De nuevo quedamos de encontrarnos allí con Carma, Ramón y Lluís, para subir al Puig Campana, si bien esta vez habría que decirle no al Peñón de Ifac por las restricciones. Igualmente nos acercamos un día a Calpe, para escalar en Tois. También visitamos Sella.

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[0405 | lunes ] Abandonamos PuertoJuande a las 10 de la mañana y a las 17:16 atracamos la nave en el parking de tierra de Finestrat aproados a icónica montaña. Justo a tiempo de conectar a las cinco y media con los amigos de «A Leite» porque precisamente esta tarde teníamos reunión, para hablar del libro de Stephan Zweig: Juego de Ajedrez. Al acabar fuimos e encontrarnos con Carma, Ramón y Lluis que se estaban instalando en la casa rústica que habían alquilado en el centro del pueblo (calle Sant Josep, 5). Allí pasamos el resto de la tarde, charlando… Muy interesante la charla de Ramón sobre los avatares de su mili en Mallorca.

[0407 | martes] Pasaron a recogernos a las 9:30 horas como habíamos quedado y fuimos juntos en el coche de Lluis hasta la Serra de Toix. Ellos subirían en dos cordadas escalando la Ruwa, mientras yo (todavía de baja) subí hasta las antenas, fui caminando hasta el Morro a contemplar de cerca el peñón y continué un poco más, bajando la pista hasta el mirador sobre Calpe, a donde habíamos llegado una vez en la Cali con Lola, Viki y Fernando. El mar siempre emociona, incluso este Mediterráneo especialmente tranquilo en una mañana tan azul. Fue un pequeño paseo de unos 5 kilómetros que duró, con todas sus paradas, unas dos horas y media. De vuelta me paré al pie del camino de sirgas que se utiliza para la baja de la cresta y allí esperé a mis compañeros. Llegaron enseguida y juntos nos fuimos a comer pescadito frito a un chiringuito del puerto de Calpe: restaurante El Carro. Pasamos el resto de la tarde en la casa de Finestrat y nos acostamos pronto porque al día siguiente habría que madrugar, el Puig Campana esperaba.

[0408 | miércoles] A las 7:30 subimos y atracamos la nave en la curva que hay justo enfrente del sendero que sube hasta el pie de vía del Puig Campana. Poco después llegó el trío catalán en el coche de Luis que se puso al lado, en paralelo. Ellos y Luis iban a hacer el Espolón Central, pero yo de nuevo me quedaría en tierra. Les acompañé hasta el pie de vía y bajé de allí cuando comenzaron a subir. No sé como dejar constancia aquí de cómo me sentí en aquel momento. Algo me escocía en el interior, ahogándome, causándome mucha pena. De espalda a la pared por la que Luis ya ascendía, asegurado por Ramón, comencé el descenso de la pedrera con los ojos humedecidos: ¿Volvería a poder escalar algún día? De momento, ni siquiera puedo cargar mas que una ligera mochila sobre mis caderas (nada de hombros) y llevar un poco de agua para el camino. Estaba triste porque no podía estar con ellos, compartiendo ese precioso día de aventura, pero también apenada porque sentía el ánimo caduco. Incapaz después de tantos meses de enderezar esta espalda y recobrar la vitalidad que había perdido: ¿Volvería a sentirme fuerte algún día… o todo esto forma parte ya de un deterioro sin retorno? [Instagram]

