[ 20221013 | jueves ] A cinco minutos de las 2 de la tarde abandonamos PuertoJuande aproando a los santos lugares de escalada en Cataluña. Antes nos pasamos por el taller de Carlos Arenal a recoger los gatos que nos había reparado. Abandonar el área de la metrópoli madrileña fue una tortura como siempre. Paramos en el Petroprix de Torrejón a repostar. Y en el km 112 aprovechamos el cambio de conductor para prepararnos rápido un pequeño bocadillo. Teníamos mucho camino por delante y no quisimos entretenernos mucho. Aunque habiamos salido de casa con idea de ir tranquilos y detenernos donde nos pillaste el cansancio, al hablar con Lluís al inicio del viaje, éste nos propuso escalar al día siguiente en Malanyeu y como teníamos muchas ganas de verle y sobre todo coincidir con él escalando en ese paraíso que el nos descubrió, no pudimos resistirnos. Llegamos al AAC Gironella entorno a las 9,30 de la noche. Cenamos la fabadiña que llevábamos preparada y nos quedamos allí a dormir.
[ 20221014 | viernes ] El despertador nos saco del sueño a las 8 de la mañana y salimos hacia Malanyeu, queríamos desayunar allí mientras esperamos a Lluis, que llegó antes de las diez. Escalamos la Badalona y bajamos caminando. Teníamos unas lentejas con costillas que habíamos traído de casa para comer y las acompañamos de unas tortillas de grelos que preparé allí mismo, en el momento cerveza mientras charlábamos con Lluís. La sobremesa también fue entretenida. Finalizamos con una pequeña lección de salsa. El resto de la tarde, ya solos.
[ 20221015 | sábado ] Escalamos la Escorpi y bajamos también caminando. Hoy el tramo de cresta fue mayor. El camino es precioso: bajada entre caballos para franquear el río (estaba seco), la pista entre los dos caseríos, los prados muy verdes, los chopos, las vacas y la panorámica de montes…
Durante el refrigerio decidimos bajar. Pasamos la noche en el AAC de Aviá, cerca de Berga. Antes hicimos una pequeña compra en el Carrefour (carne, mangos, tapón de cava y pan).
[20221016 | domingo ] Hoy el despertador nos pone en marcha a las 7 de la mañana. Aseamos la nave en las excelentes instalaciones del AAC municipal y pusimos rumbo a Coll Roig en Montseny. Una carretera llena de curvas y finalmente una estrecha pista nos trajo hasta el punto en el que habíamos quedado con Lluis, Carmen y . Les esperamos mientras desayunábamos. En el pequeño punto de aparcamiento había muchas coches y furgos. Encontramos un lugar donde ponernos al borde de la pista terrosa que separa el aparcamiento del refugio de la explanada al pie de las vías de escalada. Cuando llegaron estos amigos, con Félix y también, subimos con ellos en sus coches. Escalamos en el sector . Nos repartimos en tres cordadas en tres vías distintas. Nosotros hicimos el primer largo de La Tardor (había atasco al inicio del segundo largo, provocado por un escalador solitario que avanzaba lentamente delante de la cordada que nos precedía) y los dos de la de El Furato des Bruxes. Cuando bajamos, de nuevo en la furgo, tomamos cava con frites y longaniza de Aviá, y charlamos muy a gusto un buen rato allí mismo de pie, en el lateral del portón grande.
Cuando se marcharon dimos un paseo por la pista que lleva hasta el santuario. Al comprobar que allí las vistas eran excelentes (Pedraforca al fondo) y que además teníamos cobertura, decidimos trasladar el campamento para pasar la noche al lado del santuario y la enorme pared des escalada que limita el aparcamiento. Atracamos la nave en la parte alta, la que parecía más llana, cuando desalojaron tres furgonetas de escaladores que habían acampado allí durante el finde. Bromearon con nosotros, con cierta envidia, pues ellos tenían que trabajar al día siguiente y nosotros quedarnos a disfrutar. Pasamos la noche totalmente solos, qué lujo y qué delicia. Lo celebramos bailando el Hotel California, rompiendo con la música el silencio reinante.
