[202306.08 | jueves] Abandonamos PuertoJuande al mediodía. Más de 24 horas hubimos de estar parados el día anterior sin poder preparar la nave a causa de la incesante lluvia. El viaje resulto por el contrario muy tranquilo, sólo nos acompañó el agua hasta el puerto de Somosierra. Después, en la bajada comenzó a brillar el sol y ya en el macro aparcamiento de Santo Tomé del Puerto paramos a comer. Hacía mucho viento.
Llegamos a Masdeqc poco después de las 9:30 de la tarde. Un poco cansados decidimos pasar la noche en la plaza de la Mairíe, delante de la iglesia, justo en el sitio donde habíamos dormido casi dos años antes cuando volvíamos de Bretaña con mi brazo derecho partido y recién escayolado. Antes de acostarnos dimos un paseo por las calles vacías, estaba todo muy tranquilo, y eso no nos sorprendió, habíamos llegado a la paz vespertina francesa que tanto añoramos cuando estamos en España. Sí nos desconcertó la temperatura tan agradable, muy estival, ya que veníamos del extraño clima casi otoñal de Manzanares, más de 600 kilómetros al sur.
[202306.09 | viernes] La mañana amenazaba lluvia y así fue. Tras una noche tranquila y despejada, oímos caer al amanecer las primeras gotas sobre la claraboya. No habíamos acabado de desayunar cuando a nuestro lado aparcó una furgoneta fúnebre. A través de las persianas semicerradas, pudimos ver que en la puerta de la iglesia esperaba un grupo de gente y un cura, atentos al traslado del féretro desde el vehículo hacia el interior del templo.
Continuamos ruta. El paso por la rocade de Bordeaux fue durillo esta vez, como no podía ser de otro modo un viernes lluvioso, hasta que pudimos enfilar la carretera de Anguleme ya mas tranquila. El agua caía fina y nos acompañó un buen rato. Paramos a descansar y a comer un poco en el apartamento de la estación de tren de Vivonne, a donde llegamos poco después de las 2:30 de la tarde. Ya no llovía y aprovechamos también para dar un paseo por esta pequeña Village Etape.
Finalmente llegamos a la casa de Lucas y Claudia a las 8:30 de la tarde. La entrada por la rocade primero y por las calles de Cesson Sevigne después, resultó muy entrañable. Nos sentíamos en casa de nuevo. En nuestra otra casa… Resultaba tan familiar todo!
Los reencuentros son siempre una delicia, sobre todo cuando el abrazo se funde con el de tus hijos. Lo celebramos con una merienda cena, de pie primero en la cocina (donde pudimos probar inmediatamente la sabrosa paletilla que le habíamos traído a Claudia de parte de su madre y Carlos), y en la salita de arriba después.
[202306.10 | sábado] En el petite marché de Cesson nos esperaban un par de deliciosas arrañées (centollos), unas fresas riquísimas del país y peras y manzanas de cosecheros locales. Vino a recibirnos el Bagad de Cesson-Sevigne anunciando el fest-notz de la tarde. Por fin, habíamos llegado a Bretaña y a esta preciosa villa florida.
La comida-banquete de bienvenida, tubo lugar en la terraza de «los Remis» (ellos están de viaje). Marisco, jamón ibérico, muscadet y cava. Y con esos mimbres partimos a última hora de la tarde a la fest-notz del Bagad. El colofón ideal para un día perfecto. Y se lo digo desde aquí a mi «ángel de la guarda», que me mima con regalos como estos: lo que disfruté aquella noche escuchando a los músicos bretones y fundiéndome con esta cultura por vez primera a través de sus gavottes, polkas y an-dros, solo él lo sabe.
[202306.11 | domingo] Hicimos un recorrido con las velos por el canal de La Villane, bordeando el campo de golf hasta el puente de la rocade. Volviendo a casa, al pasar por Cesson nos detuvimos a ver las nuevas instalaciones del circuito de aguas bravas que acaban de abrir [ver track]. Para comer-merendar, Lucas nos preparó la costilla de castañas que habíamos llevado en su flamante nueva barbacoa. De nuevo en la terraza de «los Remís» disfrutamos de una agradable tarde de verano, al tiempo que estrenábamos nuestra estancia en aquellas tierras, haciendo planes sobre hacía donde íbamos a tirar al día siguiente. Pensamos en Quimper, con parada en Josselín que nos quedaba de paso. Pero todo transcurrió al albur de los reencuentros, nos dejaríamos llevar hipnotizados una vez mas por las riberas del canal de Nantes-Brest:
[202306.12 | lunes] Llegamos a Josselin a mediodía y atracamos en el área al lado del canal, tuvimos suerte, quedaba una plaza de las buenas, de sombra, pegada al camino de sirga. Por la tarde, en las lanzaderas, nos acercamos hasta la Écluse de la Tertraire y a la Chapelle Saint-Mélec, también llamada Notre-Dame des Fleurs. Capilla del siglo XIII, restaurada en 1639 y ampliada en el siglo XVIII, enclavada a la orilla del Oust, en un paraje apartado entre árboles y flores [ver track]. A la vuelta, fuimos hasta la oficina de turismo para ver el horario. A la mañana siguiente pensábamos visitarla y vimos anunciado en la puerta el evento de ópera que el jueves se iba a retransmitir desde Rennes en directo para los pueblos de bretaña y Nantes, en conmemoración de la semana de la música. Se proyectaría en la sala Le Beaumanoir, en abierto para todo el público.
[202306.13 | martes] Hoy conocimos a Jean Guillemet, un personaje entrañable, de más de ochenta años, simpático y desde hoy un amigo. Apareció por la campa a última hora de la mañana, con ganas de hablar y mostrarnos su libro., del que se siente muy orgulloso. Estuvimos un buen rato charlando con el, casi una hora. Muy entretenida. En su jubilación se dedicó a recopilar historias y nos habló de ellas y, en particular, de su libro que cuenta su propia vida. Nos gustó mucho el momento porque además de servirnos de práctica de francés, nos permitió conocer curiosidades acerca de Josselin, en el pasado reciente, y sus alrededores. Por la tarde, en las lanzaderas unimos dos circuitos de velo, en trono al canal, reseñados en el folleto que por la mañana nos dieron en la oficina de turismo [ver track].
[202306.14 | miércoles] Desayuno en la islita del molino que hay en el canal, muy cerca del área de caravanas. Una mesa bajo un pequeño cobertizo, con vistas increíbles de la mañana hacia el oeste, Josselín al fondo, muchos pájaros, mucha luz del sol…Trasladamos hasta allí todos los bártulos, cocinilla, cacharros, fruta, soja, yogoures… y hasta unas galetes que rellenamos de huevo y jamón. Menudo lujazo de restaurante! Cuando estábamos allí se acercó a la esclusa pidiendo paso una embarcación de alquiler, fue en ese momento cuando descubrimos Locaboat, la posibilidad de alquilar una barcaza y recorrer el canal durante unos días. Nos ilusionamos con el plan y ya quedó hecho para el 40 aniversario de las carpetas en 2024.
Hacia el mediodía pusimos rumbo al AAC de Proëlmel. El punto de limpieza del área de Josselín que está en la plaza de Saint Martín está en obras y no se podía usar. Después de un pequeño refrigerio , ya de vuelta de nuevo en el área del canal, cogimos las lanzaderas y subimos al super U a hacer una pequeña compra.
A medida que avanzaba la tarde el cielo se iba poniendo tormentoso y apenas nos dio tiempo para plegar y guardar las lanzaderas. Poco a poco comenzó a caer agua y… el diluvio! Se encharcó todo en un momento. De hecho, gran parte de la campa, la más pegada al camino de sirga, en la línea en la que estábamos nosotros, se llenó de agua. La caravana que teníamos de vecinos, previsoramente, se cambió de sitio cuando comenzó a llover. Ahora sí, el ambiente se refrescó que falta hacía!
Cenamos y cuando salimos a dar un paseo por el pueblo, entre fusco e lusco, sin muchas esperanzas de poder ver las calles y el castillo iluminado debido a las restricciones. Pero, como si de magia se tratara, algún duende le dio al machete justo en el momento en que estábamos en el puente del cuento y la vertiginosa pared de la fortaleza comenzó a iluminarse tímidamente. Poco a poco los focos de las calles se iban encendiendo, iluminando los rincones mas vellos de aquel entramado medieval. Como si de un regalo se tratase, el efecto duró apenas media hora. Después, se apagó todo y quedó solo la iluminación básica que permite deambular sin problemas. Una vez más… inclreiíble Josselin!
[202306.15 | jueves] Hoy de nuevo las lanzaderas nos devuelven a la magia del canal hasta la Écluse de Monteterlot [ver track]. En enero habíamos hecho este recorrido pero viniendo hacia Josselín desde Malestroit, entonces bajo la amenaza de lluvia y con bastante más frío. En esta mañana de julio el ambien es bien diferente. Para empezar, los árboles del canal, pelados de hojas entonces, llenaban de refrescante sombras el camino de sirga. Cuando llegamos al amplio espacio de la esclusa, descansamos un buen rato entretenidos con las maniobras de las barcazas que atracadas en aquel ensanche del canal esperaban a que llegara el esclusero y les franquease el paso. Estaba también la que vimos el día anterior por la mañana, en el desayuno, capitaneada por aquella mujer de boina roja y su pareja.
