[202305.07 | domingo] Abandonamos PuertoJuande entorno a las 12 del mediodía, tras haber estado la tarde anterior preparando todos los bártulos. Esta vez dejamos las lanzaderas en el hangar y nos cargamos con dos cajas grandes de material para la escalada. Decidimos viajar en domingo ya que las carreteras suelen estar vacías de camiones y no nos equivocamos. Lola y Fernando, que por fin venían con nosotros a Cataluña, salieron casi al mismo tiempo de Leganés. Pero no nos reunimos con ellos hasta las siete de la tarde, ya cerca de Manresa, en un punto de repostaje en la E.S. Bonárea de Calaf. Toda la ruta, pasado ya Zaragoza, vigilábamos la tormenta mirando al cielo y viendo las imágenes de satélite que rainalarm proporcionaba. Nos fuimos librando por los pelos, había alerta amarilla desde la capital aragonesa hasta la costa y, con buena suerte, esquivamos las precipitaciones mas duras, pintadas de rojo por el radar. Entorno a las 8 de la tarde llegamos al AC de Gironella donde pasaríamos la noche.
[202305.08 | lunes] La idea era subir de buena mañana a Malanyeu. Incluso hablamos la noche anterior de hacerlo nada mas despertarnos y desayunar allí, pero la noche no fue buena para Lola. El catarro que la había acompañado los últimos días, incluido el viaje hasta aquí, ahora se manifestaba con toda su furia. No le dejó dormir en toda la noche y las molestias se habían agudizado con un profundo dolor de oído. Así pues nos llamaron muy temprano diciendo que se iban de inmediato al Hospital comarcal de Berga. Decidimos acompañarles y atracamos la nave en una calle cerca del recinto hospitalario, muy tranquila, donde pudimos desayunar mientras esperábamos noticias. La mañana estaba preciosa. Desde la nave podíamos ver el hospital en lo alto de una ladera verde que era el espacio que nos separaba. Tardaron poco más de una hora en atenderla y recetarle un antibiótico en gotas.
Resuelto el tema sanitario y con Lola ya más tranquila subimos a nuestro «hogar dulce hogar» en Cataluña. A donde en repetidas ocasiones tratamos de traer a Lola y a Fernando. Por fin lo habíamos conseguido y temíamos que las circunstancias médicas enturbiaran el momento. Pero no fue así, Lola es una campeona y eso unido a lo bonito que nos encontramos todo enseguida nos estábamos preparando para ir a escalar. Antes, preparé unas infusiones y disfrutamos del bello momento del atraque. Supongo que ellos se impresionaron al ver el paredón de caliza que se despliega tras la pequeña iglesia y las tres casas que la rodean. No puede ser de otro modo. Además, como esperábamos, todo estaba muy-muy verde. Siempre habíamos venido por aquí en otoño y el paisaje característico de los hayedos y demás árboles de hoja caduca, pintaban una estampa preciosa. Pero queríamos este año ver el escenario en primavera, suponiendo que íbamos a encontrarnos con toda esta explosión de verdes que lo iluminaban todo, a pesar de la sequía tan intensa que padecemos este año en toda la península. Subimos a escalar y Lola, a pesar de las molestias que la pobre debía tener, se comportó como la «mariplacas» que es, dándolo todo, y haciéndose dos de los tres largos de La Carla s’en va a la selva. Una vía que nosotros ya habíamos hecho pero que repetimos para acompañar a nuestros amigos en éste su bautismo en Malanyeu. Bajamos caminando por la cresta y recorriendo el camino que circunda el valle por el oeste.
La tarde estaba tranquila y soleada y nos permitió disfrutar de unas cerves en la sillas al lado de las naves, disfrutando el momento y planificando el día siguiente, en el que iban a venir Lluis, Ramón y Carma. Cenamos en el interior y enseguida para cama, Lola como no podía ser de otro modo, estaba muy cansada y necesitaba recuperarse un poco.
[202305.09 | martes] Y lo consiguió, pasó una buena noche… pero al parecer, le pasó también el relevo a Fernando que esta mañana se levantaba un poco congestionado. El día además se mostraba menos amable, nublado y con posibilidad de lluvia. Aún así, cuando llegaron nuestros amigos nos dirigimos, tras los correspondientes besos y achuchones, al gran muro de caliza. Lluis nos trajo los cuadros que le habíamos comprado en la exposición (y que nos acompañarían el resto del viaje con toda su fragilidad). Para acercarnos al pie de vía nos indicaron un camino, nuevo para nosotros, más pisado que el que utilizamos habitualmente, por lo que suponemos que es el más utilizado y eso nos aclara el hecho de que el otro se nos haya hecho perdedero las dos últimas veces que lo recorrimos. Aprendimos pues una forma nueva y más cómoda de acceder.
