«Malanyeu allá vamos»
[0420|lunes]
A las 10.30 de la mañana abandonamos Puertojuande con gran ilusión y es que por fin volvemos a la «catedral galática de Malanyeu» como le llamó Manel. Como es habitual aproamos la nave por la ruta secundaria que tanto nos gusta: Torrelaguna, Jadraque, Siguenza, Molina de Aragón, Monreal de Campo, Bañón, Alcañiz, Caspe, Fraga, Lleida, Manresa, Gironella… y aquí, en el área de autocaravanas hicimos noche una vez más. Llegamos a las 17:39 tras nueve horas de singladura. Nos lo tomamos con calma, hasta Fraga prácticamente solos en la ruta,  aunque esta vez se nos hizo un poco pesada, sobretodo en el tramo final de autopistas, porque aquí el trayecto se vuelve como siempre muy aburrido.
Todo el viaje, hasta Manresa aproximadamente, lo hicimos con sol y calor (30 grados en el exterior cuando pasábamos por Alcañiz y Caspe, una «burrada» para mediados de abril). Después entramos en la tormenta y bajó bastante la temperatura. Aún así, ya de noche, en el interior de la nave hacía calor y estuvimos un buen rato tomando la achicoria con el portón lateral abierto. Habíamos cenado el pollo asado que preparamos el día anterior en casa y un poco de arroz caldoso con mejillones, sobras del viernes, a  modo de tapita. Dormimos solo tapados con la mantita de verano, hasta poco después de las 5 de la madrugada que entramos en el enredón.

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[0421|martes] Amaneció muy soleado y según el pronóstico de meteoblue así se quedaría a lo largo del día, aunque ya avisaba que se trataba de una predicción amarilla. La primavera es lo que tiene.
Después de asear la nave y ponerla a punto para subir a Malanyeu al 100%, abandonamos Gironella pasando antes por la tienda de Ester a comprar dos tastetsec. Nos saludó muy cordial como siempre, se acordaba de nosotros. Después nos acercamos a la panadería de Aviá para aprovisionarnos. Finalmente subimos por la carretera de La Nou y llegamos a St. Sadurni poco antes de las 12 horas.
Con todo el optimismo de una mañana tan soleada cogimos los cachiperres básicos y allá que nos fuimos al Debessó a hacer deportiva. Yo todavía con cuidado, no puedo meterme en largos. Comenzamos en la Lía a hacer primeros, con idea de continuar con la Elía y otras… pero «oh sorpresa», a pesar del calor que hacía, llegó una nuvecilla que al principio nos pareció gratificante, filtrando la radiación solar, pero en seguida comenzaron a caer las primeras gotas. Tuvimos que recogerlo todo inmediatamente y volver a la nave. Llegamos bien mojados. Metimos el equipo como pudimos al motón tras el asiento del copiloto y nos dispusimos a esperar a ver que nos deparaba el cielo degustando la llonganiza y el pan con una copita de Enate. Mientras la lluvia arreciaba fuimos preparando una ensalada con el bonito a la brasa que sobró de la barbacoa del pasado sábado, nos serviría de comida.
La tormenta fue haciéndose mas fuerte, truenos e incluso granizo. A través del parabrisas ya no veíamos ni la pared (teñida de negro por el agua) del Debessó. El paisaje fue desapareciendo. Pasamos la tarde leyendo y tomando notas en el ordenador, mientras el agua caía con fuerza. Todo un espectáculo! Cuando se calmó, entorno a las 8 de la tarde salimos a estirar las piernas y celebramos la vuelta a Malanyeu [Instagram].