A la vuelta subimos a comprar una baguette a la Bulangeríe Briend en la rue de Saint Jacques, donde lo habíamos adquirido el resto de los días. Al bajar la calle intentamos una vez mas tomarnos un helado en Le Jardin Bio de Giljac, pero todavía no había abierto, era poco antes de las dos de la tarde. Así que decidimos que antes de ir a la proyección de la ópera sería un buen momento, como postre después de cenar. Pero, qué ilusos, el evento comenzaba a las 7 de la tarde y eran cerca de las 6,30 cuando nos acercamos a la heladería y ya estaba cerrada. Por las tardes abre de 2 a 6, nada más. Así que nos dimos un paseo haciendo un poco de tiempo y nos acercamos al cinemá Le Beaumanoir donde se proyectaría la ópera L’elisir d’amore que ser representaba en el teatro de Rennes y se mostraba también en una pantalla gigante en la plaza del parlamento de la capital bretona, donde se había congregado mucho público.
[202306.16 | viernes] Siguiendo las recomendaciones del folleto de velo que nos dieron en la oficina de turismo, esta mañana hicimos el recorrido 14 [ver track], en esta ocasión nos alejamos más del canal y nos adentramos en las tierras de labranza que hay al noreste, entre Josselín y Proërmel. Pasamos un poco de calor pero el recorrido mereció la pena. El ambiente es muy distinto al de las poblaciones ribereñas, pero el paisaje y los bosques lo hacen igualmente ameno. Además, el broche de oro lo pusimos en la terraza de la heladería donde esta vez, sí, pudimos degustar un riquísimo helado artesano. Grande Josselín, abandonamos el lugar una vez más con nostálgia.
Habíamos quedado con Claudia y Lucas para cenar y para pasar el resto del fin de semana con ellos. Así que, tras el refrigerio partimos rumbo a la capital, previa parada en el AAC de Proërmel ha hacer la consabida limpieza de niveles de la nave.
Fuimos los primeros en llegar a la casa, Claudia estaba todavía trabajando y Lucas, volviendo del roco. Nos instalamos sin problema y enseguida llegó nuestro hijo empapado de sudor y magnesio. Mientras se daba una ducha, nos tomamos una cerve al lado del murete del jardín.
[202306.17 | sábado] Madrugamos, nosotros dos solos eso sí, como buenos franceses adoptivos quisimos acercarnos de buena mañana al mercado de Cessón. Fuimos con las lanzaderas, bajo una lluvia finísima, pero mereció la pena. De allí nos trajimos un par de araignèes y más peras, como las que compramos el sábado anterior a una agricultora local. Al volver a casa, desayunamos y cocimos el marisco. Poco después salimos rumbo Cancale, a la plage du Petit Port con las dos naves, la kermioneta y la nuestra.
Cuando llegamos la marea estaba muy baja. Nos alucinaban las rocas inundadas de cáscaras de ostras salvajes pegadas a la orilla. La marca de la marea, en las rocas mas altas del litoral se elevaba unos metros por encima de nosotros. Hasta la tarde no seríamos conscientes de la altura que la marea suele alcanzar por esos lares. De hecho, las mareas de Saint Maló, al oeste, son famosas por su vertiginosa evolución. En pocas horas el paisaje de la costa se ve totalmente modificado, dos veces al día, todo un espectáculo. Aquella tarde nos tamos las araignees regadas, como no podía ser de otro modo, con sendas botellas de muscadet.
[202306.18 | domingo] Amaneció lloviendo y, al asomarme por la ventana de la litera, comprobé como a pesar de ello dos buzos locales se preparaban para ir de pesca. También un grupo de senderistas se avituallaban en sus coches disponiéndose para la caminata por el sendero marítimo de la costa. Luis y yo desayunamos y salimos a dar un paseo hasta la playa y después por el sendero hacia la Point des Daules, desde donde divisamos un pequeño edificio de piedra con una torre que parecía una pequeña ermita pero que reultó ser un antiguo puesto de guardia de los aduaneros, ahora abandonado. Cuando estábamos dejando la playa para tomar el sendero, nos sorprendió que un coche entraba en ella con toda la seguridad del mundo, como si se tratase de una práctica habitual. Y después, desde el camino, vimos que de él había descendido un joven bastante voluminoso que se sentó una silla en mitad del arenal, la marea estaba bajando. En la orilla, alguien que estaba por allí, le saludó de lejos, parecía conocerle. Nos extrañó bastante la escena, sobre todo pensando en cómo iban a sacar el coche de allí, pero al principio no le dimos importancia pues todo parecía tan cotidiano para ellos que creímos que ya se sabían la maniobra, que la habían hecho mil veces. El coche era un pequeño todoterreno, muy pintón, si, pero… incluso así no nos encajaba. Nosotros seguimos nuestro camino, comenzaba a lloviznar un poco y volvíamos por el sendero hacia el lugar donde estaban atracadas nuestras furgonetas, Lucas y Claudia se habían despertado y no llamaron. Cuando nos reunimos con ellos les animamos a pasear un poco por el sendero que acabábamos de recorrer. Esta vez llegamos casi hasta la Plage du Verger. Poco antes de bajar a ella nos dimos la vuelta. La lluvia arreciaba un poco pero es que, además, Lucas y Claudia tenía un poco de prisa por volver a casa, debían organizar sus comidas de la semana. Cuando volvíamos hacia la campa, desde lo alto del camino pudimos ver la maniobra de los dos tipos en la playa que como locos se desvivían por sacar su coche de allí. Una pareja de jóvenes senderistas se acercaron a ayudarles, después se unirían también un hombre que fue a buscar una pala a su coche y la mujer que lo acompañaba. El asunto tenía mala pinta. Y allí los dejamos. Todavía hoy nos preguntamos qué habrá sido de aquel coche. Quizá una barcaza lo rescató con la marea alta o un helicóptero lo alzó y trasladó a tierra más sólida. Nosotros nos volvimos a Rennes.
ALBUM DE FOTOS: Plage du Petit Port [Cancale]
[202306.19 | lunes] Esta semana que hoy comienza Lucas se la ha cogido de vacaciones para pasarla íntegramente con nosotros. Últimamente disponemos de pocas oportunidades de este tipo. Claudia trabajaba de mañanas y el jueves, además, iba a coger un avión al salir del trabajo para viajar a Madrid donde le esperaba un finde festivo con sus amigas en una despedida de soltera. Nosotros aprovechamos la mañana para ir a ver de nuevo los menhires de Monteneuf, ese curioso bosque-exposición de monumentos megalíticos que habíamos visitado el pasado mes de enero, en una tarde muy oscura camino de Malestroit. Entonces nos habíamos tenido que ir sin finalizar la visita debido a que la noche comenzó a caer poco después de las cinco de la tarde. En esta ocasión la mañana estaba preciosa, luminosa y soleada, y pudimos dedicarle el tiempo que se merece a esta muestra de arqueología megalítica. Allí mismo, en una sombra del aparcamiento, después de la visita, nos preparamos unas lentejas y comimos.
Por la tarde, de vuelta en Rennes, como era lunes, asistiríamos a una clase de baile bretón. Lucas ya lo había hablado con su profesor y no había problema. Además, la de hoy era una clase especial ya que se celebraban los cumpleaños de los compañeros que cumplieron ese trimestre. Era habitual que llevasen unos dulces y sidra bretona. De camino, nosotros nos paremos a comprar un par de botellas en un carrefour. Después de atracar la nave en Puertoremís, cogimos las lanzaderas y nos fuimos los tres al loca social en el que se celebran la clases. Fue una experiencia muy agradable y divertida. Los compañeros y compañeras de Lucas, de toda edad y condición, nos recibieron con muchísima cordialidad. Enseguida me sumé como pude a los bailes y disfrutamos de la merienda y los músicos, en el patio exterior, un acordeón diatónico y una bombarda nos marcaban el ritmo. Una delicia, una escena entrañable para el recuerdo.
[202306.20 | martes] Lucas, Luis y yo, dedicamos la mañana de hoy a darnos una vuelta por el centro de Rennes, atracamos las lanzaderas delante de la mairie. Vsitamos los Champs Libres, para ver la parte del museo bretón que en enero estaba cerrado por obras: principalmente el affaire Dreyffus. Después nos acercamos a comer algo a un pequeño restaurante libanés, Jeddo. Finalmente dimos un paseo por esta parte de la ciudad hasta llegar a un lidl que teníamos controlado cerca del canal D’ille et Rance. También nos acercamos a la Fnac, donde Luis compró el comic e Corentin. Todo el paseo por las calles de Rennes nos sirvió para ver el rastro que las manifestaciones que se habían realizado las últimas semanas o meses (por la retraite). Las cristaleras de la mayoría de los grandes magasines estaban tapiados con grandes planchas de madera. Otras, no protegidas, estaban reventadas.
De vuelta en casa, esperamos por Claudia que había ido al médico y nos fuimos después los cuatro al roco.