Lola y Fernando se juntaron con Ramón y Carma para hacer la Montse Curto, mientras que nosotros hacíamos la Aina, y Lluis, que estaba de baja por lesión, se dio un paseo por el lugar. Los seis bajamos haciendo los tres rápeles de sendas vías y retornamos con Lluis que esperaba al pie hasta el campamento. Justo en el momento que llegábamos comenzaron a caer las primeras gotas, que después se convertirían en cientos. Nos salvó del chaparrón el soportal que une los dos edificios de la pequeña escuela abandonada que hay al lado de la zona de atraque. Allí montamos una estupenda mesa y dimos cuenta de las suculentas viandas traídas por nuestros amigos y/o aportadas por nosotros. Todo se acumuló allí sobre las mesas, junto con las ceves, el vino y el cava. Todo un festín acompasado por el sonido de la lluvia que caía a ambos lados. Tras casi dos horas de contarnos historias y de ponernos al día, el frío y la humedad empezaron a llamar nuestra atención. Recogimos enseguida todo. En el mismo lugar hay una pequeña fuente adosada al muro del edificio en la que lavamos los cacharros.
A poco de marcharse nuestros amigos, escampó y la tarde se fue haciendo un poquito más cálida y amable. El suelo y la hierba mojados, el cielo rojizo por el horizonte, y al fondo la Pena Forca cortando con su impresionante silueta el atardecer. De nuevo el silencio de la noche en el lugar, los grillos, y la charla con los amigos en el interior de la IPAR.
[202305.10 | miércoles] Después de desayunar bajamos y cogimos carretera rumbo a Mongrony con idea de enseñarles a Lola y a Fernando ese otro santuario de la escalada en Cataluña. De camino paramos en el AC de la Pobla de Lillet a sanear las naves. No pudimos llenar agua porque la máquina sólo admitía monedas de 2€. En cualquier caso no nos preocupaba, teníamos unos 60 litros cada uno, y nosotros también medio deposito del bidón grande que utilizamos para llevar agua para beber.
Habíamos madrugado esa mañana y eso nos permitió llegar a las 11, tras casi unos 50 minutos de viaje y casi treinta de parada en el AC, al refugio Planelles donde atracamos las naves. Desde allí, subimos por la pista que da acceso al aparcamiento superior en el que empieza el sendero de acceso a las vías de escalada. La idea era para nosotros repetir La K, pues sabíamos que ellos les iba a gustar mucho, y si nos quedábamos con ganas hacer el segundo y tercer largo de La Tardor. Esto último tuvimos que descartarlo pues cuando estábamos acabando la primera vía el cielo amenazaba lluvia y las previsiones meteorológicas nos hicieron desistir. Nosotros hicimos esta vez el primer largo de La K, que nos había quedado pendiente pues el año pasado habíamos subido por el primero de La Tardor, que en esta ocasión escalaron en paralelo Lola y Fernando. Ella de primera. Para nosotros, muy interesante, pues además de completar el ciclo de ambas vías, hechas a modo de mosaico, encontramos que este largo resultó ser el más bonito de todos.
Ya de vuelta en las naves, tras desandar el tramo de pista que baja hasta el refugio, decidimos trasladarlas al aparcamiento del monasterio abandonado, donde nosotros ya había pernoctado más de una vez el año pasado. Un lugar de privilegio por las vistas. Luis preparó una fabadiña de cocina itinerante, de la que dimos buena cuenta los cuatro. La acompañamos de una enorme ensalada preparada por la tierna lechuga que Lluis nos había traído el día anterior de su huerto. Vino francés. Después, enseguida empezó a refrescar y nos refugiamos en la Benimar, dedicados a la charla y posteriormente, mientras ya caían chuzos de punta fuera, al mus. Fernando estaba de racha, imbatible!
[202305.11 | jueves] Tras el desayuno estiramos un poquillo las piernas subiendo Lola y yo hasta la pequeña ermita que hay encima del paredón de roca. Fernando se quedó abajo en el patio del monasterio, el catarro y la congestión iba apoderándose de él. Bajamos después a Ripoll a sanear las naves (y a nosotros mismos). Lo hicimos en una de las dos AC que tiene este pueblo, la que está al lado del río, en la otra que hay a la entrada del pueblo donde lo intentamos primero había instalado un circo. Era el día de la Fiesta Mayor de Sant Eudald y no lo sabíamos, lo descubrimos al ver el ambiente especial que había por las calles que recorrimos al atravesar el pueblo hacia la otra AC de Ripoll. Tras una buena y merecida ducha, recargamos de nuevo y salimos rumbo a La Mogoda. Allí atracamos las naves en la familiar campa de la calle.
