[20210705 | lunes] De nuevo nuestro viaje a Bretaña tiene paso obligado por los boxes de MAN. Si en enero fue a la vuelta, en esta ocasión madrugamos para tratar de estar allí a las 11 de la mañana. Había que hacer una serie de ajustes en la nave. En tiempo y hora previsto llegamos a Zizurquil y mientras esperábamos la realización de los trabajos, nos acercamos al bar que hay frente al centro cultural y allí en la terraza, yo me tomé un café con leche y Luís se animó con una ración de calamares que finalmente resultaron de rechupete. Enseguida nos llamarón, aun no habíamos finalizado la consumición. Pronto pudimos reanudar nuestro viaje. La intención era llegar con el tiempo más que sobrado a cenar con Lucas y Claudia en Rennes.
El viaje fue cómodo y apacible. La meteorología ayudó bastante, sólo el tramo de circunvalación de Burdeos resultó un poco incómodo como es habitual. Poco después de pasar el cruce de Nantes, recibido la grata llamada de Marta y de Álvaro, muy contentos, para anunciarnos el contrato en PWC. Eso nos alegró todavía más si cabe el viaje. Llegamos a la capital de Bretaña con esta alegría sumada a la de ver a nuestro hijo, después de 5 meses. En enero lo habías dejado aquí, entre emociones, y desde entonces la crisis sanitaria no nos permitió volver. Nos fundimos en un enorme abrazo.
Cenamos una ensalada de remolacha y una quiche de calabacín que nos tenían preparado. Una cena riquísima de reencuentro y celebración.
[20210706 | martes] Amanecimos con mucha disposición. Lucas había madrugado mucho más pues tenía trabajo en la Universidad. Aprovechamos Claudia y yo para acercarnos al Carrefour a comprar una barbacoa muy apañadita de precio que habíamos estado viendo en internet.
Habías traído unas costillas de porco celta que bien se merecían una preparación en toda regla. En menos de una hora estábamos de vuelta en casa y decidimos completar la mañana dando un paseo por el camino de sirga del canal de Ille Rance, que atraviesa Rennes y que pasa muy cerda de la casa.
Por la tarde, ya con Lucas, fuimos paseando hasta el centro de Cesson Sévigné. Vimos la plaza donde se celebra el mercado todos los sábados y recorrimos un pequeño parque. Al borde del canal, en este pueblo tienen espacio de aguas rápidas utilizando la que llega por el curso del propio canal, muy interesante. A la vuelta Lucas preparó la barbacoa. Riquísima. Como amenazaba un poco de lluvia decidimos ponernos debajo del toldo de la furgo para cenar.
[20210707 | miércoles] Tras desayunar, salimos con las lanzaderas (Claudia nos acompañó con la bici de Lucas) con la idea de recorrer parte del Canal de Ille Rance desde el centro de Rennes, cara a Sant Maló. Lógicamente sin la idea de recorrer todo el trazado, ni mucho menos, pero si de ver un poco el ambiente de las esclusas. Fuimos por la margen derecha y volvimos por la izquierda. Había mucho ambiente ciclista y familiar.
Por la tarde, después de comer, pues ya lo estuvimos discutiendo en la comida, convencimos a Lucas para que fuese a comprar la mesa con caballetes para montarse un más cómodo lugar de trabajo y así liberar la mesa de comedor. Luis y yo nos quedamos en la casa. Además de la mesa trajeron unos botelleros apilables que resultaron muy útiles para almacenar las botellas que habíamos traído de España (principalmente Rúa, blando y tinto, y sidra).
Cenamos de nuevo fuera, en ambiente furgonetero, unas galettes riquísimas que Lucas preparó con caldo de lacón que tenía congelado.
[20210708 | jueves] Aprovechamos la mañana hoy para recorrer el centro de Rennes con las lanzaderas. Yo tenía interés de acercarme a la plaza del mercado a ver si había ambiente y podíamos comprar algo de pescado fresco. Ingenua de mí. Todo el mercado estaba cerrado a cal y canto. Aún así, nos gustó recorrer ahora el centro de la ciudad, con mucho más ambiente que cuando estuvimos en enero. Ahora las tiendas y los bares, las terrazas llegas de gente. Mucha gente paseando por las calles… era otra cosa. Nos paramos en la plaza del ayuntamiento un rato. Eran las 12 aproximadamente de la mañana. Había un pequeño concierto, pequeño escenario y pequeño patio de sillas de lona delante. Una joven con una guitarra que más desafinaba que entonaba, pero que a su manera decoraba el ambiente sonoro.
Volviendo a casa pasamos de largo y nos acercamos al Carrefour a comprar bacalao. Luis quería deleitarnos con su afamado Bacallao Empedrat y necesitábamos la materia prima.
