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[202109.24 | viernes]  A las 12:00 horas abandonamos Puerto Juande con destino Pontedeume. Paramos en Rueda a comer unas fabes con bonito que traíamos preparadas. Tratamos de ir a Casa Lola a tomar café pero había mucha gente y el aforo estaba completo. Nos preparamos una cafetera en al nave y continuamos viaje. Al atardecer llegamos a Cabanas. justo a tiempo para saludar a mamá mientras cenaba. Íbamos con  la idea de pasar el fin de semana con ella en Andrade a donde iríamos el siguiente. Esa noche, tras saludar a Marta y Pedro, bajamos al pueblo pues Isa cumplía 59 y lo estaba celebrando en los vinos. No quisimos perdernos la fiesta. Y ya se sabe… saludos, vinos, recuerdos. Noche entrañable. Dormimos en el aparcamiento de los Moteles.

[202109.25 | sábado]  A la mañana siguiente, tras una compra en Froiz, subimos a casa de Maly donde pasamos el resto del fin de semana con mamá. Había muchas castañas y nueces que me entretuvieron algún que otro momento mientras ella dormía. Pasé largas y tiernas horas tumbada a su lado, viendo los «tiempos revueltos» en TV a la carta. El domingo por la tarde bajamos a casa de Marta con mamá. Allí pasamos la noche.

[202109.27 | lunes] El lunes habíamos quedado con Blanca y David para comer en su casa. También vino Isa. Estuvimos muy a gusto en el porche de la cocina, degustando los callos de Sambo que había traído Isabel y los pimientos con patatas fritas que preparó David. Blanca se recuperaba de su operación en el hombro derecho. Por la tarde, estuvimos jugando al Rummie «cardíaco» en la cocina. A eso de las 8 nos fuimos. Queríamos llegar a Carballo para pasar allí la noche, en parking que hay en los depósitos de la traída de agua, al lado de la Residencia de Luisa. El lugar resultó muy tranquilo y bueno para la pernocta.

[202109.27 | martes] Por la mañana, después de desayunar nos llamó la monja para preguntar cuándo íbamos a ir a buscarla. Se llevó una gran sorpresa cuando le dijimos dónde estábamos y dónde habíamos pasado la noche. En unos minutos ya estábamos atracando la nave en el patio de su residencia. Inmediatamente nos fuimos hasta el puerto de Malpica de Bergantiños, donde dimos un pequeño paseo disfrutando del ambiente y la mañana soleada. Era una ilusión que tenía Luisa pues ella nunca había estado allí, en aquel pequeño y bonito pueblo marinero. Después nos fuimos hasta la Praia de Beo, y sin bajarnos de la nave, Luis preparó unas riquísimas lentejas y las comimos allí mismo con excelentes vistas al océano. La monja disfrutó mucho. La nave le proporcionaba toda la comodidad que ella precisaba para poder alejarse un poco de la rutina de su vida en la residencia. Baño y siesta incluidos. Entorno a las 5 de la tarde, tuvimos que volver. Se había dejado el sintrom y ésta fue la disculpa. Yo subí a acompañarla hasta su habitación. Después, abandonamos Carballo con rumbo San Vicente do Mar. Sin peajes, por estradas y paisajes bonitos, cruzando la tierra de Bastavales. En Caldas de Reis paramos a limpiar la nave en el AC municipal. Nos gustó la instalación y, agradecidos, aprovechamos para comprar algo de fruta en el Froz que había al lado antes de continuar viaje.

Llegamos al aparcamiento de La Lanzada con la última raiola de luz. Bajamos de la nave y corrimos para acercarnos y tocar el mar antes de que la playa quedase totalmente a oscuras. La emoción nos envolvió de pronto. Paseando por la orilla nuestros ojos revivían miles de momentos grabados en nuestras retinas en aquellos tiempos, ya 14 años atrás, en los que pasábamos todos los veranos y algunos momentos de invierno en aquellos parajes. Habíamos vuelto!  Este lugar es CASA y enseguida comenzamos a sentir los efectos de confort que ello implica. Atracamos la nave en el pequeño espacio de tierra que hay en la margen izquierda de la carretera que va a San Vicente, a un kilómetro aproximado de la rotonda. Desde allí, en aquel enorme balcón panorámico disfrutamos del olor a xiabre, bajo las estrellas y tumbados en las rocas que conformaban el talud que se levanta en este extremo de la playa. Aquella noche dormí vigilando el arco del arenal de La Lanzada, desde el ventanuco de la litera, arrullada por las olas. E, igualmente, así me levanté por la mañana. Qué más se puede pedir?

