[0408 | lunes] A las 10:23 AM abandonamos PuertoJuande, cargados hasta los topes y con mucha tarea de inicio por delante. Primero dejar el Meg en AZ Auto a reparar y, después, el boiler de la IPAR en Vallecas (en el taller de Explora2), también para ponerlo a punto. Hechas las tareas, resignados y sin agua caliente, poco después de las 12:30 enfilamos la A3 con destino a Yecla. Hicimos una pausa-refrigerio en el alto de los molinos de Mota del Cuervo entorno a las 2 del mediodía. Hacía mucho viento, aunque las aspas de los gigantes no se movían. El paraje nos sirvió para abrir el telón de un periplo de casi tres semanas por tierras manchegas, murcianas y andaluzas.
Al filo de las seis de la tarde atracamos en la tan familiar para nosotros AAC de Yecla. Los cuatro días siguientes, con un tiempo excelente, los dedicamos como no podía ser de otra forma a visitar La Magdalena. El plan, mas o menos el mismo: desayuno tranquilo, alguna tarea (a veces de Flops) y enseguida al aparcamiento de las abejas para desde allí subir al pie de las vías:
– MARTES: Spell Book [Instagram] y Ahora somos libres (los dos primeros lagos y salimos por El Gran Soñador)
– MIÉRCOLES: Justicia Poética [Instagram]
– JUEVES: Diedro de los Incrédulos [Instagram]
– VIERNES: El Pilar del Buitre [Instagram]
La climatología nos regaló cuatro días de sol y temperatura muy agradable. Hacía viento, pero al soplar del noroeste en la pared se estaba muy bien, de vez en cuando una ligera brisa agarimosa nos refrescaba. Estuvimos totalmente solos salvo en la primera hora del viernes que nos encontramos en el camino de los pies de vía a Manolo, el equipador que conocimos el año anterior (estaba subido a la pared haciendo limpieza) y a Paco, un amigo que charlaba con él y que nos acompaño hasta el pie del Pilar. Él bajaría desde allí a su casa, al pie de la montaña. Intercambiamos contacto y nos pasó unos croquis de la zona de deportiva de Jumilla a donde pensaba ir al día siguiente: «Quizá nos veamos entonces» dijimos. Sería un buen plan ya que el finde se presentaba muy-muy caluroso y aquellas vías están en sombra. Pero finalmente declinamos el ir.
[0413 | sábado] Ya lo venían anunciando toda la semana, y el sábado por la mañana la radio confirmó el irremediable pronóstico. Entraba una ola de calor del Sahara que provocaría una subida muy brusca de temperatura. Decidimos pues tomarnos el día de descanso, a cubierto, y tras el desayuno llevamos la nave al paseo de pinares que hay al lado de las instalaciones deportivas con idea de dejarla allí todo el día a la sombra. Y tuvimos suerte… ya que cuando llegamos nos sorprendió la cantidad de gente y coches que había pues ese fin de semana se celebraba una competición de atletismo, pero pudimos atracar en un hueco que dejaba cuando llegamos un auto que se iba. Regalazo!. El sitio era inmejorable y allí dejamos la nave para bajar al centro a visitar el Museo Arqueológico.
Fuimos caminando buscando la sombra todo el tiempo y llegamos poco después de las 12. El museo cerraba a las 13 horas así que disponíamos de muy poco tiempo, algo que pudimos constatar cuando, ya dentro, al recorrer sus salas vimos la dimensión y el detalle de la exposición. Nos sorprendió gratamente, pero temíamos que no podríamos verla toda. Y así fue. Abdon, el responsable del museo entró en la sala donde está el gran mosaico a decirnos que en 10 minutos iba a cerrar, y muy amable nos dijo que si queríamos podríamos volver al día siguiente, que nos respetaría la misma entrada. Y eso es lo que hicimos. Nos estaba gustando mucho el museo [Instagram]. En él pudimos ver, entre otras curiosidades, una reproducción exacta de la Dama Oferente encontrada a finales del siglo XIX en el Cerro de los Santos. Un paraje muy cercano a Yecla aunque en la provincia de Albacete, un lugar privilegiado en tiempos de los Iberos:
El Cerro de los Santos fue un lugar de ubicación privilegiada: en una de las más importantes vías peninsulares entre los siglos V a.C. y I d.C. que comunicaba las costas de levante con las ricas tierras de Andalucía. Además, al pie del cerro corría un arroyo con aguas salutíferas cuya ingesta tenía resultados curativos. Así pues ahí, entre el bosque que entonces poblaba esos parajes, fue levantado un santuario de peregrinación al que acudían fieles devotos en busca de la sanación de sus males. A cambio del bien recibido realizaban una ofrenda a la divinidad, un exvoto, que consistía en una escultura, un objeto de adorno, o una cerámica, dependiendo de la capacidad económica del fiel.
