blavet desde Pontaugan y Pont Neuf que teníamos proyectado para el día anterior. La mañana estaba fresca y soleada, y el río precioso. El paisaje de este canal es muy peculiar, diferente a otros que hemos recorrido, las laderas que lo rodean tienen cierta altura y están plagadas de árboles y bosques. A la vuelta, nos instalamos bajo la copa de un carballo cuyas ramas casi tocan el agua del río, un espacio refrescante en el que desayunamos y pasamos una mañana de lujo leyendo. A primera hora de la tarde preparamos allí mismo, sin movernos, los ingredientes para elaborar la comida del día. Terminaríamos de hacerla en el parking al lado de la Maison de Santé de Le Faouët, pueblo donde esa noche se celebraría el primero de los tres Fest Noz que teníamos programados para ese fin de semana. El escenario de lujo: Les Halles de la villa que finalmente no resultó tan bueno porque se les ocurrió forrar este espléndido edificio con lonas y el calor interior no salía, el aire no se renovaba y dentro nos juntamos mucha gente. Aún así disfrutamos una vez mas con el genio de las Blue Glaz [Instagram]. También acuarion Ampuailh, Stark, Fall Foen y David Pasquet (por suerte este fue el último y no nos quedamos a verlo por razones evidentes: cansancio, calor y porque no nos gusta mucho su estilo).

[0815|sábado] Tras el desayuno nos acercamos caminando al pequeño Carrefour que había cerca del aparcamiento a comprar algo de soja. Después fuimos hasta un área de picnic al lado del río, desde allí subimos caminando por un sendero hasta la Cahapelle de Sainte Barbe [Track], construida por un noble a quien esta santa salvó de una tormenta terrible. El camino de subida entre hayas y carballos es muy bonito, pero nos entristeció un poco pisar aquel suelo reseco entre una vegetación abrasada por la sequía. El sonido de la campana nos acompañó todo el recorrido y, lejos de ser un reclamo religioso, comprobamos al llegar que el singular campanario encaramado en lo alto del recinto, al que se accedía por unas enormes escaleras de piedra con balaustrada, invitaba a cada visitante de a mover el badajo contra el pesado bronce [Instagram].

Al bajar nos tomamos un refresco en la furgo y esperamos bajo la refrescante sombra a que bajara un poco la temperatura. Nuestro siguiente objetivo era visitar la Chapelle de Saint Fiacre que atesora uno de los retablos más bellos de madera policromada de Bretaña [Instagram], y decidimos hacerlo en coche, pues aunque hay un sendero que une ambos santuarios el día caluroso no lo hacía muy apetecible. La parada se encontraba en la ruta que nos llevaría más tarde hasta una nueva cita Fest Noz, de las tres que teníamos programadas para ese fin de semana. 

Entorno a las ocho de la tarde atracamos la nave en el apretado parking de autocaravanas de Concarneau. Nos embutimos como pudimos, no nos importó, estaba muy cerca del puerto y sólo queríamos tener la oportunidad de pasar la noche. Era el último día del Festival des Filets Bleus y esa noche actuaba TitoM [Instagram]. Disfrutamos como enanos, lo bailamos casi todo a pesar de lo abarrotado que estaba el puerto y la poca afición a la danza de la mayoría del público. Cuando llegamos quedamos impresionados por la instalación del evento: una enorme carpa que albergaba gran cantidad de mesas, tres pantallas gigantes de vídeo para reproducir lo que pasa en el escenario, enormes medidas de seguridad. Miles de personas lo llenaban todo, siguiendo con gran pasión la actuación de un grupo de cantantes que finalizaban en ese momento su espectáculo y que al parecer se trataba de un homenaje a un cantante francés joven y muy popular que ya estaba muerto. El público sabía todas las canciones. Al acabar toda aquella gente se convirtió en una marea humana que fluía hacia la puerta de salida del recinto, mientras nosotros avanzamos en la contra hacia el escenario donde los músicos de TitoM afinaban sus instrumentos.