[202306.21 | miércoles] Hoy tocaban compras y quehaceres domésticos, como el ir al punto limpio a soltar cosas. Fue una ocasión para subirnos los tres a la kermioneta. Fuimos a Decathlon (allí compré para la lanzadera, que ya tenía ganas, un cestito y un suporte para el móvil), también estuvimos en Leroy Merlin, donde nos aprovisionamos de un parte-araignées (maritllo) y ya en el carrefour del Alma, adquirimos la pota de moules y repusimos dos copas que se habían roto para el ajuar de la nave. Todo ello, mientras acompañábamos a Lucas en sus quehaceres.
Por la tarde nos arreglamos un poco pues hoy repetiríamos cena en Cessón, en la Creperie la Fromentière, en la que habíamos estado en enero. En esta ocasión disfrutamos de su pequeña terraza jadín al pie del canal de La Villane.
[202306.22 | jueves] Con mucha ilusión nos levantamos esta mañana. Partíamos rumbo al Finisterre a celebra el finde de San Xoan. Qué mejor sitio, en el extremo más occidental de Bretaña, y por añadidura de Francia, hermanando finales de tierra con Galicia y Portugal. Y como no podía ser de otro modo, en los altavoces de la nave sonaban los acordes de la lista FISTERRAS, que mistura sonidos de estas tres tierras que tanto emocionan mi alma atlántica. De camino paramos primero en el Intermarché de Trèmuson, para comprar algunas cosillas mientras hacíamos la colada en la lavado «maldita» (jeje…) y digo maldita porque ya nos pasó aquí el verano pasado que no funcionaba la secadora y tuvimos que buscar otro punto de lavado en la que secarlo. En esta ocasión lo que nos pasó es que un «jeta» se apropió de la secadora y abandonaba el lugar, sin dar posiblidad a que nosotros pudiésemos utilizarla. Finalmente decidimos buscar otro punto y continuar nuestro camino. Y así llegamos hasta Saint Renan. Allí, mientras Luis se quedó sentadito al lado de la secadora, Lucas yo nos acercamos un momento al Carrefour a compra un par de cosas, entre ellas vino, que nos faltaban todavía. El super de Trèmusón era bastante malo.
Ya eran cerca de las nueve de la tarde cuando llegamos al destino que nos habíamos fijado para ese día, el aparcamiento de la playa de Corsen. Una vez atracada la nave dispuesta para pasar la noche. Nos dimos un paseo por el sendero hasta la tabla de orientación de la punta de Corsen. El sol se estaba poniendo sobre el mar.
[202306.23 | viernes] Bajé a la playa temprano, nada más levantarme. Lucas y Luis dormían todavía. Qué bien se estaba. El altavocito me acompañaba. La arena seca primero y húmeda después, acariciaba las plantas de mis pies. En la orilla descubrí unos extraños seres o algas, no sé bien de que se trataba. Nunca había visto nada igual. Eran como pequeñas bolsas de agua, de diferentes tamaños. Transparentes, brillaban con el sol. La pequeña paya estaba totalmente vacía. Aquí la costa me resulta tan familiar… la misma luz, el mismo color, el mismo ambiente de mi costa oeste natal. Una vez mas…, como en casa! Me senté un rato en medio del arenal a ver el movimiento de las pequeñas olas que acariciaban la orilla, hasta que vinieron a rescatarme mis dos chicos.
Tras el desayuno Lucas y yo salimos a caminar de nuevo por las senda que va hacia la punta del cabo, Luis prefirió quedarse. Estos días parecía no encontrase bien. Se sentía un poco cansado y mareado. El tratamiento para la tensión que le había recetado Sonia había hecho un pequeño estrago, como tenía un poco de diurético, éste no solo le bajaba la tensión de más, sino que además, con el calor le aplatanaba un poco. Para corregirlo Sonia le indicó que comprase el mismo principio activo pero sin diurético, lo que iba a hacer a partir de ahora, pero todavía había que esperar a que el cambio de medicación hiciese la corrección oportuna y mejorase su estado anímico.
Durante el paseo nos acercamos a la playa de Charretes, preciosa vista desde arriba, con unos paredones de roca vertical que casi invitan a la escalada. Vimos que el parking de la propia playa era mas grande y cómodo para instalarnos. Además, estaba muy tranquilo, sólo había otra caravana. Decidimos enseguida volver ya cambiar la nave de sitio.
Ya instalados de nuevo, bajamos hasta la playa con idea de verla y de darnos un baño. El agua estaba muy buena. Decidimos además que aquel arenal sería un sitio estupendo para nuestra hoguera de la noche. No pensábamos hacer un gran fulión, pero sí un pequeño fuego al ponerse el sol como manda el ritual. De comida-merienda-cena cocinamos un chuletón de buey que habíamos comprado el día anterior. Riquísimo! Estábamos muy bien allí, no paraba de repetirme que aquel punto se convertiría para mí en un lugar de peregrinación cada año por esas fechas. Al día siguiente, algo iba a rubricar todavía más esa promesa.
Cuando el sol estaba ya declinando, bajamos a la playa. Quedaba allí poca gente, un par de parejas a lo suyo. Allí, entre fusco e lusco mirábamos la raya del horizonte que se había tragado la esfera de fuego y en ese momento encendimos la pequeña pira que habíamos preparado con cuatro palos y un tronquito que habíamos encontrado por la playa. No se trataba de un macro fulión, pero allí estábamos los tres juntos, tan felices, en el punto más occidental de esta tierra que nos está acogiendo, con una nueva vida. El altavocito seguía entonando «fisterras». Bailamos un poco, y saltamos. Vivimos un San Juan muy especial!
[202306.24 | sábado] No habíamos acabado de desayunar cundo una invasión de bichillos muy-muy pequeñitos nos espantó de allí. Tuvimos que recogerlo todo rápidamente, eran muy molestos, los sentías por todas partes del cuerpo. Las paredes de la nave se habían llenado de ellos. Salilmos zumbando y abrimos todas las ventanas. Nos dirigimos inmediatamente al AAC de Ploumoger que estaba muy cerca de allí. Teníamos que asear niveles y aprovechamos además para limpiar de bichos el interior. Después nos dirigimos a Saint Renan con idea de visitar el marché a ver si encontrábamos algo rico, aunque sin muchas esperanzas pues ya era muy tarde. Aún así, atracamos en el amplio aparcamiento de la plaza y nos dimos un paseo entre los puestos. Antes de abandonar el pueblo nos pasamos por el Carrefour a comprar algunas cosillas.
El plan de la tarde-noche que Lucas había preparado nos llevaría hasta la fest-noz de Saint Joan en Saint Cadou. Como era temprano cuando llegamos, nos acercamos hasta el AAC de Saint Rivoal, donde habíamos pasado una noche el año anterior. En esta preciosa área de esta pequeña aldea nos refugiamos del calor durante las horas centrales del día, comimos unos moules y un poco de pescado rebozado, regado todo de mouscadet.
Tras la sobremesa y un pequeño descanso, volvimos hasta Saint Cadou donde ya todo estaba preparado para los festejos entorno al fuego del Tantad. Atracamos la nave allí mismo, detrás de la sala multifunción. Poco a poco la gente y los músicos se iban acercando. Serían las ocho de la tarde cuando comenzaron los primeros compases y a lo largo de más de cuatro horas la música no cesó, unos a otros, cantantes e instrumentistas locales, encadenaban los sonidos, ya dentro de la sala como fuera, al lado del Tantad. Todo parecía improvisado pero a la vez resultaba perfecto.
El baile y la música bretona te engancha de tal forma que parece que siempre has estado allí, haciendo lo mismo. Te enganchas a los meñiques, y a las manos, y a la vibración que emiten no solo las voces del diskan, sino también los acordeones y bombardas, las percusiones y los pasos de los bailarines en el suelo. Todo en perfecta armonía, como el latir de una tierra que te abraza. Al caer la noche sobre nuestras cabezas, se enciende el Tantad y todos danzamos al rededor de la hoguera. Ritual atávico! Magia… : andrós, gavotas, polcas, valses, plins... qué fácil resulta unirte y fundirte en aquel movimiento acompasado que te lleva encadenado. Y al final de la noche, YOD, un grupo local que mistura con virtuosismo sonidos tradicionales y sonidos muy-muy contemporáneos, con una estridencia divina, guiándonos a todos: jóvenes, viejos, paisanos y/o, como Lucas y yo, foráneos… En ese bum-bum que sólo ellos descifran y al que te invitan, con su mirada, a compartirlo en apretada danza. No olvido aquel momento que tanto me emocionó y que sentenció para siempre mi apego por esas tierras y esa forma de celebrar. Volveré…, seguro que volveré a sentir este latido de la Armórica, pero, sobre todo, volveré por Saint Joan.
[202306.25 | domingo] Volvimos a Rennes. Lucas quería estar al mediodía en casa pues quería tener tiempo para preparar la comida de la semana. Conducía él así que yo tuve oportunidad para repasar los movimientos de baile aprendidos la noche anterior, al son de los temas de YOD que había encontrado en su página web. El resto del día fue tranquilo. Yo aproveché para trabajar un poco en la web de Areal, mientras Lucas se entretenía en la cocina. A última hora de la tarde comimos-cenamos en el exterior. Se estaba muy bien. Clauidia llegaría a primera hora de la madrugada. Nosotros ya durmiendo, sólo Lucas mantenía media vigilia para recibirla.