Por la tarde, ya con Lucas, paseamos por las calles del barrio en el que viven para que ellos pudiesen probar las lanzaderas. Estuvimos cogiendo ciruelas de los árboles de la calle. Por la noche, Lucas preparó un saludable tortilla de patatas y una ensalada. Cenamos igualmente en el exterior.
[20210709 | viernes] Como Lucas y Claudia esperaban hoy la llegada de unos amigos de Madrid por la tarde, para pasar el fin de semana con ellos, dispusimos que era el mejor momento para comenzar nuestro pequeño periplo por la península bretona. A media mañana pusimos rumbo al sur, en concreto a Vannes.
Nuestra primera parada fue Treix, un pequeño pueblo al este, cercano a la ciudad. Queríams llegar a la punta de Arzón antes de entrar en la ciudad. En este pueblo, en una pequeña AC pudimos limpiar la nave. Aunque para llegar la de agua tuvimos que acercarnos a otra AC, en Navalo. En Sarzeau nos dimos la vuelta tras comprobar que no merecía la pena continuar hasta la punta. No se veía la bahía y había muchas urbanizaciones. El caso es que el lugar no nos pareció muy bonito.
Para visitar Vannes aparcamos la nave a las afueras en el Carrefour y bajamos cómodoamente y muy rápido por el carril bici, en las lanzaderas. Fue muy bonita la vista del centro histórico ya que tras callejear un poco por las urbanizaciones de pronto se nos muestra desde un alto la vista del puerto hacia el interior y al fondo el caso antiguo. En un par de minutos la cuesta nos puso a la entrada del arco que da paso al interior peatonal y en esa primera calle estaba la boulangeríe donde Luis pensaba, y así lo hizo, comprarse un super kouign-amann (de 4 plazas). El pueblo es muy bonito, éste es el recorrido. Después de movernos por las calles, volvimos al puerto y ahora por la margen contraria llegamos a la bocana, estaban entrando las embarcaciones de recreo que habían pasado el día fuera, una hilera bastante grande que tenía que esperar su turno de atraque. Atravesamos el canal por el túnel que hay podo después del puente levadizo, tal y como nos indicó un joven nativo muy amable mientras mirábamos los horarios de bajada del puente pensando en atravesar por él. Al otro lado del túnel enganchamos rápidamente con la pista de bicicletas que nos llevaría de nuevo al aparcamiento del Carrefour. Tras guardar las lanzaderas aprovechamos para hacer una pequeña compra, sobre todo de fruta, en este centro comercial.
A última hora de la tarde llegamos a Auray, al AC que hay al lado del cementerio. Es muy pequeña y de hecho no teníamos sitio para atracar, apenas caben 8 autocaravanas. Nos detuvimos allí mismo y mientras decidíamos qué hacer, se acercó un compañero caravanista muy amable que, al darse cuenta de nuestra situación, nos ofreció aparcar en línea delante de él. Su camper es del mismo tamaño que la nuestra y, por tratarse de plazas amplias, cabían las dos perfectamente. Así que genial, le dimos las gracias y allí pasamos la noche divinamente.
[20210710 | sábado] Ya por la mañana, incluso antes de que tuviera que moverse nuestro compañero de pernocta, pudimos cambiar la nave de sitio pues había quedado una plaza libre al lado. Auray es un pueblo precioso. Ni nos lo podíamos imaginar cuando comenzamos a bajar con las lanzaderas la estrecha y empinada cuesta que nos acercó en un momento al pequeño y antiguo puerto, muy cerca de donde dejamos atracada la nave. El callejón desembocaba en una pequeña explanada con terrazas, las casas típicas de piedra y entramado de madera, un ambiente muy turístico pero muy bien cuidado y nada agobiante. Justo enfrente estaba el antiguo puente de piedra que nos situó enseguida en el otro lado del pueblo, el más comercial, de calles también estrechas y empinadas algunas, pero otras más amplias como la del ayuntamiento donde se encontraba en un extremo el pequeño mercado. Estaba abierto y pude entrar un momento a ver el percal y sorprenderme con los puestos de pescado. Todo muy freso y con un precio muy aceptable. Lo más sorprendente las ostras. Había muchas y las podías comprar, las más baratas, a 6 euros el kilo. Increíble porque estaban al mismo precio de los mejillones, que tienen mucha fama por aquí.
De nuevo paramos en una boulangeríe que nos había recomendado Lucas para probar aquí el Far Bretón (una especie de tarta-flan con ciruelas y ron). Estaba muy rico.