[20221017 | lunes] Amanecer de esa manera, en aquel silencio y con aquella vista, en la soledad más absoluta… emociona. Desayunamos tranquilamente mientras Pedro y Alicia contactaban con nosotros desde Lama de Grou, con una foto de la preciosa terraza que tanto nos gusta, bajo la parra de la casa. Ellos acababan de llegar allí la noche pasada y querían compartir con nosotros el momento. Recogimos y nos trasladamos en la nave de nuevo hasta el aparcamiento del refugio de Coll Roig. Estaba igualmente vacío. Qué diferencia con respecto al día anterior. Preparamos las dos mochilas con el material y subimos caminando a escalar por la pista que habíamos recorrido el domingo en coche. Poco mas de 1,3 kilómetros de ascensión que separan el refugio de la explanada próxima al camino que lleva a los pies de vía. Recorrimos el trecho en 50 minutos, acompañados con las voces de Millas y Pino, del programa que teníamos pendiente desde el día anterior que no lo pudimos oir por falta de cobertura. Un paseo precioso, entretenido y con vistas a las laderas otoñadas de Motgrony. Cumplimos con nuestro plan. Escalamos el 2° y 3° largo de La K y de La Tardor, ambos tramos comienzan en el pequeño collado que divide igualmente a las dos vías tras sendos primeros de la placa anterior. La lluvia nos respeto hasta que finalizamos el cuarto largo de aquella mañana. Estábamos recogiendo por segunda vez la cuerda cuando comenzaron a caer las primeras gotas. Muy tímidamente. Nos salvó que el agua que cayó durante nuestra bajada no fue mucha y llegamos a la furgo con más sensación de frescor que mojados. Tras el refrigerio que tuvimos que tomar dentro para no mojarnos más, salió el sol y nos sentamos un momento en una roca fuera mientras decidimos volver al aparcamiento del santuario a pasar la noche de nuevo, dejando para el día siguiente el descenso al mundo urbanita. Esta vez atracamos más abajo y en paralelo a la ladera y el valle. Abrimos portalón lateral e instalamos la mesa y las sillas. El resto de la tarde se hizo así muy agradable. Allí preparamos y cenamos arroz caldoso con mejillones.
[20221028 | martes] Día de San Lucas. Tras un desayuno tranquilo hice un par de trabajillos Flops pendientes y recogimos para bajar al valle. La mañana soleada, sin una sola nube en el cielo. Nos dirigimos al punto donde comienza el camino que recorre la Senda de les Set Grogs, cerca de Campdevánol. Nos resultó complicado encontrar el aparcamiento de la Font de Querol donde queríamos y podríamos atracar la nave. Finalmente, cómo no encontramos el acceso, la dejamos en un polígono cercano. Y fue precisamente al inicio de la marcha cuando pasamos por el tan buscado punto de atraque. Una pena, porque estaba en un lugar muy agradable y cómodo, al inicio de la ruta y en sombra. Es un apartamento de pago los fines de semana y en los meses de verano y hasta mediados de octubre que son las fechas de más afluencia de visitantes. Hoy, no había que pagar, sólo había un coche. La Senda de les Set Grogs, a pesar del día soleado, la recorrimos entre sombras casi todo el tiempo, bordeando el Torrent d’Estiula que discurre por el frondoso valle formando las siete cascadas. Estuvimos prácticamente solos durante todo el trayecto.
El descenso lo hicimos por la pista, muy rápido, con la curiosidad de ver los trabajos de cementado que se estaban desarrollando precisamente esa semana en un tramo del camino, sumando hormigón a los kilómetros más antiguos. Ya en la furgo debatimos sobre el rumbo a tomar, pensando en la actividad que haríamos al día siguiente. Finalmente decidimos acercarnos a Montseny con idea de estudiar allí los accesos a Les Agudes y en concreto la vía Itzi que era nuestro objetivo. De camino nos detuvimos en el Exclat de Ripoll a hacer una pequeña compra. De camino a Viladrau, e incluso ya en destino, hablamos con Claudia y Lucas. Lucas quiere regularizar los papeles de la Paganeta y matricularla en Francia para evitarse problemas, sobretodo ahora que le toca pasar la ITV en diciembre y no saben si podrán venir a España. Pasamos la noche en la AAC de Viladrau (de pago), donde preparamos a la plancha el salmón que habíamos comprado antes.