A la mañana siguiente cuando al aproximarnos al Debessó pudimos comprobar los destrozos que había causado la tormenta. El camino estaba embarrado y lleno de ramas, y al atravesar el regato de Malanyeu tuvimos dificultades, sobretodo tras cruzar el cauce principal sobre las piedras porque al haber quedado estas envueltas por las hojas que acarreaba el río, el agua se desplazaba sobre el camino y había formado una enorme charca que casi impedía el paso. Estuvimos entonces realizando tareas de drenaje, con uno de los palos que habíamos cogido para apoyarnos en el camino embarrado de bajada retiramos como pudimos el amasijo de hojas y revertimos el río a su cauce. En pocos minutos se dreno la charca y ya pudimos pasar sin dificultad. Mas tarde, ya a la vuelta el espacio inundado se había secado bastante.

Estos días de escalada en Malanyeu fueron una prueba para mí, después de meses de baja sin poder escalar por mi espalda, estuvimos haciendo primeros largos poco exigentes para medir mis fuerzas. También nos dedicamos a caminar y explorar espacios que todavía no hemos recorrido: fuimos hasta la pared de atrás a buscar los pies de vía de las 4 o 5 que hay abiertas aquí. Pero el acceso resultaba difícil, comprobamos que desde hace mucho tiempo nadie se acerca por aquí a escalar, la pared está incluso bastante sucia. El paseo nos sirvió para ver otras perspectivas y lugares del entorno [ver track]. Ese día vino a saludarnos Ruger, que había visto desde su casa la furgoneta y, como siempre, nos estuvo hablando un buen rato y contando los días que faltan para su jubilación. El sábado vinieron Carma, Ramón y Lluis y tratamos e hacer juntos en dos cordadas la Frances Sugnol. Nosotros subimos el primero y segundo largo por la Escorpi y nos juntamos en las segunda reu. Finalmente el tercer largo no lo hicimos por salvaguardar mi espalda. El paso en acero que hay que hacer al inicio del tercer largo podría resultar dañino para mí, así que decidimos bajar desde allí, ir rapelando mientras los amigos catalanes llegaban a cumbre y volvían.

Aquel día la mañana había amanecido sin una sola nube en el cielo. Y así se mantuvo durante horas, pero cuando ya estábamos haciendo el último rapel comenzamos a temer que la lluvia no nos iba a perdonar. Finalmente llegamos todos al pie sin que cayera una gota. Incluso no solo llegamos hasta la furgo sin problemas sino que además pudimos montar una mesa en el parque infantil que hay al lado del colegio y comer allí, con frío eso sí porque iba refrescando (nada que no pudiese proteger un buen plumas) pero sin agua. Pudimos hacer una buena sobremesa aun cuando las nubes negras amenazaban agarradas a la Pedraforca. Solo comenzaron a caer algunas gotitas cuando ya estábamos con todo recogido en la furgo y los amics ya se habían marchado. En ese momento mientras preparábamos la nave para el despegue se abarloo a nuestro lado una wolswagen blanca, del mismo tamaño de la nuestra. Se presentaron y era la pareja que coincidió con nosotros en la pared, ellos subían mientras nosotros rapelabamos. Estuvimos un buen racho charlando. Muy majos. Nos enseñaron la camperización que le habían realizado, estaba muy bien, nos gustó mucho.

Cuando bajamos nos dirigimos al área de autocaravanas de Aviá con idea de pasar allí la noche, pero estaba petada y aunque había sitio no quisimos quedarnos, demasiado contraste después de cinco noches en la absoluta soledad de Malanyeu. Decidimos pues acercarnos hasta la de Gironella, al menos el orden y el ambiente que rodea esa área nos valdría para aclimatarnos. Nada mas llegar allí, salimos a dar un paseo. Nos tomamos una estrella de galicia en Café Bassacs y huimos enseguida del local, había mucha gente y mucho ruido, como siempre poco acondicionado. Durante el paseo de vuelta, bastante largo porque en vez de atajar nos acercamos hasta el puente de piedra del pueblo, nos llamó Marta para hacernos la crónica de la Feria do Queixo de Pontedeume, a la que había ido y le había encantado.