Tras recorrer las principales calles bajamos de nuevo al canal y lo recorrimos por ambas márgenes, primero una y después la otra, atravesando por el mismo puente que nos había traído al centro del pueblo. Después subimos hasta el AC por otras calles de la ladera que lleva al cementero, también muy antiguas de casas viejas y con una pequeña iglesia en el interior.
Ya en la nave, tras reponer fuerzas continuamos hacia nuestro nuevo destino: Quiberón. Queríamos recorrer el tramo de la ruta V5 que recorre esta península hasta su extremo. Atracamos la nave en el aparcamiento del Museo Guerreros de Lowest, que está en Plouhamel y desde allí continuamos con las lanzaderas. El recorrido nos gustó un montón. La recorrimos toda a través de pinares, bordeando playas, dunas y pequeños acantilados. La tarde había quedado preciosa, de sol sin una nube y una temperatura perfecta. En Quiberón estuvimos buscando agua pero no encontramos ninguna fuente. Hay que decir que prácticamente todos los accesos a aparcamientos de costa y playas en Bretaña están capados para que no puedan entrar vehículos de más de dos metros, suponemos que para que las AC no se instalen todo el verano allí, copando el sitio. Lo cual nos parece sensato pero, esto fue un obstáculo por ejemplo a la hora de acercarnos a una fuente que precisamente estaba en uno de estos aparcamientos y la pista de acceso, a 1 kilómetro del mismo, ya tenía la barrera de los dos metros. Luis se quedó en la nave y yo tuve que ir andando en busca del agua. Y lo peor es que no tuve éxito. Nin fuente, ni nada. La aplicación que nos habíamos descargado funcionaba de pena.
Finalmente encontramos en el e centro de Carnac un AC donde pagando 2 € pudimos rellenar de agua potable en una torre de limpieza. No nos quedamos allí a pernoctar. Pasamos la noche en el P1 que hay cerca de los alineamientos Kerlescan. Una campa amplia, cómoda. Había muchas AC pero nosotros aparcamos al fondo, orientando la nave al oeste, con la puesta de sol, delante sólo veíamos todo un espacio verde. Casi teníamos la sensación de estar solos en aquel lugar.
[20210711 | domingo] Tras el desayuno en esta camba de Carnac, cogimos nuestras lanzaderas y allá que nos fuimos a recorrer todo ese campo plagado de piedras y monumentos megalíticos [wikiloc]. Los curiosos y casi interminables alineamientos. Todo un espectáculo. Nos acercamos a saludar al menhir más grande del mundo, que ahora se encuentra partido en cuatro trozos, pero que antaño llegó a medir más de 20 metros de altura Para nosotros, más llamativo de la visita a este valle resultó ser el Dolmen de Kercado. Situado al lado de una carretera muy bonita que da acceso a una capilla y un restaurante. Allí, de modo un poco escondido se encuentra el pasadizo que lleva al área donde está el monumento y unos paneles que lo rodean con toda la información. Entramos en el interior del túmulo, tiene un sistema de luces que te permiten ver perfectamente. Y descubrimos en los paneles todo el misterio que encierran estas piedras, su tamaño, su situación y su orientación.
Por la tarde nos acercamos a Concarnau con idea de visitar la ville close, el antiguo recinto amurallado que hay en el puerto. Atracamos la nave en un aparcamiento a la entrada del pueblo y bajamos con las lanzaderas. Pero… imposible acceder a la villa amurallada. Era agobiante, un montón, un montonazo de gente… no merecía la pena. Nos dimos la vuelta inmediatamente nada mas cruzar la puerta de la muralla al ver la calle principal a desbordar. Decidimos pues recorrer un poco el paseo marítimo a ambos lados, por uno llegamos a la zona de playa y por el otro, al extremo del puerto desde donde podíamos ver y fotografiar las murallas de la ville close y ver sus dimensiones perimetrales.
Abandonamos aquella ciudad enseguida pues había demasiada gente y resultaba un poco incómodo en todos los aspectos. Seguimos rumbo a Pont-L’Abbe donde limpiamos la nave en el AC. La tarde estaba desapacible, lluvia y viento, queríamos recorrer la cosa hacia el extremo más occidental. Buscamos las carreteras secundarias que nos permitieran ver mejor el ambiente costero. Y no nos defraudó. Lo cierto es que todas las pequeñas laderas que daban al océano estaban plagadas de pequeñas casitas blancas y de pizarra, diseminadas. Algún que otro pequeño pueblecillo antiguo con iglesias de piedra gris casi negra y los típicos calvarios en el atrio.