En Yecla hubo un importante asentamiento romano, cercano al paso de la Vía Augusta que unía Játiva y Cádiz. y que se corresponde con la actual Traviesa de Caudete. Los materiales recogidos de las villas que allí se asentaron, entre los siglos I a.C y V de nuestra era, se exponen también en este museo: bajorrelieves en mármol, restos de estatuaria, monedas, cerámicas, mosaicos, bronces y estucos pintados policromos.
Después de nuestra fugaz primera visita al museo, nos dimos un paseo. Teníamos localizado un local que ofrece bodega pero que no abría hasta las tres de la tarde, así que entretuvimos el tiempo buscando aceras de sobra y tomando una estrella normal en otro bar. Y así llegamos a la hora en que abría el Kampala y nos convertimos en sus primero clientes. La cerveza estaba bien tirada y mereció la pena, pero el local era bastante feo y de la música ni hablar… así que nos sentamos fuera, en la terraza que estaba en sombra. De vuelta en la nave, el evento deportivo ya se había acabado y el lugar estaba muy tranquilo. Comimos y nos tumbamos en la cama a ver una peli. A última hora de la tarde regresamos al área donde pasaríamos la noche. Pero antes, desde allí, subimos caminando hasta el Santuario del Castillo, por la pista que sube precisamente desde la avenida de los pinos, bordeando la muralla del cementerio. Después bajamos por el camino sinuoso del castillo, tomando los atajos de escaleras que nos acercaron enseguida al centro del pueblo, a la altura de la Iglesia Vieja, y bajamos hasta la plaza del ayuntamiento desde la que volvimos de nuevo a la nave. El paseo nos sirvió para conocer el barrio alto de Yecla aprovechando el frescor de la noche.
[0414 | domingo] El domingo por la mañana repetimos la jugada. El evento deportivo se había reanudado igualmente, pero pudimos aparcar en esta ocasión un poco mas abajo, en una sombra que calculamos nos llegaría para cubrir el tiempo que estaríamos fuera visitando lo que nos quedaba del museo. De camino quisimos comprar pan integral en la Pastelería Francesa que está en la calle San Isidro, ya que allí lo hacen 100% pero resulta que no los domingos, así que tuvimos que contentarnos con una vulgar barra. Después de la visita al museo subimos a recorrer el trazado de pasarelas que hay en la parte alta de pueblo y que habíamos visto tras nuestro paseo de la tarde anterior. Recorren la parte de ladera que queda entre la subida y bajada al Santuario del Castillo que hicimos el día anterior. y conducen a un mirador sobre la ciudad. Hacía mucho calor y no nos detuvimos mucho tiempo allí, bajamos enseguida entre los pocos pinos que íbamos encontrando a nuestro paso hasta la nave. Cuando llegamos todavía estaba resguardada a la sombra pero había que moverla ya. El evento deportivo no había terminado aún pero pudimos encontrar un lugar de sombra en el aparcamiento de tierra que hay al lado del cementerio, donde nos habíamos resguardado de otro fuerte día de calor el año pasado, con Lola y Fernando. Allí tomamos el aperitivo mientras esperábamos que se moviera todo el mundo. No tardamos mas de una hora en quedar prácticamente solos y volvimos a llevar la nave al lugar de la avenida donde pasamos la tarde el día anterior. Allí comimos y decidimos cambiar de destino. Esa tarde abandonamos Yecla y nos fuimos a Caravaca de la Cruz.
El AAC de Carvaca es de las buenas, y a ella, llegamos a media tarde, con tiempo suficiente para subir hasta la Basílica y colarnos a ver el entramado turístico-religioso que tienen allí montado entorno a la Vera Cruz, antes de que cerrasen el recinto. Desde lo alto de la muralla vimos como ensayaba una cuadrilla de los caballos del vino, y es que faltaban unos días para que se celebrasen las fiestas. Al bajar dimos un paseo por las calles antiguas de la ciudad, engalanada con motivo del año jubilar que precisamente se estaba celebrando. Compramos el típico alfajor en Todopan, un dulce potente pero saludable hecho básicamente de miel y frutos secos con pan de oblea. Buscamos un lugar donde tomarnos una cerve pero no encontramos nada adecuado, así que optamos por regresar a la nave y degustarla allí.