[202306.26 | lunes] Saludamos a Claudia antes de irnos, Lucas ya estaba en su trabajo y nosotros íbamos a pasar por el Intremarché de Cessón y después por el AAC a vaciar el poty. Por la tarde habíamos quedado con Lucas para asistir a la fiesta de fin de curso de las clases de baile. No me la podía perder de ningún modo. Mi incipiente afición a las danzas bretonas y el talante tan cariñoso y amigable de esta gente también contribuyeron. Era una fiesta fusión de dos clases distintas: el grupo de country y el grupo bretón. Al primero, no lo comprendía, no entendía como tanta afición por esas coreografías yankis, pero en fin, resultó curioso. Intenté participar en alguna pero me pedía constantemente, era incapaz de seguir bien los pasos. No me sucedía lo mismo con el otro grupo, como era de esperar. La fiesta se completaba con un aperó al que todos los alumnos contribuyeron llevando algún plato preparado y algún dulce. Lucas triunfó con la tarta de almendra (además de rica a los franceses les encantaba la referencia a Saint Jacques de Compostela).
[202306.27 | martes] Hoy comenzamos con idea e cumplimentarlo un proyecto que viene de atrás, culminar el recorrido del canal de Ille-et-Rance que va de Rennes hasta Dinar. Habíamos recorrido un pequeño trecho hacía dos años, con Claudia, aquel fue nuestro primer contacto con los canales, que despertó la pasión por estas vías de comunicación. Entonces habíamos llegado sólo hasta Betton y vuelta a casa.
Después de desayunar abandonamos el atraque en Puertoremís y nos dirigimos al campo base de nuestra primera etapa, el aparcamiento para autocaravanas que hay en Hédé-Bazouges. No tiene servicios pero es una campa muy válida al lado del canal, en el trecho mismo de las 11 écluses. Nuestra idea era hacer trayectos de ida y vuelta, para cerrar todo el recorrido, uniendo aproximadamente el punto donde lo habíamos dejado dos años antes con la desembocadura en el mar, en a costa de Dinar.
Comenzamos esa misma tarde, entorno a la una del mediodía, entramos en le camino de sirga a la altura de la casa del canal que está aproximadamente en la mitad de la recta de las 11 esclusas. Más de dos horas pedaleando no llevarona hasta Chevaigné [ver track] donde pudimos descansar y reponer fuerzas con un par de riquísimas gallettes en un remolque callejero (KrazYMick). resultaron ser las mejores que nunca habíamos probado.
[202306.28 | miércoles] La etapa de hoy nos llevará hasta Dinan [ver track]. Era una etapa larga (más de 76 kilómetros ida y vuelta) y decidimos prepara una ensalada de lentejas para comer y no desfallecer en el camino. El circuito parte en el mismo lugar en el que el día anterior comenzamos el recorrido, pero en esta ocasión, en la margen contraria y hacia el norte, recorriendo primero el desnivel que salvan la cadena de esclusas en este tramo recto del canal. Pasamos por el puerto fluvial de Tinténiac, donde paramos a descansar un rato. En este lugar hay un panel informativo que explica la construcción del embarcadero. En este punto del canal hay toilettes y agua para refrescarse. Algunas de las embarcaciones aquí atracadas parecen estar permanentemente, durante el breve descanso que hicimos yo me quedo entretenida un rato con los trabajos de pintura que un hombre mayor realiza sobre la borda de popa, adornada con plantas y un par de tumbonas, supongo que se trataba de su vivienda.
El comino de sirga nos lleva a la siguiente etapa, Evran, en cuyo pueblo, a la salida, se junta por la margen izquierda el Rance. Configurando de este modo la amplia vía fluvial que desembocará en la bahía de Saint Maló. La fisonomía de la ribera cambia, en algunos tramos incluso el agua transcurre por humedales amplios, algunos carteles nos van informando que en tiempos de lluvias el camino de sirga incluso puede anegarse. El paisaje se hace más amplio hasta que llegamos al estrechamiento que hay a pocos kilómetros de Lehon, donde podemos ver en la ladera de enfrente, a nuestra derecha, algunas paredes de roca, como de esquisto rojo, que nos recuerda el entorno de la campa de Dinan. Estábamos llegando al extremo de nuestro trazado de hoy, este bello pueblo al que siempre venimos porque nos gusta mucho y donde daríamos la vuelta. Pero antes visitamos la abadía de Saint Magloire de Lehon, del siglo XI, en la que el año pasado habíamos estado disfrutando de un concierto de jazz. Paseamos por las calles estrechas y un poco empinadas de piedra y entramos en el claustro donde había una exposición de fotografía. Allí os enteramos, leyendo un folleto, que al en esos dias se estaban celebrando unos conciertos de órgano en las iglesias de Dinan. Tomamos nota y como al día siguiente pensábamos atracar en nuestra querida campa, proyectamos acercarnos acercarnos a las nueve de la tarde hasta la basílica de Saint Sauveur.
Tras visitar este pequeño entorno monumental atravesamos por el puente viejo y continuamos la ruta hasta Dinan por la margen derecha. En un de los meandros del río, en la parte mas boscosa, encontramos una mesa de piquenique que nos brindaba el mejor de los sitios para degustar nuestra ensalada de legumbres. La tranquilidad de aquel paraje, la verticalidad de la vegetación que a nosotros nos resultaba tan familiar (el año anterior acudimos al concierto caminando por la senda de la otra orilla, un camino precioso flanqueado por árboles gigantes. Desde donde estábamos comiendo podíamos oír las voces de algunos caminantes que recorrían hoy ese camino. Después del descanso continuamos apenas lun kilómetro y enseguida se abrió ante nosotros la amplia campa con el viaducto al fondo. Habíamos llegado. Entramos en e puerto de Dian por el puente viejo y nos dimos un paseo buscando las toilettes. Fianalmente nos decidimos por las que están al fono del muelle, pues la de la entrada del pueblo no olían demasiado bien.
De regreso a Hédé paramos en Evan y subimos hasta el pueblo. No era muy bonito. No nos entretuvo mucho por tanto. Además, queríamos llegar a la casa del canal antes de que cerrase la exposición, creo recordar que entorno a las seis de la tarde. Llegamos a tiempo, poco antes de las cinco y media. Allí, a través de paneles y maquetas miniatura muy detalladas, pudimos conocer un poco mejor cómo fue el proceso de construcción de esta magna obra de ingeniería napoleónica: la proyección, el trazado, el objetivo, el proceso de construcción… Aquí mismo, donde nos encontramos, las 11 esclusas que salvan una altura de 27 metros todavía se accionan manualmente y están en perfecto estado, cada una con su propio nombre (la Ségerie, la Malabrie, la Pechetière, la Charbonnerie, la Parfaire, la maison numéro 26, la Jaunaie, la Madelaine, la petite Madeleine, la Guéhardière y la Dialais). Tanto en este como en otros canes que hemos recorrido, resulta muy entretenido pararse a ver la maniobra, cómo llega la embarcación, se encajona y se amarra, a la espera de que la esclusera se encargue de abrir y cerrar la correspondiente compuerta. El navío se eleva o se hunde, según el sentido de la navegación.
[202306.29 | jueves] El pronóstico del tiempo nos lo había dejado claro, ya desde la noche anterior. Amanecimos con amenaza de lluvia pero no nos importaba, íbamos a tomarnos el día de descanso. Primero nos acercamos al punto de servicio de autocaravanas al lado del canal, mas pensado creo para las embarcaciones pero que nos sirve igualmente para vaciar grises y negras y llenar depósitos. Fuimos nada más levantarnos, la urgencia obliga, y desayunamos allí mismo. el sitio pegado al camino de sirga al borde del agua es muy bonito. Habíamos pasado por allí el primer día cuando bajamos hasta Chevaigne. Una vez hecho el trabajo doméstico, tiramos rumbo Dinan y paramos antes en el Super U de Lanvallay,, para no tener que mover la nave después de atracarla en la campa.
Hoy jueves es día de mercado en Dinan y nada mas atracar en la campa, subimos por el camino empinado de la muralla con cierta prisa, ya que la idea era pillar algo rico. Tuvimos suerte y pillamos una araignèe que preparamos después en nuestra flamante nueva pota cocedero. Finalmente no llovió mucho el resto del día y pudimos disfrutar de nuestro pequeño homenaje gastronómico a este lugar que tanto nos gusta. Después, salimos a dar un paseo por el pueblo y subimos a la parte antigua por la rue del Petite Port, con idea de comprar un rico helado.
[202306.30 | viernes] Pasamos el día en la campa, yo trabajando un poco y Luis leyendo y preparando información de ruta e itinerarios. A última hora de la tarde, la lluvia seguía cayendo, pero eso no nos amedrentó. Con paraguas y chubasquero subimos por la rue del Petite Port a la parte vieja de la ciudad, al concierto de órgano de la basílica de Saint Sauveur que habíamos visto anunciado el día anterior. Llegamos con un poco de antelación, la iglesia estaba totalmente vacía. Nos resguardamos en ella pues la lluvia no cesaba y esperamos a que fuera llegando el público. Oh sorpresa, lo cierto es que además de nosotros, sólo se apuntaron al concierto cuatro personas mas: un aciano que más parecía el sacristán de la basílica, un matrimonio que se sentó dos filas más atrás, y una chica que iba sola. Arriba, en el coro, el organista y otra persona más que le pasaba las páginas de la partitura y en alguna ocasión, creo, hizo sonar su voz.
