El objetivo de este espacio es recopilar y ordenar mi experiencia, mis sensaciones, describir cómo estoy viviendo este «No Viaje al Himalaya».

Arrepentimiento

A día de hoy, 28 de octubre, no dejo de arrepentirme. Supongo que con el tiempo, poco a poco, todo esto lo iré viendo de otra manera, espero que vuelva a esa perspectiva con la que enfoqué esta «aventura» en la que juntos nos hemos metido. Trato de recuperar el sentimiento que tenía cuando tomé la decisión de no acompañar a Luis, incluso de animarle a ir solo con la clara convicción, que entonces tenía, de que no me atraía un viaje de este tipo y a él si… mucho. Le invité a hacerlo, a aprovechar el momento y la oportunidad. Con esa certeza viví todos estos meses desde mayo, con la claridad de saber que era lo mejor para ambos. Durante el verano estuve ilusionada viendo de cerca la planificación de este proyecto como algo que nos encajaba perfectamente, que nos brindaba además la oportunidad de vivirnos de forma diferente al menos por una vez.

En los últimos días, las últimas semanas… todo cambió. Constantemente los amigos me preguntaban: ¿Y tú no vas a ir? ¿Te lo vas a perder? No deberías… Ésto, unido a sentir que el momento de descuento y de separación había llegado, comenzó a hacer mella en mí. Pero lo que me catapultó a este punto de arrepentimiento fue ver anoche la foto de grupo en el aeropuerto… Yo no estaba allí!! Algo no encajaba. Un torrente de sentimientos negativos comenzó a invadir mi mente y las lágrimas se amontonaron. Era la primera vez en 40 años que no estaba al lado de Luis, siguiéndole o acompañándole, que no participábamos juntos de una experiencia tan excitante. Me invadió un sentimiento de culpa, tal vez infundado, pero real. Sentí que le estaba fallando, que le había dejado solo por vez primera. Y comenzó la tormenta del arrepentimiento.

Ahora trato de recomponerme, de reconstruir todo esto en mi mente. Me pregunto: ¿Por qué ha de ser así? ¿Por qué tengo que sentirme de este modo? Quiero volver al lugar en el que tomé la decisión de quedarme. Todo era normal entonces, estaba claro, él tenía la oportunidad de hacer algo que buscaba desde hacía tiempo, algo que yo lastraba de algún modo. Las cosas debían fluir de esta forma, cada uno encontrando su lugar. Es lo natural. Pero creo que nosotros no estamos hechos para vivir escenarios como este.

En muchas ocasiones le he acompañado a sitios a donde yo no habría ido jamás y he vencido vértigos para escalar paredes que me parecían increíbles. Por seguirle y compartir la vida intensamente con él he vivido experiencias que por mi sola ni se me hubiera ocurrido buscar. Sin embargo esta vez me he quedado, animada incluso con la idea de probar una nueva experiencia: vivir cada uno por separado durante casi un mes.

¿Por qué?

El trekking del campo base del Everest no es que sea una aventura imponente ni mucho menos, la dificultad no es el motivo que me dejó en tierra sin subirme a ese avión y cruzar un buen trecho del planeta. Lo que pasa es que nunca tuve interés por realizar un viaje de ese tipo, a pesar de que muchos de los amigos que nos rodean lo han vivido, algunos incluso en repetidas ocasiones, y nos animaban continuamente a hacerlo. Luis va a recorrer parajes preciosos que estoy segura iluminarán su retina y que a mi también me emocionarían. Me gustan las montañas. Vivir y subir a ellas… recorrerlas. Pero no siento como él (y como nuestros amigos) la necesidad de ir tan lejos. Hay muchas montañas entre yo y el Nepal que todavía no he visto, mucha tierra entre medias por la que me gustaría caminar.

El Himalaya significa lo mas grande y comprendo que esto actúe como un imán: recorrer los «santos lugares» más elevados de La Tierra. Eso emociona, incluso sólo con pensarlo. Pero en mi ánimo y sobre todo en esta etapa de mi vida, para mí no es suficiente motivo. No solo está el esfuerzo económico, que no es poco, sino también el tiempo y la dedicación que hay que invertir en todo ello.

Me encanta viajar. Dedico gran parte de mi vida a recorrer paisajes nuevos. Pero me gusta hacerlo a mi ritmo buscando la sorpresa y el avance lento, sintiendo mi impulso y estímulo diario, algo no compatible con la organización que un proyecto de este tipo requiere, y este es otro de los motivos que frenan mi interés por este periplo.