[0816|domingo] Abandonamos pronto aquel lugar. Nada más desayunar pusimos rumbo a Auray con la esperanza de poder atracar la nave en el aparcamiento que hay cerca del cementerio, en la parte alta donde habíamos pernoctado ya hacía unos años, y bajar dando un paseo hasta el puerto. Pero fué imposible, no había un hueco, aún así pudimos asear la nave en el área de servicios y nos fuimos hacia Vannes, donde pondríamos el broche de oro a los Fest Noz de ese finde en el último del Festival D’Arvor. Atracamos la nave en el parking de la Universidad, y bajo la sombra de un árbol pasamos el mediodía y parte de la tarde. A las siete salimos caminando hasta el centro, a Les Remparts, donde se celebró el último Fest Noz del festival. Lo mejor, Maison Girault y Loened Fall, estos últimos tocaron la Marie Louise y la emoción se nos puso a flor de piel mientras bailbamos al son de los primeros compases del Kost-ar-C’road tan familiar para nosotros [Instgram]. También actuaron el duo Talec/Leroy haciendo su espectáculo de “La Centrale” y Spontus & Invités (quienes nos decepcionaron enormemente, puesto que incluso desafinaron). Terminamos marchándonos antes de que finalizara la actuación de Spontus pues no nos estaba gustando nada oirlos, y ya eran los últimos.

[0817|lunes] Quedamos con Lucas y Claudia de ir a verles donde estaban ellos acampados esos días, a orillas del lago Saint-Michel (también conocido como lago de Brennilis) en las marismas de Yeun Elez, al borde de los Monts d’Arrée. Al salir de Vannes recogimos a una pareja que estaba haciendo autoestop en dirección Pontivy. Nos contaron que iban a pasar unos días a casa de unos familiares que vivían a las afueras de esa ciudad, en un pueblecito que se llamaba Saint-Thuriau. Los acercamos hasta el lugar al que iban y los dejamos delante de la casa, y desde allí nos acercamos cómodamente al Intermarché de Pontivy a hacer una compra. También nos acercamos al área de autocaravanas a hacer un reseteo. A las 17:22 llegamos al punto de encuentro con los hijos, el aparcamiento del dolmen Ty ar Boudiged donde pasamos la noche [Instagram].

[0818|martes] Por la mañana nos fuimos con las furgos a orillas del lago Saint Mitchel y allí desayunamos. Después hicimos el circuito de Yeun Elez [Track], casi quince kilómetros circunvalando la laguna, por las pasarelas de las marismas, el pantano y la vieja central nuclear. Los monts d’Arrée vigilaban desde el oeste [Instagram]. Nos llovió un poco, sobre todo al principio, pero finalmente nos libramos de un buen chaparrón, aunque el cielo se mostraba a veces amenazante. Esa tarde decidimos volver a dormir en el mismo lugar que la noche anterior. Esta vez tuvimos que cenar dentro de la nave porque a última hora comenzó a llover sin parar.

[ê0819|miércoles]  Pasamos la mañana juntos, los hijos aprovecharon para ducharse y nosotros lo haríamos en el área de autocaravanas de Callac a donde llegamos a las 14:46 horas. Después de una buena ducha y un refrigerio, nos desplazamos con la nave hasta el intermarché de este pueblo, le echamos una visa al parking al lado del lago y, finalmente, volvimos a instalarnos al AC, donde preparamos la cena y pernoctamos aquella noche.

Saint Loup

[0820|Jueves] Después del desayuno y tras resetear la nave pusimos rumbo a Guingamp, con todo listo para pasar un fin de semana inmersos en el Festival de Saint Loup, uno de los acontecimientos de danza y música más antiguos de Bretaña, donde tendríamos la oportunidad de conocer y aprender a bailar La Dérobée. A las 12:37 llegamos al aparcamiento de autocaravanas Saint Sebastien y atracamos la nave en una de las mejores plazas, justo a la entrada, donde no nos sentiríamos tan apretados. Buscamos bien el sitio puesto que allí habríamos de permanecer por lo menos hasta el domingo noche, momento en que seguramente los niveles de la nave se acercarían al rojo.  