Cuando acabo el concierto, no duró ni siguiera una hora, salimos y nos acercamos a la plaza del mercado que estaba cerca para ir a la toilette. Menudo susto, entre las sombras, entrando en el habitáculo del retrete, me salto una rata enorme entre las piernas. Todavía se me ponen los pelos de punta cuando recuerdo la escena.
[202307.01 | sábado] Después de desayunar cogimos las lanzaderas. La lluvia hoy nos daría una tregua para poder realizar el tercer tramo del canal. La idea era llegar a Dinar y finalizar el recorrido [ver track]. La ruta comienza en el puerto de Dinan donde de engancha con el camino de sirga que ya conocíamos pues el verano pasado lo habías recorrido hasta la esclusa del castillete. Pero en esta ocasión, no llegaríamos hasta allí, a la altura de Tadén sube hasta el pueblo, lo atraviesa y coge una carretera y otra hasta enganchar con una vía verde que prácticamente desemboca a la entrada de Dinar. Es un paseo sombrío, de grandes rectas, lejos del canal eso sí pero que permiten ver otros paisajes igualmente bonitos de la región. Al fondo, según un panel que había en una de las orillas quedaba Mont-dol, lo que os permitía hacernos una idea de por dónde íbamos y orientarnos un poco geográficamente.
Al llegar a las afueras de Dinar, la vía se une al circuito de velo urbano atravesando primero el polígono comercial a la altura de la Fnac. Llegamos después a la plaza del mercado. Los puestos se estaban ya recogiendo. Tiene fama el marché de esta ciudad, pero ya no pudimos ver casi nada. Continuamos hasta el puerto y la playa. Cerca estaba la oficina de turismo donde nos proporcionaron un plano con un circuito turístico que utilizamos para recorrer los lugares mas relevantes de la ciudad. Dese la orilla de la rada pudimos ver al otro lado de la desembocadura del canal la silueta de Saint Maló.
De vuelta en Dinan llegamos al puerto con idea de tomarnos un helado en la patisseríe de la esquina, pero no lo conseguimos. Demasiada gente y una empleada un poco torpe me hizo desistir del intento. Nos fuimos hasta la nave, recogirmos las lanzaderas y salimos con idea de ir a Taden, donde habíamos visto que hay un AAC de autocaravanas. Teníamos que hacer limpieza. Incluso pensamos que, quizá, podríamos dormir en aquel pequeño pueblo, más tranquilo, cerca de Dinan, y alejado del turisteo exagerado un un finde de julio. Pero aunque pudimos hacer la limpieza decidimos volver a la campa pues allí no había un buen lugar para quedarnos.
ALBUM DE FOTOS: Canal Ille-et-Villane | 23
[202307.02 | domingo] Comenzamos aquí nuestra segunda visita a Normandía. Esta vez nuestra intención es recorrer el departamento de Manche, desde Avranches hacia el norte recorriendo la península de Contentin, tratando de unir nuestro recorrido de este año con el punto en el que lo dejamos el verano pasado cuando nos rompieron e espejo en las carreteras de las playas del desembarco.
Salimos de Dinan a media mañana y pasamos de nuevo por el AAC de Taden para vaciar de nuevo grises y negras, y disponer así de más autonomía. En este pueblo, hoy domingo, celebraban un vider grenier. Una genial idea para reciclar y sociabilizar al mismo tiempo que se utiliza en muchos pueblos de Francia.
Entramos en Normandía a primera hora de la tarde y tomamos la carretera de la costa hasta Jullouville, donde teníamos pensado hacer nuestro primer campamento en el Aparcamiento para caravanas que hay en un extremo del pueblo. Estaba bastante lleno pero encontramos una buena plaza en la que pudimos hacer parcelita a popa, igual que habíamos hecho en Hede-Bazouges. Esto nos permitió poner la mesa y prepararnos una buena comida. Después nos dimos un paseo con idea de llegar hasta la cabaña Vauban y contemplar la vista del monte de Saint Mchel, con un nuevo ángulo, a lo lejos hacia el sur. Antes de comenzar el sendero de aduaneros que nos llevaría hasta ella, recorrimos un buen trecho de calles de este alargado pueblo, hasta la plage de Carolles. Fue en este paseo inicial cuando un cachorro de border collie le descosió el pantalón a Luis. Se había escapado y los dueños no eran capaces de pillarlo. Al llegar al extremo de la playa subimos por un sendero empinado, con escaleras rotas a veces, hasta la cruz de Paqueray. La vista desde aquí nos muestra toda la línea de playa, la de Carolles se une a la Jullouville y continúa hata la dembocadura del Thar un pequeño arroyo que también le da nombre a la continuación del arenal. Aquí comenzaba nuestro asombro por una costa, la normanda, con amplias y largas playas casi infinitas, tanto a lo lago como a lo ancho en las horas de bajada de marea. La tarde amenazaba lluvia y aunque llevábamos paraguas y chubasquero, lo cierto es que se fue poniendo cada vez más menos amigable y apetecible, sobre todo cuando de acercarnos a un mirador se trataba. Poco ibamos a ver, así que decidimos darnos la vuelta y bajar de nuevo a Carolles y recorrer el curioso arenal, rodeado de casas de veraneo, pero en un ambiente muy tranquilo [este es el track del recorrido final que hicimos esa tarde].
[202307.03 | lunes] Antes de desayunar nos fuimos a dar un paseo por la playa. La mañana estaba soleada y el rumor del mar llegaba a donde teníamos atracada la nave. Retrocedimos por la calle que nos había traído la tarde anterior desde e arenal, pero esta vez, nos adentramos por el hasta la orilla. Recorrimos un buen trecho hacia el sur y dimos la vuelta, cuando el apetito comenzó a indicarnos el mejor momento para hacerlo. Una vez cumplimentadas las necesidades de nutrición y evacuación, tan habituales y rutinarias de nuestras mañanas, pusimos rumbo a Granville, continuando por la carretera de la costa. Atracamos en la parte alta del pueblo, la mas antigua y bonita, al lado de la muralla. Recorrimos sus calles empedradas, de viejos y antiguos edificios con tradición marinera y visitamos la vieja iglesia de Notre Dame. Llegamos hasta la plaza del Itsmo donde además de con las extraordinarias vistas, hacia norte y sur, nos entretuvimos un buen rato con una exposición de fotografía en el pequeño jardín que hay delante del Museo de Arte Moderno. Mostraba curiosas imágenes realizadas con fotografías antiguas de las calles de Granville solapadas con instantáneas actuales obtenidas desde el mismo ángulo.
Al llegar a la furgo comimos algo ligero y tiramos millas, Granville era demasiado turístico y no quisimos detenernos mas aquí. Nuestra siguiente parada: la catedral de Notre Dame de Coutances. Nos maravilló este espectacular monumento gótico, por la altura de su nave central y las torres de su fachada. Además, sorprende ver este magno monumento en una ciudad tan pequeña. Aprovechamos para visitar la oficina de turismo y comprar como no tarta normanda y pan en una boulangeríe que había cerca.
Al atardecer atracamos en el AAC de Lessay. Muy, muy recomendable, no solo el área sino también el pueblo tranquilo y su preciosa abadía.
[202307.04 | martes] Amaneció un poco nublado, el día amenazaba lluvia. A primera hora visitamos la abadía, un lugar de música e historia. Estaban afinando el original y moderno órgano que tienen instalado en un lado del cruceiro. El interior de la iglesia es bastante austero pero muy bello. Este lugar, al que ha venido a tocar nuestro querido Jordi Savall, está bendecido por su acústica y en él se puede disfrutar de Horas Musicales de alto nivel. Hemos de volver seguro más de una vez por aquí.
Después de este baño de arte y cultura, nos dedicamos a temas mas prosaicos. Teníamos que hacer la colada y muy cerca de la propia abadía, en la plaza del pueblo encontramos el lugar adecuado. Mientras se lavaba nuestra ropa nos dimos un paseo por el pequeñísimo marché de los martes, apenas cuatro puestos, sobre todo de comida. También visitamos la oficina de turismo que estaba enfrente de la lavandería. Allí encontré un folleto muy bueno, un catálogo con las abadías de Normandía que nos servirán de referencia en este y otros viajes.
Hacia el mediodía abandonamos Lessay, con la promesa de volver. Nos gustó este pequeño y tranquilo pueblo. Continuamos nuestro recorrido hacia el norte y al pasar por La Haye, entramos un momento en el pueblo, simplemente para inspeccionar el área de caravanas a la que le dimos el visto bueno, pensando en que quizá en otra ocasión nos toque pasar por aquí. Después paramos en Saint Sauveur de Vitcome a ver le castillo. Llovía. al lado de las murallas de la fortaleza había una exposición de fotografías de la segunda guerra. Del castillo sólo pudimos ver el patio de armas.