Por último, creo que no se deben realizar a la ligera saltos geográficos de este tipo. Hay que tener un buen motivo para hacerlo, y yo personalmente no lo tengo. Pienso que tanto movimiento de gente de un lado a otro colabora en el desmantelamiento del equilibrio del planeta, ese problema que tanto nos preocupa a todos ahora. Para mi el salir de tu propia casa y avanzar por caminos y carreteras, por trochas y sendas a la búsqueda de lo nuevo, es ya en sí una aventura a lo desconocido. A mí me basta: acercarme a paisajes y gentes nuevos, empezando por lo diferente que está a nuestro lado, y poco a poco ir alejando el horizonte cada día. Un planteamiento así puede sugerir pereza o poca inquietud, quién sabe. Pero es mi Teoría del Viaje, con la que me siento a gusto y no quiero contradecirme, aunque a veces pueda dudar de mi misma. Y es posible que ésta sea una de esas veces…

En fin, simplemente no tenía ganas de ir y ya está.

Me quedo en Campo Base

[20251028. martes] De madrugada el sonido del Diario del Himalaya me despierta. Desde Doha (Qatar) Luis me envía una foto y yo la veo y me río. Inmediatamente me llama. Son las seis de la mañana y están en pleno tránsito esperando el vuelo hacia Kathmandú. La imagen de Lluis es ideal para acompañar la exposición que está preparando para febrero en Barcelona: «Solá ‘A lo Bestia'». Estuvimos un rato comentando las incidencias del avión y el lujo de aeropuerto en el que se encuentra, preparado para el descanso, el confort y el entretenimiento de los pasajeros. Aunque ellos van andando hasta la puerta de embarque (C3), un paseo de 15 minutos, hay un pequeño tren que les podría trasladar, que transporta a los transeúntes de un lugar a otro de la terminal.

Desde aquí, seguimos la evolución del vuelo en la web de Fligth Aware:

Poco después de las 14:40 de la tarde Luis me llama desde el hotel Kathmandú Suite Home (habitación 202).

[20251029. miércoles] A las 5 de la mañana me despierta el Whatssap de Diario del Himalaya (tiene un sonido especial que lo destaca sobre el resto de las notificaciones del teléfono). Luis nos comunica el CAMIBIO DE PLANES. A esa hora acababan de reunirse con Borja, el responsable de la empresa que les organiza el trekking, que les notifica que en vez de ir hasta el aeropuerto de Mathali a coger el avión para subir a Lukla, van a subir directamente desde la terminal de Kathmandú. Esto les va a ahorrar un día de viaje, ya que el recorrido hasta el albergue de Mulkot donde pensaban hacer noche, cerca de Mathali,  suponía un tortuoso recorrido de más de cinco horas por una carretera dura y sinuosa. De este modo se adelanta en 24 el programa inicial. Esa misma mañana, después de desayunar, preparo en el campo base la 20251029 Mapa de nuestra ruta, lo subo al drive y lo comparto en el grupo de Whatssap. Este cambio es una buena noticia, pero a la contra está la meteorología, parece que en los próximos días no va a ser buena. Arriba está nevando bastante, de momento el Chlo La Pass está cerrado.

Es día de descanso en Kathmandú, tenemos oportunidad de contactar varias veces desde el hotel (intercambio de fotos y videos curiosos) y desde el restaurante de la comida. El último contacto del día, fue entorno a las cinco y veinte de la tarde. Me emocionó un poco porque a partir de esa noche, con la subida a Lukla comenzaba la verdadera aventura «himálayica». La comunicación no iba a ser tan fluida y no sabía cuándo volvería a oír su voz. Al colgar la llamada encendimos en las pantallas las webcam del aeropuerto de Lukla, para seguir las incidencias de este trecho del viaje. Se convertían en la única fuente de información en tiempo real. Noche cerrada allí, el cielo parece estar bastante despejado, aunque con nubes.

