Este fue también uno de esos viajes llenos de experiencias inesperadas. Nuestro objetivo principal era llegar a La Mogoda antes del día 22, cierre de la exposición «A lo Bestia» de Lluís, de la cual nos perdimos ya la inauguración por la sorpresa que nos dieron los hijos con el regalo del curso de cestos. Lo conseguimos, el sábado 21 estábamos con él en la salda de Caldes de Mombuí [Instagram] y al día siguiente, al mediodía después del cierre, le ayudamos a descolgar los cuadros de la pared. Pero antes de todo esto hicimos una inmersión de dos días en algunos de los escenarios de la Guerra motivados por la lectura del libro de Llamazares («El viaje de mi padre») que estábamos leyendo esos días.
[0219 | jueves] Abandonamos PuertoJuande bien temprano, a las 7 de la madrugada, sin desayunar. Pensábamos hacerlo de camino, nos serviría como primera parada. Y así fue, la mañana amanecía cargada de luz, y sobre el cielo intensamente azul se recortaba iluminado el castillo de Jadraque. Al verlo tan impresionante desde la carretera se nos ocurrió acercarnos y detenernos a su altura a desayunar. Pero no encontramos un acceso cómodo para subir hasta el pie del monumento con la nave, así que nos detuvimos a la salida del pueblo en una pequeña explanada en la ladera este que nos permitía tener el castillo a la vista, muy cerca. Le enviamos a Manel y Nuria la imagen, sabíamos que les gustaría ver que nos habíamos detenido allí. A poco de reanudar la marcha paramos en el AC de Siguenza a drenar el potty.
La siguiente parada de la mañana (sin contar la recarga de gasóleo en Monreal de Campo) la hicimos en Rubielos de la Cérida, en uno de los escenarios de la Guerra Civil que pensábamos visitar esos días: las trincheras «Los Pilones». El paraje no está bien indicado ni documentado (un par de paneles totalmente descoloridos indican como estandartes que allí hay algo), pero las trincheras han sido desenterradas y restauradas un poco hace unos años. Impresiona entrar en el laberinto y asomarte a las saeteras, tratando de sentir por un momento la angustia y el terror que vivieron en ese espacio angosto los jóvenes soldados, carne de cañón de aquella contienda, obligados a defender unas ideas que muchos de ellos ni siquiera habrían pensado [Instagram].
Estaban allí porque les reclutaron los nacionales en sus pueblos y aldeas, seguramente muy lejos de aquel lugar, simplemente porque vivían en el área geográfica conquistada por ellos. El frío que podía hacer en aquel páramo nos lo describe muy bien Llamazares en su libro. Y es que estamos en Teruel, en la provincia más gélida de la provincia. Volviendo a la carretera principal por la pista de tierra que antes subimos, desde Rubielos, vimos a nuestra derecha un cartel con el texto borrado pero con el color que indicaba otro vestigio de la guerra, a nuestra derecha. A pocos metros sobre una loma encontramos excavadas en la tierra roja otras trincheras, muy mal conservadas y con mucha vegetación, cuyo trazado dibujaba en el suelo un óvalo alargado. En un extremo había un pequeño bunker de ametralladora en el que dormía (o estaba muerto) un zorro. Lo vi cuando estaba bajando por al rota entrada, dándome un buen susto. Huimos de allí inmediatamente no fuera que se despertase.