[20221019 | miércoles] Después del desayuno hicimos el aseo de la nave y subimos al pequeño punto de aparcamiento de la vía Itzi que hay al borde de la carretera. Desde allí comenzamos el ascenso buscando el camino que nos indicaba uno de los tracks que llevábamos de referencia. Al principio la subida se nos hizo tortuosa, no encontramos el punto marcado y nos metimos a cañón por una torrentera llena de hojas secas y piedras. Después, tras unos metros de sufrimiento encontramos algunos hitos, muy camuflados, que nos llevaron a la senda que queríamos seguir. 
Gran parte del recorrido de aquel día, sobre todo el ascenso a la cumbre por la cresta, se hacía perdedero y en más de una ocasión tuvimos que rectificar. Nos llegó a preocupar un poco, pensando en que tuviésemos que volver por donde habíamos venido. Finalmente cuando ya estábamos sentados al lado de la cruz de Les Agudes, tomando nuestras manzanas mientras disfrutábamos de la hermosa y enorme vista, nos sentimos ya tranquilos pues la senda desde allí estaba ya clara. Antas de bajar nos acercamos a reconocer el final de la vía Itzi en la misma cresta. Tras el descenso por un precioso hayedo llegamos a la nave, comprendiendo por fin cuál había sido nuestro error al inicio de la senda por la mañana. Reforzamos la ubicación del punto con hitos, para facilitar la subida a quien viniese detrás. Después, nos fuimos al parking de Les Ferreres a tomar el refrigerio. Desde allí se divisa toda la cresta y la vertiginosa ladera que protagonizaron nuestra aventura del día. Bajamos hasta el AAC de Vic (de pago) a pasar la noche.
[20221020 | jueves] Día de descanso y turisteo. La lluvia nos forzó de algún modo a refugiarnos en el ámbito urbano de esta preciosa ciudad. El barrio antiguo, con sus calles estrechas y edificios modernistas, medievales e incluso con vestigios romanos, hacen de este un excelente lugar de paseo. Nos tomamos un vermut en la Plaza de Don Miquel de Clariana, disfrutando de la fachada modernista de la Casa Masferrer. Después degustamos una muy exquisita comida en la Brasería Carbó. Después continuamos recorriendo algunas de las calles que nos quedaban por ver, entramos en la catedral que abrió de nuevo sus puertas a las cuatro. Pudimos bajar a la cripta a pesar de las obras que estaban realizando en la girola. Mientras regresábamos a la nave vimos una lavandería (Fresh Laundry) en el carrier de Gurb y decidimos aprovechar para lavar la ropa. Volvimos con todo el percal metido en una mochila grande y la caja plegable que utilizamos para los lavados. Mientras trabajaba la máquina aprovechamos para comprar algo de fruta, primero lo intentamos en el Bonpreu que había cerca (descartado porque había poca y cara) y al final adquirimos cuatro mangos riquísimos en la frutería que hay en el local de al lado de la misma lavandería. El proceso de lavado y secado fue rápido y muy efectivo. Nos gustó el servicio. Llovía un poco mientras regresábamos caminando al AAC. Cenamos cava y salmón ahumado mientras charlamos largo y tendido con Marta que estaba en casa sola con los perros (Álvaro tenía la típica cena corporativa de algunos jueves). Pasamos un buen rato con ella.
[20221021 | viernes] Volvemos a Vilagrau con idea de pasar el día haciendo una ruta de senderismo a la espera de que el tiempo se estabilice definitivamente y hacer el sábado la vía Itzi. Al llegar nos sorprendemos con lo llena que está el AAC. El pasado miércoles la habíamos dejado prácticamente vacía como la encontramos la noche anterior. Lo que pasa ahora es que el fin de semana se celebra aquí la Feria de la Castaña y suponemos que eso añade unos cuantos puntos más al ya elevado interés que debe suscitar este lugar próximo a Barcelona. El pueblo es muy tranquilo y bonito, con muchos servicios y actividades a realizar. Tal es el caso de la Senda del Castaño de las Nueve Ramas que nos dispusimos a realizar este día. Poco más de 5 kilómetros de camino, no muy interesante, salvo un tramo del recorrido que muestra una amplia panorámica de Montseny presidida por la cumbre de Matagalls. Dos horas escasas de pateada que finalizaron en la terraza del Hostal Boffil, en el pueblo, frente a dos frescos vasos de vermout negro. Cuando volvimos al AAC comprobamos como el hacinamiento se había incrementado. A pesar de lo espaciosa que es, quedaban ya pocas plazas de aparcamiento que enseguida serían ocupadas. Y más… poco antes de las cuatro de la tarde ya no quedaba ni un hueco para otra autocaravana más, incluidas zonas de paso.