[20251030. jueves] Poco antes de la 1 de la madrugada llega un vídeo desde la recepción del hotel: esperando a la furgoneta que les va a llevar al aeropuerto. Llueve un poco y parece que la meteo no se va a portar. Veo el mensaje y sigo durmiendo. A las cuatro menos diez me levanto al baño y antes de acostarme echo un vistazo a las imágenes en directo de Lukla. Allí ya ha amanecido y aunque se ven algunas nubes bajas hacia el valle, el ambiente es despejado. Me quedo entretenida un poco con las imágenes, la gente se mueve por la terraza del hotel, me pregunto si están viendo algo más que yo, por ejemplo un avión que se está acercando. Me quedo de nuevo dormida y una hora mas tarde oigo el sonido del Diario, allí son las nueve y media de la mañana, y todavía no han despegado de Kathmandú , el tiempo es muy malo y al parecer están suspendiendo los vuelos. Yo vuelvo a mirar las pantallas y ahora llueve bastante, está todo encapotado. Por la ventana de mi habitación curiosamente se ve un ambiente similar, aunque aquí nocturno, está lloviendo un poco y hay mucha niebla. Me quedo de nuevo un rato entretenida con las imágenes de la pantalla y decido poner un podcast para tratar de dormir y descansar. A las 6:36, las 11:19 en Kathmandú, se cancela el vuelo. De momento, la posibilidad de subir a Lukla queda aplazada.

Aquí en Campo Base, ya por la mañana, trabajo en mi ordenador mientras miro de soslayo las pantallas de las webcam. Estos días estoy aprovechando para hacer el cierre definitivo de FLOPSEstudio. Reviso los materiales, archivando los trabajos y reorganizando los discos duros. Mientras tanto fuera llueve, el ambiente es muy otoñal. De vez en cuando, miro a través de la ventana y veo a lo lejos, a miles de kilómetros, como si las calles de Kathmandú estuviesen detrás de ese muro de piedra hoy húmedo por la lluvia. Parece que no hay distancia entre el cielo que muestran las imágenes de la pantalla y la parte superior de la ventana del despacho. Algo mágico debe estar pasando. No sé cómo explicarlo. Quizá la deriva de dos cuerpos que han estado siempre tan juntos, con rumbos similares, se mueve en la misma dirección, y la mente crea un efecto fantástico que acorta distancias. Esto me hace sentir bien. A las 12:54 horas suena mi teléfono. Veo la cara de Luis al otro lado del cristal, ahora realmente tan cerca que casi puedo tocarla y sentir su olor. Que curiosa sensación: la tecnología nos comunica ahora, pero la empatía nos une todo el tiempo.

Se me ha ocurrido que voy a transcribir el texto del diario que Luis escribe en su libreta y que comparte con nosotros con imágenes a través del Whatssap, Me resulta fácil teclearlo en el ordenador. Así estará recopilado y será mas cómodo manejarlo ahora y e el futuro. Lo incorporo como una entrada en el Bitácora, de momento, también se podrá enlazar desde el proyecto «Memorias» de Luis.

[20251031. viernes] A la 1:25 de la madrugada se repite la historia, Luis envía la noticia desde Kathmandú de un nuevo intento, madrugón para ir al aeropuerto que finalmente resulta infructuoso. De esto último me entero horas después. Esta noche he dormido profundamente y no fue hasta las 7 horas que me despierto y veo la actualización: hoy tampoco habrá subida a Lukla, se pospone para mañana, ni viaje hasta el otro aeropuerto porque las lluvias hacen todavía más intransitable la tortuosa carretera. Bueno, tal vez sea lo mejor, parece que mañana sábado mejora el tiempo y, de momento, no es cuestión de estar jugándosela por ahí con la meteo desfavorable.

Al bajar hoy al despacho ya no enciendo las pantallas del aeropuerto. Me quedo a la espera de que esto se reanime un poco, supongo que en Kathmandú la actividad también se habrá ralentizado. Ahora toca esperar y adaptarse a los elementos, a las situaciones inesperadas que se vayan presentando. Este es un buen ejercicio para los que habitamos un tiempo en el que todo transcurre rápido, en el que nos hemos acostumbrado a vivir con la inmediatez, a toda prisa, sin detenernos en los detalles del camino. Parar, dejarse fluir y disfrutar, reflexionar, encontrarse con la naturaleza del viaje. Ser conscientes de a dónde vamos, cómo y con qué medios. En cada época de la historia, las expediciones han contado con herramientas y procedimientos distintos, cada uno en su tiempo. Ahora, tocan éstos, los nuestros. Sabiendo que lo importante está en el camino, no en la meta final.

