Álbum de fotos «Al oeste de la Galia»
Álbum de fotos de BRETAÑA
Álbum de fotos de NORMANDÍA

[20220818 | jueves] Amanecimos en San Christoly de Blaye. Un pueblecito de la Nueva Aquitania inmerso en la región vitivinícola de Burdeos. Habíamos llegado «de puntillas» la noche anterior, cerca de la 1 de la madrugada (tras el tremendo atasco de Irún). Todo estaba tranquilo y en silencio. Reinaba la paz. Por la mañana decidimos trazar una ruta llegando hasta Blaye, a orillas del estuario en el que confluyen el Garona y el Dordoña. Allí visitamos de nuevo una fortaleza Vauban, desde la que contemplamos el característico color marrón de las aguas, la amplitud del estuario y las barcazas que lo surcan. Continuamos después recorriendo la costa hacia el note, hasta Royan. Una ciudad de veraneo donde comenzamos a sufrir las incomodidades de los recorridos costeros en esta época del año, de los que en días posteriores trataríamos de huir en la medida de lo posible. Como hicimos aquella tarde, tras aproximarnos a la punta del faro de St Georges de Didonne, desde la que pudimos observar en la distancia la Pointe de Grave al otro lado de la vasta desembocadura. Los barcos turísticos salían desde allí hacia el precioso Faro de Cordouan, equidistante entre ambas orillas, marcando la entrada a la rada.
Esa noche dormimos en Rochefort en un aparcamiento para AAC al lado del puente transbordador que atraviesa el río Charente uniendo esta ciudad y su vecina Échillais. Ingeniería colgante proyectada por Ferdinand Arnodin, al igual que el puente colgante de Bilbao. Pero antes, de camino a este punto, en la autopista, los sistemas de la nave nos alertaron de la pérdida de aire en una de las ruedas. Bajaba rápidamente la presión y eso nos preocupaba. Llegamos como pudimos al aparcamiento del Intermarché de Rochefort con la esperanza de encontrar el taller de coches abierto, pero ya había cerrado. Allí mismo, en la amplia explanada del parking, sustituimos la rueda por la de repuesto. Toda una experiencia! Al principio parecía que los tornillos se resistían, e incluso estábamos llamando ya a la asistencia del seguro pidiendo ayuda. Pero finalmente lo conseguimos solitos y nos fuimos hasta el AAC que estaba cerca a descansar. Cenamos con la puesta de sol y asamos una noche muy tranquila.

[20220819 | viernes] La mañana se presentaba intensa. Queríamos arreglar la rueda antes de continuar viaje hacia Rennes donde habíamos quedado esa tarde para cenar con Lucas y Claudia. Lo intentamos en el propio Intermarché al que habíamos ido la tarde anterior, pero la poca voluntad de la empleada del establecimiento nos disuadió enseguida. Fuimos en busca de un taller más amigable y lo encontramos, a las afueras de Rochefort, en otro centro comercial. El trato allí fue muy distinto. Nos ayudaron aun a pesar de que se acercaba la hora de su almuerzo. Nos arreglaron la rueda y la sustituyeron rápidamente. Sólo nos cobraron 30 € negros que pagaron el déyèner de los dos operarios. Con pena abandonamos esta ciudad, ya no disponíamos de tiempo para visitarla, con la idea de volver de otro modo y en otro momento.
Continuamos entonces camino de La Rochelle. Teníamos una cita ineludible con esta bella ciudad en la que el pasado verano se vio truncaba nuestra travesía, al igual que mi codo derecho (entonces, sólo llegamos a visitar la urgencia de traumatología del Hospital Litoral Atlántico). En este viernes de agosto el día se presentaba soleado y tras atracar la nave en el mismo parking de la otra vez, recorrimos con las lanzaderas los lugares más antiguos y entrañables de esta vieja villa portuaria. Nos gustó mucho, como no podía ser de otro modo ya que es muy bonita, a pesar de la enorme cantidad de turistas que llenaban las calles mas antíguas.
Eran cerca de las 8 de la tarde cuando llegamos a la casa de Claudia y Lucas. Nos tenían preparada una deliciosa cena. Además de la suculencia culinaria, los reencuentros con los hijos siempre son deliciosos.

[20220820 | sábado] Madrugamos un poquillo y sin apenas desayunar nos fuimos los cuatro con las lanzaderas al mercado de Lices en el centro de Rennes. Compramos ostras, berberechos y meluza, que prepararíamos al horno, para comer. Al mediodía nos dimos un paseo hasta Cessón a ver los restos del mercadillo que se celebra allí también los sábados, pero cuando llegamos estaban ya recogiendo. Compramos aceitunas kalamata (muy saldas por cierto) y nos fuimos a tomar el aprecó a la sombrita, en el parque al lado de La Vilaine.
Por la tarde, tras la comida, cogimos de nuevo las lanzaderas e hicimos un circuito de más de 30 kilómetros que recorre todo el perímetro de la ciudad de Rennes. Cuando llegamos a casa ya era de noche.

[20220821 | domingo] A media mañana nos fuimos a dar un paseo de más de 7 quilómetros por la Forêt de Rennes, un precioso bosque que hay a las afueras de la ciudad, a unos 11 kilómetros de la casa de Lucas y Claudia. Precioso paseo. Nos llovió un poco pero bajo la cubierta de árboles, formada por la densidad de las ramas, el agua apenas llegaba hasta nosotros. El bosque es enorme, tiene reseñados 14 circuitos distintos para recorrerlo andando, y la altura de los árboles es impresionante.
Por la tarde, mientas los chicos preparaban su comida de la semana, aprovechamos para organizarnos un poco. Buscamos en internet un lugar donde a la mañana siguiente pudiésemos comprar un buen mapa de carreteras.

[20220822 | lunes] Entorno a las 7 de la mañana, cuando Claudia y Lucas se fueron a trabajar, desatracamos la nave anclada al lado de su casa y nos fuimos a posar en el aparcamiento del campus. Allí desayunamos tranquilamente en una mañana gris y un poco lluviosa que me hizo recordar el ambiente triste que viví aquel día de enero en que nos despedimos de Lucas, en este mismo lugar, cuando comenzaba su vida profesional en Bretaña. Ha pasado ya más de año y medio, y todo ha cambiado bastante. Da gusto verlos a él y a Claudia ya juntos comenzando un día laboral, cargados de ilusión por todo el futuro que se les muestra delante, en una tierra agarimosa y confortable, muy bonita para vivir.
Después del desayuno cogimos las lanzaderas para acercarnos a la FNAC del centro a comprar un mapa de carreteras que habíamos visto en su tienda online. De vuelta en la nave nos dirigimos alas afueras, a IKEA, donde conseguimos un espejo por fin para pegar en la pared. Hechos los recados tomamos rumbo a Saint Ouen des Alleux, en la ribera del Couesnon, a visitar la escuela de escalada que hay allí. Comimos en el parking y bajamos después a ver las vías que están al lado del río. La piedra estaba un poco húmeda, había estado lloviznando en las últimas horas y el ambiente sombrío contribuía a mantenerla ese estado. Decidimos entonces no escalar esa tarde y marchamos hacia Vitré a pasar la noche. Fue una gran elección pues este pueblo es precioso: las calles medievales de noche están iluminadas con proyecciones en suelos y fachadas. Las cristaleras de la iglesia de San Martín iluminadas desde dentro lucían preciosas en la oscuridad. Atracamos en el enorme parking que hay al lado de la gendarmería y cenamos unas pizzas que compramos en el remolque italiano aparcado en un extremo de la plaza. Después nos dimos un buenpaseo por el centro. Estuvimos solos toda la noche y despertamos a la mañana siguiente rodeados de coches. Creo que no quedaba ni un hueco.