[20221022 | sábado] Con sigilo nos levantamos, aseamos la nave y abandonamos la tan petada área de Vilagrau. Alucinamos, ya en la carretera de acceso cuando vimos una larga hilera de autocaravanas aparcadas al borde. Estaba empezando a amanecer y subimos hacia el pequeño aparcamiento de la vía Itzi. Allí desayunamos. Las prisas, el madrugón… queríamos evitar que nos cogieran el sitio y además vigilar si alguien más subía a la Itzi. No fue así, de hecho estuvimos solos toda la mañana y parte de la tarde, hasta que hicimos cumbre. La actividad que nos habíamos propuesto realizar ese día es larga y entretenida. Comenzamos subiendo por el camino muy pendiente lleno de piedras y hojas, siguiendo los hitos, algunos de ellos dejados por nosotros mismos unos días antes. Después el track nos llevaría a las proximidades del pie vía, en un ascenso continuado a cañón. Encontrar el punto exacto donde comienza la Itzi no es tarea fácil, aunque el vídeo que habíamos visto el día anterior nos dio la pista y con éxito pudimos comenzar a escalar sin mucha complicación. Cuatro largos sin equipar, sólo un parabolt señalaba cada una de las tres primeras reuniones. El ascenso fue precioso, muy alpino, con ambiente muy vertical y amplias vistas. Ya en la cresta de Les Agudes culminamos, foto y recogida de cahiperres. La bajada la hicimos por el sendero de la Font de Brianço, por el mismo camino que habíamos bajado tres días antes.
Cometimos un error y es que de vuelta en la nave decidimos tirar en busca de un lugar más agradable y soleado para tomarnos un bien merecido refrigerio. Pero la carretera que sale de Montseny por el sur es tortuosa y larga, con pocos lugares cómodos de parada, todos rebosantes aquel día de domingueros. El tráfico abundante, sobre todo de modos, convirtió el recorrido hasta Saint Celoni en una tortura estresante. Qué ganas de poder parar y descansar! No había forma… pasamos por lugares bonitos pero sin poder disfrutarlos. Finalmente pudimos atracar en el Esclat que hay a las afueras de este pueblo, al lado del área de autocaravanas. Allí comimos bien tarde, de hecho ya era noche cuando nos movimos hasta el Aldi que había al lado a hacer la compra. Nos decantamos por este supermercado frente al otro con la ingenua idea de que así podríamos reponer la Soja que se nos estaba acabando y además quizá encontrásemos huevos de Coren. Pero, ni una cosa ni la otra.
Llegamos a La Mogoda, al descampado de la calle de Lluis cerda de las 8 de la tarde. Él, que había tenido ese día seminario de salsa y que se estaba preparando para ir a la gala final que se celebraba esa noche se acercó a tomarse unas cerves con nosotros. Estábamos cansados sino yo, de buena gana, le acompañaba a la fiesta.
[20221023 | domingo] Según nos dijo después, Lluis se acostó esa noche a las tres de la madrugada. Aún así, a las 8 ocho ya estaba desayunando con su madre y después vino a buscarnos. Habíamos quedado para subir a Les Agulles de Montserrat. Nos reunimos con Carma y Ramón en el Forn Alemany de el Bruc, la panadería-caferería en la que suelen ellos desayunar antes de subir al monte. Nos dijeron, no lo probamos, que el pan de este lugar es muy bueno. Desde allí subimos en el coche de Ramón hasta el aparcamiento de Can Maçana para comenzar la ruta por Les Agulles y les Frat Encantats. Un poco dura, con subidas y trepadas, con sus correspondientes bajadas, encadenadas. Está protegida en algunos pasos con cuerdas y cadenas. Es laborioso, tiene cierta dificultad y riesgo por caída de piedras. Pero el recorrido merece la pena sin duda. Te va subiendo, en diferentes puntos, casi a lo mas alto de este precioso parque.
Después del paseo bajamos de nuevo al Bruc a comer a Casa Anna, lugar de buena comida y ambiente montañero. Allí nos despedimos de Carma y Ramón con la promesa de que en primavera nos devolverían al visita viniendo a la Pedrí.