Una «ventaja»· de esta situación de espera es que tenemos más oportunidad de comunicarnos Luis y yo (hay mejor cobertura de datos), de comentar en conferencia las incidencias de este inicio de viaje. Cuando he colgado este mediodía, me he quedado otra vez con esa sensación de despedida frente a un nuevo salto de distancia. Y brota de nuevo un pequeño estallido de arrepentimiento, como en los primeros días de este relato. Me desasosiega un poco y tengo que recomponer una vez más este frágil equilibro en el que vivo últimamente. Se está cumpliendo ya el séptimo día, y va a ser la séptima noche separados. Todo va bien y me encuentro bien. En cada cosa que hago hay algo más de mí, quiero decir, un porcentaje mayor de Marga sin Luis participa en ello. Es una sensación desconocida. Los tiempos y el ritmo con el que voy haciendo rutinas habituales han cambiado. Voy percibiendo todo esto de un modo diferente y eso es algo que habré de experimentar y estudiar un poco más. Analizar cómo me voy sintiendo… ¿es quizá lo que estaba buscando? Organizar el carpetazo definitivo de  FLOPSEstudio, la tarea que me he impuesto casi sin haberlo planificado, creo que me está ayudando a sentar las bases de este nuevo comienzo, de este reseteo que añoro, que estoy buscando desde hace unos meses. Aquí también todo fluye, he de dejarme fluir.

[20251101. sábado] La noche ha sido ajetreada. Poco después de las 12 llegaron los primeros mensajes. Ya todo listo en el hotel de Kathmandú para salir de nuevo hacia el aeropuerto y desde entonces, hasta que se desistió definitivamente de subir a Lukla ese día, pasaron casi ocho horas, entre mensajes, pantallas del panel de salidas de la terminal y webcam de Lukla abarrotadas de niebla. De nuevo regreso al hotel y cambo de planes: salida en breve hacia el aeropuerto de Mathali por carretera, siguiendo una ruta más larga porque la habitual estaba cortada. En fin. así comenzó mi día aquí en España. Difícil desconectarse de los avatares de la expedición, al menos de momento mientras haya cobertura y sigan llegando las comunicaciones puntualmente. A mi, me encanta hacer este seguimiento, para nada me importan las noches en duermevela.

En Manzanares mientras sigue lloviendo. Bajo el orballo salí de marcha a última hora de la mañana, a darme un paseo entre ermitas. Bajé por la calle clavel y subí a la del pueblo para seguir después hasta la del Boalo, y vuelta a casa. Los auriculares llenan el vacío sonoro, en el exterior todo está muy tranquilo. Fueron más de tres horas de paseo envuelta en mis pensamientos entre los que volvió por momentos la tristeza…; de nuevo pienso que no tenía que haberme quedado. ¡Y ya está! lo digo aquí y ahora a ver si callo de una vez mi mente. Definitivamente me arrepiento de no haber ido, pero tengo que dejar de sentirme así y pensar que todo tiene una explicación que ahora no veo, pero que comprenderé después.

Durante la caminata de hoy he reflexionado una vez más sobre esto. Las cosas no suceden por casualidad. Claro que estaría bien estar ahora en Nepal, vivir esa experiencia, compartirla con Luis y después recordarla juntos. Pero no es tan sencillo, no es dejar simplemente un viaje sin realizar… No se que me pasa últimamente, a veces siento que mi vida está siendo guiada de algún modo, y no me quejo porque todo está muy bien y aparentemente es perfecta. Sin embargo hay algo que falla en mí y no lo encuentro, algo que hecho de menos y no sé lo que es. Necesito tener mas tiempo para verme, para escucharme, creo que solo así podré saber qué es lo que me falta…

«Adiós a la vida perfecta,
adiós a la ciencia ficción,
voy alinear los planetas
hasta que me vuelva a tocar el sol.
Adiós a la vida perfecta,
adiós a la falsa ilusión,
no me lo tengas en cuenta
tan solo quiero volver a ser yo»
.

Voy escuchando esta canción y de pronto siento que su estribillo es una metáfora que explica parte de cómo me siento. Supongo que todo comenzó con la decisión primigenia de cambiar mi huida adolescente por seguir la estela de un amor que me lo dio todo y me trajo hasta aquí. A veces me siento como una estrella pequeña que surca el firmamento imantada por un sol grande, que la deslumbra, envuelve y solapa, y la lleva a través del tiempo, viviendo experiencias increíbles, sin una pausa para comprender o para decidir su rumbo, para elegir lo que realmente quiere. ¡Todo pasa tan deprisa! No me quejo de lo que he hecho y he vivido hasta ahora, es mucho más de lo que de joven ambicionaba, es simplemente una inquietud presente que se proyecta en mi ahora y hacia el futuro.