[20220823 | martes] Llegamos a Fougères al mediodía. Atracamos en uno de las dos AAC que hay en esta ciudad. Visitamos la fortaleza medieval, dicen que la mejor conservada de Francia. En su interior cuenta su propia historia, de forma visual con decorados y proyecciones en sus muros, y auditiva. El relato nos sirvió para conocer la lucha fronteriza en de la Bretaña medieval. Los límites de La Marca. Después recorrimos el circuito histórico que nos subió desde las calles medievales que hay al lado de la fortaleza, y la iglesia de Sansulpicio (preciosas cristaleras), hasta la torre campanario de la catedral, desde donde contemplamos las calles del centro de la ciudad. Enfrente estaba la torre de la atalaya.
Después de la cena subimos de nuevo a recorrer un poco estas calles con la esperanza de ver como la noche anterior un decorado de luz y color, habitual en algunas ciudades preciosas de Bretaña. Pero no fue así, de hecho, la austeridad se manifestó del todo a pocos minutos de regresar a la nave, cuando vimos que el alumbrado público se apagó totalmente, al menos en las calles de nuestro alrededor, como medida frente a la crisis energética que está viviendo no solo Francia, sino toda Europa. Los días que siguieron comprobamos como esta medida se iba generalizando en todos los lugares por los que pasabamos.

[20220824 | miércoles] Hoy volvimos de nuevo a Saint Ouen des Alleux, esta vez decididos a escalar. Y así fue, por fin, que después de más de dos meses sin subir a la roca nos gustó volver y arrancar de nuevo, tras el parón. Pasamos unas horas entretenidas, en una piedra y un ambiente nuevo, en vías pequeñas que apenas llegan a los 15 metros, pero interesantes y adaptadas al momento de forma física en el que nos encontramos. Después, la cerve en el aparcamiento mientras pensamos hacia donde dirigir nuestro camino. Teníamos que resetear la nave y queríamos ir tirando ya hacia Dinan, aunque sin prisa.
Encontramos un sitio estupendo para hacer el aseo y prepararnos una deliciosa cena (habíamos comprado carne por la mañana en el Carrefour de Fougères y la acompañamos  de una super ensalada) en el exterior de la nave. El AAC de Bazouges-La-Pérouse es de 10. De hecho, allí volvimos semanas mas tarde, antes de adentrarnos en Normandía.

[20220825 | jueves] Con San Luis Rey de (este lugar) nos levantamos hoy y, antes de desayunar, dimos un pequeño paseo por el pequeño pueblo que nos acogió con tanto mimo esa tormentosa noche. Llovió un poco y a lo lejos, por la ventana de la cama, podía ver los destellos silenciosos de los relámpagos, que evidenciaban el paso del temporal por el Mar del Norte.
En la calle principal del pueblo había un pequeño mercado, con 4 o 5 puestos (poisson, pain, artesanía, crêpes…). Compramos pan, coissant y kouign-amann en la boulangeríe de la plaza de la Mairie. Tras el desayuno fuimos a hacer la colada en la lavandería del  Utile (muy mala por cierto: pago con monedas y sin detergente incorporado). Después salimos rumbo a Combourg, la «ciudad del despiste». Y tanto que, hasta que no paseamos un poco por sus calles y llegamos casi hasta la puerta del castillo no nos dimos cuenta de que allí ya habíamos estado el año pasado (comiendo en el aparcamiento al lado del lago) y que nos pareció entonces igual que esta vez un lugar muy turístico. Pero en esta ocasión aprovechamos para hacer el circuito de las cruces con las lanzaderas por los alrededores de la ciudad. Salimos del parking del centro, donde habíamos atracado la nave. Un recorrido muy chulo a través de campos de maíz y tierras de cultivo (ahora vacío) de trigo sarraceno (supusimos) que nos llevó hasta Trémeheuc, después seguimos hasta Saint-Léger-des-Prés donde paramos delante de la iglesia. El paisaje es precioso, atravesando pequeñas aldeas, con sus iglesias y cruces de piedra en los caminos. El horizonte en ocasiones es muy amplio. En otras, el recorrido se envuelve de altos árboles a ambos lados del asfalto. Finalizamos el recorrido entrando de nuevo en la pequeña ciudad bordeando el lago y subiendo la cuesta que deja a la izquierda la muralla del castillo. Este punto lo reconocimos bien pues el verano anterior habíamos atracado aquí la nave, con vistas a ambas cosas.
Por la tarde llegamos enseguida a la campa de Dinan, y varamos la nave en el lado sur, enfrente a la muralla, dejando el viaducto a nuestra derecha. Preparamos algo de comer y, ya de noche, salimos a dar una vuelta por el puerto y subimos también a la parte antigua de la ciudad. Habíamos vuelto a uno de nuestros lugares favoritos de Bretaña. Tan familiar… como en casa. Hicimos coincidir las fechas con el JAZZ EN PLACE que estos días se celebraba en la villas de Quévert, Lanvallay, Pleudihen-sur-Rance, Léhon y Dinan.

[20220826 | viernes] Nos despertamos y desayunamos con mucha calma. Hoy no teníamos prisa, no íbamos a movernos. Quedamos aquí con Claudia y Lucas, que llegarían por la tarde, para pasar juntos el fin de semana,  y decidimos dedicar la mañana al descanso y a escribir un poco en este cuaderno. Hacia el midi francés, subimos hasta la parte antigua de la ciudad buscando una fuente, y la encontramos gracias a la aplicación del móvil (poco eficiente, aunque no en este caso) en la plaza du Champ Clos, cerca de la basílica de Saint Salvateur, en cuya plaza se celebrará la noche del sábado uno de los conciertos de jazz. De camino a la fuente aprovechamos para acercarnos a la muralla y para visitar el interior del templo.
A media tarde llegaron Claudia y Lucas. En la carpa instalada en el medio de la campa había un jaleo de mil demonios, se celebraba uno de esos eventos musico-festivos, como el del año pasado (entonces de música country), pero en esta ocasión los DJ’s castigaban con truenos electrónicos machacones. Tan pronto llegaron los chicos salimos caminando por el camino de sirga del canal de Ille et Rance hacia la Abadía de Lehón en la que se celebraban los conciertos de jazz esta noche. El paseo resultó precioso y la llegada a la abadía, con la música de fondo, mágica. En uno de los puestos del auditorio al aire libre compramos un Rougail saucisses (un plato criollo de la isla de La Reunión).