Esta pequeña ciudad nos enamoró desde el primer momento. Fue todo un acierto venir aquí, habíamos pasado muchas veces cerca por la autopista y no esperábamos que se tratase de una villa tan bonita, bien cuidada y con tanta vida histórica y cultural. Todo ello aderezado con un evento como el que nos ha traído en esa ocasión, hizo que nuestra estancia aquí no la olvidemos en mucho tiempo y que, además, se convierta en cita/lugar ineludible. Descubrimos el Centre d’Art Gwinzegal, dedicado principalmente al desarrollo de la creación fotográfica. La instalación principal ocupa el edificio de lo que era la antigua prisión de Guingamp, muy bien restaurado y adaptado a este noble fin [Instagram]. Allí tuvimos oportunidad de ver una exposición temporal muy interesante: “Nous autres”, fruto del encuentro entre la fotógrafa americana Donna Gottschalk y la escritora francesa Hélène Giannecchini. 

Todo esto, al margen del festival que llenaba esos días las calles de música y bailarines desde primeras horas de la mañana. Por diferentes plazas los círculos célticos que participaban en la edición de este año presentaban sus composiciones [Instagram]. Tuvimos la oportunidad de apuntarnos a un mini curso de iniciación a la danza de La Déborée que se celebraba en el atrio de la iglesia.

Esto nos permitió, además de divertirnos, introducirnos en la complejidad de los pasos y valorar mejor el desfile concurso del sábado por la tarde, en el que todas las agrupaciones bajan por la rue de Notre-Dame bailando esta danza.

El viernes y el sábado por la noche fuimos a sendos Fest Noz. En el primero actuaron Ital Express, Enneade (muy bueno este grupo de voces femeninas [Instagram]), Ebrel/Suignard-Bouliou, Urvoy/Malrieu y Barok. Pero el bueno-bueno fue el del sábado, que empezó antes a las 7,30, con Fall Foen, Safar (increíbles), Les Soeurs Udo, el duo Breudeur Ar Vraz (dos chiquitos con saxo y acordeón diatónico que prometen mucho y que precisamente esa tarde acompañaron al grupo que ganó el challenge de La Dérobée) y qué decir de Jean-Charles Guichen Groupe [Instagram]. 

El domingo al mediodía se desarrolló el desfile de grupos por las principales calles de la ciudad. Nosotros tuvimos oportunidad de ver casi todos al inicio pues salían por detrás del recinto de la vieja prisión. Después nos acercamos también a ver el final del paso por la rue de Notre-Dame. Cuatro de ellos se pueden ver en Instagram [1, 2, 3 y 4]. Por la tarde, cuando estábamos atravesando el río por la pasarela para ir a ver la Dérobée de Clôture nos encontramos a Philippe y ya nos acompañó hasta la rue de Notre-Dame a ver el desfile [Instagram]. Allí mismo nos propusimos que el año que viene trataremos de bajar bailando. Para ello, repasaremos todo el año los pasos de la danza y volveremos a inscribirnos en el curso de iniciación pues suponemos que allí nos indicarán como apuntarnos a esta dérobée popular.

A las 20:25 abandonamos el atraque de Guingamp y nos dirigimos a área de autocaravanas de Ploumagoar. Llegamos en apenas 8 minutos pero nos encontramos con que la borna de servicios no tenía agua. Aun así nos quedamos ya a pasar la noche pues teníamos margen para aguantar todavía.

[0824|lunes] Zarpamos a las 11:25 y nos dirigimos primero al intermarché de Guincamp y después nos acercamos al centro con idea de comprar pan y caramelos de mantequilla salada, pero este segundo objetivo no lo pudimos cumplir pues la dulcería cerraba los lunes. A las 13:10 pusimos rumbo al norte e hicimos una parada técnica en el área de autocaravanas de Plouéc-du-Trieux: aseo corporal y de nave.Terminamos a las 15:20 toda la tarea y, con los niveles llenos, aproamos a Pontrieux y al llegar allí en menos de 10 minutos atracamos al lado del río a la altura del puente del ferrocarril. La Venecia del Tregor le llaman a este pequeño pueblo y… bueno, la verdad es que nos decepcionó un poco. No era para tanto, lo único curioso son los lavaderos antiguos que se conservan salpicados por ambas márgenes del río. Los tienen decorados con ropas antiguas colgando y organizan paseos en pequeñas barquitas para recorrerlos. Tratamos de comer un helado rico pero no encontramos ninguna heladería que nos sugiriera. En definitiva este pueblo no nos retuvo demasiado tiempo, lo recorrimos enseguida, incluido el puerto donde pensamos que podría ser un buen lugar para pasar el resto de la tarde y la noche. Finalmente decidimos marcharnos, lo cual fue una muy buena idea porque el lugar que escogimos para la pernocta, el aparcamiento del castillo de La Roche Jagu resultó doblemente interesante. El dominio, una impresinante casa fortificada dle siglo XV destaca por sus jardines y su posición sobre el río Trieux [Instagram]. Allí, además de pasar una noche muy tranquila, pudimos tomarnos al día siguiente el helado anhelado esa tarde en Prontrieux. 