[20251102. domingo] Poco después de las 3 y media de la madrugada llega por fin la tan esperada noticia: «Estamos en Lukla». La alegría no es poca después de todo lo que ha costado subir hasta allí. Las pantallas del aeropuerto muestran una mañana soleada. Luis envía fotos del desayuno y del ambiente en el lugar. Enseguida emprenden camino hacia Phakding, donde tienen previsto hacer noche.

En mi paseo de esta mañana suenan entre otras «Love of my Life», influida porque ayer noche estuve viendo Bohemian Rapsody en el cine. La letra de la canción no significa exactamente lo que necesito, pero el título ilustra mi sentimiento. Recorro con Marta la cuerda del castillete hasta la Gran Cañada, no entiendo todo el texto en inglés pero el título y la ternura del tema me bastan. Voy recordando al paso muchas de todas las veces que Luis y yo hemos hecho este recorrido, la última hace tan solo 15 días. El sol del mediodía y las piedras tan familiares, me acercan una vez más a él, al «amor de mi vida». Miro hacia atrás, al oriente, y lanzo un beso.

[20251104. lunes] Mucho mas emocionada que aquella madrugada del 20 de julio de 1969 esperando y viendo las imágenes de la llegada del Hombre a la Luna… Así he vivido yo esta noche. A las 2:22 horas me llega un mensaje de Luis: «buenos días, estaremos por el hotel Everest View aproximadamente a las 10 AM». Faltaban 3 horas. Pongo una alarma de 2 h 45′ y sigo durmiendo. Poco antes de que suene me despierto con un golpe, el del plato que tenía sobre la cama al caer al suelo (lo apoye por la noche, a sabiendas de que posiblemente iba a caer, como así ha sido). No importó. Faltaban entonces 20 minutos para las 10 horas nepalíes, así que enciendo los sistemas visuales que tenía preparados: el portátil sobre mi cama y la televisión con Youtube. Fue precioso, quizá uno de los momentos entrañables de este trekking, muchas veces habíamos fantaseado viendo las imágenes de la webcam del hotel, con la idea de ver a Luis en aquella escena. Hoy estaba yo aquí, en la cama, y sobre su lado, tenía desplegada la primera pantalla. Poco antes de las 10 nepalíes, enseguida reconozco su silueta en el cristal, inconfundible ese pantalón rojo combinado con su «sperman», y veo que se sitúa en la esquina de la entrada al edificio mirando fijamente a la cámara, y saluda. Yo salto inmediamente de la cama y me acerco a la pantalla grande del televisor para grabar el momento. Allí estaba: tan lejos y «tan cerca» ❤️.

[20251106. jueves] Me gusta mucho leer el diario de Himalaya de Luis, según va enviando fotos de sus páginas manuscritas. Mientras las transcribo vivo la «novela» de su viaje por entregas. Me lo imagino todo muy bien (o al menos eso creo): como puede estar sintiendo lo que va pasando, lo que va viendo, sus reflexiones e inquietudes, sus emociones… (…y, jajaja, sus manías 🤗). Es además una oportunidad de escuchar lo que piensa. Habitualmente, cuando estamos juntos, habla poco de lo que se le pasa por la mente, yo le reclamo más comunicación en este sentido. Con este DIARIO que va enviando cada día accedo a esa parte de Luis a menudo desconocida para mí.  A veces se me cae una lagrimita, como hoy cuando leí el episodio de la cámara del Hotel Everest View. Y es que fue un momento, realmente, muy emocionante.

«La mujer propone y el cuerpo dispone». Tenía pensado esta semana viajar a Galiza, pero el oso que tengo subido encima de mi chepa me lo impide. Unos días parece que voy mejorando y otros  me encuentro muy limitada. Hago mis ejercicios de movilidad con regularidad, no cojo pesos con mis brazos, reposo bastante… en fin, me porto bien! Aun así, esta tensión en la espalda y cuello me tienen noqueada. Como mejor me encuentro es recostada en la butaca del salón, donde paso alguna que otra tarde leyendo o escribiendo, cuando la parte superior de mi cuerpo pide descanso. Y no es que el resto del día trabaje demasiado, simplemente caminar y estar de pie mucho tiempo ya se convierte en una carga. La nave está preparada, totalmente limpia y con los niveles listos para salir en cualquier momento. Pensaba que hoy podría hacerlo pero el caso es que ayer, ya un poco cansada de ver que esto no evoluciona rápido y que me tiene inmovilizada, he sucumbido y he llamado a José, supongo que desesperada y pensando que sólo él puede sacarme de este saco, aunque tenga que someterme a sus charlas conspiranoicas una vez más. Tengo cita con él para mañana a las 8:30 y espero que entonces comience la verdadera recuperación.

