[20221202 | viernes] Somos volubles y los planes los hacemos y deshacemos con facilidad. Durante el desayuno hablando de lo que haríamos los próximos días decidimos aproar al otro extremo peninsular y poder así acercarnos a los fastos que se estaban organizando en A Orela para celebrar la jubilación de Isa. Yo tenía mucha ilusión por ir, pero sobre todo al principio. A Luis no le apetecía mucho por lo que yo ya había descartado ir para allí. Pero fue en esta mañana, cuando él me dijo que pensaba que estaría bien ir a Pontedeume, que sabía que yo tenía muchas ganas y que no quería que me perdiese la juerga. Por otra parte, también hablamos de que había que cambiar el aceite a la IPAR. Estaría bien hacerlo cuanto antes para librarnos de esa tarea y buscamos un taller en Almería. Llamamos y el recepcionista no pareció muy dispuesto a atendernos. Así que pensamos que quizá, camino de Galiza, podíamos pararnos en algún taller. Y lo encontramos, estupendo, nos atenderían al día siguiente, sábado por la mañana, en Córdoba. La idea nos pareció muy buena, la Man estaba muy cerca del centro de la ciudad y así podríamos dar un paseo con las lanzaderas mientras los operarios hacían el trabajo. Trazamos pues rumbo al Fisterra atlántico, recorriendo toda la costa sur almeriense para empezar. Antes de salir, buscamos un sitio para pasar la noche siguiente, sería a las afueras de Córdoba en un pueblo con un AAC municipal muy bien valorada. Llamamos al ayuntamiento pues en los comentarios indicaban que había que pedir una clave de acceso para el recinto, cerrado con una cancela. Y así, una vez todo preparado, la ruta trazada… abandonamos con cierta pena La Isleta y le dijimos adiós a Cabo de Gata, tras haber pasado una semana en este extremo peninsular que tanto nos ha sorprendido y gustado.
Por la autopista de la costa atravesamos el espectacular mar de plástico de El Ejido, un impresionante paisaje artificial que se confundía en su reflejo de la luz solar con el mar que se intuía muy al fondo, tras la basta extensión de lonas. Kilómetros y kilómetros interminables de recorrido. Paramos en la ciudad para echar combustible a la nave. Al dejar atrás aquel espeluznante paraje, comenzamos a adentrarnos en las estibaciones de Sierra Nevada y el paisaje se volvió de pronto muy amigable y bello. A lo lejos las altas cumbes, coronadas de nubarrones grises, mientras nos acercábamos a la bella Ganada. Entramos en la ciudad a comprar los alfajores para la navidad, en la pastelería que Luis tenía ya buscada desde hacía meses: Casa pasteles Albayzín. De hecho, su idea era pedirlos en remoto, pero la oportunidad se nos brindaba esta tarde perfecta. Atracamos en una calle muy cerca de La Bola de oro (c/ Hoya de la Mora, 10), uno de los tres establecimientos de esta Casa y mientras esperábamos a que abriese, a las 4,30, tomamos un pequeño refrigerio.
Cuando llegamos al AAC de Castro del Río, donde teníamos planificada la pernocta, era ya noche cerrada. Cansados como estábamos apenas pudimos hacer nada más que prepararnos una rica cena y meternos en la cama.
[20221203 | sábado] De buena mañana salimos hacia Córdoba, teníamos cita a las 10 en el taller de la Man, para hacer un cambio de aceite. Llegamos pocos minutos antes a la ciudad y entregamos la nave, en dos o tres horas estaría lista. Con las lanzaderas nos fuimos a recorrer las preciosas calles del centro. Atravesamos el río por el puente romano, con la mezquita enfrente. Todavía no había mucha gente… los músicos callejeros adornaban la mañana. Lo primero fue enfilar la Avenida del Doctor Fleming hasta la Churrería Victoria. Un pequeño local con un enorme encanto: su dueña muy activa al otro lado del mostrador, organizando, saludando, dando órdenes… La escena era almodovariana. Allí disfrutamos de pie de un par de vasos de café y los churros riquísimos, recién hechos. Después atravesamos la muralla para perdernos en el delicioso laberinto de la judería cordobesa. Callejones estrechos y retorcidos, ventanas enrejadas y patios de museo. Poco a poco, a medida que iba avanzando la mañana, las calles se llenaban de gente, grupos enormes de turistas que lo invadían todo. Poco antes de la 1 del mediodía estábamos de vuelta en los talleres de Man para recoger la nave (allí nos enteramos que había un problema con el registro de la garantía del vehículo, que mantuvo entretenido a Luis los meses siguientes hasta que consiguió arreglarlo).
Ya en la nave, nos fuimos hasta el aparcamiento de Medina Azahara donde comimos (momento en el cual recibimos la llamada de Lucas y Claudia que nos proponían pasar el fin de año todos juntos en nuestra casa con los padres de ella).
La visita a Medina Azahara, muy interesante, nos entretuvo buena parte de la tarde. Además de ver la exposición y el vídeo en las instalaciones al lado del aparcamiento, subimos en el bus del centro (no se puede ir con el corche) a ver las ruinas. Gracias a la recreación tan buena del vídeo que nos presentaron pudimos reconocer en este entramado de piedras atropelladas por el paso del tiempo cómo era la ciudad en los tiempos de su esplendor.