[0825|martes] Los terrenos de este dominio guardan algún que otro secreto. Lo más destacable son las creaciones con mimbre, algunas espectaculares [Istagram]. Pero las instalaciones estaban un poco abandonadas, en parte suponemos que por la sequía. Hicimos un recorrido [Track] que nos llevó por todos los rincones, jardines y huertos, y nos bajó hasta el embarcadero del río [Instagram]. Después de tomarnos el helado, decidimos continuar nuestra ruta hacia la costa en busca de los criadores de ostras. De camino nos desviamos a Paimpol a comprar un par de docenas, como abreboca. Nos las comimos esa tarde-noche en aparcamiento para autocaravanas en Pen Lan mientras veíamos como se alejaba la marea en el Marais de Laneros, uno de los humedales costeros más valiosos de la costa norte armoricana, por su gran riqueza y la variedad de flora que allí se desenvuelve adaptada al entorno salobre. Después de la comida-cena nos dimos un paseo bordeando el litoral norte, al otro lado de la península.

[0826|miércoles] Desayunamos y salimos caminando utilizando en principio el mismo camino litoral que recorrimos la tarde anterior para acercarnos a nuestro objetivo: el Sillón de Talbert. Una espectacular barra de tierra, piedras y arena que se extiende, adentrándose en el mar, a lo largo de más de 3 kilómetros. Sólo es posible recorrerlo con marea baja ya que hay un paso, “la brecha” lo llaman, que al subir el agua se va cubriendo, arremolinándose la corriente, haciéndolo intransitable. El porcentaje de marea estaba ese día entre 65 y 70, y la baja mar (12:56 h) nos cogió de lleno en pleno paseo. Quizá demasiado baja, pensamos por la tarde, ya que el mar se veía un poco lejos y sólo por un lado ya que por encima de la gran duna que queda en la margen oriental no se permite caminar. Llegamos hasta una baliza que indica no continuar por respeto a las aves que habitan el paraje en los roquedales de la punta de la flecha [Track]. Es un un entorno increíble, una basta extensión de guijarros amontonados sobre los que se hace un poco duro el paso [Instagram]. De regreso ya en la furgo, ese día decidí que “definitivamente” tenía que renovar mis zapatillas de trekking pues las plantas de mis pies quedaron muy perjudicadas. Cuando estábamos volviendo por el camino litoral que une el Sillón con Pen-Lan oímos una explosión cercana y miramos a nuestro alrededor pero no vimos nada. Al poco rato se nos cruza una mujer que nos pregunta si habíamos escuchado la detonación. Era una vecina del pueblo que nos dijo que pasa a veces porque hay sembradas por toda la costa minas que permanecen ahí desde la segunda guerra mundial. Nos quedamos un poco sorprendidos y seguimos caminando, comentando que quizá eran fantasías de esa mujer un poco exageradas. El caso es que un poco más tarde, al dar la vuelta a un recodo del camino volvimos a escuchar otra explosión y, en esta ocasión, vimos por delante de nosotros en la zona de la marea baja una pequeña columna de humo negro. Al acercarnos un poco más comprobamos que había gente moviéndose alrededor. Cuando ya estábamos casi a la altura de donde vimos el humo comprobamos que se trataba de un equipo de desactivación de minas. Efectivamente, la mujer tenía razón. Pero impresiona pensar que todavía a estas alturas de la historia todavía queden artefactos explosivos en el lugar. 