[0426|domingo] Al día siguiente nos fuimos hasta Montseny por la carretera de Gironella a Vic que esa mañana de sol y domingo estaba especialmente bonita. Atracamos en el aparcamiento de Can Cassades, donde desayunamos, y desde allí subimos hasta el Turó de l’Home [Track]. Aunque empezamos la marcha bajo el sol, entre carballos y hallas de hojas jóvenes [Instagram], al llegar a cumbre amenazaba tormenta a lo lejos, el pronóstico era para la tarde pero parecía que se estaba a adelantando. Finalmente no cayó nada ni entonces ni después. De regreso a la nave sólo paramos a tomar un refrigerio porque enseguida tiramos hacia La Mogoda, donde habríamos de pasar la noche, y allí preparamos cena.

[0427|lunes] La idea era que este día Lluis y Luis subirían al Cabal Bernard, yo todavía no estoy para una escalada tan exigente y me iba a quedar en la nave escribiendo. Pero de nuevo la amenaza de la tormenta primaveral que no sólo informaba Meteoblue sino que se atisbaba en el horizonte nos hizo cambiar de plantes. Lluis nos llevó entonces a conocer un paraje muy curioso: la Riera del Tenes [Track]. Una senda que sube desde Finques Riells del Fai hasta el Monasterio de San Miquel del Fai [Instagram]. Rematamos la jornada, como no podía ser de otro modo, en la cocina de Lluis, y a última hora de la tarde (18:44 h) pusimos rumbo a la Costa Brava. Una asignatura y un lugar pendiente que esta vez íbamos por fin a visitar. A las 20:37 atracamos la nave en este mirador de Tossa de Mar donde pasamos la noche.

[0428|martes] Desde donde teníamos la nave, lugar de privilegio para un desayuno o con vistas a la bahía, pudimos tomar el Camí de Ronda, sendero que recorre la costa y que nos valió para bajar hasta la playa de Tossa y visitar la ciudadela vieja. Es increíble la cantidad de turismo que puede acoger esta ciudad ya a finales de abril. Cierto que había mucho francés, sobretodo grupos de jóvenes que posiblemente aprovechaban la semana de vacaciones de primavera para acercarse a la Costa Brava. De hecho, los días siguientes continuamos viendo familias francesas visitando los lugares pueblos típicos de esta banda catalana. Por las estrechas calles de la ciudadela en ocasiones había que ceder paso o hacer cola. Sentimos entonces no haber pensado en eso la noche anterior y habernos acercado entonces a dar el paseo, seguro que estaría más tranquilo y más bonito el ambiente antiguo, bajo la luz de farolas amarillas.
De vuelta en la nave abandonamos el lugar siguiendo la carretera de la costa que nos llevaría a San Feliu de Guiosols, el pueblo donde Lluis tiene el apartamento y del que, por ello, tanto le hemos oído hablar. Allí nos detuvimos solo el tiempo de tomarnos un refrigerio en uno de los enormes aparcamientos que hay a la entrada, casi vacío por ser esta una época de poco veraneo (jejeje). Aseamos la nave en un área de servicios de un polígono cercano y continuamos viaje. Poco después de las 7 de la tarde atracamos en el aparcamiento de autocaravanas que hay a la entrada de Pals, bonito pueblo medieval [Instagram], donde pasaríamos la noche.

[0429|miércoles] La noche anterior estuvimos hablando con Manel y Nuria quienes, al saber por donde andábamos nos recomendaron visitar Peratallada, otro precioso pueblo de esta comarca que está muy cerca de nosotros. Atracamos en el aparcamiento que hay a la entrada, el pueblo es prácticamente peatonal, con calles muy estrechas, y se visita rápido porque es muy pequeño.
Después de reconocer estos dos ejemplos medievales de la Costa Brava, pusimos rumbo a Francia, Nuria y Manel nos esperaban, pero antes paramos en el ALDI de Figueres a recargar la despensa.
Poco antes de las cinco de la tarde entrabamos con la nave en la nueva casa de nuestros amigos, con finca esta vez. En Corneillá de Conflent. Todo un lujo al que llegamos con enormes ganas de conocer y disfrutar. El que hayan finalmente decidido trasladarse a este lado del país catalán ha sido en parte impulsado un poco por nosotros. Y ahora que estamos aquí descubrimos que el lugar es precioso. Al pié del Canigó, con vistas a la montaña «sagrada» (todavía con nieve) desde el porche de la casa.