Con la música en mis oídos enfilé la bajada hacia la nave atracada, allí abajo, en la curva. En ella pasé más de 13 horas sola, separada de mis compañeros. Oyendo durante todo ese tiempo sus comunicaciones por el Walkie. Siguiendo cada avance. Traté de verlos en mas de una ocasión con los prismáticos pero no alcanzaba la vista, además mi cuello se resentía considerablemente si permanecía más de 15 segundos mirando hacia arriba. Dediqué la mayor parte del tiempo a poner al día mi bitácora, recopilando las notas y las fotos del viaje al Duero. Ya por la tarde, empecé a preocuparme cuando empezó a escasear la luz y todavía estaban terminando el último largo. Quedaba aún el regreso, primero por la vira expuesta y después la bajada por el camino que debían buscar en el lado izquierdo de la gran pedrera de la canal. A través del Walkie hablábamos y así iba siguiendo su evolución. Cuando encendieron los frontales, todavía por la mitad de la travesía expuesta, pude ver exactamente cuál era su posición y fui siguiendo su luz hasta que desapareció al girar hacia la canal de la pedrera. Perdimos entonces la comunicación… fueron unos minutos de inquietud hasta que oí de nuevo la voz de Luis que me decía que habían llegado a la altura de la pedrera, que iban a bajar hasta ella y que me avisaría cuando encontrasen el sendero de la izquierda. Desde donde yo estaba se veía todo muy oscuro. Algunas luces de otros frontales, de senderistas que transitaban mucho más abajo por el PR, se salpicaban por la ladera. Finalmente Luis me comunicó que ya habían localizado el camino de bajada y que estaban más tranquilos porque se veía bastante bien, más cómodo y fácil que el descenso que habíamos hecho nosotros años atrás por la pedrera. Llegaron a la furgo pasadas las 10:30 de la noche. Yo les había preparado una fabada y tenía ya la mesa puesta. Estuvimos cenando los cinco en el interior de la nave, un poco apretados pero muy contentos. Cervezas y cava a raudales remojaron el momento y relajaron el resuello vivido en las últimas horas. Después, ellos se bajaron al pueblo a dormir, a la casa, y nosotros nos quedamos allí mismo.

[0409 | jueves] Iba a ser un día relajado, todos salvo yo estaban extenuados del esfuerzo del día anterior así que decidimos ir a dar un paseo por Sella. Ellos no conocían los sectores de escalada que hay por allí. Como íbamos a ir todos en un coche, pensábamos dejar la nave en el aparcamiento de la Font del Molí, y así incluso comer allí en el merendero cuando volviésemos, pero fue imposible, estaba lleno de coches. Así que bajamos y lo dejamos en el parking de tierra donde habíamos pasado las dos noches anteriores. Tuvimos suerte, conseguimos dejarlo mas o menos en el mismo sitio. Carma, Ramón y Lluis llegaron enseguida y estuvieron un buen rato los cuatro reorganizando el material que se había amontonado de cualquier manera la noche pasada. Después nos fuimos hasta Sella en el coche de Lluis.

A primera hora de la tarde organizamos la comida en la casa, Lluis preparo una bonita a la par que deliciosa fuente de ensalada. También tomamos las lentejas que yo había descongelado el día anterior y que por fuerza mayor fueron sustituidas por la fabada recién hecha. La sobremesa aderezada de limonchello y cava se extendió como espuma, suave y relajante. Salimos, ya anochecido, a dar un pequeño paseo por el pueblo y volvimos a tomar una pequeña merendola a la casa antes de irnos a dormir.

[0410 | viernes] Que pronto se pasa lo bueno, sobre todo cuando lo compartes con excelentes amigos. Llegó la mañana de la despedida, ellos pusieron rumbo a Barcelona. Nos veríamos pronto porque tenemos proyectado estar en Malanyeu en unos días.

De momento, buscando la ruta de semi retorno al Campo Base, no teníamos prisa, aprovechamos para encontrarnos con Patricia. Sabíamos que estaba por allí en su periplo hacia Bretaña (desde Canarias) pues se había acercado a Levante a ver a unos amigos. Nos envió su localización en Maps y pusimos rumbo al AC de Caudiel a donde llegamos en más de dos horas e viaje a las 13:27 [Es de reseñar el cuidado que en este ayuntamiento han puesto al recorrido que las autocarvanas deben hacer para llegar al área]. Nos hizo mucha ilusión ver por fin la furgo de Patricia, entrar en su interior, y conocer a Indo en «vivo»: perro imponente,  manso y tranquilo. Allí asemos la nave y preparamos una ensalada para comer mientras nos poníamos al día los tres. A las 18:00 decidimos mover las naves hacia el aparcamiento de la Vuelta de la Hoz en Jérica. Ángel nos había recomendado aquel lugar como zona de escalada a la que él suele ir cuando está en Sagunto. El sitio es muy bonito y tranquilo. Nada más llegar fuimos a dar un paseo por el río y a reconocer los pies de vía.