Otro castillo nos esperaba más adelante en nuestra ruta, el de Courtyard en Bricquebec-en-Cotentin. Igualmente, vimos solo el patio de armas y entramos en una torre, poco más. El resto del pueblo, incluida su iglesia, no merecía mucho la pena. Cuando estábamos volviendo a la furgo comenzó a llover de nuevo, esta vez con mas fuerza. Ya era media tarde y decidimos buscar un lugar donde pasar el resto del día y la noche. Yo, además, tenía un poco e trabajo que hacer y habíamos planificado que sería a partir de ahora que la meteorología se anunciaba tormentosa aprovecharía para ponerme con ello. En primer lugar nos fuimos hasta el AAC de Rauville, un área excelente, muy bonita y tranquila, tanto que ni cobertura de datos tenía, por lo tanto hubimos de buscar otro lugar para que yo pudiese hacer mi tarea. Entonces volvimos al aparcamiento que hay al lado del lago Bas de Catigny, de nuevo a las afueras de Bricquebec. No paró de llover y allí, bajo los árboles y el agua de lluvia, yo hice mi trabajo y Luis preparó una rica cena.
[202307.05 | miércoles] A la ciudad de la mar, a Cherbourg, nos dirigimos con idea de pasar el día. La mañana amaneció soleada después de la tarde y noche anterior tan lluviosas. Siguiendo nuestro camino hacia el norte, paramos de nuevo en Rauville a hacer el aseo de la nave y, de paso, el nuestro también. En el área había una pareja mayor, desayunando en una van blanca. Estuvimos charlando un rato con ellos. El lugar es muy tranquilo. Paramos después en la boulangeríe del pueblo a comprar pan y algún dulce. Y enseguida llegamos a Cherbourg. La vieja estación marítima trasatlántica, símbolo de la arquitectura art déco francesa y hoy convertida en La Cité de la Mer, nos esperaba. Visitamos Le Reduable, el primer submarino nuclear francés. La posibilidad de verlo por dentro, recorrerlo al menos en parte y aproximarnos un poco a esa sensación que emerge en cualquiera que se sumerge en una nave de este tipo, fue el imán que nos llevó hasta allí. La experiencia nos encantó, mereció la pena. Estuvimos casi dos horas dentro del sumergible disfrutando de ese original paseo. Después recorrimos con detalle cada uno de los espacios del complejo temático: un lugar destacado para mostrar la historia de los grandes ingenios de la navegación submarina, y de los pequeños batiscafos que marcaron un hito en la exploración de los fondos marinos; el pasado y el futuro del mar mostrados con mucho detalle; la exposición sobre el Titanic y sobre la migración trasatlántica de principios del 20, que se canalizaba desde esta vieja estación marítima a la que llegaban trenes de toda Europa con gentes que querían hacer las américas; una exposición de fotografía sobre el mar…, la instalación también cuenta con un bello acuario interactivo. Lo cierto es que allí pasamos buena parte del día, muy entretenidos con todos estos materiales, en un mundo que nos apasiona: EL MAR. Y que mejor sitio para vivirlo que en esa latitud, en el corazón del Canal de la Mancha, el puerto artificial mas grande de Europa. Desde la costa, durante un buen trecho, podíamos ver la Gran Rada, que se extiende a lo largo de cuatro kilómetros.
Cuando abandonamos el lugar, el enorme parking lleno casi todo el día, estaba ya prácticamente vacío y es que agotamos el tiempo de visita al máximo. De allí nos fuimos por la carretera de la costa hasta el AAC de Greville-Hage, un perfecto lugar para instalarse: muy verde y florido, tranquilo, con mesas de madera y vistas al mar. Aquella tarde la cena resultó riquísima y bella: turnedó con vistas al prado y hacia el oeste, con el sol bando muy-muy lentamente.
[202307.06 | jueves] Hicimos un circuito por todo el extremo marítimo de La Hague. Más de 50 kilómetros bordando la costa, descubriendo cabos, faros, playas… y pequeños pueblos preciosos como Omonville-la-Rogue, con su antigua iglesia y su pequeño canal florido. Poco antes de llegar a la población, descubrimos al pasar el Manoir du Tourp, donde nos detubimos en rato.
En la Pointe de Groins decidimos seguir el sendero de los aduaneros que bordeaba la playa pues veíamos muy cerca las instalaciones de vigilancia marítima que hay al lado de la punta de la punta más septentrional de la península de Contentin. En ocasiones el firme del camino era todo de galettes, pero estaban tan pisadas que no nos resultaba muy dificil desplazar por el las lanzaderas. Realizar ese trecho nos acortó enormemente el recorrido, la opción del track que llevábamos nos hacia volver hacia el interior en una vuelta de casi ocho kilómetros.
Descansamos en las ruinas de un viejo bunker, aprovechamos para comer unos cacahuetes y beber un poco de agua sentados en las rocas, desde las que veíamos a lo lejos el faro de Goury y más allá el pueblo. Nos acercamos después hasta la Estación de Salvamento Marítimo de Goury y a la preciosa Baie d’Ecalgrain, en la que cogimos una senda ciclable con idea de llegar a la Nez de Voidries, pero el camino se volvió intransitable justo en un punto en el que perdimos cobertura y nos tuvimos que guiar por nuestra orientación para llegar, tortuosamente y andando un buen trecho, a la carretera de Jobourg. Ya en este pueblo decidimos declinar la visita a la Nez, cansados como estábamos pues hacía bastante calor, y tomamos rumbo de vuelta a la nave. Antes paramos en el Super U de Le Hague.
Esa tarde nos preparamos unas deliciosas lentejas y las disfrutamos sentados en la mesa de madera que hay en medio del prado desde la que se podía ver a lo lejos el mar.
[202307.07 | viernes] Después de desayunar nos fuimos a dar un paseo hasta la casa natal de Millet, en una pequeña aldea muy cerca de donde estamos atracados. Desde allí bajamos por un angosto sendero hasta la costa, hasta el Castel Vendon. Un punto de vista litoral enormemente cautivador, no me extraña que el famoso pintor francés lo dibujase más de una vez. Allí nos quedamos un buen rato disfrutando del momento y de la preciosa luz de aquella mañana, último día de colegio para un grupo de niños que se acercaron con sus profes a pintar la escena que tan universal hizo Millet, rompiendo la deliciosa paz que nos envolvió durante unos minutos justo antes de que llegasen.
De vuelta en la nave, decidimos recoger campamento y continuar nuestro periplo por el litoral oeste dela península. Lo primero, acercarnos a la Nez, a ver el punto que habíamos dejado atrás la tarde anterior. En Jobourg la carretera bordea unas instalaciones supersecretas dedicadas al tratamiento de residuos radiactivos, realmente impresionaba un poco ver aunque fuese desde fuera aquel montaje, aquel sistema de ballas infranqueables. Desde allí fuimos trazando un recorrido a lo largo de la costa, por carreteras estrechas que nos mostraban panorámicas preciosas, acercándonos a los arenales normandos, inacabables a veces, no solo a lo largo, sino también a lo ancho como causa de la marea baja.
En el parking del Jardín Botánico de Vauville decidimos detenernos al mediodía a esperar a que pasasen las horas de más calor. Allí escuchamos el podcast de Saldremos Mejores con Rodriguez Zapatero.
Hacia última hora de la tarde llegábamos al faro de Barneville-Carteret. Desde el extremo en las rocas podíamos angular la vista hacia ambas playas, norte y sur, enormes arenales que lucían preciosos a esa hora. Al frente, a pocas millas náuticas, las islas de Guernsey y Jersey, que tan de cabeza nos traían esos días ya que suponíamos que posiblemente desde allí nos estaban «pescando» en rooming ya que nos llegó un SMS de O2 que nos indicaba el elevado consumo de datos que nos iban a facturar.
Cuando bajamos de la punta del faro nos acercamos al AAC de caravanas de Barneville con idea de pernoctar en ella aquella noche. El lugar era estupendo, muy céntrico a la vez que tranquilo, en una zona ajardinada al lado del puerto. Pero el cartel de la entrada que indicaba que se trataba de un aparcamiento exclusivo para autocaravanas informaba también de que no se podía permanecer allí durante la noche. Increíble, no entendíamos a que respondía. Lo cierto es que estaba petado de vehículos aun cuando encontramos una plaza libre. Pero finalmente decidimos marcharnos de allí, no teníamos ganas de que nos sorprendieran levantándonos a media noche. Finalmente, aunque no tan bonita, atracamos en otra AAC del pueblo, un lugar que nos resultó útil aunque no tan estupendo al lado de un centro comercial.
[202307.08 | sábado] Lo bueno del sitio en el que dormimos es que nos permitió llegar muy de mañana al famoso marché de Barneville que estaba al lado. Fuimos nada más levantarnos, llovía un poco, todavía estaban montando los puestos cuando llegamos. En uno de ellos una mujer estaba subiendo a la mesa y apilándolas en ella buenos ejemplares de aragnées. Cómo se movían, daba gusto. Nos hicimos con una de ellas y también compramos en otro puesto al lado unas huitres y unos moules. Sabíamos que no era temporada ideal para los bivalvos pero no pudimos resistirnos. Compramos un poco de vino y fruta en el Carrefour que teníamos al lado y salimos rumbo a Bretaña de vuelta. Habíamos quedado para comer el domingo con Lucas y Claudia, y nuestra idea era pasar el resto del sábado en una de nuestras áreas favoritas, la de Bazouges La Perouse, donde nos prepararíamos una riquísima mariscada. Y tan rica. La aragnèe estaba deliciosa, la mejor que hemos tomados estos días. No pudimos decir lo mismo de las huitres. Ciertamente, julio, no es el momento de tomarlas.