Llegamos a Plogoff y pasamos la noche en el aparcamiento que hay al lado del estadio, una campa donde suelen pernoctar las AC, a pesar de que en este pequeño pueblo, al lado de la iglesia hay un área de limpieza de autocaravanas que extrañamente tiene la señal de prohibido aparcar a estos vehículos. En fin, la campa del estadio, con vistas a lo lejos del mar, resultó muy cómoda y bonita. Llovía mucho cuando llegamos. Cenamos y no salimos de la nave hasta el día siguiente.
[20210712 | lunes] Tras el desayuno partimos con las lanzaderas [wikiloc] rumbo a la Point du Raz. La idea era seguir una senda que nos recomendaba Google pegadita a la costa. Comenzaba muy bien y prometía, pero, a escasos 100 metros del inicio nos topamos con que la senda no era muy apta para ruedas, quizá si para caminar. Decidimos pues ir por la carretera. De hecho, aquí las vías están tan adaptadas a los biciclos que eso no resultó ningún inconveniente.
Ya acercándonos a los riscos que marcan el inicio de la punta tropezamos con la barrera del aparcamiento para coches. Comenzaba aquí el área más turístico de este punto. Nosotros continuamos por una pista, casi en solitario, hasta llegar al borde de las rocas. Enfrente teníamos el Faro de Vieille y la Ille de Seín. La estampa del Fisterra perfecto, nos sentíamos como en casa. Todo resultaba muy familiar. La costa se mostraba entre pequeños acantilados y playas a nuestra derecha. Allí veíamos en primer término la Point du Van, el siguiente punto al que nos dirigimos. Cerca de esta punta, además de la Ermita de Saint They pudimos ver entre la vegetación restos de trincheras evocando tristes momentos bélicos de la Segunda Guerra Mundial. Aquel había sido un campo de batalla y defensa.
De regreso a Plogoff subimos a la nave para dirigirnos al siguiente punto de destino: Douarned. La villa que vió nacer los kouign-amann. Recorrilmos el puerto, típico en un estrecho canal como ya venia siendo habitual en esta costa bretona. Vimos algunas embarcaciones viejas y curiosas, como un barco faro, atracados en la rada. Fue una pena no detenernos más en aquel precioso pueblo. La verdad es que el tiempo nos empujaba… habíamos quedado con Claudia y Lucas al día siguiente, lejos de allí y todavía queríamos llegar a Brest.
Continuamos nuestro recorrido siguiendo la carretera de la costa más occidental de Bretaña, disfrutando del bello paisaje y atravesando pequeñas radas y pueblos a los que tendremos que volver con más detenimiento. Así llegamos a Camaret sur Mer, en el extremo de la península de Crozón. Un bonito pueblo ya en la bahía de Brest. De hecho, enfrente, se divisaba esta ciudad a lo lejos. No llegaríamos a aquel extremo en este viaje. Atracamos en un aparcamiento que hay en una calle alta que baja al puerto. Desde allí, en lanzadera [wikiloc] nos acercamos a la Point du Pen-Hir donde se encuentra el monumento Croix de Pen-Hir y que hace las veces de memorial a los caídos de Bretaña y de monumento a los bretones exiliados en Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial. Preciosos los acantilados de cuarcita a nuestros pies, algunos con vías de escalada.
Desde allí nos acercamos después a la Point du Toulinguet, de camino bordeamos un pequeño alineamiento que hay en el pueblo, en una pequeña parcela al límite donde finaliza la línea de casas. En el puerto de Camaret sur Mer se encuentra la Torre Vauban, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La imagen de esta torre desde la calle por la que bajamos al puerto resultó «mágica» parecía una estampa de cuento fantástico. Al otro extremo de la rada se encontraba este monumento, perfectamente integrado al lado de una pequeña capilla. Hacia él nos dirigimos.
Teníamos que estar al día siguiente por la tarde en Painpoint pues allí habíamos quedado con nuestros hijos para pasar el día siguiente juntos, el 14 de julio que es fiesta nacional en Francia y por lo tanto Lucas no trabajaba. Por eso decidimos esta misma tarde emprender ya el camino hacia ese punto y buscamos un lugar para dormir en el centro del Parque Natural de la Armórica que resultó ser perfecto. El AC de Saint Rivoal, totalmente equipado, para carga-descarga e incluso con enganche de electricidad, todo gratuito, en una campa muy tranquila rodeada de bosque en las afueras de la pequeña aldea.
[20210713 | martes] El desayuno se alargó más de lo habitual. Una larga charla nos tuvo muy entretenidos. Ya muy avanzada la mañana partimos no sin antes asear la nave como es debido, provechando las instalaciones. Nuestro primer destino fue Pleyben, pequeña ciudad donde se encuentra uno de los calvarios más grandes y espectaculares de Bretaña. La iglesia de Notre Dame que está en el mismo recinto parroquial que este singular calvario estaba en restauración, forrada de andamios y lonas.