[20220827 | sábado] Tras el largo desayuno, salimos de ruta con objeto de llegar a la esclusa del castillo, la última canal de Ille et Rance, que transcurre desde Rennes hasta Saint Malo. Pasamos un poco de calor, sobre todo a la ida, pues la sombra escaseaba a lo largo del recorrido. De vuelta, con el sol ya mas bajo, el paseo se hizo más agradable.
Al llegar a la campa, el ruido del evento musical se hacía insoportable e iba en creccendo. Finalmente tuvimos que meternos en la furgo a comer la carne que preparamos fuera. Después de la cena, que resulto muy debatida en la conversación, bajo los vapores del vino, subimos al concierto en la plaza de la basílica por el camino que asciende en zig-zag desde el pie del viaducto al lado de la campa. Los músicos de esa noche no eran muy buenos (Eric Lelann Quartet), pero disfrutamos de un buen rato sentados allí en las escaleras de un portal de la plaza, justo enfrente al escenario, escuchando y viendo el ambiente. Después, tratando de encontrar una heladería abierta, nos topamos con una pizzería en la que cocinaban con leña, tema que le encantó a Lucas. Tendremos que volver.

[20220828 | domingo] Madrugamos un poquillo para acercarnos a la bulangerìe del puerto antes de que Claudia y Lucas se levantasen, a comprar unos Kuigamann, un pan con pasas y un pan con chocolate, además de la consabida baguette, para el desayuno. Éste resultó, por tanto, delicioso, y largo… estuvimos chalando un buen rato ya que los chicos pensaban marcharse ese mediodía para Rennes.
Sobre la 1 del midi, abandonamos los cuatro la campa, ellos tiraron para casa a hacer sus quehaceres semanales, y nosotros aprovechamos para acercarnos al AAC de Lehón, donde tuvimos oportunidad de sanearnos nosotros al tiempo que saneamos la nave.
Después, y con idea de iniciar así nuestro periplo por la mitad norte de Bretaña, salimos aproando a Moncontour. Allí hicimos nuestra primera parada. En la pequeña ciudad medieval había ambiente festivo aquella tarde, con actuaciones en las calles. Visitamos la vieja iglesia de Saint-Mathurin, y conocimos la historia del santo local que ha dado nombre a muchos de los riveiranos del lugar. Hicimos paseando el circuito turístico del pueblo. Antes de abandonar el pueblo tomamos algo en la furgo mientras pensábamos cuál sería nuestra segunda etapa.
Llegamos Gouarec a última hora de la tarde, con idea de instalarnos en la AC que hay justo al lado del camino de sirga del canal Nantes-Brest, pero con tan mala suerte de que precisamente esa noche estaba limitada la estancia hasta las 7 de la mañana, hora en que necesitaban el espacio libre para poder entrar los operarios municipales que tenían que pintar el suelo marcando las plazas. Buscamos un aparcamiento tranquilo, muy cerca, al lado e un pequeño jardín y pasamos allí la noche.

[20220829 | lunes] Por la mañana, cogimos las lanzaderas y recorrimos parte del ya para nosotros familiar canal Nantes-Brest, recordando los días de Josselin vividos el año anterior. Primero hacia el oeste, hacia la esclusa doble, y después hacia el este, hasta la abadía de Bon Repós. Esta es la ruta que hicimos. La mañana estaba preciosa. Y el lugar, qué decir… tan bonito y tranquilo como lo recordaba, cuando añoraba estas riberas.
Por la tarde continuamos nuestra travesía hasta Huelgoat, e hicimos un pequeño recorrido por la forêt de las piedras. No nos pareció tan fantástico como habíamos leído y nos habían contado. Esa noche dormimos en el AAC de este pueblo.

[20220830 | martes] Subimos a desayunar al aparcamiento de la Roc’h Bichourel en los Monts d’Arree, uno de los puntos más altos de Bretaña. Tras el desayuno subimos y nos encaramamos a la cresta de la roca. Desde allí la vista alcanzaba lejos en 360 grados. Hacia el norte, aproximadamente, podíamos divisar los parajes que íbamos a cruzar esa mañana. El recorrido por los enclós parroquiales: Guimiliau, St Thégonnec Loc-Eguiner y Lampaul-Guimiliau.
Por la tarde llegamos a Landerneau. Recorrimos su viejas calles, vimos el curioso puente habitado de Rohan y tomamos unas cerves en Le Réveil Matin. A ambos lados del canal del río Elorn el paseo está presidido por los estandartes de los países celtas.
Esa noche atracamos en Le Folgoêt, una estupenda AAC al lado de la Basílica de Notre Dame, donde pasaríamos las dos veladas siguientes. Yo tenía que atender tareas de Flops.

[20220831| miércoles ] Trabajé toda la mañana, mientras Luis se dio un paseo por el pueblo y la basílica. Cuando ya volvía oyó el órgano del templo, lo estaban probando y me llamó para que acercara. Lo hice y aproveché para visitar el interior del monumento. Le Folgoêt es un lugar tranquilo. Las horas que pasamos aquí, trabajando, paseando, descansando… resultaron muy agradables, muy cercanas a la idea que yo tengo de cómo vivir mi vida en este tiempo. Sin prisas, cumpliendo con las tareas, recreándonos con los diferentes ambientes locales que recorremos. Los niños de La Folgoêt jugaban en el pequeño parque que teníamos al lado, al día siguiente comenzaba el cole para ellos. Las madres o las abuelas, mientras tanto, charlaban de sus cosas (las podía oír). Una mañana temprano, mientras desayunábamos unos nos técnicos municipales se plantaron al lado de nuestra nave con sus coches, herramientas, cascos… y en unos minutos suponemos que resolvieron no sé que problema que tenían de suministro urbano, tras conectarse con sus ordenadores a un registro allí mismo instalado. Se fueron enseguida. Mas tarde, una familia se reúne alrededor de una de las mesas del parque para tomar un aprecó, quizá después de alguna ceremonia privada. La vida de aquel lugar, se movía, y la podía observar desde las ventanas de la nave, mientras trabajábamos, cocinábamos, comíamos… Me gustaba esa sensación.