Canigó
Pasamos unos días con nuestros amigos, disfrutando del bello paisaje de estas montañas y estos valle encajonados, llenos de agua [Instagram]. De buenas sobremesas en su amplia cocina. Descubriendo el nuevo espacio. Al día siguiente de nuestra llegada fuimos caminando hasta Vernet les Bains [Track].

El viernes hicimos una ruta circular un poco más exigente entorno al Monasteri de San Martí del Canigó [Track]. Algunos pasos del camino entre pequeñas cascadas, además de bellos, imponían cierto cuidado. Las vistas de toda la ruta no tienen desperdicio, pero lo que más me impresionó fue la bajada desde el monasterio, en una tortuosa pista de cemento que trazaba zetas «inagotables» mostrando a cada paso una nueva perspectiva sobre el cañón de El Cadí [Instagram].

De nuevo en la casa nos pusimos «manos a la obra». Traíamos como idea componer una empanada para mostrarle a Nuria, a la que tanto le gusta, cómo se hace. Así que por no restarle tiempo a la excursión, dejamos hecha la masa la noche anterior y guardada en la nevera. Así que esta tarde, después de comer nos pusimos a montarla. Sin rodillo, lo cual es todo un arte, con una botella Nalgene de agua de litro y medio, llena, para darle mas peso y consistencia. Horneamos la empanada y la dejamos a enfriar toda la noche. La comeríamos al día siguiente.

Como buen sábado de buenos franceses hoy dedicamos parte de la mañana a visitar el marché de Prades y a hacer unas compras: plantones para el huerto, unos huevos y una botella de vino, capricho de Manel. Mientras nosotras nos dimos un primer paseo entre los puestos, Luis y Manel se acercaron a comprar un cortacesped. Hoy tocaban trabajos de jardinería y horticultura al llegar a la casa. Antes, paramos a ver Villefranche de Conflent y la fortaleza de Vauban [Instagram].

Tras los trabajos en el exterior, Nuria y yo plantamos lechugas y pimientos en el huerto mientras los chigos pusieron a punto y probaron el cortacesped. Después, bajo la atenta mirada del Canigó, en el porche de la casa, degustamos la empanada que, por cierto, salió riquísima. De las mejores que hemos hecho. Pensamos que quizá se debía a que hacía tiempo que no la amasamos a mano y eso supongo que tiene mucho que ver con que la masa haya quedado tan tierna y gramada, abuela estaría orgullosa. Tras la sobremesa, tan larga como habitual, vimos en el salón sendos documentales sobre el padre Jacint Verdaguer. Dejo aquí enlace a uno de ellos, la extraordinaria travesía pirenaica que realizó el singular montañero y poeta catalán: Canigó 1883. Luis y yo aprovechamos para estrenar y probar las confortables nuevas sillas plegables para la furgo.

A la mañana siguiente, tras un largo desayuno pusimos rumbo a casa. Atravesamos la frontera de Puigcerdá y cruzamos la Cerdanya. Nos paramos en La Seu d’Urgell y dimos un paseo por el pueblo. La siguiente parada sería Tarazona, ya en Aragón. Nos acercamos a tomar los torreznos en el Saboya, pero se habían acabado. Ahogamos nuestra pena con un par de estrellas de bodega y un paseo a orillas de Queiles, de regreso al área de autocaravanas donde pasamos la noche.

[0504|lunes] Siguiendo la ruta habitual del puerto de Somosierra, llegamos a Puertojuande a las 13:55 horas.

 

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