Esa tarde, mientras bajábamos de Rubielos nos llamó Marta para contarnos lo contenta que estaba tras la entrevista que había mantenido con Álvaro, el que podría ser su futuro jefe si finalmente la contratan en Decathlon. Nosotros mientras, igualmente ilusionados con ella, seguimos rumbo al noroeste primero a coger la Autovía Mudéjar hasta Calamocha para desde allí tomar hacia el este la carretera que nos llevaría hasta Belchite. Estábamos en el Valle del Jiloca, tan importante en la Guerra y reseñado en diferentes ocasiones por nuestro cicerone literario. Poco antes de las 5:30 de la tarde atracábamos la nave en una pequeña explanada de tierra al borde de las ruinas de Beltiche. Ya era tarde para hacer la visita guiada por la ciudad vieja, única manera de penetrar en el interior del recinto, así que no nos quedó más remedio que dar un paseo rodeando toda la verja. Nos decepcionó un poco ver cómo lo tienen montado. No solo la suciedad que envuelve todo aquel paraje sino también el abandono que desde el exterior pudimos ver de las ruinas [Instagram]. Un escenario tan importante que muestra la crudeza de aquella Guerra, debería protegerse para que no termine desapareciendo y convirtíéndose en un montón de escombros nada más como le pasó a otros pueblos de la provincia. Después del recorrido nos paseamos un poco por el pueblo nuevo, construido por el régimen según el plan de Reconstrucción de Regiones Devastadas. Más de veinte años de obras que permitieron a los habitantes del pueblo, que durante este tiempo tuvo que vivir en la zona ruinosa y en los campamentos de alojamiento instalados en el lugar, construir una nueva vida en estas calles que ahora ven nuestros ojos como símbolos del régimen franquista. Una arquitectura fría y calculada, carente de historia y personalidad. Nos paramos en el Bar Ernesto a tomar una cerveza Ambar pasteurizada (rica, pero con mucho gas).
Decidimos ir a Escatrón a pasar la noche, la distancia era poca, apenas media hora. No sabíamos entonces que nos íbamos a encontrar la carretera en obras. Durante kilómetros hicimos el recorrido por una pista de piedras y tierra, sin pintar, sólo marcada por puntales reflectantes en las orillas. Menos mal que era bastante recta y eso me permitía conducir con las largas casi todo el tiempo, con una mejor visión del terreno por el que transitábamos. Aún así, fue bastante tedioso. Tardamos el doble de tiempo previsto y claro, es que además, todavía no habíamos comido y se nos izo un poco tarde para esto. Menos mal que el AC de Escatrón (una de las dos que tiene, menudo lujo de pueblo) estaba genial y enseguida nos instalamos, en un lugar muy tranquilo prácticamente a la entrada del pueblo. Llevábamos unas riquísimas lentejas hechas de casa, así que dispusimos enseguida la comida-merienda-cena.
[0220 | viernes] Después de desayunar y antes de abandonar Escatrón decidimos acercarnos a ver la otra AC de autocaravanas que está a orillas del Ebro. También genial, muy recomendable. Para seguir el recorrido por los escenarios de la guerra decidimos dedicar el día a visitar parte de lo que fue la Batalla del Ebro, en la Terra Alta de Catalunya. La primera parada la hicimos en Corbera d’Ebre, en el único centro de interpretación de la batalla (de los 7 que hay) que estaba abierto este día. Llegamos cerca de la 1 de la tarde y el memorial cerraba a las 2. No íbamos a tener tiempo de verlo todo, pero el chico que estaba al cargo ese día fue muy amable y nos dijo que podíamos retomar la visita por la tarde. Mientras tanto, al mediodía aprovechamos para comer algo en al furgo y luego acercarnos a ver el lugar de las Devesas de La Fatarella, un enclave en el que se pueden ver un par de zulos y algunas de las trincheras excavadas. Desde allí continuamos hasta otro punto de interés, el Campamento del XV Cuerpo del Ejército, situado en la ladera oeste de la sierra de La Fatarella, mirando hacia el valle del Ebro, a la altura de Ascó (veíamos la central a lo lejos). No está muy bien indicado desde la carretera, hay que subir por una pista de tierra y sólo cuando llegamos a la altura vimos a la derecha en el camino un letreo que indicaba el lugar. En la entrada hay un pequeño monumento dedicado al teniente coronel Tagüeña, seguramente bajo cuyo mando se organizaba el campamento de retaguarda. El conjunto lo componen un grupo de edificaciones hechas en piedra seca sobre cuatro terrazas en la misma umbría de la ladera. Nos llamó la atención lo bien construidas que estaban sobre todo pensando en que habrán sido levantadas en tiempo record y en circunstancias poco favorables. Algunas conservan casi intactos los muros y la techumbre de piedra [Instagram].
Antes de subirnos a la furgo, y muy cerca de dónde la habíamos dejado, pudimos encontrar con un poco de esfuerzo y la ayuda de Google un pequeño monumento de piedra y hierro conocido como la Tumba al soldado desconocido. Aquí también vimos algunos restos de trincheras que protegían el flanco oeste del cerro. De vuelta en Corbera subimos a ver las ruinas del pueblo viejo, también dejadas a la vista como recuerdo de los ataques aéreos que sufrió esta población [Instagram]. Después bajamos al centro de interpretación para terminar de ver la exposición memorial de la guerra. Al finalizar pusimos rumbo al AC de Masroig donde pasamos la noche.