Esa tarde cambiamos de campamento y nos fuimos a atracar la nave a Port Beni, a orillas de la playa y la bahía del Trégor. De camino paramos en el U Expres de Pleubian a comprar ostras, pero no había ni una. A última hora de la tarde comenzó a llover, lo cual más que un contratiempo era una buena noticia en un verano tan seco en Bretaña.

[0827|jueves] Nos levantamos sin prisa, ya que el día estaba lluvioso, con algún que otro rayo de sol intercalado. Yo tenía las plantas de los piés doloridas y quería darles descanso. Así que pasamos casi todo el día en la furgo leyendo y escribiendo, esperando la marea llena de la tarde. Queríamos volver al Sillón y verlo aunque solo fuera desde la entrada, rodeado de mar. Según el pronóstico meteorológico la tormenta acabaría en torno a las siete de la tarde y según la tabla de mareas la pleamar se produciría a las 19:40 (con un coeficiente de 79). Asi que lo organizamos todo para ese momento. A las 18:30 abandonamos Port Beni y nos dirigimos al aparcamiento de autocaravanas del Sillón de Talbert y allí esperamos a que amainara la tormenta. Y esto coincidió con la hora de la pleamar. Así que fuimos paseando entre las casas y bajando la calle hacia la entrada del Sillón. El cielo estaba precioso, la tormenta se alejaba por el norte y el cielo al oeste permitía ver el sol acercándose a la línea de horizonte. Al mismo tiempo que nosotros, como si alguien hubiera abierto una puerta, comenzaron a salir de algunas casas personas que se dirigían, también como nosotros, al lugar de la brecha. En total no seríamos más de 10 pero la pequeña procesión resultó curiosa, parecía como si todos quisiéramos cumplir el mismo objetivo planificado a lo largo de una tarde de tormenta. Por el sendero de la duna llegamos hasta la orilla de la brecha, donde el agua se arremolinaba con una fuente corriente que tiraba de este a oeste. La luz del atardecer tras la tormenta iluminaba un paisaje ya de por sí sorprendente. La guinda fue el arco da vella doble que se formó coronando la lengua de tierra que se adentra en el mar [Instagram].

Mientras subía la cuesta hacia el lugar en el que estaba aparcada la furgo, miraba una y otra vez hacia atrás. Me costaba alejarme de aquel lugar y aquel momento. El corazón se me encogía todavía un poco más al pensar que ya pocas tardes me quedaban para disfrutar de este mar, pues pronto tendríamos que abandonar la Bretaña. En la retina quedó grabada de tal modo esa estampa que aún ahora -mientras escribo estas líneas, ya en el campo base porque el trabajo se me ha acumulado un poco- cierro los ojos y la veo proyectada de nuevo, disfrutándola con morriña. 

Esa noche podíamos haberla pasado en el área de autocaravanas de Pleubian, pues necesitábamos servicios ya que los niveles de la furgo estaban casi al límite, pero preferimos no hacerlo así pues la borna de este pueblo era de las malas, confuso en cuanto a los grifos y el desagüe del poty se hacia en el de grises, cosa que tampoco nos gusta. Así que retrocedimos hasta el área de autocaravanas de Plouéc-du-Trieux, adonde llegamos a las 9:30 de la noche.

[0828|viernes] Aprovechamos parte de la mañana para resetearnos, nosotros y la nave. A las 12:15 salimos rumbo el intermarche de Tréguier a comprar ostras. No había, así que probamos en el Super U que estaba cerca y tuvimos más éxito. Compramos una caja y nos fuimos hasta el área de autocaravanas que está al borde del río y allí dimos buena cuenta de ellas. Después nos fuimos a dar un paseo por el pueblo. Ya habíamos estado en Tréguier pero esta tarde lo descubrimos mejor y nos gustó mucho más. Luis compró un libro en la librería L’Histoire Vagabonde. A las 18:30 de la tarde pusimos rumbo al norte, a Plougrescant y nos acercamos al Le Gouffre a dar un paseo y a ver el atardecer [Instagram]. Poco antes de las nueve atracamos la nave en el parking de la escuela para pasar la noche. Después de cenar nos dimos un paseo por el pueblo buscando la poubelle. Encontramos contenedores para todo detrás de la Mairie. 