De nuevo en La Mogoda, saludamos a doña Angustias que estaba en la calle con una amiga.
[20221024 | lunes] Para hoy habíamos planificado día turístico por Barcelona, con idea de visitar las obras de la Sagrada Familia, donde yo hace más de 40 años que había estado por última vez. Luis la había visitado hace unos años, cuando viaja por trabajo tan a menudo hasta la ciudad condal. Cogimos el tren en La Llagosta hasta la estación de El Clot. Desde allí fuimos andando. Tremenda decepción. Lo primero, la dificultad de conseguir entradas (ya lo habíamos intentado online) para ver el interior de la basílica. Después, el circo que había allí montado alrededor del templo. Miles de turistas y paseantes, bares y puestos de venta de recuerdos, mucha policía…
Recuerdo cuando estuve aquí em 1980, con apenas 18 años cumplidos. Subimos Puri y yo hasta las torres de la fachada del Nacimiento (éstas y sus vecinas las de la Pasión, eran la única obra finalizada). Desde lo alto veíamos abajo todo el hueco lleno de andamios y grúas, donde ahora ya está construido el cuerpo central de la basílica. Estaban todavía cimentando sus columnas y sus muros. Apenas había turistas, poca gente que como nosotras visitaban el embrión de esta gran obra. No tuvimos problema para entrar, incluso no recuerdo siquiera haber pagado. Supongo que con el carnet de estudiante pudimos pasar. Algo habitual entonces.
Curiosa la sensación de ver cómo pasa el tiempo y deja su huella en el espacio. Al principio de los ochenta se cuestionaba todavía si seguir invirtiendo en este proyecto. Construir un templo de estas dimensiones. ¿Para qué?… Hoy, a juzgar por la avalancha de público que recibe a diario, supongo que esa duda se ha disipado. A mis dieciocho años me empapé de Gaudí. La Casa Batlló, La Pedrera, el Parque y el Palacio Güell, la Casa Calvet… Salpicada por diferentes espacios de este ciudad, su obra me engatusó. Y al ver hoy este enorme volumen construido delante de mis ojos, en un espacio donde antes el vacío sólo dejaba paso a la imaginación, tuve un sentimiento de orgullo y eternidad. La fantasía de aquel genio que alumbró mi juventud, cubrirá mi siglo, mi época, y sobrevivirá a toda mi vida, espero que para siempre.
Desde la plaza Gaudí caminamos hasta la de Cataluña. Mucha gente por las calles, mucho tráfico, mucho calor y, lo mas triste, mucha suciedad. El paseo no resultó pues agradable. Entramos en el Corte Inglés pensando que podríamos ir al baño fácilmente, pero fue una misión imposible. Salimos de nuevo a la calle. Desde arriba, desde la plaza, las Ramblas eran un denso río humano. Las abandonamos enseguida internándonos en el barrio gótico, más tranquilo. En una heladería italiana, curiosamente y sin elegirlo de la Plaza de la Villa de Madrid, nos tomamos una Estrella de Galicia en un ambiente agradable. El local estaba casi vacío. Después callejeamos por este barrio antiguo hasta llegar a La Barceloneta. Todo sucio y viejo, muy descuidado. Ya en el puerto decidimos tomar el camino de vuelta a la estación de El Clot. La verdad es que la ciudad nos estaba echando. De camino paramos en un pequeño bar de barrio a refrescarnos con una Moritz.
En la estación de La Llagosta habíamos atracado la nave. De nuevo «en casa» decidimos tomar rumbo a Collbató. Lluis nos había mostrado el domingo, cuando estuvimos por aquella zona, un sector de escalada muy recomendable y Luis quería echarle un vistazo, tal vez para escalar al día siguiente. Cuando llegamos al pueblo ya atardecía y poco más podíamos hacer que prepararnos para la noche, con una buena cena.
[20221025 | martes] Desde donde estábamos atracados teníamos enfrente toda la pared de Els Graus, de escalada deportiva, en la cara sur de Motserrat. Pero la mañana se estaba poniendo cada vez más calurosa. Recordando el calor que habíamos pasado el día anterior en Barcelona, poco apetecía prepararse para trabajar sobre la piedra. Además, entre unas cosas y otras, se nos hizo un poco tarde y cuando nos dispusimos a subir a la roca ya comenzaba a pegar duro el sol. Aún así subimos caminando buscando las vías que podíamos hacer. Una vez localizadas decidimos dejarlo para otro momento, ya volveríamos. Hoy era imposible. Cansados como estábamos y con la temperatura que había.