ÁLBUM DE FOTOS: Normandie | 23
[202307.09 | domingo] Aseamos la nave antes de abandonar Bazouges. Después hicimos el camino hasta Cesson y nos detuvimos a comprar un prefú, para llevar a casa de Lucas y Claudia, en el único supermercado que estaba abierto. Esta vez atracamos la nave fuera en la calle, en el aparcamiento de sombra que hay antes de la rotonda, a mano derecha. Después de la comida y una buena sobremesa, nos despedimos de ellos. Salimos con idea de hacer un recorrido amplio y lento, de varios días, por el Loire y el Dordogne, hasta llegar finalmente al Pirineo francés. Esa misma noche, atracamos en el AAC de Brissac-Quincé. Habíamos llegado al Pays de La Loire, y se notaba. Antes de cenar nos dimos un paseo por el pueblo. El ambiente muy distinto al que estábamos acostumbrados, nada que ver con Bretaña o Normandía. Aquí la arquitectura es blanca y fría. Las calles estaban vacías. Muchas casas viejas y algunas abandonadas. Solo resplandecía en aquel conjunto urbano el castillo de Brissac que estaba al lado del área en la que estábamos atracados.
Diez días por delante antes de volver a casa. Trazamos una ruta a través del valle de la Loire para bajar después hacia el Pirineo, recorriendo el valle del Dordogne y pasando una noche a orillas del Garogne. Un recorrido por tierra virgen para seguir conociendo un poco mejor La Galia.
[202307.10 | lunes] Fue un día de recorrido rápido por la ribera de La Loire, apenas sin bajar de la nave. Tan sólo paramos en el AAC de Chênehutte-Trèves-Cunault a asear la nave. El área, situada entre la carretera y el río, a la salida del pueblo, está bien acondicionada pero con un para de campamentos estables.
Atravesamos pueblos con cierto sabor renacentista, a lo largo de la ribera, elegantes castillos y palacios dominando las laderas. Apenas pudimos detenernos pues los pueblos que atravesamos estaban atestados de turistas, peros sirvió este paseo exprés para hacernos una idea de la belleza que ofrece este recorrido. Para visitarlo todo con calma y en otro momento. Poco antes de llegar a Chinon habíamos dejado el Loira a nuestra izquierda y seguimos el curso de su afluente el Vienne. Hacia las dos de la tarde estábamos entrando en Descartes y aprovechamos para hacer una pequeña compra en el Intermarché. Poco después comenzamos a abandonar el paisaje característico del valle del Loira mientras aproábamos nuestra nave hacia el sur. Nuestro objetivo aquella tarde era buscar un lugar fresco cerca del valle del Dordogne que queríamos visitar en los días siguientes. Esa noche dormimos a orillas del Lac du Causse, en un área de servicios gratuita, donde había atracadas un buen número de autocaravanas. Un lugar un poco estrecho pero tranquilo y a la sombra. El calor iba en aumento y la meteorología amenazaba con un par de días de altas temperaturas.
[202307.11 | martes] Nos fuimos de allí nada más desayunar buscando un lugar donde pasar el día a buen recaudo, fresquito. Nos decidimos por un camping Les Ondines en Souillac, nuestro primer contacto con el Dordogne ya que esta al borde del río. Allí pasamos un buen día de refresco a la sombra, en una parcela amplia y muy tranquila, disfrutando incluso de la piscina del camping y las duchas. Con la que estaba cayendo era lo único que necesitábamos. Al atardecer cogimos las lanzaderas y nos dimos un pequeño paseo recorriendo parte de la ribera y después las calles mas antiguas del pueblo. En la plaza Doussot comenzaba, bajo el techado antiguo que cobija el espacio del mercado que se celebra todos los viernes en este lugar, un curioso concierto teatralizado («Cabaret Clandestin«). Estuvimos un rato viéndolo un rato y nos fuimos, teníamos todavía que cenar y ya era un poco tarde.
[202307.12 | miércoles] Comienza nuestro paseo por la Dordogne, otro valle que recorrimos en un par de días constatando que hay que venir a detenerse y visitarlo con calma, lejos de las fechas turísticas. La preciosidad del paisaje y las ciudades y pueblos del Perigord merecen un buen repaso. Se lo daremos… y con esa idea hemos ido tomando nota al tiempo mientras recorríamos el lugar.
Subimos a Sarlat, preciosa ciudad patrimonio, donde hicimos nuestra parada principal. Desde allí, atracados en el AAC del Carrefour bajamos en bicicleta hasta el centro. Cuajado de gente estaba. Apenas había espacio casi para caminar. Nos acercamos como pudimos a la oficina de turismo y allí conseguimos información para hacer una ruta de veló por el Perigord. Desde allí bajamos por una vía verde hasta las orillas del Dordogne e hicimos un precioso recorrido de ribera [ver track].
De vuelta en Sarlat, cuando estábamos tomando una cerve en la nave se acercó un paisano a informarnos de que en su casa ofrece alojamiento para autocaravanas, con servicios, cerca del pueblo. Uno de esos lugares privados en que los cosecheros te invitan a pernoctar sin coste ni compromiso, pero en los que te ofrecen los productos que cosechan, en este caso frutos secos (castañas y nueces) y vino. Daniel, que así se llamaba el hombre, nos lo vendió tan bien que decidimos acercarnos con idea de pasar allí la noche. Pero ya solo la aproximación resultó ser muy tortuosa, por cuestas y caminos estrechos. Después, cuando llegamos, la finca estaba bastante desnivelada y nuestra nave sin calzos tenia poco acomodo. Así que decidimos retronar el parking del Carrefour que resultó finalmente ser un lugar estupendo y bonito, ya que atracamos al lado de los depósitos de agua que hay al fondo orientando estribor al oeste y a la puesta de sol sobre la ladera verde que bordea el aparcamiento. La noche fue tranquila.
[202307.13 | jueves] Nos levantamos temprano e inmediatamente bajamos con la nave a un aparcamiento que hay en la parte alta del pueblo, teníamos la impresión de que a esas horas sería fácil atracar y visitar el centro de la villa antes de que llegase la riada de turistas. Nuestro presagio resultó certero y pudimos recorrer las calles de Sarlat ya de otra manera, muy distinta a la del día anterior. Pateamos todo el centro, disfrutando de la mañana, los locales todavía se estaban preparando, más que gente lo que había en las calles eran furgonetas y coches de reparto. Estuvimos en el mercado de los productores, instalado en una antigua iglesia con una enorme puerta negra de hierro que, todavía, lo hace más espectacular. Allí compramos tres kilos de nueces por 9€. No estaban ya en su mejor momento, teniendo en cuenta el mes del año en el que nos encontrábamos, pero resultaron ricas igualmente.
De vuelta en el parking, desayunamos mientras veíamos como iba llenándose el recinto hasta completar aforo. Cuando nosotros partimos supongo que le daríamos una alegría a alguien pues había una buena cola de vehículos buscando plaza.
De nuevo en ruta bordeando el Dordogne llegamos a Bergerac, capital del Perigord, el hogar de Cyrano. No esperábamos gran cosa de esta ciudad, sobre todo después de visitar Sarlart, pero lo cierto es que su barrio antiguo nos sorprendió. Nos tomamos un helado muy rico en una heladería cerca de la estatua del poeta de la larga nariz. Constatamos que la región de Bergerac merece la pena tomársela con mayor detenimiento. Entorno al río podremos visitar cuando volvamos pequeñas villas medievales llenas de historia. Y disfrutar también de los buenos vinos que se hacen por aquí. Compramos un Bergerac en el Carrefour de Sarlat que nos gustó mucho pero que no volvimos a encontrar.
Tras abandonar la ciudad seguimos rumbo al sur y recalamos a orillas del Garogne, en el AAC de Tonneins. Estaba ya atardeciendo. El lugar del atraque era precioso. Después de la comida-cena recorrimos el paseo de piedra al borde del río, oyendo el escandaloso rumor de las aves acuáticas que pueblan el lugar. A un lado el cauce del río y al otro el paredón vertical de la trasera de las casas del pueblo que se erguían como enormes murallones o fortalezas antiguas a las que se accedía por estrechas escaleras de piedra. Un paraje muy curioso y agradable para cobijar aquella noche nuestros sueños.
[202307.14 | viernes] Es el día de la fiesta nacional francesa y en la otra orilla del río, justo enfrente, observamos como parece que están montando la estructura de la batería de fuegos que suponemos esa noche se iban a lanzar desde allí, como en la mayoría de las poblaciones de Francia. Pero nosotros no nos íbamos a quedar, aun a pesar de que el lugar el quizá el más idóneo para velo, de lujo. Nuestro afán era otro, ilusionados como estábamos de volver a repetir lugares y escaladas que en otro tiempo compartimos con nuestros amigos.
ÁLBUM DE FOTOS: Dordogne et Garogne | 23
Después del desayuno y del aseo de la nave, continuamos singladura rumbo sur, a través de un paisaje muy bonito, laderas muy verdes y floridas, viñedos… estábamos en el condado de Armagnac. En un par de horas llegamos al Decathlon de Tarbes, donde compramos un par de mochilas. Después seguimos hasta el Carrefour de Angeles Garzos, allí atracamos a la sombra en la pequeña área para autocaravanas que hay en el parking del centro comercial. Descansamos un rato, tomando un refresco y continuamos camino.