Lluis nos esperaba para comer, y nos llevó de turisteo primero al restaurante Castanyers en Sant Fost de Campsentelles, en la parte alta cerca de la costa, entre Badalona y Mataró. Tomamos el menu del día en un comedor muy casero. Después bajamos por el otro lado de la montaña hacia la playa de Mongat. En el pueblo buscamos una farmacia. A Fernando se le iba complicando el catarro que le había pasado Lola, mientras que en ella todavía seguía activo. Dimos un paseo recorriendo un buen trecho de la banda litoral con Badalona y Barcelona al fondo. Se veían a lo lejos las construcciones modernas de la Barceloneta, a mi me llamaba la atención una estructura, que no reconocía y que parecía un poco extraña, grande como un buen edificio pero muy plana y tumbada. Ahora, aquí escribiendo en el ordenador, he podido investigar en google maps, por su situación, alguna imagen. Y he descubierto que se trata de una pérgola fotovoltaica que está instalada en el Fórum. Por lo demás, las playas del Mediterráneo siempre me parecen muy urbanas y ésta no se escapa a mi particular norma. Pintadas, basura, una ruidosa vía de tren que la bordea, poco arenal y mucho edificio. Ya volviendo hacia donde habíamos aparcado el coche, se veía a lo lejos amenazante sobre el cielo de El Masnou y Mataró. Allí ya estaba cayendo duro, al menos así lo mostraban las imágenes del radar de rainalarm.
Escapamos sin mojarnos y ya en el coche, Lluis nos llevó a Cornellá. Allí habíamos quedado con Ramón y Carma, en su pueblo, en la bodega de un amigo: Caves i Vins Pujol. El local me sorprendió nada más entrar. Una vieja tienda-almacén y bodega de vinos, repleta de trastos antiguos y viejos… mesas, sillas y taburetes se reparten de forma anárquica buscando rincones y pequeños espacios entre las cosas. Todo parece improvisado aquí, como si de una reunión casual de amigos o vecinos provocase una pequeña y ordenada fiesta. Pasamos un par de horas muy agradables catando los vinos que el Pujol actual nos iba trayendo a la mesa, con pinchos de embutidos y frutos secos. Ya casi al final y tras cantar con su guitarra por algún lugar del local, se sentó un momento con nosotros, en nuestra mesa. Vaciló conmigo un rato, con el gallego, pues su esposa es de Arzúa.
[202305.12 | viernes] Fernando había pasado mala noche, el catarro iba en aumento y se extendía en molestia, al igual que le había pasado a Lola, hasta el canal auditivo. Estaba muy incómodo y sólo quería volver a casa. Así pues, nos despertó por la mañana con la noticita de que se volvía a Leganés, pero antes pasarían por el centro de salud de Santa Perpetua. Nosotros, mientras desayunábamos, pensábamos que íbamos a hacer ese día y los siguientes.
El pronóstico del tiempo se ponía duro. No sólo hoy sino también el resto del fin de semana. Decidimos pues continuar con el plan que medio habíamos perfilado con ellos el día anterior: aprovechar el mal tiempo para visitar el museo Dali en Figueres. Una actividad a cubierto que parecía entonces interesante. Una cita pendiente, para mí desde que era joven por mi afición a la pintura surrealista y en concreto al artista catalán. Pero cuan grande fue la decepción. Lo que allí tienen montado es una barraca de feria con unas cuantas sus creaciones, ni siquiera las mejores, colocadas con cierto caos. A esto se sumaba el abarrote de gente que ya nos sorprendió en las propias calles. Dentro, el aforo abarrotado de niños de colegio y turistas, hacía imposible en ocasiones ver con comodidad las pinturas. Sin hablar del ruido. Un sin sentido y un robo, y ya no digo más. Porque pagar 17€ por la entrada es lo que me parece.
Nos fuimos de allí un poco desilusionados y, sobre todo, contrariados por aquel despropósito. Paseamos un poco por las calles antiguas de la ciudad y nos fimos enseguida con rumbo al ACC de Peralada. Una pequeña y antigua villa muy cerca de Figueres. Allí permaneceríamos atracados hasta el domingo por la mañana, esperando a que amainase el temporal anunciado para el sábado. Fue una buen elección. Llegamos a media tarde y el ambiente estaba tranquilo y agradable. Nos dimos un paseo por el pueblo y llegamos hasta el castillo donde hay instalado un lujoso casino.
[202305.13 | sábado] La noche estuvo un poco lluviosa y el día amaneció muy gris, húmedo y ventoso. Se oía de lejos la tormenta. Lo teníamos claro. Tocaba día de descanso sin salir de nave, aprovechando para leer. Yo tuve tiempo de tragarme enterito el último libro de Millás: Sólo humo. Hacia el mediodía, aprovechamos que no llovía para darnos un pequeño paseo por el pueblo de Peralada y acercarnos a comprar pan y algo de fruta. Fuimos hasta la parte alta del pueblo a un SPAR, y al bajar paramos en el For El Llonguet a comprar pan. Al atardecer nos dimos otro paseo por el pueblo, con idea de tomar algún vino, pero lo cierto es que no nos sugería ningún local.
El pueblo es bonito, en sus calles se conservan edificios de época medieval. En la plaza Muntaner, pudimos ver la casa natal del cronista Ramón Muntaner (1265-1336). Nos quedamos sin ver (porque no nos da la gana de tener que pagar tanto en todas partes) el Convento del Carmen que actualmente alberga el Museo del Castillo de Perelada, y donde puede visitarse además de la iglesia gótica, la biblioteca y el claustro del siglo xiv.