[0411 | sábado] Después de desayunar nos calzamos los cachiperres. Hoy quería probar yo cómo me sentía en la pared. Evelyne me había dicho que podía tratar de hacer alguna cosilla sencilla, procurando no cargar pesos ni doblando el cuello hacia arriba. Esto último lo resolví muy bien acostumbrando mi vista a las gafas periscópicas que me permitían ver la pared sin mirando de frente, sin esfuerzo. Esa mañana pude escalar tres largos de deportiva (4+, 5b, 5b) y sentirme contenta al final al comprobar no sólo que no había perdido capacidad sino también que no me hice daño, que el estado de mi espalda no empeoró con la actividad. Muy al contrario, creo que hasta me sentí un poco mas ligera el resto del día [Instagram]. La otra gran novedad de la mañana fue el inicio de Patricia en el mundo de la escalada. Una mujer fuerte y deportista como ella no podía hacerlo mejor para ser el primer día. Le gustó, lo hizo muy bien y se quedó con muchas ganas de continuar en el futuro.

A las 16:51 nos despedimos de Patricia no sin antes entregarle nuestro mapa de carreteras, igual que el que le esperaba envuelto en el regalo de reyes en el Campo Base y que nosotros recogeríamos al llegar para sustituirlo. Le desvelábamos así el secreto del paquete «real» que permanecía desde el 6 de enero sobre el mueble bar del salón, pero merecía la pena puesto que ella podría utilizarlo ya pues hasta junio no pensaba pasarse por Manzanares.

Eran las 17:48 cuando llegamos a los Pozos de Caudé, lugar de memoria histórica que sobrecoge. Seguíamos así con la ruta establecida en el libro de Llamazares del viaje de su padre que ya unas semanas atrás nos había traído aquí al valle del Jiloca. La tarde estaba poniéndose fría y gris, se avecinaba una tormenta que empezaría a humedecer el ambiente durante la madrugada pero que de momento dejaba viento y aire desapacible. Visitar aquel monumento al pie de la carretera, a la entrada de un polígono industrial de las afueras de Teruel nos impactó un poco. El lugar, que formaban parte de una vieja venta hoy desaparecida, fue el triste escenario de numerosas ejecuciones organizadas de una forma sistemática por los sublevados militares del 18 de julio de 1936 y sus seguidores. Quisimos detenernos allí para rendirle homenaje a aquellas personas, más de mil «desafectos» al fascismo, que se supone están amontonadas bajo tierra en el enorme pozo que hay en aquel siniestro paraje, tapado con una gruesa losa de vidrio. Al lado, las banderas republicanas, los carteles de homenaje de los vecinos de los pueblos cercanos y las lápidas de algunos familiares que recordaban a sus seres queridos. La que más nos impactó: «Te busqué por todas partes y te encontré aquí…»

A las 18:15 atracamos en el AC de Cella y nos dispusimos inmediatamente a preparar bacalao con garbanzos, ya era hora de comer. Tras la sobremesa decidimos quedarnos en la nave, sin salir, aunque posiblemente el pueblo tuviese alguna que otra curiosidad digna de ver, lo cierto es que la tarde estaba desapacible. Nos montamos un pequeño cine y vimos la película Spotlight que teníamos pendiente desde hacía unas semanas.

[0412 | domingo] Debían ser las 5 de la mañana cuando comenzamos a oír las primeras gotitas de lluvia sobre el techo. Que arrullante y acogedor resulta ese sonido cuando estas enroscada en el edredón. Amanecimos mas tarde sin prisas y desayunamos, también con calma. El plan de ese día, visto el tiempo meteorológico, poner rumbo a Puertojuande. Zarpamos de Cella a las 12:15 horas, sin bajar siquiera de la nave para vaciar grises, y llegamos al AC de Sigüenza a las tres de la tarde. Comimos la fabada que había sobrado del pasado miércoles y un poco de queso, y como el sol parecía que se estaba imponiendo a provechamos para dar un paseo por el pueblo. Subimos hasta el castillo. A las 17:40 zarpamos rumbo al Campo Base a donde llegamos dos horas después.

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