Ya habíamos llegado al Pirineo, después de mes y medio sin montañas, sobre todo por Bretaña y Normandía, ver aquel paisaje vertical emocionaba un poco. Adentrarnos en los valles de Cauterets y de Gavarnie, y después en Héas ya para ascender a Troumuse por aquella carretera sinuosa que tan buenos recuerdos nos traía. Llegamos al parking que hay al lado del albergue de Maillet a última hora de la tarde. El espectáculo estaba servido, atracamos y nos detuvimos un buen rato a disfrutar de la estampa. Después del calor que habíamos sufrido durante los últimos días, al fin nuestros cuerpos descansaban. La temperatura registrada por el termómetro se había reducido a la mitad. Aún tuvimos tiempo de caminar un rato por la senda que lleva hacia la pared que íbamos a escalar al día siguiente con idea de buscar la forma más cómoda y rápida de aproximación. La otra vez que habíamos estado por aquí, se podía ascender en coche hasta la mitad de la ladera y lo dejamos aparcado en una curva. Pero ahora la barrera que hay al otro lado del albergue cierra el paso a la carretera que sube hasta el circo.
[202307.15 | sábado] Por fin poníamos manos a la piedra. Después de muchas semanas, de muchos kilómetros cargando con los cachiperres de escalada, les íbamos a dar uso. Nos pertrechamos con los trastos que colocamos en nuestras nuevas flamantes mochilas azules que habíamos comprado el día anterior en Tarbes. La mañana estaba preciosa, soleada, e iluminaba nuestra ilusión en el camino de subida a la Dalle de Maillet, donde íbamos a escalar la vía de la cascada. Recuperar las sensaciones de la escalada en un entorno tan fresco, entorno al arrullo del sonido del agua que cae a nuestro lado, es todo un lujo, en un lugar tan bello y grandioso como este. Disfrutamos cada largo y disfrutamos la bajada que, en esta ocasión, hicimos caminando desde la cumbre hasta el pie de vía [ver track].
Poco después de llegar a la nave vimos llegar la niebla que subía del valle a toda velocidad y, en un momento, lo cubrió todo. Tuvimos suerte. El paisaje desapareció totalmente y la vuelta de ese modo hubiera sido tediosa. Por el contrario, sentados al borde de la ipar pudimos disfrutar, cerveza en mano, del espectáculo… las nubes comenzaron una danza, casi coreografiada, que servía un baile de luces y sombras, con y sin paisaje, ahora aparecía por aquí, con una luz y desaparecía al tiempo que se mostraba otro volumen con otra intensidad lumínica, manchas de cielo plomizo, grises y claros. Precioso, difícil describirlo, muy bello… Finalmente la tarde terminó entre nieblas, y se hizo después la noche. La montaña recogida.
[202307.16 | domingo] El día del Carmen amaneció primero gris, entre nieblas todavía, la montaña seguía escondida. Pero, ponto, tras el desayuno comenzó a moverse el aire y el paisaje empezó a dibujarse ante nuestros ojos. Los primeros excursionistas iban llegando en sus coches, preparando sus mochilas para subir al circo o acometer alguna cumbre. Nosotros, por el contario, planificábamos bajar esa mañana al valle de Héas, queríamos con idea de visitar una nueva escuela al pie de la carretera que nos devolvería al entorno de Gavarnie, accesibles desde la misma zona de aparcamiento:
-La Pared de Héas.
-El Rocher de la conduite.
-El Rocher de Prat.
Cuando llegamos al lugar primero nos acercamos caminando, sin mochilas, a reconocer le pie de vía. Después, bajamos y volvimos con los cachiperres, con idea de acometer tuna de ellas. En el segundo paseo coincidimos con una joven pareja que se puso a escalar al lado de nosotros. Nuestro intento se vió un poco frustrado ya que yo no me encontraba con fuerzas para acometer la dificultad del segundo largo y desde la primera reunión rappelamos. Ya volveríamos, después de un estudio más detallado de la zona días después descubrimos que nos habíamos equivocado, que nos estábamos metiendo en una más complicada de lo que creíamos y que, además, hay en ese lugar otras muchas opciones más acordes a nuestro nivel. Volveremos, seguro que volveremos, ya que el lugar nos pareció muy agradable y cómodo, el valle, precioso!
El resto del día lo dedicamos, primero a hacer una colada en el Carrefour de Angels Garzos, mientas hacíamos una pequeña compra en el supermercado y comíamos algo en la nave. Después tiramos rumbo el Coll d’aubisque. Y flipamos, la carretera D-918 que sube desde Marsous ya es muy empinada y sinuosa, un poco estrecha en algunos pasos vertiginosos, pero con la niebla de aquella tarde… nos sentimos un poco atemorizados. Con prudencia, despacito, y rezando todo lo que buenamente pudimos, finalmente entramos en la explana da de las bicicletas de hierro gigantes, atracando la nave y suspirando, sumergidos todavía en el mar de nubes, pero suponíamos que ya a salvo, pues la bajada a Gourette sería ya más cómoda y segura.
Al llegar al pueblo, atracamos en el parking que hay al lado de Le Valentín, de hecho así se llama el lugar y la urbanización que teníamos al lado. Pasaríamos allí la noche, pues nuestra intención era subir al día siguiente ascender al Penne Sarrier y allí comenzaba la senda que nos llevaría al pie de vía. Por la noche, tras la cena, dimos un paseo por el pueblo, prácticamente una estación de montaña ahora en tiempo estival muy vacía.
[202307.17 | lunes] El plan del día era subir por la sur clásica al Penne Sarrier, lo habíamos hecho ya en 2017 con nuestro amigos, Luis y yo en cordada con Valen quien se erigió como capitán de todos los largos. Por eso, y por que esta es una vía preciosa, Luis quería en esta ocasión hacerla él. Un proyecto que tenía guardado desde hacía mucho tiempo y hoy por fin íbamos a acometerlo juntos. Pero, claro, si la niebla nos dejaba.
Amaneció de nuevo todo cerrado de nubes, apena se veía a cinco metros. A punto estuvimos de desistir, pero al final decidimos ir subiendo al pie de vía, con la esperanza de que, quizá, fuese abriendo. El pronóstico meteorológico era bastante positivo, el viento podría soplar la niebla y dejarnos un cielo limpio y azul como pronosticaban la mayoría de los modelos de previsión. Y acertaron. Mientras subíamos por las pistas de ski y los verdes prados que nos acercaban a la piedra, aunque no lo teníamos todo con nosotros, pensamos que íbamos a tener que desistir y bajar andando por donde vinimos. El ambiente tranquilo, el silencio que nos envolvía en el paseo, era delicioso. Aunque no pudiéramos escalar merecía la pena aquella excursión envuelta en el silencio y el húmedo frescor de la niebla, el ambiente era una delicia. Finalmente el paisaje se fue mostrando ante nuestros ojos, primero en flases breves pequeñas ventana que el viento abría y cerraba, después, ya casi llegando a la altura de la montaña, se fue descubriendo todo y el azul del cielo iluminó de lleno nuestras cabezas y con ellas la ilusión se hizo realidad. 
Llegamos al pie de vía, tras la tediosa subida por la ladera pedregosa del final y allí obtuvimos otro regalo que ahora lleva Luis en la cabeza cuando vagamos por las montañas para protegerla (de algún modo la montaña nos devolvía aquellas gafas mías que se quedó en el descenso, seis años atrás).
Y que decir del momento escalada… el lugar ya lo conocíamos, la pared tan vertical frente a un valle tan bello emociona cada paso de trepa que te lleva a la cumbre. Disfrutamos como enanos, a nuestro ritmo, sin prisa y encantados de haber vuelto a aquel lugar. Nos seguía de cerca una pareja de españoles que en algún momento coincidía, el que iba de primero, conmigo en las reuniones. Muy buen rollo.
Ya en la cumbre, nos quedamos allí emocionados casi una hora. Disfrutando de las vistas, en aquella rampa de piedra tan característica, el mar de nubes bajo nosotros sobre el valle, el cielo azul. Después, la bajada se hizo casi eterna, el camino estaba muy roto y mojado. Había que ir con mucho cuidad sobre todo en los pasos de placa. Pues resbalaba bastante. [Ver track de bajada]
Al llegar a la nave, sin recoger apenas el material, abandonamos el aparcamiento y bajamos hasta el parking de la estación de ski donde pasaríamos la noche. Allí nos preparamos una carne a la plancha con un Burdeos o Chinon (ya no recuerdo), arrullados por la cascada y con la luz del atardecer. Muy confortable, hasta que las moscas comenzaron a aguarnos la fiesta, pero eso ya fue tras los últimos rayos de sol.
[202307.18 | martes] Tras despertar decidimos bajar a Laruns a desayunar, para ver si obteníamos una buena cobertura. Teníamos además que asear la nave. Finalmente nos preparamos el Petite Dejeuneur al borde de la carretera al lado del camping, sin entrar, pues decidimos que finalmente podríamos esperar a llegar a Panticosa, donde habían abierto recientemente una estupenda AAC gratuita, para hacer el cambio de niveles. Tras el desayuno y un par de bollos que compramos en una boulangeríe a la entrada del pueblo, tomamos rumbo a L’Espagne, con gran dolor y pena en el corazón, subiendo las curvas hacia el Portalet.