Esta situación de deterioro físico unida al mal tiempo por el norte, hacen que vaya desistiendo poco a poco a lo largo del día de poner rumbo a la costa oeste. De hecho, no solo he ido perdiendo fuelle sino que he comenzado a ver las cosas de otro modo. Siempre sucede así. Realmente me encuentro muy bien aquí, tranquila, viviendo un orden distinto que rige todo lo que hago. Desde que se fue Luis tengo la sensación de que el tiempo me pertenece más… Cada momento es mas mío que nunca. Me siento muy bien así, disfrutando de todo lo que hago con una intensidad diferente. No sé como explicarlo. Me encuentro muy a gusto aquí en casa, a mi ritmo, a mi tran-tran, siguiendo las noticias de Himalaya, pero también siguiéndome a mi misma, mirando en mi interior. Y creo que voy a decidir quedarme donde estoy, simplemente viajando hacia mí. Acercarme a Galiza supone como siempre una inmersión el los tiempos y en las vidas de los demás que sin tregua reclaman mi atención, además del efecto retorno al pasado que siempre vuelve al llegar a Pontedeume. Quedarme aquí me permitirá disfrutar de esta experiencia: hacer lo que me apetece a mi, cómo y cuándo quiera, todo un lujo desconocido, un universo nuevo por explorar. Tengo que aprovechar este momento! Y la que quiera que venga a verme: a ver a Marga en estado puro. Hoy hablé con la Cuíñas, igual se acerca.

[20251108. sábado] Como náufraga en nuestra casa. Así estoy hoy sin Luis, sin los hijos, sin los perros… Todo un fin de semana completo, pionera del silencio entre estas paredes. Cada cual en una parte del planeta, esa es la instantánea… Nía y Lume, en las estrellas.🙌

[20251109. domingo]
«Ne rien devoir, ne rien vouloir
Ne rien raconter, seulement écouter
Dormir dans l’après-midi
Être éveillé avant minuit
Et tisser des chansons avec toi à mes côtés»

En uno de mis paseos por la montaña, bajando hoy por la ladera de la Maliciosa hacia el embalse que lleva su nombre, estucho esta canción y me doy cuenta de que es «Ma Vie Préférée» la que se solapa contra el deseo frente a la huida de «La Vida Perfecta», la melodía que me colocaba hacer unos días en «lucha contra todo».

Minutos antes, desde Dzongla me llama Luis, su  voz llega nítida y casi perfecta, como si estuviera a mi lado, sin embargo él apenas me escucha (la cobertura allí no es buena). Me detuve apoyada en una piedra grande del sendero mirando hacia el valle. De nuevo la emoción nos envuelve entre montañas, hoy tan diferentes, su nieve y su frío enfrentados a mi sol, la gran experiencia que Luis está viviendo, al lado de mi paseo dominical. Aún así, «tan cerca». Soy feliz oyendo su voz y, sobre todo, escuchando su relato: él está pletórico y eso me gusta. Cuando se apaga la conversación después de un buen rato, trato de continuar mi camino ascendiendo hacia la Maliciosa, pero una parálisis interior me detiene. Me cuesta dar el primer paso, como si al alejarme de aquella piedra (convertida en «casa» por un instante) me separara nuevamente de Luis, como aquella tarde hace ya unas semanas en la estación, como otras tardes de teléfono, como alguna noche de duermevela sorprendidas por una llamada o un mensaje… El paso de los días suma el tiempo y lo acumula, y cada vez se hace mas densa la distancia, como un gran banco de niebla. Miro hacia arriba y hacia abajo, recorriendo con los ojos el trecho de sendero que me queda por andar, y un destello acuoso brota de mis lagrimales. ¡Ostrasss! Inspiro fuertemente y continúo hacia arriba al menos unos metros más, la «Mali» me llama desde lo alto. Después, bajo la montaña caminando decidida: por la tarde compraré los billetes de ave para Barcelona, quiero estar allí cuando Luis llegue al aeropuerto, abrazarle cuanto antes. La decisión está tomada.