Antes de abandonar Pleyben aprovechamos para aprovisionarnos de víveres en el intermarché que hay a las afueras. Aprovechamos para comer en el mismo aparcamiento. Enseguida partimos hacia nuestro siguiente destino: Chaateauneuf-du-Faou. Un pequeño pueblo situado en una pequeña colina con vistas al Canal de Nantes. Nos acercamos al atrio de la iglesia para ver el entorno y a lo lejos pudimos ver el Castillo de Trévarez. Nos acercamos con la nave hasta él, cuando seguimos la ruta, pero no se podía visitar, salvo pagando y no estábamos dispuestos a ello.
Pontiby que fue nuestra siguiente etapa. Queríamos conocer de primera mano el pueblo en el que vivía el sochantre que protagoniza la historia fantástica del libro de Cunqueiro. Atracamos en el aparcamiento al lado del río y tras atravesar el florido puente nos adentramos en las antiguas calles, de casas tradicionales de entramado de madera, con objetos colgantes decorativos entre fachadas. Llegamos al castillo, muy bonito y bien conservado, pero del que sólo pudimos ver el exterior pues estaba cerrado.
La tarde se nos echaba encima y emprendimos de nuevo la ruta hacia la Abadía de Paimpoint, donde quedado en reunirnos con Claudia y Lucas que venían de Rennes. Antes de llegar, tropezamos (y lo digo bien) con Josselín, un precioso pueblo que pasaría desapercibido para nosotros si no nos equivocásemos al continuar la ruta en la rotonda de acceso en la que, en vez de tomar la carretera que circunvala la villa, entramos en ella y tuvimos que atravesarla. Precioso regalo porque tanto nos impresionó lo que vimos al vuelo que decidimos volver allí al día siguiente a pasar la noche y recorrer el pueblo mejor.
Llegamos alrededor de las nueve al punto donde habíamos quedado con nuestros hijos. Dimos un paseo por el camino del lago que rodea la abadía para poder ver el monumento un poco mejor. Después, antes de que se nos hiciera de noche, decidimos marchar al punto que había elegido Lucas para la pernocta, un aparcamiento que hay a la entrada del camino que lleva al Bosque de Brocéliande que teníamos proyectado recorrer al día siguiente. El punto era inmejorable. Cenamos en las mesas que hay al lado y pasamos una noche muy tranquila.
[20210714 | miércoles] Era el día de la fiesta nacional francesa y eso se notaba en el ambiente. Muy temprano empezó a llenarse aquello de coches y gente que pasaba por el camino. Nosotros, después de desayunar, estuvimos entretenidos un par de horas resolviendo sendas averías en la nave caracol. La nevera no funcionaba bien y ero tenía muy preocupado a Lucas. Pero es que, además, en medio del disgusto, se atasca una pieza del poty. En fin, el segundo evento «escacatologíco» se resolvió rápido, pero el tema de la nevera era más complicado. Finalmente, tras llamar al camperizador, los ingenieros -padre e hijo-actuaron de Mcgivers y finalmente pudieron poner de nuevo en marcha el sistema. Lo celebramos tomándonos unos riquísimos helados artesanales que venía una mujer en la caseta de madera que acababa de abrir sus puertas y que nos tenía un poco intrigados.
Degustando el dulce frío nos pusimos en camino por la senda que se adentra al bosque [wikiloc] dispuestos a recorrer ese paraje de cuento. Había mucha gente, sobre todo al inicio, donde se encuentran los elementos más simbólicos, el Roble de los Hindres y el lago del valle sin retorno, donde se encuentra la tumba de Merlín. Aquí nació la leyenda del Rey Arturo y todo evoca esa historia. Subimos hasta la Tumba del Gigante, en la parte mas alta ya fuera de la influencia propiamente boscosa y volvimos por la ladera que llaman de los acantilados.
De retorno en el área en la que hicimos campamento, preparamos la comida-merienda-cena y pasamos una preciosa sobremesa, aderezada con un nuevo helado. Después, ya con la puesta de sol, tomamos rumbos diferentes. Claudia y Lucas retornarían a Rennes y nosotros deshicimos el camino hasta Josselín [wikiloc], donde pasaríamos una noche mágica. Las calles más antiguas del pueblo y el castillo estaban iluminados de forma espectacular. Nos inquietó la imagen del castillo reflejada en las aguas negras y tranquilas del canal.