[20220901 | jueves] Tras el desayuno nos dimos un pequeño paseo por el pequeño sendero que rodeaba la vaguada verde y el parque que limita con nuestra plaza de atraque. Después, tras asear la nave, zarpamos rumbo a la costa. De camino recargamos combustible muy barato para aquellos días (1,60 €). Tocamos mar en Brignogan-Plages, en la Côtes des Legendes. Un pequeño pueblo cuya belleza residía principalmente en su litoral. Las formaciones rocosas de sus playas. Lo recorrimos siguiendo un circuito que parte del pueblo y vuelve a él, con un trazado circular. Recorriendo primero la costa vimos el Faro de Pontusval y el Sémaphore de Brignogan. Regresando por el interior, tocamos el Menhir de Men Marz, próximo al puerto.
De regreso a la nave, toca pequeño refrigerio y, enseguida ponemos rumbo a Roscoff.
En la ciudad de las cebollas pasamos la noche en el aparcamiento de la estación (curiosa paradoja que nos recordaba el juego de Pasajeros al tren). Llovía cuando llegamos y eso nos retuvo en el interior hasta el día siguiente. Bailando sur la mer!

[20220902 | viernes] Paseo por la ciudad de los “johnnies” durante la mañana. Entre la niebla recorrimos la enorme pasarela hacia el mar, utilizada en su extremo como atraque cuando la marea está muy baja y no permite a los barcos acercarse a la costa. Fue aquí cuando empezamos a descubrir lo curioso de este litoral, lo extensas y planas que son sus costas, y lo rápido que se deslizan las mareas por ellas. La pequeña ciudad de Roscoff es bonita pero muy turística, como toca casi siempre por la costa. Paseamos por sus calles mas antiguas, cercanas la puerto, pero enseguida nos pedía el cuerpo seguir nuestro rumbo y partimos hacia Saint Pol de Leon.
Yo tenía que trabajar de nuevo y buscamos un lugar tranquilo cerca del centro para atracar la nave. Terminé, cerca de las tres de la tarde, Luis había hecho una pequeña compra en el super U que había al lado. Después de un pequeño refrigerio, nos dimos un paseo por la ciudad, visitamos la catedral de Saint Paul Aurélien y la iglesia. A media tarde, recorriendo la costa, tiramos hacia Morlaix. De paso paramos en la playa de Cantec y caminamos hasta la Piedra del Cura. Un bonito paseo costero con vistas a la bahía.

Ya en Morlaix recorrimos las calles medievales. Muy ruidosas. Atracamos en el AAC que hay al lado del río, pero las 4 plazas grandes estaban ocupadas. El sitio no era muy cómodo. Dudamos si quedarnos a pasar la noche allí, con idea de asistir a la mañana siguiente al mercado en el centro. Finalmente decidimos buscar un paraje mas tranquilo y fue de este modo como descubrimos la excelente AAC de Saint Joan du doigt, al lado del encloss parroquial. Llegamos con la noche recién estrenada y allí descansamos.

[20220903 | sábado ] El mundo de las huitres (ostras) nos esperaba. El de las endrinas también. Abandonamos Saint Joan du doigt, después de visitar el pequeño pueblo, con idea de recorrer la costa desde el puerto de Dourduff en Mer hacia el norte buscando la forma de comprar algún ejemplar de las ricas ostras que por aquí recolectan. Como turistas caímos en el imán de Cairn de Barnenez, pero no entramos a ver el monumento, una vez más había que pagar. Aprovechamos para hacer un pequeño paseo por un sendero que bordeando la península y el promontorio que sostiene el monumento. Y fue entonces cuando llegó la sorpresa de las endrinas. Finalmente lo que cosechamos esa mañana fue el fruto de una buena cantidad de endrinos, enormes, que envuelven casi todo el sendero de la costa. Este año haremos «Pacharón bretón». Las vistas hacia el mar durante todo el recorrido son preciosas: al oeste teníamos enfrente la costa de Carantec y en medio, flanqueando la bahía el Château du Taureau, sobre una enorme roca, construido como bastión de defensa en la edad media y reconvertida por el Vauban, y utilizada posteriormente como cárcel.
Por la tarde nos acercamos a hacer la compra al Super U de Plestín les Grèves. Antes habíamos intentado hacer lo mismo en el Casino de Plougasnou, pero era bastante pequeño y había muy pocas cosas. No nos gustó el establecimiento, aunque pudimos comprar a buen precio una caja de ostras de Plougasnou que degustamos aquella misma noche. Nuestra idea era volver a la AAC de Saint Joan du doigt para cenar y hacer la pernocta, pero cuando llegamos no había plazas (consecuencias del sábado), aún así hicimos el aseo de la nave (2€). No obstante, el plan B improvisado resultó mejor. Atracamos en un apartado de la carretera de la costa una especie de mini-merendero que nos proporcionó una mesa estupenda para abrir las huitres. Durante todo el tiempo sentimos el mar muy cerca. De hecho, hasta él nos fuimos nada más despertar.

[20220904 | domingo ] Fuimos a desayunar a un aparcamiento que hay en un alto sobre la playa de Saint Joan du doigt con excelentes vistas de ésta y del resto de la costa. Aquí se entra en el sendero GR34. Aproveché la mañana para trabajar. Hice el cierre de Cátedra y envié el libro a la imprenta de la diputación. Increíble ubicación para un puesto de trabajo. Fue una mañana fructífera y muy agradable. Hacia el mediodía, una vez finalizada la tarea, tomamos un aperitivo y brindamos por el remate del Cátedra 29.
Por la tarde nos acercamos a ver La Grand Rocher, la enorme roca que preside la Grêve de Saint Michell. Subimos a ella por la parte de atrás, por el sendero del bosque. Desde la atalaya nos impresionaba el basto arenal que dejó al descubierto aquel día la marea baja, el brillo húmedo y verde de las algas, todo el arco de la costa que continuaba después hacia el norte, mostrándonos el camino que seguiríamos al día siguiente. Al bajar, nos dimos un pequeño paseo por la playa. Aquella noche dormimos muy tranquilos en el aparcamiento donde se inicia el sendero que sube a la roca.