[0415 | lunes] A la mañana siguiente seguíamos preocupados por la climatología, parecía que la ola de calor iba a durar un par de días más. Aún así, decidimos acercarnos a Sierra Espuña. Pasaríamos el día allí. Pesamos que en el pinar del parque entorno al área de recreo donde aparcaríamos la nave estaríamos fresquitos. Además, aprovechamos para acercarnos hasta el pie de la vía que teníamos en mente escalar cuando bajasen las temperaturas. Recorrimos el camino hasta la pared desde el lugar atraque, más de una hora de marcha entre pinos mayormente y. aún así, pasamos bastante calor. Antes de subir a Leiva por la mañana y al pasar por Mula hicimos compra en el Aldi. Por la tarde regresamos hasta este pueblo para hacer pernocta en el AAC municipal que está al lado del polideportivo.
[0416 | martes] Desayunando pensamos que quizá la mejor forma de soportar el último día de inclemencia tórrida, en 24 horas se produciría una bajada brusca de temperatura, sería resignarnos y pasar el día en el camping de Sierra Espuña. Estaríamos más fresquitos, podríamos aprovechar las instalaciones de agua para hacernos un buen aseo y además dormiríamos mucho mas cerca de nuestro objetivo para el día siguiente. Antes de subir buscamos una farmacia para comprar unos tapones para mis oídos, pues me habían quedado en casa. Finalmente resultó un día muy tranquilo para nosotros. Montamos el campamento con el toldo al abrigo de la poca vegetación que rodeaba nuestra parcela, pero corría el aire y no pasamos mucho calor. Nos dimos sendas buenas duchas, leímos y cocinamos unas fabes con atún, que bien pochaditas y reposadas constituirían nuestra deliciosa comida del día siguiente, tras la escalada.
[0417 | miércoles] Y por fin llegó el día y se cumplió el pronóstico. Las temperaturas bajaron hasta sensaciones muy agradables y disfrutamos muchísimo del ambiente, el sol, la pared, el enorme pinar… todo para nosotros, en una mañana y parte de la tarde deliciosa [acceso al pie de vía]. La escalada se dio de cine y coronamos la Carrillo Cantabella por segunda vez, ahora sí, más contentos que la primera, sobre todo el capitán de cordada que lo dio todo y se sintió fetén. Yo, contenta porque pude medir mis capacidades y sentirme de nuevo en el juego, todavía capaz de acometer estos grandes retos. En Instagram quedó recogido el ambiente. En la cumbre grabamos un vídeo para celebrarla y compartirla con los hijos, en la distancia. Después, bajamos por la canal y regresamos a la nave [descenso por la canal]. En total, 8 horas de actividad que se vieron recompensadas con las fabes y el muscadet que nos esperaban. A última hora de la tarde bajamos felices y nos encaminamos al AAC de Caravaca donde haríamos noche de nuevo.
[0418 | jueves] En Caravaca pusimos punto y final a estos días por la región de Murcia y, tras hacer la compra en el Mercadona de esta ciudad, pusimos rumbo a Andalucía, Nos esperaba un día y un viaje interesante y entretenido. La primera noche que pasamos en Caravaca estuvimos leyendo el capítulo que a esta ciudad-santuario dedicó Zabaleta en su libro Viaje al Interior y eso nos recordó que podíamos seguir algunas de sus indicaciones en el resto de nuestro viaje ya que pasaríamos por lugares reseñados por él. Así fue como llegamos al histórico pueblo de Galera, a poco de entrar en la provincia de Granada, donde se encuentra un curioso yacimiento argárico de la edad del bronce: Castellón Alto, excavaciones de un poblado que muestran cómo se organizaba socialmente esta cultura antigua y cómo enterraba a los suyos en las paredes y los suelos de sus viviendas. En el mismo pueblo y en la colina de enfrente está la necrópolis ibérica de Tútugi, donde se descubrió a principios del XX la Diosa de Galera (siglo -VII), de factura fenicia, expuesta hoy en el Museo Arqueológico Nacional en Madrid. Por falta de tiempo tuvimos que reducir nuestra visita a Castellón Alto y al museo. Llegamos al pueblo al mediodía y todo estaba cerrado así que aprovechamos para tomarnos un refrigerio en el aparcamiento del propio yacimiento donde esperamos la llegada a las cuatro de Ana, la persona que nos lo iba a mostrar. Orballaba un poco y a lo lejos rugían truenos de tormenta. Pero tuvimos suerte y pudimos visitar las excavaciones del poblado sin mojarnos ya que, de la escasa lluvia que cayo, pudimos pudimos refugiarnos oportunamente en la única cabaña restaurada [Instagram].