[20210715 | jueves] La mañana estaba preciosa. Josselín tiene dos AC, una con servicios, en la que estábamos y otra al pie del canal. Cuando llegamos la noche anterior, nos quedamos en ésta a pesar de que estaba muy concurrida. Pero al día siguiente, o sea, hoy, muchos vehículos se habían marchado y el ambiente era muy tranquilo. Nuestro plan era pasar el día entorno al Canal de Nantes-Brest. Así que subimos a las lanzaderas y bajamos hasta el camino de sirga que parte del pueblo hacia Pontiby.
No hicimos la etapa completa. Aún así, entre idas y vueltas, llegamos a hacer en total más de 60 kilómetros [wikiloc]. Primero fuimos por la mañana hasta Rohan y visitamos de camino la Abadía Notre-Dame de Timadeuc , cerrada, como no podía ser de otra forma. El pueblo de Rohan también nos decepción pues era bastante corriente, sólo destacar el cobertizo antiguo de madera donde hacen mercado un día a la semana. Allí atracamos para un pequeño descanso y visitamos los toilettes. El recorrido del camino de sirga del canal es precioso. Está muy cuidado por los amigos del canal. Decorado con jardines de flores. Además es perfectamente navegable. Nosotros tuvimos oportunidad de ver una esclusa en funcionamiento.
Volviendo hacia Josselín quisimos comer unas galettes en el chiringuito que hay en la última esclusa antes de llegar al pueblo, pero ya no servían comidas, hasta la tarde. Así que nos fuimos a la nave a reponernos y descansar un poco. Hacia el atardecer decidimos volver otra vez al chiringuito de las galettes [wikiloc], en el canal, a ver si teníamos suerte ahora. Cuando estábamos llegando oímos música. Se estaba celebrando un pequeño concierto que, por desgracia para nosotros, finalizaba en ese momento. Pero el evento dotaba al momento de cierto encanto, por el grupo de gente que se había allí reunido. Nos sentamos en una mesita y pedimos nuestra merienda (un gallete saussis para Luis y otra con queso y miel para mi), que regamos con sidra bretona. Se estaba muy a gusto allí. el canal hace una pequeña represa y se ensancha. La luz de la tarde serenaba todavía más el ambiente.
Después de nuestra cena, volvimos ya casi con la oscuridad de la noche y al llegar al punto del castillo de Josselín, atravesamos por el puente para acercarnos al pequeño parque que hay al otro lado del canal. Allí, echados en las tumbonas de hierro, disfrutamos de la vista de las casas al margen de la ribera, cuando, de pronto oímos unas voces a nuestra espalda. Nos dimos la vuelta y vemos aparecer por los arcos, restos de un monumento antiguo, a una pareja ataviada con trajes medievales, cual si un conde y una condesa fueran. Venían con cierto alboroto. No entendíamos bien qué estaba pasando, les acompañaba un pequeño grupo de personas de nuestra época a modo de público-comparsa. El «conde» nos saludó muy efusivamente y al reconocer que éramos españoles puso todavía más énfasis en sus palabras. Al rato, prosiguieron su camino. Más tarde volveríamos a encontrarlos en otra calle de este lado de la ribera.
Mientras esperábamos a que anocheciera del todo, queríamos volver a ver la iluminación nocturna del castillo, recorrimos parte del camino de sirga del canal, ahora en dirección contraria. A la vuelta ya estaba todo iluminado y pudimos disfrutar de nuevo del espectáculo mágico de Josselin antes de irnos a dormir.
[20210716 | viernes] Antes de abandonar este precioso pueblo que tanto me gusta hicimos tres cosas. Primero, asear la nave y asearme yo misma -lavado de pelo incluido-, después hacer una pequeña compra en el Eleclerc (no nos gustó mucho esta cadena de establecimientos) y en tercer lugar, prometer que volveríamos con mas calma a disfrutar de la belleza y la tranquilidad de Josselin y su canal.
Pusimos rumbo a la costa norte de Breñana pues habíamos quedado para pasar el fin de semana con Claudia y Lucas, visitando Saint Michel, San Maló y Dinan. De camino pensábamos aprovechar el día para conocer algunos puntos de interés en nuestra ruta. La primera parada fue Becherell, un pequeño pueblo muy bonito que, al igual que Urueña en España, consagra su vida a los libros. Todo son librerías. La segunda parada fue Chateaubrinad, con idea de ver el castillo (invisible porque también hay que pagar) y visitar el pueblo, que nos decepcionó por cierto. Allí mismo, al lado del canal Ille Rance comimos algo dentro de la nave y continuamos el camino hacia Saint Michell.