[20220905 | lunes] Continuamos nuestro recorrido por la costa norte de Bretaña pasando sin detenernos por Lannion, a pesar de que es una población recomendada, con la idea de que quizá a la tarde podríamos acercarnos.
Queríamos aprovechar el día para hacer un sendero que recorre todo el perímetro de la Île Grande de Pleumeur. Este camino de costa es precioso porque va mostrando ambientes muy distintos: playas de fina arena y extensiones blancas de galettes a ambos lados de la senda. Pero destacaban sobre todo las formas recortadas del granito de las rocas sobre las que bate el mar del norte, como si un gigante caprichoso hubiese pasado por allí, jugando a su antojo con la piedra. Finalmente los paneles del camino nos cuentan que es el rastro de los canterios de ribera, que trabajaron duro aquí hace ya más de un siglo, lo que dibuja a nuestro paso estas imágenes fantásticas. Desde la Cantera Brintech, en la orilla, subimos a un bloque rocoso desde el que pudimos divisar toda la mitad norte de la isla. Al bajar, nos acercamos a ver el monumento megalítico Allée couverte de Ty Lia que está justo al lado.
Retomamos el sendero de nuevo a la altura de la cantera y continuamos hacia el oeste. Al pasar por la playa que hay al lado del camping nos detuvimos a disfrutar del espectáculo del KiteSurf, contagiandonos en cierto modo de la emoción que debía sentir la joven que literalmente volaba sobre el agua. Me prometí entonces tomarme de una vez por todas en serio lo de tratar de arreglar el tímpano de mi oído derecho para poder volver a zambullirme en las aguas del mar. Yo nunca podré hacer lo que aquella muchacha… pero si me gustaría tratar de probar, la próxima vez que vaya a Tarifa y pueda, a subirme a uno de esos cacharros y deslizarme un poco por el mar.
El camino continua después volteando el ambiente y llevándonos hacia la cara más interior de la isla. Enfrentados ya al continente, el paisaje cambia completamente. Las aguas mas quietas, los humedales pantanosos, la vegetación que se abre paso ya sin rocas a la vista… aún así, también estaba bonito aquel trecho de la senda que nos llevó finalmente, bordeando el pueblo, al aparcamiento donde habíamos dejado la nave y desde donde iniciamos hacía unas horas nuestro paseo.
Ya en la fugo, tomamos un pequeño refrigerio que nos sirvió de descanso y planificación. A pesar de que la mañana estuvo preciosa, sin apenas una nube en el cielo, la tarde se iba nublando un poco. Cuando llegamos a la capilla de Sain Samson llovía un poco. El sitio muy recogido y tranquilo. El pequeño templo, cerrado para nosotros aquella tarde, está considerado como una de las capillas más bellas del Trégor. Una pena.
Nos fuimos desde allí hasta el menhir de Saint Uzec, ejemplo caro de cristianización a toda costa sobre culturas más ancestrales.
A media tarde llegamos al AAC de Râdom (Pleumeur-Bodou), muy buena instalación al lado de la villa gala, el planetario y el centro telecomunicaciones. La enorme esfera blanca que cubre la antena, con la luz del atardecer, simulaba la luna caída en la tierra, apoyada en los árboles del bosque que nos rodeaba. Dimos un pequeño paseo en lanzadera hasta el pueblo (compramos pan). Pensamos por un momento acercarnos hasta Lannion (no tardaríamos más de media hora en llegar allí y teníamos tiempo) pero la tarde estaba lluviosa. Decidimos volver a la nave y cenar. Ya de noche, dimos un pequeño paseo por los alrededores e la AAC. Todo estaba muy tranquilo y poco iluminado debido a las restricciones energéticas.

[20220906 | martes] Aseamos la nave en el AAC (3€) y seguimos ruta hacia Ploumanac’h para recorrer el tramo de la senda de los aduraneros que rodea esta pequeña ciudad. Un paseo enormemente turístico a la vez que bello (por eso inevitable), en el corazón de la Costa del Granito Rosa que se extiende en más de 10 kilómetros entre Trébeurden y Peros-Girec.
Atracamos cerca del Parque de los escultores Christian Gad y Daniel Chhé, donde se muestran obras de granito relacionadas con el arte de trabajar la piedra. Este será el punto de partida y llegada a nuestro recorrido. Caminamos hacia el pequeño y precioso puerto desde donde parte el sendero de la costa que nos lleva a la playa de Saint Guirec y después al faro de Mean Ruz.
De regreso, antes de coger la nave, nos acercamos a visitar la capilla de Notre-Dame y desde allí, buscando (sin éxito) la singularidad de las lápidas talladas por antiguos canteros de la zona, fuimos al cementerio de la Clarté.
Por la tarde llegamos a Plougrescant y visitamos la preciosa y original iglesia de St Gonéry (de su curiosa torre), con las pinturas naif en la bóveda de madera. Dormimos en ese pueblo, en el parking del colegio que está muy cerca de la iglesia Saint Pierrre al lado del cementerio (no tiene agua). Noche muy tranquila

 

[20220907 | miércoles] Nos acercamos a ver Le Gouffre donde el mar rompe con furia en un profundo corte abierto en una maraña de acantilados y, como no podía ser de otro modo, también nos tropezamos con mucha gente. Aún así, mereció la pena el paseo. Las rocas, la formación original del acantilado, y la estampa de Castel Meur, la casita entre las rocas…  muy curioso paraje.
Tréguier fue nuestra siguiente parada. Pueblo muy bonito, aparcamos en el AAC que hay a la entrada, al lado del río. El mercado que recorría las principales calles antiguas se estaba recogiendo. Tras el paseo por la zona antigua, descansamos un poco en el área reservada a caravanas en la que habíamos atracado. Y continuamos hacia Paimpol.

La tarde se estaba haciendo muy lluviosa. Subimos hasta La Croix des Veuves. Menuda tromba calló cuando llegamos, nada más aparcar. Aprovechamos para tomarnos un café mientras escampaba. Después salimos y bajamos por la senda que lleva a la punta de L’Arcouest, aunque seguía piniscando. Nos recogimos pronto en la nave y decidimos acercarnos a Paimpol. Apenas paramos en la ciudad porque la cosa estaba un poco complicada como siempre para las autocaravanas. Aprovechamos para hacer la compra: primero fuimos a un Intermarché y después, como nos había allí huitres, pasamos también por un Carrefour a la salida del pueblo donde pudimos hacernos con una caja de las afamadas ostras de Paimpol. Las degustamos con muchísimo placer en la punta de Bilfot, con todo el mar de frente, en lo alto, apoyados en una mesa de merendero. Allí mismo, al lado de otras caravanas, pasamos una noche estupenda sobre el mar.

[20220908 | jueves] Tras el desayuno salimos a caminar por la senda de los acantilados (falaises) que une la punta en la que estábamos, Bilfort, y la de Minard. Este precioso paseo costero, nos iba mostrando un litoral más elevada de lo que estábamos habituados a ver en Bretaña. Aún así, el mar siempre está muy cerca, sobre todo en el paso de Porz Donan, con sus escaleras excavadas en la tierra y reforzadas con madera, que bajan en picado a la altura del mar y vuelven a subir por el talud de enfrente.

De camino a Saint Brieuc nos desviamos para visitar la Iglesia de Kermaria de Iskuit, en Plouha. Tuvimos suerte, pues en ese momento justo en que llegamos se acercó un vecino que venía a abrirla (para visitarla hay que avisar con tiempo). El templo debe su fama al fresco de la Edad Media que rodea la parte alta de la nave central y que representa una danza macabra de la muerte.

Tanto interés debimos mostrar en la visita, que el hombre que nos franqueó la entrada  nos recomendó visitar también la iglesia de Saint Loup que estaba cerca de allí. Y lo hicimos. Pero aquel templo no resultó tan interesante como el anterior, ni mucho menos. Olía mucho a la humedad de sus muros, el mobiliario estaba muy viejo y abandonado, las paredes bastante desconchadas. Pasamos el resto de la tarde en la Playa de Plouha (recomendación de Lucas), sorprendiéndonos por la rápida subida de la marea, disfrutando de la belleza de la grève y sus falaises, y al arrullo de los cantos rodados acariciados por las olas. Tomamos una relajante cerve sentados en la duna formada por las galetes.

