En Yecla hay mucha afición al deporte, lo pudimos comprobar en las excelentes instalaciones deportivas aledañas al área municipal de autocaravanas (en la que pernoctamos todos los días), pero la que nos trajo hasta aquí ha sido la de escalada, y en concreto el Centro Excursionista de Yecla, principal responsable de la reciente equipación de la Sierra de La Magadalena. Durante los meses del confinamiento de la pandemia en 2020, un grupo de escaladores del lugar, entre los que se encontraban Manolo Pérez y Francisco Cerdá («Bonati»), trabajaron duro para abrir más de 15 vías de V a 6c y entre 150 a 250 metros. Algunas de ellas enteramente equipadas y otras semi. También habilitaron gran número de vías cortas de deportiva y le dieron forma con márgenes de piedra, escalones y señalización de hitos, al trazado de acceso a los pies de vía, protegiendo además la canal de descenso de cumbre con una cuerda fija, que ayuda enormemente en la bajada.

El Rincón del Olvido, en la cara sur de La Magdalena, se convirtió para nosotros en un tranquilo lugar de recreo esos días. Llegamos a Yecla el miércoles por la tarde cerca de las 8 y allí nos encontramos, cinco minutos después, con Lola y Fernando. El AAC de Yecla es muy amplia y cómoda. Desde ella partimos cada mañana, en una u otra nave de forma alterna, hasta la esplanada de aparcamiento que hay al inicio del camino que sube a los sectores de escalada [ver track de acceso]. Los primeros días, el espacio en el que atracábamos la nave albergaba un buen número de colmenas. Con cuidado, cada mañana y cada tarde, entrábamos y salíamos con sigilo de allí. Supusimos que estaban estratégicamente ubicadas para recoger el néctar de los almendros en flor que predominaban en el llano. Al cabo de una semana, vimos que la floración prácticamente había desaparecido al tiempo que nos percatamos que las colmenas se las habían llevado.

[0308 | miércoles] Llegamos a Yecla por la tarde desde Madrid.
[0309 | jueves] Primera subida para inspeccionar la zona, los accesos sobre todo, tocar la pared y calentar en las vías de deportiva de EL PASILLO. A la bajada nos encontramos con Manolo Pérez, uno de los equipadores que subía a reponer cordinos en algunos puentes de roca. Nos hizo algunas recomendaciones.
[0310 | viernes] Primera de las seis ascensiones de clásica: Espolón Yakka.
[0311 | sábado] Segunda: No War. Nos gustó poco, sobre todo por la dificultad de encontrar el pie de vía: había que descender por la ladera sin una senda clara, suponemos porque poco se hace el primer largo, bastante tonto y aburrido. Los otros tres largos fueron quizá los más sosos de todas las vías que hicimos esos días.
[0312 | domingo] Tercera: Justicia poética. Mucho calor, sobre todo en la bajada. El viento se había parado y la temperatura era elevada. Al llegar a la furgo de Fernando y Lola, con idea de un buen refrigerio, nos encontramos que se había quedado la nevera abierta. Tuvimos que ir a buscar la IPAR y con ella nos acercamos a un pequeño pinar que hay al lado del cementerio, cerca del AAC. Allí pudimos pasar las horas de mas calor.
[0313 | lunes] La meteo indicaba que iba a ser un día más riguroso que el anterior, así que decidimos darnos un descanso y bajamos dando un paseo a conocer el pueblo. Buscando un lugar en el que nos ofrecieran una rica pella, recorrimos las calles más antiguas, visitamos la Basílica de la Purísima y la Plaza Mayor. Tomamos una cervecita en una pequeña terraza (cafetería-pub Abracadabra) y finalmente comimos en un restaurante peruano: La Limeña (arroz chaufa, tallarín salteado, tequeños de queso y ceviche).
[0314 | martes] Cuarta: El del moño rojo.
[0315 | miércoles] Quinta: El diedro de los incrédulos.
[0316 | jueves] Sexta: El pilar del buitre. Esta nos la recomendó el propio Manolo Pérez esa misma mañana. Estábamos nosotros en el AAC recogiendo, tras haber despedido a Lola y a Fernando que se habían marchado para Madrid, cuando se acercó Manolo a saludarnos. Charlando sobre lo que habíamos hecho esos días, nos indicó esta vía. Y la verdad es que resultó ser la mas interesante de todas. Nosotros pensábamos esa mañana acercarnos al sector de la Pared Negra de El Charco a conocerlo y hacer deportiva, pero cambiamos acertadamente los planes y subimos una vez mas el camino y bajamos un día más la canal. Pero el día resultó además muy completo. Como en el aparcamiento de las colmenas, éstas ya no estaban, decidimos aprovechar el resto de la tarde: tras un pequeño refrigerio disfrutando del atardecer en las paredes, Luis me lavó la cabeza y después comimos allí mismo, en el exterior (una buena ensalada y pechuga de pollo a la plancha). La sobremesa se vio gratamente amenizada por un grupo de parapentistas con los que tuvimos ocasión de hablar pues dos de ellos aparcaron a nuestro lado y subieron rápidamente la ladera para finalmente tomar tierra al lado de la IPAR. Y por si todo esto fuera poco, el día culminó con una charla de la semana de montaña que se estaba celebrando esos días en Yecla ( fue otra de las recomendaciones de Manolo esa mañana). Se celebraba en el auditorio municipal y allí acudimos un poco antes de la hora de comienzo (8:30) pues habíamos quedado con un chicho del Club de Excursionistas de Yecla porque nos iba a vender la guía de Escalada en el Altiplano, difícil de encontrar pues parece que está agotada. Finalmente no tenía ninguna, pero prometió avisarnos si se publicaba una nueva edición. La charla que vimos sobre espeleología resultó muy interesante: El Sistema del Gándara. Tres espeleólogos del Centro Excursionista de Caudete nos contaron su participación en una expedición que busca el origen de una cascada subterránea, de más de 2o metros de altura, en esta enorme cavidad cántabra.
[0317 | viernes] Nos acercamos al sector de la Pared Negra [ver track de acceso] a hacer deportiva: Hola koala (IV), Vivac, diga, me (V), Arranca machote (V), Calieta motores (V+), Al loro con el cacerolo (6a) y Jovito (V+). Ésta última, muy chula, es la única que hice yo. El entorno de esta pared y el propio pie de vía es muy bonito y cómodo. Estuvimos muy a gusto allí. El ambiente era más montañero que el que habíamos vivido los días anteriores en el Rincón del Olvido. Habíamos llagado con la nave por una pista un poco rota hasta una pequeña explanada donde quedó atracada con cierta inclinación. El lugar, aislado, es excepcional. Disfrutamos del momento de lujo al bajar de las vías, tomando unas cerves con un poco de jamón y la pequeña tapa de lentejas caliente que había sobrado del día anterior. Desde allí partimos al filo de las 4 de la tarde de regreso a casa.
Impresionante el éxodo madrileño que colapsaba la vía contraria en dirección a Valencia. Lo pudimos ver en gran parte del recorrido: más de 150 kilómetros de denso tráfico. Era viernes y comenzaba el puente de las fallas.