Como llegamos pronto y teníamos más de una hora de espera, cogimos las lanzaderas y nos acercamos, desde el aparcamiento en el que habías atracado con idea de pernoctar allí con el coche caracol, al Monte de Saint Michel [wikiloc]. La pista que borda el canal y que acerca a la pasarela de acceso a la isla es muy bonita, al fondo ves el monumento acercarse lentamente mientras avanzas. Le echamos un pequeño vistazo al llegar, atravesando el arco de la muralla y recorriendo la calle principal con las lanzaderas hasta que las escaleras nos echaron para atrás. Había mucho gente y el ambiente era demasiado turístico. Muchos bares y restaurantes atestados. Volvimos enseguida porque además Claudia y Lucas estaban a punto de llegar.
Con ellos, retornamos a la isla, ellos caminando y nosotros den nuevo sobre ruedas. El camino lo hacíamos ahora con la puesta de sol de freten. Muy bonito. La idea era cenar allí. Habían traído un surtido de corquetas-claudia y sendas botellas de sidra que degustamos al anochecer en un alto de la muralla. Las lanzaderas las habíamos dejado esta vez ancladas en un aparcamiento de bicis que hay intramuros. Después de degustar tan exquisito manjar recorrimos las calles que rodean la abadía. Intentamos entrar en ella pero ya no nos dejaron. Era tarde. Visitar a esa hora la isla tiene la ventaja de que el turisteo ya se había retirado y todo estaba más tranquilo. Aún así, estos sitios tan emblemáticos, tan imán del turismo, pierden su encanto original.
Ya de noche, nosotros volvimos antes en las lanzaderas porque Claudia y Lucas preferían hacer el paseo con calma y sin prisa. Nosotros, cansados y con frío, como corresponde a nuestra edad, ansiábamos pillar la cama cuanto antes.
[20210717 | sábado] Desayunamos los cuatro en nuestra nave pues el área en la que estábamos anclados era un aparcamiento muy urbano. Abandonamos inmediatamente aquella zona y pusimos rumbo a Dol-de-Bretagne para visitar el Menhir de Champ-Dolent el megalito de pie mas grande de Bretaña. La verdad es que es impresionante. Desde allí continuamos nuestra ruta hacia Cancale, ciudad en el que no pudimos ni parar pues no encontramos aparcamiento. Pero no nos importó demasiado, nuestra intención era llegar a la Pointe du Grouin, desde allí pudimos disfrutar de una amplia panorámica costera: a lo lejos se divisaba el Mont Saint Michell y mas allá las costas de Normandía. Hacia el norte, entre la bruma, nos pareció ver lo que identificamos como la isla británica de Jersey, dando paso al Canal de la Mancha.
Después del paseo por este pequeño cabo tratamos de encontrar una playa o un lugar cercano a la playa para detener las naves, reponer fuerzas y darnos un pequeño baño por la tarde. Pero, era sábado, de julio, con un día precioso y, como no podía ser de otro modo resultaba imposible atracar. Dedicimos pues coger una carretera que nos adentrara un poco al interior, alejándonos de la costa, para poder parar y comer algo. Así fue como llegamos a un pueblo que se llama Saint Cristobal con un aparcamiento grande y vacío en el que pudimos refugiarnos a la sombra de un pequeño árbol y preparar allí la carne de ternera que habíamos comprado el día anterior y que resultó muy sabrosa y tierna.
Por la tarde nos acercamos a Saint Maló y recorrimos la playa y la ciudad intramuros. Es un lugar muy turístico y de veraneo así que el ambiente estaba garantizado. Aún así, el recorrido resultó bonito. La enorme playa que rodea todo el caso urbano estaba preciosa con la marea baja. Nos acercamos a la Tumba de Chateaubriand que está en un promontorio costero y que, supongo, sólo debe ser accesible con la marea baja. El poeta pidió ser enterrado allí para «sólo escuchar el mar y el viento«, pero la incesante riada de turistas que se acercan al paraje complican este deseo.
Las calles intramuros de la ciudad vieja estaban llenas de gente. Las terrazas abarrotadas, vimos músicos bretones amenizando la cena de los comensales de algunas de ellas. Nos detuvimos un buen rato con ellos y después decidimos tomar rumbo a Dinan. Había que buscar un buen sitio para pasar la noche. Y lo conseguimos. Una enorme campa en la parte baja de la colina sobre la que se asienta gran parte de la ciudad, al pie del lienzo mejor conservado de la muralla.
[20210718 | domingo] Mi despertar fue muy curioso. Un sonido extraño, como el de un motor constante me soplaba al oído. Y nunca mejor dicho. Abro los ojos, bajo la persiana del ventanuco de la puerta de atrás y no salgo de mi asombro: estaban hinchando un globo aerostático a pocos metros de la nave. Me levanto enseguida, no quería perderme el espectáculo. Cuando estuvo listo, se subieron tres navegante y al cielo que se alzaron, desapareciendo por encima de la muralla de Dinan.