Esa misma tarde teníamos que hacer la colada y buscamos un Revolution cerca de Saint Brieuc. Después de un intento fallido, encontramos otro en un Intermarché. Yo aproveché para trabajar un poco mientras se lavaba la ropa y Luis hacía una pequeña compra (trajo mules, entre otras cosas). Pero al final la colada se complicó un poquillo, no funcionaba la secadora y tuvimos que buscar otro punto cercano en el que hubiese una operativa. Y dimos con ella, por la parte sur de Saint Brieuc, en otro centro comercial. Ya era más tarde de las 7 así que todo estaba cerrado, el amplio aparcamiento totalmente vacío y allí estábamos nosotros, atracados al lado de la secadora, esperando los 20 minutos de rigor. Tiempo que aprovechamos para tomarnos una cerveza con frites. Después, ya cansados, decidimos no pelearnos con la city y buscar un lugar tranquilo para pasar aquella noche. Teníamos además que asear la nave. Atracamos resguardados en el ACC Saint Carreuc, al lado de un pequeño estanque.

[20220909 | viernes] Por la mañana, aseamos la nave y salimos con idea de visitar la ciudad de Saint Brieuc, pero fue un intento fallido a la vez que un poco estresante. Habíamos buscado un buen aparcamiento al lado del río pero el acceso aquellos días estaba cerrado por obras. Ya metidos en el centro nos resultó complicado improvisar la salida o buscar un sitio para detenernos, mucho tráfico y calles prohibidas. Llegamos incluso a meternos sin querer por un tramo de avenida o carril sólo habilitado para buses. Finalmente logramos «escapar» poniendo rumbo forzado hacia Erquy. 

Al llegar a este pueblo costero atracamos en el aparcamiento que hay al lado de la oficina de turismo. Estaba cerrada y nos dimos un paseo por el puerto con las lanzaderas mientras esperamos a que abriese a las cuatro de la tarde. La simpática chica de información nos recomendó hacer la subida hasta el cabo por la ruta velo habilitada que partía de allí mismo. Allí mismo compramos un librillo de escalada de la zona y a la vuelta del cabo buscamos uno de los sectores que hay en las paredes que bajan al puerto.

Esa tarde fuimos a dormir al AAC de Plévenon (3,5 € de estancia, aunque finalmente resultó gratuita pues no funcionaba la máquina) muy cerca del cabo Fréhel que queríamos visitar al día siguiente. Visitamos el pueblo y compramos una baguette malísima y un par de pastelillos. El área es muy amplia y aunque estaba bastante concurrida estuvimos muy cómodos en un lugar apartado. Atracamos  en un extremo sobre hierba donde finalizamos la tarde tomando unas cerves antes de cenar. Después, el virazón de la puesta de sol  nos echó para dentro. Cenamos carne a la plancha y disfrutamos de un muy rico burdeos. La noche estaba preciosa, yo vigilaba la luna llena desde mi ventana.

[20220910 | sábado] Madrugamos con ansia y, ya antes de desayunar, nos fuimos con las lanzaderas hasta el cabo Frehel. Queríamos disfrutar de aquel punto tan turístico antes de que se llenase de gente. Y lo conseguimos, prácticamente estuvimos solos durante todo el tiempo que duró la visita a los faros. El más antiguo, una obra más de nuestro «querido» Vauban.

Al mediodía habíamos quedado con Claudia y Lucas en Mont-Dol, para pasar el resto del finde escalando [VER FOTOS]. De camino, paramos en el Intermarché de Dinar a comprar ostras, vino y pollo asado para la comida. También en Dol-de-Bretagne a comprar pastelitos. Mont-Dol es una aldea muy tranquila cerca de esta ciudad con encanto y pudimos atracar las naves en un pequeño aparcamiento que hay al lado de una de las paredes de escalada. Un apartado muy tranquilo donde montamos el campamento. Esa tarde fuimos a escalar a la pared en la que ya estaban ellos subidos cuando llegamos. Para la comida-cena tuvimos doble de huitres ya que nosotros habíamos comprado un par de kilos, y Claudia y Lucas trajeron a mayores un puñado que les había regalado esa mañana Remí. Bajo el toldo pasamos una velada preciosa.

[20220911 | domingo] Pasamos la mañana escalando en la pared que hay al lado del lugar donde teníamos el campamento, y cuando Claudia y Lucas se fueron, nos acercamos a Dol-de-Bretagne a dar un paseo. Es un pueblo muy bonito, con calles medievales. Destaca la Catedral de Saint Samson, sobria y muy alta, tiene una torre a medio construir.

Llegamos al AAC de Bezouges (en la que habíamos estado hace unas semanas cuando pasamos por esta zona rumbo a Dinan) cerca de las 8 de la tarde. Con tiempo suficiente para preparar una deliciosa merienda-cena de ostras y pollo reciclado al curry con arroz integral. La temperatura era muy agradable y cenamos fuera sobre la hierba. Después nos dimos un paseo por el pueblo en busca de contenedores de basura, eran más de las 10 de la noche y casi todo el alumbrado estaba apagado (como en la mayoría de los pueblos, a causa de las restricciones energéticas por la crisis) pero la luna brillaba preciosa.

[20220912 | lunes] Seguimos en Bezouges la-Pérouse atracados, yo actualizando este cuaderno y Luis estudiando la estrategia de viaje para visitar Normandía. Nos acabamos de llevar un buen disgusto. El soporte de la rueda de repuesto está rompiendo la chapa del portón trasero. Quizá tengamos que abortar el viaje. Llamamos a Norantz. Andoni nos asegura que podemos continuar la ruta y que a la vuelta nos reparan el desperfecto, cambiando el portaruedas por otro con un nuevo diseño. Pasamos el resto del día aseándonos y reseteándonos, nosotros y la nave. Antes de la cena me he ido sola con mi lanzadera a dar una vuelta por las granjas de los alrededores del pueblo. 

[20220913 | martes] Haciendo oídos sordos al refrán, esta mañana emprendemos el viaje hacia Normandía. Después de repostar a muy buen precio, entramos en La Mancha, el primer departamento de la región normanda que está al oeste y nos detuvimos en St James a hacer una pequeña compra en el Super U (moules y berberechos). La siguiente parada sería la AAC de Mortain-Bocage donde tomamos un pequeño refrigerio en las mesas de madera. En este pueblo hicimos la pequeña ruta de las cascadas que comenzaba allí mismo, en las paredes de escalada que hay al pie del castillo, sobre las que se asienta el propio camping y el AAC en la que teníamos atracada la nave.