[0829|sábado] A la “caza” de ostras encontramos un criadero cerca: Bretagne Huitres, y fuimos hasta allí a aprovisionarnos. Compramos además una araignée que tenían en el vivero que resultó estar buenísima. Tuvimos que cocerla nosotros (ya nos habíamos acostumbrado a los hornos de vapor) pero mereció la pena. Atracamos la nave Atracamos la nave muy cerca, en el Port Castel, y allí la cocimos, dejamos que enfriara y nos la comimos. Y tan llenos nos dejó que dejamos las ostras en la nevera para tomarlas al día siguiente en Chantepie, probamos eso sí una o dos. La marea estaba bajando cuando llegamos y con la bajamar todo el espacio que teníamos enfrente quedó unido con al islote, el fondo al descubierto dejaba ver las plantaciones de Huitres y Mules. Los mariscadores aparcaron a nuestro lado, se pusieron las ropas de agua y marcharon con los aparejos a trabajar. A media tarde, dimos un pequeño paseo por el GR-34 y cogimos unas pocas endrinas. Antes de irnos, cerca de las 7 de la tarde, la marea que estaba subiendo había devuelto el mar a la orilla próxima a donde teníamos aparcada la furgoneta, el paisaje se había modificado completamente. 

Poco después de las 7 y media aparcamos delante de Le Mange Disque, el evento más importante de la semana nos esperaba: TitoM en vivo, en un espacio recoleto. Lo que había soñado en Concarneau se cumplía, casi no podíamos creerlo [Instagram]. La pena es que el local no estaba muy bien aclimatado, la acústica no es muy buena y pasamos mucho calor pues lo bailamos todo, como no podía ser de otro  modo. Pero la sorpresa fue grande cuando, nada más llegar, entre la poquísima gente que había encontramos a Carol, la amiga de Quimper. Vino a saludrarnos inmediatamente al vernos entrar por la puerta. Resulta que es la actual pareja de Tomás, el líder de TitoM. Con ella completamos el trío de pros del Fest Noz de aquella noche. 

[0830|domingo] Después de pasar la noche en el parking de Le Mange Disque, arrancamos la nave con cierta tristeza, sabiendo que comenzábamos ya el retorno a Campo Base, que no había nada que nos fuese a detener en nuestra bajada al sur. La travesía la haríamos con toda la calma, pero significaba despedirnos de esta “aldea gala” en la que tan bien nos encontramos. Con los ecos de la música de TitoM en nuestras cabezas y en los altavoces de la furgo también, nos dejamos llevar al tran tran hacia Tréguier donde pensábamos desayunar y visitar de nuevo la vieja librería donde esta vez compramos un libro-álbum sobre leyendas recopiladas por Alan Stivell y Thierry Jolif, con increíbles fotografías de Yvon Boëlle: Sur la route des plus belles légendes celtes. La mañana estaba nublada y amenazada una lluvia que terminó cayendo. Llegamos a Chantepie a las 15:30 y pasamos la tarde-noche con Claudia y Lucas (…y Púa).. 

[0831|lunes] A las 8:40 despegamos del All. du Mont-Mouchet de Chantepie y comenzábamos así el desenlace final de nuestra estancia en Bretaña. Ya en el Loire Atantique paramos a desayunar en el área de autocaravanas de Vieillevigne. Buscando comprar alguna botella más de vino que nos faltaba paramos en el intermarche de ese pueblo y después en el Hyper U de La Roche-sur-Yon. Hicimos ruta por La Rochelle y Rocherford. Llegamos a Sainte Emilión a las siete de la tarde. Atracamos en el aparcamiento para autocaravanas que hay a la entrada del pueblo y fuimos a dar un paseo por esta capital del vino. Una ciudad muy turística que a estas horas estaba bastante tranquila, solo algún que otro extranjero (sobre todo americano) cenando en las terrazas. Las calles, muy antiguas de piedra con pasajes estrechos y empinados recordaban otros tiempos donde posiblemente habitaban estas viejas casas gentes del campo que trabajan los viñedos y producían rico Bourdeaux en sus bodegas. Otros tiempos más duros quizá donde el turismo no era fuente de riqueza y la vida era más auténtica.

Al mediodía del martes 1 de septiembre entramos en Hispanistán, cruzando la frontera por Roncesvalles.

ALBUM DE FOTOS