Me quedé un buen rato despierta mientras los demás seguían durmiendo. Después, tras el desayuno, nos fuimos a recorrer las calles más antiguas de esta preciosa ciudad. 
Era domingo al mediodía, había gente por las calles pero no resultaba agobiante. El ambiente era tranquilo y fresco. Se celebraba un festiva del arpa bretona y tratamos de ver algún concierto. Sólo conseguimos acercarnos en hora a un evento callejero. A eso de las dos de la tarde una niña daba un pequeño concierto de arpa en esta misma plaza donde una hora antes vimos a este músico con una zanfoña. Los músicos parecían rotarse por calles. Después apareció un siniestro personaje tocando un HANG mientras nos tomábamos una cervecita en una terraza. En otra esquina vimos, en otro momento, una polifónica intérprete muy simpática [ver vídeo].
Bajamos a comer a la campa y allí estuvimos el resto de la tarde, muy a gusto charlando bajo el toldo, hasta que llegó el momento de separarnos. Nosotros volveríamos a casa, despacio en un viaje tranquilo de dos días, y Claudia y Lucas retornarían a Rennes a trabajar los últimos días antes de sus vacaciones. El fin de semana siguiente comenzarían su periplo de 26 días en el Coche Caracol recorriendo la costa bretona de norte a sur.
Nosotros queríamos visitar algunos lugares de camino como La Rochelle, Rochefort y Las Landas. Tras la despedida emotiva, fuimos a asear la nave a un área a las afueras de Dinan pues no sabíamos qué nos íbamos a encontrar de camino y ya estaban muy justos los niveles. Quien nos iba a decir que pernoctaríamos en una AC estupenda, tranquila, limpia y con todos los servicios: Grand-Fougeray.
[20210719 | lunes] Y en este día es donde se trunca el viaje. Habías decidido visitar la ciudad y el puerto viejo de La Rochelle, ciudad a la que llegamos al mediodía, con idea de continuar después hacia Las Landas, teníamos ya buscado un AC muy chulo en un pinar cerca de la gran duna. Pero a poco de llegar a La Rochelle y tras haber comido en la furgo, salimos con las lanzaderas. Habíamos aparcado cerca del canal al lado de un carril bici que en 8 minutos nos pondría en el puerto. Pero, nada más despegar, a poco mas de 100 metros ocurrió… la rueda delantera de mi lanzadera tropezó con un bulto en el asfalto, posiblemente provocado por alguna raíz. No lo vi, sólo me percaté de él cuando ya estaba en el suelo. Era muy pequeño, pero lo suficientemente alto como para provocar mi desequilibrio, difícil de resolver en una estrecha pista por la que transitaban peatones difíciles de esquivar. Todo fue muy rápido, en pocos segundo la mejilla izquierda de mi cara aterriza en el suelo y el costado se clava contra el manillar, al tiempo que mi mano derecha amortigua el impacto con el sobre coste de la rotura de la cabeza del radio, un hueso de mi cuerpo que comenzó en ese momento a ser el protagonista absoluto de mi existencia. Mi cara comenzó a hincharse debido a la hemorragia interna, en principio era lo más impresionante. Mas tarde, en las urgencias del hospital de La Rochelle-Re-Aunis, me confirmarían el diagnóstico. En mi cara no se había producido ninguna fractura importante, solo una enorme contusión, pero el brazo estaba roto. Y ya está, allí mismo me lo envolvieron en una pesada escayola que, según ellos, debería estar adosada a mi cuerpo durante cuatro semanas. Menos mal que al llegar a Mardid, en la Clínica Cemtro, las cosas se resolvieron de otro modo. Aún así, he pasado 18 días con el brazo inmovilizado y todavía sigo 15 días después de soltarlo intentando recuperar su movilidad al 100% sufriendo con la rehabilitación.
Al salir de urgencias, después de tres horas, decidimos sin mas dilación venirnos directamente a Madrid. Paramos a dormir en la plaza de un pequeño pueblo (Masgecq) que estaba de camino tras pasar Burdeos.
[20210720 | martes] Menuda nochecita… Al despertar, salimos sin desayunar pues queríamos aprovechar el momento del desayuno para que el conductor hiciese un pausa de descanso. Y eso fue ya en un área de una autopista vasca, de esas asquerosas que nos devolvió a la realidad cutre de este país en un momento.
Llegamos a Puerto Juande entorno a las tres de la tarde. Por cierto, el día de Santa Margaríta.
BRETAÑA | Xullo 2021 [ver álbum fotos]