Continuamos hasta Domfront, pequeña «Ciudad de carácter» que nos deslumbró por el original trazado del barrio medieval y la iglesia del siglo XX de estilo muy original, que combina el Art’Deco y el Neobizantino. Atracamos la nave allí mismo, detrás de la Mairie, en un pequeño aparcamiento para autocaravanas con toilettes, grifo y vaciado de negras de lo mas rústico pero eficiente. Tras la cena nos dimos un paseo por las calles que envuelven las paredes de la muralla que todavía se conserva. 

[20220914 | miércoles] Nada más desayunar visitamos, muy cerca del lugar donde teníamos atracada la nave, la oficina de turismo y las ruinas del castillo, en otro tiempo baluarte que vigilaba los accesos a Saint Michel y Bretaña. Hoy ocupan un amplio espacio de paseo entorno a sus murallas.

Después, continuando el periplo que nos habíamos trazado por las villas de carácter, pasando por Bagnoles de l’Orne, y digo «pasando» porque aunque tratamos de detenernos, no encontramos un buen lugar para hacerlo. Decidimos no parar. Llevamos un poco de prisa para completar el recorrido y lo cierto es que además la villa nos pareció demasiado turística, había mucha gente en las calles. Preferimos continuar. De camino a Sées nos detuvimos a ver el Castillo de Carouges. Allí mismo, en el aparcamiento, tomamos un pequeño refrigerio. 

Llegamos a Sées a primera hora de la tarde e hicimos el circuito recomendado para recorrer el barrio antiguo, pasando por su impresionante basílica catedral de Notre Dame, de estilo gótico.. El recorrido urbano, muy interesante, nos permitió conocer un poco cómo es la vida en un pueblo convencional de la Normandía interior, y nos plantó delante del Palais d’Argentré y sus jardines.

De regreso a la nave buscamos un lugar para pasar esa noche y nos decidimos por el AAC de Sap en Auge. Gran elección, el área estaba bastante bien al lado de un laguito a las afueras del pueblo, pero sobre todo por el descubrimiento de esta pequeña villa tan original. Por la tarde, cuando llegamos, llovía mucho. Aprovechamos para cenar sin salir de la nave. Después, cuando escampó, ya de noche, dimos un paseo hasta la plaza de la Mairíe y fue, entre la bruma de la noche, como descubrimos aquellas casas y aquellas calles que más parecían la escena de un cuento fantástico que formar parte de un escenario real.

[20220915 | jueves]  Tras el desayuno y aseo de la nave, nos dimos un paseo por todo el pueblo y constatamos que Sap en Auge es una villa digna de ser visitada. Pequeña, muy tranquila y bien cuidada, entorno al cultivo de la manzana y la elaboración de la sidra tradicional normanda. Nos gustó mucho.

Continuamos, atravesando el parque natural de los meandros del Sena y atracamos a orillas de este río, justo enfrente de Caudebec, en un pequeño parking con 4 plazas para AAC y mesas con vistas a la ciudad y al río. Aprovechamos para tomar el midi allí mismo. Antes de llegar, descubrimos a lo lejos con sorpresa la belleza del Pont de Brottone que atraviesa el río, por el que después pasaríamos rumbo a la costa normanda. El trazado de carretera que elegimos para llegar al mar, sugerido en verde por el mapa de Michelllin, fue una buena opción. Recorre el precioso y tranquilo valle del Durdent, en el que se suceden pequeños pueblos de casas muy arregladas y verdes prados. En uno de ellos, en Héricourt-en-Caux, paramos a ver la Iglesia de Saint Denís, que nos llamó la atención desde la carretera y nos hizo parar. Pero no pudimos ver su interior porque estaba cerrada. Vimos de cerca, eso sí, uno de esos viejos molinos de madera que hay a lo largo del río que recorremos.

En Cany Barville pasamos la noche en el parking de AAC que hay al lado del Lac de Caniel (muy cómoda, pero sin servicios). Por la tarde, antes de cenar, cogimos las lanzaderas y nos acercamos hasta el mar, hasta Veullettes-sur-Mer, acompañando el Durdent hacia su desembocadura, por un valle que se hacía cada vez más amplio y llano, de una belleza reseñable, incrementada sobre todo a la vuelta por la preciosa luz de la tarde. En Veullettes nos sentamos en el malecón de la playa a contemplar por primera vez una pequeña muestra de los blancos acantilados de la costa de Alabastro.

[20220916 | viernes] Llegamos al puerto de Saint Valery-en-Caux a media mañana. Atracamos la nave en la cuesta de entrada que baja hacia el muelle ya que ese día había mercado y los aparcamientos del centro estaban ocupados por los puestos. Fuimos a la oficina de turismo y después recorrimos el mercadillo buscando algo rico, del mar sobre todo. Pero no encontramos nada que nos interesase. Lo que más se vendía allí era ropa y productos de la huerta. Compramos un pan complet en una panadería de la plaza, que a pesar de no tener mucho sabor, si resultó bueno porque lo aprovechamos hasta el corrosco (duró casi una semana como fresco). Después nos paseamos por el malecón hasta la playa donde, además del acantilado, vimos una interesante exposición de fotografías. En ella se mostraban curiosas ideas de aficionados que presentaron sus trabajos a una original convocatoria, hecha durante el confinamiento de la pandemia. Se trataba de representar escenas de pinturas muy conocidas de grandes artistas franceses. Algunas propuestas eran sorprendentes.
Llegamos hasta la altura del faro, al otro lado del canal, sorprendidos una vez más por la rapidez con la que se mueven las mareas por aquí. El canal de entrada al puerto, casi seco cuando llegamos, se iba llenando de agua de mar a gran velocidad. Después hicimos un pequeño recorrido por el D’Aval, el barrio más antiguo y alto de la ciudad, que nos llevaría desde la preciosa (por su antigüedad) casa de Enrique IV hasta el Monumento Berniquet de homenaje a los caídos en la Segunda Guerra Mundial en esa costa, desde donde observamos una preciosa vista de todo el arco de la playa, con sus enormes acantilados de greta.

De nuevo en la nave, tomamos un refrigerio mientras pensamos cómo continuar la tarde, con idea de recorrer, con cierta rapidez, lo más bonito de ese lado de la Costa de Alabastro, desde Saint Valery hasta Etretat. La tarea nos es sencilla porque a nuestra prisa por falta de tiempo se une el hecho de que por toda la costa, las autocaravanas están un poco discriminadas. En algunos pueblos no podíamos ni detenernos sin pagar y en otros, simplemente, no se podía ni entrar. Aun así, nos detuvimos al lado de la Plage des Petites Dalles en un aparcamiento prohibido a AC pero en el que nos hicimos los «suecos» supongo que al igual que las otras tres caravanas que allí había, ya que el lugar muy tranquilo, sin apenas gente, estaba prácticamente vacío. Nos hicimos un café sin bajarnos de la nave pues soplaba fuertemente el viento.