[202109.29 | miércoles] Muy pronto, después de desayunar, nos fuimos hasta el mercado de O Grove. Habíamos quedado allí con Pitusa y Fede para hacer la compra. Este mercado siempre fue un santuario para mí y no quería perderme la visita. Después nos paseamos por el bosque oscuro de La Toja, descubriendo la Aldea de los Grobits que no conocíamos. En la isla, ese día se preparaba una buena concentración de prebostes. Comenzaban tres jornadas de debate político a la que iban a asistir muchos políticos, incluido el presidente Sanchez. También estaría el principiño borbónico. Había «mucha-mucha policía». En fin. El bosque no lo tenían tomado y por allí nos dimos un tranquilo y fresco paseo. Después, huyendo del lugar nos fuimos hasta San Vicente a pasar el resto del día. La comida en el porche de casa Chary fue muy emotiva y evocadora. Por la tarde, me fui a dar una vuelta con mi lanzadera, con la disculpa de buscar un sitio nuevo para pernoctar esa noche. Me acerqué hasta el aparcamiento que hay al lado del náutico y, desde allí fui recorriendo un poco la costa hasta la Praia da Cruz. Pero finalmente decidimos dormir donde la noche anterior.

[202109.30 | jueves] Hoy vinieron siguiente vinieron Goyo y Fina, y juntos los seis, pudimos disfrutar de una soleada mañana de paseo y una entrañable sobremesa. Fuimos andando desde la casa, atravesando primero por el pinar hasta la Praia da Mexioloeira. Desde allí, cogimos el camino que bordea la costa hacia San Vicente do Grove. Habíamos reservado en O Quinteiro de Temperán. Allí nos esperaba una buena sorpresa. Un lugar muy agradable, bien restaurado y preparado para evocar la vida antigua, donde disfrutamos de una comida sorprendente y distinta.

[202110.01 | viernes] Tras pasar la noche en el balcón que tanto adoramos, amaneció gris y amenazante de lluvia. El tiempo iba a cambiar. Entraba una borrasca por el noroeste que se extendería por todo el norte peninsular y decidimos poner rumbo al sur. Pero antes de que cayeran las primeras gotas queríamos recorrer todo el arenal de La Lanzada. La mañana gris nos pareció igualmente perfecta para respirar este ambiente tan recordado. El agua nos respetó y empezó a caer cuando ya estábamos a salvo en la nave. Aprovechamos el momento para tomar algo y planificar el viaje que seguiría rumbo a Portugal. Esa misma tarde paramos en el AC de Combarro a poner a punto la nave con idea de dormir en Pontevedra. Pero al llegar a esta ciudad nos sorprendió un enorme atasco que anunciaba un evento justo en el AC que habíamos localizado cerca del río. En fin, que sin parar, continuamos ruta.

Llegamos a Tuy mas tarde de las ocho y atracamos la nave en el aparcamiento municipal recomendado por park4nigth que resultó ser un lugar estupendo. Liso, tranquilo y muy céntrico. Desde allí, tras la cena, salimos caminando a dar un paseo por el casco antiguo. Su catedral medieval impresiona, embutida en las estrechas calles que albergan viejas iglesias y conventos, palazos blasonados, galerías y balcones de madera y piedra. La noche, además, estaba preciosa y había bastante ambiente en bares y terrazas.

[202110.02 | sábado] Por la mañana nos organizamos después del desayuno. Llamamos a Pedro para confirmarle que habíamos puesto rumbo a Lisboa y que estaríamos con él en unos días. Después, hicimos la compra en el Froiz que hay al lado y adquirimos un mollete muy rico en la Panadería Xullo, también muy cerca de la plaza donde estábamos. Después, bajo la lluvia, fuimos a pasear de nuevo por las mismas calles antiguas que recorrimos la noche anterior, comprobando la belleza de esta ciudad antigua, que fue una de las siete capitales de provincia gallega, importante sede arzobispal y puerta de entrada a Galicia del camino xacobeo portugués.

A las 14:14 (hora de Galiza) 13:14 (en Portugal) atravesamos el puente internacional sobre el Miño. Proyectamos atravesar de norte a sur el país Luso y aprovechar para ver a Pedrito y pasar unos días con él en Lisboa. Pero aquella apetecible travesía, en la línea atlántica de la costa oeste, resultó ser finalmente un viaje truncado.

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