Mientras comenzaban a apartar el muro de piedra que sella la sepultura identificada con el número 121, ninguno de los arqueólogos presentes en la excavación imaginó que estaban horadando un formidable túnel a la Prehistoria. Con suerte, esperaban encontrar en la tumba los restos esqueléticos de un individuo de la cultura de El Argar, que ocupó el Mediterráneo occidental, en concreto las provincias de Almería, Murcia, gran parte de Granada, Jaén y Alicante, en la Edad del Bronce, hace entre 4.000 y 2.700 años.
Lo que se encontraron allí, a finales del 2002, constituyó uno de los más importantes hallazgos antropológicos de nuestro país. El cuerpo momificado de un hombre de menos de 30 años de edad y, en la celda contigua, el de un niño, probablemente su hijo muerto en edad temprana. Ambos están guardados en una urna de cristal sellado en el museo que hay en el pueblo y que pudimos visitar esa misma tarde. Tanto la visita al Yacimiento como al museo del pueblo nos sorprendieron gratamente ya que tuvimos la oportunidad de descubrir y conocer con detalle la Cultura del Algar, y la Íbera también, a través de los vestigios hallados en estas tierras. Al abandonar Galera, poco después de las ocho de la tarde, teníamos claro que volveríamos. Quedaba mucho por ver allí… y mas al sur además está Baza, cita ineludible para perseguir con más detalle estos rastros antiguos.
Retrocedimos hasta Huescar y seguimos la ruta hacia el oeste, rumbo a Cazorla a donde llegaríamos al día siguiente. Antes, por una carretera sinuosa y muy bonita descubrimos poco a poco y por sorpresa que íbamos atravesando barrancos de paredes verticales, bosques de pinos y pequeñas huertas… estábamos en la Sierra de Castril. Un paraje totalmente desconocido e inesperado, inmediatamente al sur del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas, que nos llevó a sorprendernos en más de una vuelta de curva, sobre todo cuando tropezamos con el «inaccesible» pueblo de Castril, donde no pudimos ni detenernos (muy turístico y poco amigable con las ACC).
En la solana de la Sierra de Cazorla y al norte de la provincia de Granada, la Sierra de Castril gira en torno al eje hídrico del río que da nombre a la sierra. Un cauce que, a modo de un gigantesco embudo invertido, drena aguas y tierras desde las cotas más altas, donde las cimas superan los dos mil metros, derramando vergeles sobre el árido Altiplano de Granada.
Una ve mas tomamos nota del lugar, registrando su geomorfología, para completar en nuestra memoria el mapa de la Hispania que tanto nos gusta recorrer por tierras secundarias. En el AAC de Pozo Alcón decidimos pararnos a pasar la noche. Un buen sitio, muy tranquilo, justo al lado de un establecimiento con Estrella de Bodega y a un paso del resto del pueblo. Nada mas bajar de la nave nos refrescamos, como no podía ser de otro modo, en tan singular bolera y local de juegos; A tu bola. Después nos fuimos a dar un paseo por el pueblo y cenamos bacalao rebozado y unas muy originales patatas bravas en una terraza en frente al ayuntamiento. Nos gustó: todo estaba muy bueno y muy bien hecho.