[0221 | sábado] Amanecimos en este pequeño pueblo de la Terra Alta, compramos vino en la bodega que estaba al lado del área y tras hacer el aseo de la nave pusimos rumbo a La Mogoda. Llegamos poco después de la 1 de la tarde y atracamos en nuestro furgopertecto particular de la calle. Allí mismo, inmediatamente, nos pusimos a preparar bacalao con garbanzos, mientras esperábamos a que llegase Lluís. Comimos en la propia nave, con vistas a los huertos, el día estaba precioso y la temperatura muy agradable. Después nos fuimos con Lluís a pasar la tarde en la sala de su exposición «A lo Bestia» en Caldes de Mombuí. Este era el motivo principal de nuestro viaje en esta ocasión a Catalunya. La sala, espaciosa y confortable, ofrecía en dos plantas una excelente visión de la obra presentada. Dedicamos un buen tiempo a recorrerla y fotografiarla [Instagram]. Aprovechamos parte de la tarde para dar un paseo por el pueblo, ya era noche y dejamos parte del recorrido sobre todo por la parte del río para el día siguiente, con luz. En un bareto que había cerca de la sala convencimos al tabernero para que nos vendiera unas cañas de Estrella de Galicia para llevar a la sala. Al cerrar, Lluís nos llevó a la vinoteca The Bishops de Mollet del Vallés donde unos cuadros colgados, restos de otra exposición que hizo allí hace más de un año. Nos tomamos un vino y de allí nos fumos a descansar, sobre todo él a su casa (había trasnochado mucho la noche anterior, bailando) nosotros a la «nuestra».
[0222 | domingo] De nuevo hoy volvimos con Lluís a la sala de la exposición. Es el último día, de hecho la última mañana. Mientras el se quedo recibiendo a los visitantes nosotros aprovechamos para recorrer el paseo del río, Estuvimos en el Safareig de la Portalera, el lavadero público de agua caliente totalmente restaurado [Instagram]. Allí pudimos leer en unos paneles informativos que no sólo se iba a lavar la ropa, se aprovechaba el agua caliente para poner a remojo el mimbre para la construcción de cestos. Curiosidad la de aprovechar el calor para ablandar el mimbre más rápido que nos resultó muy especial tras el fin de semana reciente haciendo cestos en Asturias. Visitamos tambien el Molí de L’esclop y llegamos hasta el puente romano. Por allí atravesamos el río y, ante la necesidad de ir al baño, se nos ocurrió entrar en el polideportivo que estaba al otro lado. Y allí nos quedamos un buen rato, ya que había una competición de hockey sobre patines que nos llamó la atención. Eran equipos de jóvenes que jugaban y se movía muy bien por la pista. Muy curioso.
Cuando llegamos a la sala ya quedaba poco tiempo para el cierre. Ayudamos a Lluís a recoger los cuadros y marchamos a La Mogoda. Allí nos esperaban Carma y Ramón para ir a comer. Luís había reservado mesa en Can Rectoret para una calçotada. Pero finalmente era imposible comer allí, Aquello estaba abarrotado de gente: primero, imposible aparcar, después, colas para entrar en la sala, muchísima gente por todas partes -entrando y saliendo-, barullo… Decidimos marcharnos e ir a casa de Lluís a improvisar una comida. Fue lo mejor que pudimos hacer. La cocina de Lluís es muy acogedora, allí siempre se está bien, pero es que además entraba el sol de la tarde por la venta y la hacía todavía más agradable. Esa tarde, Lluís tenía programado un evento de salsa y tuvimos casi que mandarle marchar. Nosotros nos quedamos allí con Carma y Ramón, entre otras cosas charlando del plan de la siguiente semana de vernos en Alicante para escalar el Puigcampana y el Peñón de Ifach.