Decidimos marcharnos y poner rumbo de vuelta a PuertoJuande. De camino haríamos escala en Saint Llorenç de Montgai, uno de nuestros santos lugares al que hacía más de dos años que no habíamos vuelto. Paramos en el AAC de Cervera a asear la nave, pensando que en Montgai no tendríamos oportunidad y los sistemas ya estaban al límite. También paramos a la entrada de Balaguer, en el Carrefour.
Cuando llegamos a Saint Llorenç nos llevamos la sorpresa de ver que el punto donde pensábamos instalarnos (enfrente de la cresta Disblia), lo habíamos hecho las últimas veces, estaba cerrado con piedras. Al bajar, vimos al borde de la carretera camino de Camarasa que habían creado una estupenda zona de aparcamiento. Pero aún así, no nos apeteció quedarnos allí, decidimos ir a probar el AAC de Camarasa y allí pasamos las dos noches siguientes. Fue todo un descubrimiento. Una novedad. Está recién hecha. Y muy bien, por cierto. Muy buenas instalaciones para el aseo y una original colocación de las plazas en círculo. Lo peor, los bichos. Tan cerca del río y con el calor de esos días, no podía ser de otra forma. Me acribillaron, de tal manera que estuve días untándome antiestamínico en la espalda llena de ronchas.
[20221026 | miércoles] Volver a Saint Llorenç es siempre bonito. Muy entrañable. Es «casa». Después de mucho debate decidimos subir a la Formiguera. Hicimos la vía Martinetti. Cayeron cuatro gotas (literal) pero no llegó a llover. El tiempo nos respeto, ni lluvia ni calor. Se estaba muy bien en la pared disfrutando de aquellos tres largos divertidos. Bajamos caminando. Al principio no encontramos el sendero y tuvimos que pedir auxilio a los hijos para que nos descargaran el track con el ordenador (después, ya en la nave, comprobamos que se puede hacer desde el móvil convirtiendo la página de wikiloc a formato de escritorio). La segunda sorpresa fue encontrarnos el punto de flanqueo de la vía del tren vallado, aunque finalmente encontramos unos agujeros en la verja y pudimos colarnos como «ratas».
Volvimos de nuevo a Camarasa a dormir, con mis bichos.
[20221027 | jueves] Esta tarde queríamos llegar a Manzanares, pero teníamos todo el día por delante y pensamos en hacer un viaje tranquilo. Aún así, después de estudiar opciones, nos decantamos por la autovía con idea de para en Calatayud y conocer el pueblo por el que tantas veces pasamos de largo (salvo una noche que paramos a dormir en el AAC, con Viki en la Cali, camino de Riglos).
Llegamos al área a la hora de comer y nos preparamos unas hamburguesas de merluza y salmón que habíamos comprado unos días antes en el Aldi para probarlas. Se comen pero quizá no repitamos. Después nos fuimos a dar un paseo por el centro de la villa (de casas torcidas) y nos tomamos un café en una terraza de la Plaza del Fuerte. En la de España, donde hubiese sido quizá mas típico, estaban en obras. La sobriedad aragonesa es quizá lo que mejor describe el ambiente de estas calles que no invitan mucho a repetir el paseo. Nos fuimos de allí, así, sin más. Visto y listo. Poco comentario merece esta ciudad que en el siglo 19 fue por unos años la cuarta provincia de Aragón. Además, me enteré, que fue por capricho expreso de un viejo rey jeta que tuvimos que Calatayud fue el primer municipio democrático de España ya que su ayuntamiento se constituyó un día antes, el 18 de abril de 1979 (las elecciones oficiales para el resto el día 19), pues el recién estrenado monarca quería ser recibido por una Corporación salida de las primeras elecciones «libres».
Llegamos a PuertoJuande cerca de las 9 de la noche. Marta y Álvaro estaban muy atareados preparándose el disfraz de halloween. Al día siguiente, después de trabajar se iban a Tribaldos a pasar el finde con unos amigos. Brindamos con cava y picoteamos una longaniza catalana que habíamos traído para sellar el reencuentro.