[0419 | viernes] Por la mañana aseamos la nave y seguimos ruta. El paisaje era muy distinto al de la tarde anterior, sin embargo, en algunos puntos también resultó sorprendente y espectacular desde el punto de vista geológico. Sobre todo entre Huesa y Quesada. Después entramos en zona de olivares eternos y poco a poco nos fuimos acercando a Cazorla, centro neurálgico de la sierra. Hacia el mediodía atracamos en el AAC municipal, en una de la pocas plazas que quedaban. Tuvimos suerte, quizá era una de las mejores. El área, como es lógico está muy solicitada y a medida que pasaban las horas se iba saturando poco a poco. Descansamos un poco y salimos con las lanzaderas subiendo desde La Iruela por la pista que lleva hasta el nacimiento del Guadarquivir [Ver track]. Durante la ascensión descubrimos a ambos lados de la pista dos sectores de escalada deportiva: El Peñón del Gallo y La Escaleruela (aquí hay también una vía ferrata). Llegamos hasta el Mirador del Chorro y allí nos dimos la vuelta [Instagram]. De regreso en la nave, pusimos a cargar las lanzaderas mientras tomamos un refrigerio y hablamos con Lucas, que nos tuvo entretenidos un buen rato como es habitual. Después, preparamos algo de comer y ya tranquilamente nos dispusimos a pasar la noche. El área de caravanas se había puesto hasta la bandera, no paraban de llegar vehículos que entraban y salían sin encontrar ya plaza para aposentarse. Era finde y sin pensarlo habíamos llegado a una de las mecas andaluzas para el turismo familiar.
[0420 | sábado] El pronóstico del tiempo indicaba tormenta por la tarde, una pequeña dana vendría atravesando la región andaluza de oeste a este y nos cazaría de lleno. Pero antes contábamos con una ventana de tranquilidad meteorológica que pensamos aprovechar haciendo la ruta que sube desde el pueblo de Cazorla hasta la Cascada de la Malena [ver track]. Bajamos caminando desde el área de autocaravanas y al llegar al pueblo compramos pan integral y regañás en el horno de José A. García. La ruta nos llevaba por el centro del pueblo que por cierto estaba de bote en bote, era sábado y además se iba a celebrar una boda en las ruinas de la iglesia de Santa María. Por los uniformes y las medallas supusimos que se casaba un y/o una guardía civil de la academia de Úbeda (lo imaginamos días después al atracar en esta ciudad a lado del cuartel de instrucción). A la salida del pueblo la senda comienza precisamente al lado de este monumento, que alberga bajo su planta unas bóvedas por las que discurre el río Cerezuelo, el que íbamos a bordear curso arriba [Instagram]. En algún momento del recorrido pensamos abortar el paseo pues las nubes amenazantes rugían en lo alto sobre las cumbres de la sierra. Pero pudimos llegar a la cascada que supusimos en otro tiempo más caudalosa a juzgar por el cauce que marcaba la vegetación entre las paredes sobre la que caía el agua. Finalmente pudimos llegar a la nave sin mojarnos, comenzó a llover inmediatamente después, pero aún así la precipitación no fue tan abundante como anunciaban los pronósticos. Pero ya no nos movimos de allí en toda la tarde. Visionamos una peli de Al Pacino en el ordenador.
[0421 | domingo] Así es la primavera… el día amaneció precioso y soleado. Así que tal y como teníamos previsto, nos adentramos en el corazón del parque, en el valle por el que discurren las primeras aguas del río Guadalquivir. Atracamos la nave en el aparcamiento del Parque Cinegético y desde allí hicimos un recorrido con la lanzaderas que nos llevaría hasta el otro lado del río a la altura de la Isla Cabeza de la Viña: Ruta Félix Rodríguez de la Fuente, ida y vuelta [ver track]. Allí tuvimos oportunidad de ver muy de cerca una manada de ciervos apostados en una pradera a la orilla del río que, ante nuestros ojos atónitos, echaron a correr como en una demostración de su quehacer cotidiano. En aquel amplio espacio del valle, por un momento, parecíamos estar tan solo estas criaturas y nosotros [Instagram]. Qué maravilla! Cuando llegamos a la nave, tomamos un pequeño refrigerio e inmediatamente decidimos ponernos en movimiento con idea de llegar esa noche al AAC de Úbeda. Salimos del valle por la carretera del Tranco. El paisaje, siguiendo la bajada del curso alto del Guadarquivir tras el embase, es precioso. Con este paso completamos un día redondo que se chafó un poquillo cuando llegamos al área. Nos estábamos preparando para la recogida de la noche cuando sonó un clac en el Remi frontal que se convirtió en disgusto. Se había roto el cordino y quedó totalmente inutilizado. Esa noche y el resto de los días tuvimos que apañarnos poniendo en su lugar el lienzo-sábana azul que llevamos como comodín ya sea para abrigarnos como para taparnos del sol.