«Et tisser des chansons avec toi à mes côtés
Doucement flotter, des rêves sans dormir
Je pense que ce serait
Je pense que ce serait
Ma vie préférée»

[20251114 viernes] Ya han pasado los días duros del Cho La Pass y el Gokio Ri. Y mientras va bajando la expedición por el valle de Gokyo tirando hacia el sur, me digo: «si hacia el norte no hacia el sur está nuestra casa, donde yo te espero…» (paradoja planetaria). Algo en mí se alegra porque de este modo se acerca el tiempo en que nos volveremos a ver, pero tengo también tristeza porque sé que para Luis se acaba el trekking, y supongo que eso le estará causando cierta pena. Es un sentimiento doble enfrentado.

[20251116 domingo] Así, sin darme cuenta, creo que por fin voy comprendiendo la razón de todo esto que me está pasando. Voy caminando por la pradera, hoy por fin dejó de llover después de tres días seguidos de intensas lluvias, todo está lleno de agua: el Cortecero no se puede atravesar y las cascadas ¡han vuelto! Echo de menos a los perros… y mucho más a Luis… en este escenario tan cotidiano, pero me siento muy bien. Estos días que he pasado más sola de lo habitual me han sentado estupendamente. Además, dos cosas recientes han contribuido  enormemente a mejorar mi estado anímico: el viernes me han invitado a presentar el Cátedra de este año (todo emoción) y el sábado estuve viendo la presentación de Carlos Soria.  Ambos eventos, tan distintos, creo que hay puesto el punto de aliño exacto a este coctel mental que se ha ido cocinando en mi cabeza en las últimas semanas. El primer aderezo me envuelve, conformando el cierre de oro que necesitaba para poner punto y final a mi vida profesional, y poder ajustarme en este nuevo tiempo por venir; mientras que la voz del maestro Soria, dignificando como nadie el sentido de la existencia, me ayuda a conformar mi nuevo espacio vital. El martes saldré para Bacelona y eso me ilusiona, comienza el descuento de este tiempo de espera

 

 


 

Barcelona

[20251118 martes] : A las 11:45 horas abandono el Campo Base y me dirijo a la Estación de Madrid Atocha a coger el AVE. En los próximos días alcanzaré primero el Campo 1 (casa de Anabel) y, después, el Campo 2 (casa de Carma y Ramón) con idea de llegar el sábado a Cumbre (la T1 del aeropuerto de Barcelona). Un recorrido extraño, por senderos inhóspitos y casi desconocidos, alejada de mi hábitat natural y silvestre.

Enseguida me adentro en el corazón de la vida metropolitana nada mas llegar a la estación de Barcelona Sans. Durante las 48 horas siguientes, recorro más de 40 kilómetros de calles por el centro condal: los barrios del Burn, Gótic, Raval, Gracia, la Barceloneta… un no parar frenético, por autopistas urbanas cargadas de coches y motos ruidosos, calles estrechas llenas de gente, mucha luz y ambiente comercial. Mi mundo se resquebraja, me cuesta adaptarme. Me gusta estar con Anabel, me siento muy a gusto con ella, es lo único bueno de esta incómoda travesía urbana. No paramos de hablar y ponernos al día. Tenemos mucho en común, sobre todo en la base de nuestra actitud ante la vida, donde coincidimos casi de pleno y hemos compartido momentos muy importantes en el pasado que nos han dejado una huella similar y nos ha unido para siempre, casi como hermanas. La quiero un montón, aunque no comparta el modus vivendi que la caracteriza. En esto somos casi polos opuestos. Dos extremos que se atraen y se llevan bien, que congenian, pero destinados a metas muy distintas con objetivos diferentes. Su gran afición y dedicación por la música está actualmente en el centro de su actividad. Con su guitarra participa de un grupo que se dedica a hacer Choro, un tipo de interpretación que combina las composiciones clásicas de puro estilo europeo con la música brasileña. Nada más llegar el martes por la noche fuimos hasta un local del Raval a ver como se desenvuelven su compañeros [ver Instagram]. Ella no tocaba, está todavía en fase de aprendizaje.