La siguiente parada, Fécamp, en el parking de la estación de ferrocarril al lado del puerto. Bajamos y recorrimos parte del centro entorno a la abadía de la Sainte Trinité. Había mucho tráfico y jaleo. Compramos un pan complet muy rico hecho en horno de leña, en una boulangerie por la que pasamos y que nos detuvo en el paseo, pues nos llamó la atención el aspecto del local.

Continuamos hacia Etretat, pueblo muy turístico en el que era imposible aparcar. Finalmente retrocedimos por la carretera por la que habíamos llegado hasta un pequeño paradero en el que apenas cabíamos las cuatro furgos que allí estábamos. Con las lanzaderas nos acercamos al pueblo. Muy bonito, por cierto, donde lo más espectacular son la vista de los acantilados con sus arcos de piedra tallados por el mar. Subimos con las lanzaderas hasta lo alto por un sendero empinado y, en ocasiones roto o con escalones, lo que nos obligaba a bajarnos de vez en cuando y empujar. Aun así, el paseo mereció enormemente la pena. Por lo alto de los acantilados. Atardeciendo sobre el mar. Precioso.

Esa noche dormimos en uno de los dos AAC que hay en Saint Jouin de Bruneval, en el que está en la parte alta, al lado de la carretera que baja al puerto. Lugar verde y tranquilo, más agradable que el descampado de abajo.

[20220917 | sábado] Recorrer las playas del desembarco en AC no es tarea fácil y mucho menos un fin de semana. Pero no podíamos hacer otra cosa. Teníamos que estar de vuelta en el Pais Vasco el martes para llevar la nave al taller y nos quedaba poco tiempo. Queríamos tener al menos una pequeña idea de cómo era todo aquello. Y creo que lo conseguimos al menos en parte. En torno a las escenas del desembarco y a sus víctimas hay montado todo un circo turístico que puede llegar incluso a ser molesto, si tienes un poco de pudor y vergüenza ajena. Las carreteras que recorren el área de Normandía donde tuvo lugar este histórico acontecimiento bélico, están plagadas de motivos y recuerdos que evocan aquellos días: fotografías de soldados que cuelgan de las farolas aquí y allá, banderas de los países que participaron en las batallas, en cada pueblo, en cada demarcación, museos, piezas de artillería al lado de alguna cuneta… Durante kilómetros es difícil evadirse del tema, atraviesas muchas aldeas que recuerdan algunas de las escenas de películas sobre la segunda guerra mundial que has visto.

Difícil aparcar, o detenerse un rato para ver las playas, aunque sea pagando. La mayoría de las veces las autocaravanas simplemente estaban prohibidas. En cualquier caso, aquello estaba petado de gente. Además, era sábado. Finalmente, ya a media tarde, cuando pudimos atracar en el parking que hay en el cementerio americano, al lado de la playa de Omaha en Colleville-sur-Mer, nos dimos cuenta de que quizá aquella hubiese sido la solución ideal, de haberla conocido de antemano. Desde allí pudimos visitar el impresionante camposanto con más de 9.000 cruces blancas escrupulosamente alineadas  y ver desde lo alto la playa. Había un camino para bajar pero no lo hicimos pues disponíamos de poco tiempo ya que a las seis de la tarde había que abandonar el aparcamiento. Pena de no haber llegado allí a primera hora de la mañana, ya que hubiésemos tenido más tiempo. Impresiona la estampa de las cruces alineadas y la solemnidad del sitio. Te hace reflexionar…

Tras abandonar el memorial americano en uno de esos pequeños pueblos, por los que pasa la estrecha carretera, nos embistió una autocaravana que venía a toda velocidad. Entró en la población, sin respetar el límite de 30 km/h. Con tanta prisa que en una ligera curva se salió de su carril y vino a dar contra el espejo retrovisor del lado del conductor. Yo lo vi venir y pensé que nos atizaba más duro. Menos mal que sólo nos rompió el espejo y que pudimos continuar tras apañarlo un poco con cinta americana. Nada mas recibir el impacto, me detuve y bajé inmediatamente, pero el agresor se dio a la fuga sin detenerse a ver lo que dejaba atrás (no sólo nuestro desconcierto, sino también los trozos de su espejo roto que recogía una vecina que paseaba por allí y lo vio todo).
Tras reponernos del impacto decidimos continuar con resignación, queríamos aprovechar lo que quedaba de tarde.
Nos acercamos a La Pointe du Hoc, punto estratégico que se adentra en el mar donde hay situado un enorme bunker en el centro del pequeño cabo que se puede visitar y al que puedes subirte. En el aparcamiento (este si, gratuito) comienza una senda circular que te lleva a la punta y vuelve por otro lado permitiéndote ver los impresionantes cráteres de la bombas y algún que otro monumento a los soldados fallecidos.

Finalizado este paseo por el campo de batalla, se estaba haciendo tarde y buscamos un sitio dónde pernoctar. El incidente con la caravana cambiaría bastante las cosas. De momento, pasaríamos la noche en el AAC de Montebourg.

[20220918 | domingo] Durante el desayuno tomamos la sabia decisión de retornar a España. La idea era aprovechar la tranquilidad de las carreteras en domingo para atravesar de norte a sur el territorio francés y dormir lo más cerca posible de la frontera. Conducir con el espejo en malas condiciones no resultaba muy seguro. Aun así, hicimos un viaje muy cómodo, por carreteras secundarias, atravesando el País del Loira y la Nueva Aquitania. Carreteras de largas rectas que nos mostraban un paisaje desconocido y bonito. Circunvalamos las ciudades de Angiers, Poitiers y Anguleme. A pocos kilómetros de esta última, establecimos nuestro lugar de atraque para pasar la noche: el AAC de Roullet-Saint-Estèphe.

[20220919 | lunes] Nada más levantarnos llamamos a la Man que hay al lado de Tolosa para ver si podían atendernos al día siguiente y cambiarnos el espejo. Concertamos cita y nos dispusimos a continuar viaje hacia el País Vasco, con calma. De camino paramos en el Carrefour de Biarritz con idea de comprar vino. Debido a los acontecimientos de los últimos días no tuvimos ocasión de hacer acopio como teníamos previsto del burdeos que tanto nos gustó (Châteaux de Cavalier). No tuvimos éxito. 

A última hora de la tarde llegamos al AAC municipal de Tolosa. Un poco desastre, sobre todo teniendo en cuenta el nivel al que estábamos acostumbrados… Allí preparamos la cena y pasamos una noche tranquila, al lado de la curiosa instalación de circo que un vecino de la ciudad, amante de este espectáculo, había colocado en aquel lugar. De tal curiosa forma comenzamos a aclimatarnos al desorden ornamental sub pirenaico.

Álbum de fotos «Al oeste de la Galia»
Álbum de fotos de BRETAÑA
Álbum de fotos de NORMANDÍA