[0422 | lunes] Úbeda, al igual que Baeza, es Patrimonio de la Humanidad. Pero, a diferencia de su vecina, deja muchas que desear en cuanto a orden y limpieza. Muchos caserones en ruina, jardines y espacios públicos poco cuidados, información deficiente… Aún así y a pesar del calor de aquella mañana, recorrimos con entusiasmo sus calles cargadas de historias. Caminamos desde el área de caravanas y creo que no quedó una calle del casco antiguo sin visitar. Estuvimos en la escuela de artes viendo el claustro y la interesante exposición de una ex-alumna que mostraba allí su obra reivindicativa, un grito de desesperanza dado por alguien muy joven que teme por un futuro incierto ante él evidente cambio climático que estamos viviendo. En la oficina de turismo recogimos un plano del casco viejo de la ciudad, catálogo de los edificios que no deberíamos dejar de ver.
Por la tarde, cogimos las lanzaderas y nos acercamos hasta Baeza. Un carril bici, un poco abandonado en algunos tramos, recorre los escasos diez kilómetros que separan ambas ciudades. Llegamos al área de caravanas de esta segunda, que está prácticamente a la entrada, y regresamos a Úbeda. El carril transcurre pegado a un n carretera, un poco ruidosa. Es práctico pero el paseo no resulta tan agradable como esperaba. De regreso, nos pasamos por el Carrefour a comprar achicoria y nos tomamos un helado en la terraza de la Heladería Los Valencianos (no es que estuviesen malos, simplemente fue una decepción, quizá somos demasiado exigentes).
[0423 | martes] A media mañana atracamos la nave en el AAC de Baeza. Esta justo al lado del Centro de Salud de este municipio, así que aprovechamos para le echasen un vistazo a la nano de Luis que llevaba unos días dándole problemas. Al parecer algo se le había clavado cuando escalamos en Leiva y, desde entonces, tratamos de quitar la astilla y desinfectar la herida peto sin éxito. Pintaba un poco mal. Y, menos mal que nos acercamos puesto que allí, un buen profesional de enfermería extrajo el cuerpo extraño (bastante grande por cierto) que estaba cada vez mas adentro y le curó la herida. Le dio además un poco de pomada antibiótica para que se la fuera poniendo durante una semana al menos.
Tras la cura nos dispusimos a visitar la ciudad. Baeza es más pequeña y tranquila que su vecina, y también más bonita y mejor cuidada. Disfrutamos de un paseo muy agradable y vistoso por aquellas calles tan mimadas y cargadas de recuerdos. Visitamos el aula de Antonio Machado u mis sorprendimos con la belleza de la fachada del edificio actual del ayuntamiento. Muchos de los rincones del casco antiguo nos recordaban el viaje que hicimos el año que compramos el R4, en octubre del 88. Tomamos una cerveza en una terraza de la plaza de la España, frente a la Torre de los Aliatares. Por la noche, después de cenar, volvimos al centro a dar un paseo con la esperanza de verlo todo más bonito, como suele se habitual. Aprovechamos entonces para bajar por la calle de San Pablo y saludar al insigne Machado, sentado en bronce para siempre en un extremo de la vía [Instagram].
[0424 | miércoles] Camino de Espiel, hacia dónde salimos esta mañana, paramos en el Yacimiento arqueológico de Cástulo, siguiendo otra recomendación de Zabaleta. Un curioso paraje donde pudimos ver el trazado de los restos de una importante villa íbero-romana y el enorme mosaico que allí se conserva en el suelo de uno de los extinguidos palacios [Instagram]. En el museo arqueológico de Linares, que visitamos después, se guardan muchos de los restos que se recogen en las excavaciones que, con poco presupuesto, allí se realizan cada verano. Cuando llegamos al yacimiento, un grupo de investigadoras estaban haciendo un estudio de subsuelo en la zona de los aljibes, tendiendo unos cables e instalando unos aparatos de medida. De allí nos fuimos hasta el AAC de Linares que está enfrente a la rotonda donde se encuentra el monumento al Land Rover Santana. Y, tras tomar un refrigerio, nos fuimos caminando hasta el museo arqueológico, por el paseo de Linarejos (curiosos los bancos como fotografías antiguas hechas en azulejos). Pasamos por delante de la plaza de toros donde murió Manolete en 1947.