No teníamos muy claro cómo continuar nuestra ruta aquella tarde. Buscábamos un buen sitio para descansar y dormir. Enfilamos la carretera de Espiel hacia Extremadura y, ya bien entrada la noche, llegamos al ACC de Llerena. Allí atracamos, toda una buena elección como pudimos comprobar. Antes de cenar salimos a dar un paseo por el centro del pueblo. Una vez reconocido el sitio en el que íbamos a pernoctar, bajamos y atracamos la furgo en una calle más cerca del centro del pueblo con idea de dar un pequeño paseo. Hacía mucho frío pero mereció la pena. El pueblo estaba precioso, las calles muy vacías pero muy limpias y bien iluminadas. Nos tomamos un vino en la Posada de Llerena. Nos gustó mucho el local y el vino (un Protos fresquito de bodeda, recién abierto, y a muy buen precio), volveríamos al día siguiente a comer allí.
[20221204 | domingo] Investigando sobre Llerena descubrimos cosillas interesantes que ver allí. Así que decidimos tomarnos un respiro en el viaje y dedicar el día a ver el pueblo y alrededores. A pocos kilómetros, en Casas de Reina, está el yacimiento romano de Regina Turdulorun, con su teatro romano muy bien conservado no tan grande pero tan vistoso como el de Mérida.
Después nos fuimos a comer a la Posada de Llerena, lo que resultó ser una muy buena elección.
[20221205 | lunes] El pronóstico meteorológico no pintaba nada bien. Iba a llover, y mucho, y sin parar… Así que, con paciencia, nos dispusimos a continuar nuestra ruta y enganchar con al autovía de la Plata que nos llevaría sin apenas descanso hasta Zamora . Solo paramos a tomar algo y a reponer líquidos en el ACC de Béjar: todo un fichaje interesante del que tomamos nota, en la vieja estación de tren, al pie de una vía verde. Ya cerca de las 10 de la noche llegamos a una de las ACC de Zamora, la grande, la que está en el parque al lado de las murallas y el castillo, donde atracamos la nave.
[20221206 | martes] Es festivo nacional y las calles de Zamora están vacías a tempranas horas de la mañana. Tras el desayuno salimos a dar un paseo por la parte antigua. Es una delicia. Recordábamos la última vez que habíamos estado por aquí. En tiempos de mascarillas y pandemia, cuando atracamos en el ACC que hay cerca del río y visitamos la ciudad y las aceñas. Esta mañana recorrimos de nuevo las calles antiguas, visitamos las iglesias de Santa María Magdalena, de San Juan de Puerta Nueva y de Santiago. Pero el gran descubrimiento de la mañana fue el Museo Etnográfico de Castilla y León. Al pasar por delante vimos que había una exposición temporal de la fotógrafa americana , con imágenes tomadas hace un siglo por los pueblos de Zamora. Entramos a verla y, cuando salimos, entramos a visitar las salas del propio museo. La pena es que ya se había hecho tarde y sólo pudimos ver un pequeño porcentaje de lo que allí se muestra, pues a las dos del mediodía cerraban. Nos fuimos con pena porque la exposición nos pareció extraordinariamente buena e interesante, así que volveremos para continuar viéndola. Y es que Zamora es una ciudad que ofrece mucho, además de la tranquilidad sin estridencias que permite disfrutar del encanto de sus calles y plazas. Un paseo que aquella mañana culminamos tomándonos sendas copas de vino de Toro (Primero) con arroz a la zamorana, como no podía ser de otro modo.
Después de comer y descansar el vino tiramos rumbo a nuestra siguiente parada el ACC de Benavente, la que está al lado del HiperGadis. Esa noche nos dimos un paseo por la ciudad. El ambiente era futbolero por todas partes. España se jugaba su permanencia en el Mundial y todas las gentes se concentraban entorno a las pantallas del televisor. Pudimos pues darnos un paseo casi en solitario hasta qu finalizó el encuentro. Fue entonces cuando descubrimos en los rostros entristecidos de quienes se cruzaban con nosotros (cada vez mas) que el equipo español había perdido la contienda. Tratamos de cenar en algún local de la ciudad, pero ninguno nos sugería, quizá por el ambiente tan enrarecido por la fiebre del balón, así que finalmente decidimos prepararnos algo en la furgo y descansar.
[20221207 | miércoles] Antes de abandonar Benavente, nos pasamos por el Gadis a ver si pillábamos alguna botella de vino Primero o similar. Tuve suerte porque en el Hiper me encontré un conjuntillo de jersey y rebequita, muy apañadito de precio, que me vino muy bien para la fiesta del día siguiente en la Aurela. Inmediatamente arrancamos motores para acotemer el tramo final del periplo que desde Almería nos lleva a Coruña. Paramos a comer en Villafranca del Bierzo, aprovechando para conocer el nuevo ACC que han hecho allí, al lado del río.
Cerca de las 8 de la tarde llegamos a la casa de Anabel (en Miño, en la urbanización de costa Anácara). Atracamos la nave en la puerta y allí esperamos a que llegara ella. Venía de clase de teatro y llegó unos pocos minutos después. Un reencuentro, el primero de los que se iban a producir en las siguientes horas, muy emotivo. Vimos su preciosa casa, muy bien arreglada como no podía ser de otra manera ya que Anabel tiene un don especial para crear espacios muy confortables. Pasamos allí la noche.