[0223 | lunes] Desayunamos con calma y pusimos rumbo de regreso a Campo Base, pero tardaríamos dos días en llegar. Esa mañana viajamos con destino Alcañíz, paramos en Villafranca del Penedés (Plenergy) a echar gasóleo y nos detuvimos en el Coll del Moro de Borrasquer. Un enclave de enterramientos utilizado por los íberos de un poblado cercano, cuyas ruinas se ven en la cuneta de la carretera que nos acercó allí, que los nacionales utilizaron como puesto de observación de la Batalla del Ebro. Ahora cubierto de pinos, la vista se hace más complicada pero desde lo alto se otea el horizonte: al este el escenario de la batalla más importante de la Guerra Civil y al suroeste el Parque Nartural dels Ports donde se encuentra Horta de San Joan.
A las 3 en punto de la tarde atracamos en la ya familiar AC de Alcañíz y preparamos algo de comer. Dos horas mas tarde salimos a dar un paseo por la parte antigua de la ciudad. Nuestra intención era seguir el rastro de la Guerra visitando el refugio antiaéreo, muy bien preparado pero con un horario muy restringido. Pudimos acercarnos a una de las puertas y hacerle la foto a uno de los paneles informativos desde una ranura. Esa tarde ya era imposible entrar, nos dijeron en la Oficina de Turismo, habría que esperar a las once del día siguiente. Pudimos, eso sí, acogernos a la visita guiada que comenzaba ya mismo en la que te muestran una pequeña parte de las galerías subterráneas de la parte antigua de la ciudad. Pagamos la correspondiente entrada de jubilados y la funcionaria nos acompañó junto a un reducido grupo de personas (4 adultos mas y dos niños) a visitar los subterráneos. La guía era buena, nos contó muy bien toda la historia y la importancia de esos espacios utilizados en la antigüedad para la comunicación protegida entre los principales edificios de la ciudad y para guardar el hielo en estancias más amplias. También se utilizaron durante la guerra como refugios, aunque la mayor parte del espacio -las galerías- era muy estrecho [Instagram]. La visita resultó un poco decepcionante ya que te enseñan un porcentaje muy pequeño de todo el entramado de túneles.
Aprovechamos que estábamos en Alcañíz para comprar una bombona de gas, ya lo habíamos hecho en otras ocasiones, todas ellas registrando siempre el precio más bajo. En esos días, en Alcañíz, se estaban celebrando Las Jornadas de la Concordia. Un evento anual de divulgación sobre la historia de Aragón. Y esta tarde había dos eventos en el Liceo a los que nos apuntamos: la presentación de una exposición de maquetas de artillería medieval muy curiosa en el hall del edificio y una charla de José Luis Corral Lafuente, de la Universidad de Zaragoza, bajo el título «La Corona de Aragón: manipulación, mito e historia».
[0224 | martes] Continuamos la ruta de regreso al Campo Base, siguiendo nuestro itinerario particular de carreteras secundarias, en gran parte desandando lo que recorrimos seis días antes. Es una delicia viajar por estas vías, muy bien equipadas, prácticamente solos y disfrutando de una mañana en la que comienza a mostrarse la primavera. Nos paramos en Bañón, por la curiosidad que nos provoca este pueblo en el que reside Marcos Garcés, uno de los colaboradores de Javier del Pino, en el espacio Radio Periférica. Tomamos una infusión al lado del lavadero que hay a la entrada del pueblo donde dejamos atracada la nave al lado de una línea de chopos deshojados, y subimos caminando hasta el punto mas alto. En el atrio de la iglesia se encuentra el Mirador del Jiloca, y de las estrellas también. Desde allí disfrutamos de la tranquila vista del valle, a nuestros pies se extendían hacia lo lejos, extensiones de cereal emergente perfectamente organizado en una red de pistas agrarias. Todo muy ordenado. Había mucha paz y tranquilidad en ese espacio. A lo lejos un tractor trabaja su rutina y nos imaginamos al mando de la máquina a Marcos, realizando una de esas tareas de las que tanto le oímos hablar en la radio.
Al salir del pueblo aprovechamos el surtidor de Gasóleos Teruel para rellenar el depósito y seguimos ruta hasta Siguenza. Llegamos al área de autocaravanas a las 15:15 y aprovechamos para tomar algo antes de vaciar aguas y limpiar potty. A las 18:45 llegamos a PuertoJuande, nos esperaba allí Uva la nueva perra de la casa, había llegado el día anterior.