[20251120 jueves] : Abandono el Campo 1 y alcanzo el Campo 2. Carme y Ramón me esperan en la estación de Cornellá y me trasladan a su casa de  Sant Just Desvent. Aquí todo parece volver a la tranquilidad que había abandonado dos días antes. Este lugar está hecho más a mi medida, me instalan en una habitación muy cómoda en la que puedo desplegar todos mis «gadchets», con ellos me siento muy a gusto, su madre, Lola, se presenta nada más verme, como si estuviera esperándome. Es un cielo! Cenamos quesos y jamón con pan tumaca, regado con ese vino blanco de aquel pueblo cerca de Perpiñan donde Carma y Lluís descubrieron sus virtudes (no recuerdo ahora como se llama, lo anotaré aquí cuando me informe de nuevo).

[20251121 viernes] : «Qué viene, qué viene…!» Ya quedan pocas horas. Esta madrugada, poco después de las 6 me llama Luis desde la recepción del hotel de Kathmandú. Sus compañeros de viaje han ido a hacer unas últimas compras, él está esperando a que lleguen, tienen que entregar las llaves a las 12, hora local. Estuvimos charlando un buen rato, casi una hora. El ya está listo para subirse al avión, a las 3 les recogen para llevarles al aeropuerto y antes van a comer en el hotel. Al colgar, me doy cuenta de que, en apenas 24 horas, yo me estaré levantando de esa misma cama para ir a la T1 del Prat a esperarle: «Tempus fugit», también para ésto.

Ya han pasado 4 semanas desde la despedida y la sensación es muy bonita, me siento tan emocionada como cuando después de cinco días de trabajo yo viajaba en el bus desde Santiago hasta Ourense para reunirme con él y pasar juntos el fin de semana. De eso ya han pasado 40 años, y compruebo que mi ánimo está intacto, como entonces. Sólo algo diferencia el modo en que lo vivo ahora: después de estas cuatro décadas percibo intensamente mi grado de dependencia. Puedo perfectamente vivir mi tiempo sin Luis, pero me falta algo muy grande a mi lado, algo físico como si de un brazo o una pierna se tratase. Las comunicaciones y el corazón nos han permitido estar unidos técnica y empaticamente durante estos extraños últimos días, pero lo físico -compuesto de olor, tacto, sabor, calor…- se echa mucho de menos. Demasiado! Tengo ganas (necesidad) de tocarle, abrazarle y todo lo demás. Pronto podré hacerlo y eso me ilusiona tanto o más que hace 40 años (quizá más). ¿No es bonito? Sé que viene cargado de experiencias y de alegría, hacia mí, en ese avión que ahora (a las 16:58 horas) veo en la pantalla de mi ordenador, saliendo de la costa oeste de la India. Espero que tenga un buen viaje y llegue bien a puerto.

Antes, por la mañana, habíamos salido a caminar. Carma y Ramón me llevan a hacer un recorrido por la montaña que corona esta parte de Sant Just, desde la que se contempla todo el valle del Llobregat, con el Prat al fondo y la desembocadura; y después, girando hacia la derecha, todo el resto del área metropolitana de Barcelona. Un estupendo balcón desde el que te puedes componer el mapa mental completo no solo de la ciudad sino también de sus accesos.

La mañana estaba preciosa aunque un poco fría. Fuimos hablando de viajes, como no podía ser de otra forma. Con Carma y Ramón disfruto enormemente oyendo sus historias, sus experiencias en lugares recónditos de los cinco continentes, es una delicia poder escuchar los relatos que cuentan. Al llegar a casa Ramón me mostró unas fotos preciosas (muy bien hechas por cierto) de una fiesta-ritual de los mbororos (de Níger) llamada Gerewol en el que las mujeres eligen pareja entre los hombres que se acicalan con pinturas, ropas, cintas y piedras preciosas especiales para la ocasión. Los gestos de la cara y el movimiento circular de ojos culminan una puesta en escena muy especial. Ellas deciden, no solo con quién sino cómo y por cuánto tiempo se van a aparear. Todo un contraste cultural con nuestro mundo.

Los viajes nos cambian, modifican nuestra visión del mundo y nos modifican a nosotros… A pocas horas de que llegue Luis a Barcelona, la última noche separados, comienzo a preguntarme qué habrá supuesto para él esta experiencia. Por lo que he leído en las últimas páginas de su diario, escritas ya desde el avión a Doha, le está costando despegase del Himalaya. Parte de su corazón se queda allí, entre aquellas montañas. Me inquieta pensar que, por este motivo, no esté tan ilusionado como yo con nuestro reencuentro. Cómo le sentará la vuelta a casa? Cómo nos sentiremos de nuevo juntos? Me cuesta conciliar el sueño y enciendo la luz para escribir este nuevo sentimiento que ha brotado en mi cabeza.